Sí. Soy malvada y cruel, y odio a las viejas. No confundir con que odio a todo tipo de señoras pertenecientes a la tercera edad. Debo excluir del grupo de viejas detestables a las venerables ancianas, o a las abuelitas encantadoras que hacen ganchillo y te ofrecen un pedazo de bizcocho recién hecho cuando las vas a visitar. Mi odio es contra las viejas repelentes.

Así que aquí os dejo una lista de especies de viejas que pululan por nuestras calles, que me revienta cruzarme con ellas, y de las que debemos huir como de la peste, para no ser presa de sus perversas acciones o males de ojo.

1. La estirada

Viejas glorias de la sociedad que se creen que aún son alguien. Ellas pasean todas encopetadas con su abrigo de marta cibelina o de astracán calle arriba y calle abajo, con una mueca continua en la cara de estar oliendo un culo y mirando con altivez al resto de los transeúntes. Ellas se creen la Saritísima, pero tú las ves como la “Bim, Bam, Bum”

2. La acaparadora

Estas son las viejas que cuando está lloviendo a chuzos, pasean con el paraguas por debajo de los balcones, y tú, pobre infeliz, que te ha cogido el chaparrón en plena calle y sin paraguas, te tienes que joder y mojarte como una gallina desplumada. Al final te sales del amparo que te ofrecía ese balcón, por aquello de no darle un empujón (que no será por ganas) y empotrarla contra el escaparate de la acera de enfrente. Yo cuando me cruzo con estas brujas siempre les digo: “sí, eso, que no se moje el paraguas”.

3. La rémora

Esa puñetera vieja que no sabes por qué extraño motivo te persigue por toda la tienda. Mira lo que tú miras, toca lo que tú tocas y elige lo que tú eliges, para, al final, no comprar nada. Yo creo que solo es por dar por saco. Entonces la pones a prueba, coges un tanga negro, y va ella como un zombi detrás de un cerebro, ¿para qué coño querrá la fósil esta un tanga de encaje? Y lo peor de todo es que te va dando empujoncitos, como quien no quiere la cosa; tú te paras en seco, la miras desafiante y te vales del sentido para no darle un guantazo y sentarla en el suelo; pero ella sigue a su puta bola, enfrascada mirando minifaldas, por lo que tu cara de pitbull rabioso ha sido en balde.

4. La jeta

Es una de las que más odio. Esa típica vieja, que con el argumento de “hay que respetar a los mayores” se creen que pueden hacer todo lo que les salga del “moño”, y como les llames la atención te ponen a caer de un burro llamándote maleducado e insultos varios típicos de momias rancias.

5. La conquistadora

A estas ya las ves venir. Entran en un establecimiento mirando para todos los lados con cara de despiste, y comienza con el ritual. Revolotea un rato haciendo que mira lo que va a comprar, mientras urde algún plan. Pregunta alguna tontería para deshacerse de un par de contrincantes; con esta táctica consigue que dos o tres señoras se enzarcen en una conversación trascendentalísima sobre las posturas sexuales de la Duquesa de Alba, y bajen la guardia al custodiar su turno en la cola; va sorteando gente (pues suelen ser de baja estatura y cuerpo menudo) y poco a poco va haciéndose con la pole. Y cuando te das cuenta ya le están poniendo cuarto y mitad de merluza, ¡hija de puta!

6. La cafre

Descendientes del búfalo cafre (Syncerus caffer) originario de la sabana africana. Al igual que sus antepasados, estas viejas suelen tener una envergadura considerable, extremidades fuertes y dos súper tetazas, que utilizan para embestir a sus víctimas. Usan sus generosos pectorales para ir apartando al personal de su trayectoria, como Honda, el sumo del “Street Figther”. El caso es que es difícil hacerles frente, porque suelen llevar una velocidad de crucero constante (que no detendrán ante nada), que sumada a la inercia generada por sus grandes pechos y a que atacan por la espalda, pues no las ves venir, simplemente te sientes arrollado como por un tren de mercancías. En cero coma te ha desplazado de tu lugar privilegiado en el puesto de los retales a dos euros.

7. La alimaña

Estas viejas comadrejas, son las típicas que se cuelan con total impunidad en cualquier sitio: en la cola del cine, en el banco, en la caja del supermercado, incluso en los puestos donde se coge número (método que hubo que instaurar por culpa de gente así, seguro). Tienen la puta desfachatez de discutir que ese no es TU turno, si no SU turno. Pero que me está contando, viejadeloscojones, en la pantallita pone 19 y YO tengo el 19. Pues aún tiene más que decir, la muy bastarda. Tú le das la espalda y la oyes rumiar por lo bajini. Y a ti te entran unas ganas de girarte y darle una hostia, de estas que suenan más de lo que duelen, para que cierre el puto buzón. Estas hostias solo hieren el orgullo, y el de la alimaña es infinito.

