El solterismo tiene muchas ventajas, y si no, preguntadle a cualquiera que lleve casado más de 10 años, a ver si lo echa de menos o no. Una vez te casas, las responsabilidades caen sobre ti como la joroba del de Notre Dame, dejándote doblada de por vida. Aunque tener pareja tiene también sus ventajas, que ya comentaré en el siguiente post. De momento, una oda al solterismo:

1. Puedes salir de fiesta siempre que quieras sin dar explicaciones

El que no se haya levantado del sofá a las 12 y media de la noche y haya decidido que se va de fiesta, no ha sido joven ni soltero. Sin que nadie te pregunte si estás loco. Bueno, en mi caso mi madre me lo preguntó alguna vez, porque yo ya apuntaba maneras y la pobre tuvo que soportarme muchas viviendo con ella.

2. Puedes tontear con todos los tíos que se te crucen sin sentirte culpable

Llevas una copa de más (¿he dicho una? Mamá, no leas esto), acabas de romper con el último fallo técnico, está empezando el verano y has desempolvado ese vestido que te sienta tan bien. Te comes el mundo, y a los hombres. Sonrisa por aquí, mirada por allá. No se te resiste ni uno. Y al final eliges a tu amiga del alma para que se vaya a casa contigo, pero el subidón de autoestima no te lo quita nadie.

3. Nadie te reprochará nada si llegas borracha a casa

Bueno, si vives con tus padres, que ahora la cosa está mu malica, pues puede que tu madre te suelte esas indirectas tan sutiles y tan suyas: ‘anoche volviste tan ciega que