8. La arpía

Es la típica vieja que todo lo sabe y todo lo gobierna. Normalmente es la que increpa o no deja hablar a su marido, y le hace callar dándole un codazo; la que llega de última a un sitio y empieza a organizar el cotarro: pues si voy después de usted, y usted va detrás de aquella señora… Quiere llevar el control de todo y al final lo único que hace es liar más el palangre, y que la gente ya no sepa si iba o venía o si iba a comprar 2 kilos de mejillones o un abrigo para el invierno.

9. La gallina clueca

No es mala, pero sí muy molesta. Normalmente esta especie se mueve en manadas. Van hablando entre ellas, sin escucharse, a grito pelado. Quieren que todos sepamos que su hijo está en Londres haciendo no-se-qué, o que su hija se casó con un vestido carísimo como el de Lady Di.

Ahora, haciendo uso de las nuevas tecnologías, podemos encontrarnos con gallinas cluecas solitarias que, teléfono móvil en ristre, van dando alaridos en el bus contándole a su amiga Finita que tiene un forúnculo en el culo. Existe un híbrido de esta especie, formado por la simbiosis entre gallina clueca y vieja estirada; en este caso la conversación telefónica será de índole menos ordinaria y más de alardear de que tiene pasta, diciéndole a su “chica” como debe planchar la ropa, que no se olvide limpiar bien por debajo de las camas y que tiene que llevar a su perro Fifí a hacerse la permanente.

10. La tocahuevos

De esta especie hay mínimo un ejemplar en cada edificio. Es a la todo le hiede y nada le huele. Su única misión en la vida es incordiar. Necesita tocarle los huevos al personal para que su existencia tenga una razón de ser. Se queja por todo: que si tu cisterna hace mucho ruido cuando la usas, que si la despiertas cuando caminas por la casa (debe pretender que levites o algo así) y gilipolleces de ese estilo. Se las suele anular cerrándoles la puerta en las narices.

11. La matutina

Viejas que madrugan sin motivo. Esta raza es muy peculiar, pues bien es sabido que el que madruga sin motivo no es de fiar; además, yo me pregunto, cual es la razón que atormenta su conciencia que no las deja dormir y por eso se levantan tan temprano. A donde coño va una vieja carcamal a las 7 de la maña, ¡si no hay nada abierto! ¡Ni los bancos! Y se de buena tinta que hasta las 8 no reparten los números para hacerse lo del “sintróm”.

12. La interpol

Esta es la peor sobre las demás. Especie dañina y perniciosa. Es vil, es venenosa, es… una maldita zorra cotilla (Curiosam vulpes). La típica vieja que todo lo sabe, y a donde no llega manda recado. Siempre apostada en su atalaya (una ventana con un cojín) fisgando, sea la hora que sea. Luego, presa de un irrefrenable ansia, solo comparable a la sed de sangre de un vampiro, tiene que ir a metérselo en el culo a alguien (normalmente personas o parientes implicados en el acto observado). Este comportamiento no tiene otro fin que el de hacer daño y destruir la felicidad de los demás, para conseguir que su insulsa vida parezca mejor al lado de la desgracias que acaba de provocar a su víctimas.

Algunas, tienen algo de alimaña, y se aprecia en su comportamiento huidizo escondiéndose tras el amparo de una cortina. Piensan que ese visillo tiene el poder de la capa de invisibilidad de Harry Potter, pero no.

Espero que dentro de unos años no me caigan las soberbias encima, y entre yo a formar parte de alguno de estos grupos. Preferiría ser la pionera de un nuevo grupo como el de “viejas modernas que enseñan buen gusto musical a los jovenzuelos” o “viejas que han hecho ejercicio de jóvenes y si te dan un bofetón te falta cielo para dar piruetas”. Estaría muy, muy bien.

Imagen destacada obtenida de RTVE. Todos los derechos reservados.


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Susanna Spada

Sobre Susanna Spada


Todo comenzó con un curso de maquetador de textos. Uno de los ejercicios propuestos fue la creación de un blog y su mantenimiento hasta el final de las clases. Aún hoy me pregunto porqué el mío gustó tanto. Por presión popular, continúo escribiendo hoy en él. Mil gracias a la Srta. Lampert, sus palabras al ver mi trabajo de fin de curso me dieron ganas de continuar. Ella sabe cuáles fueron.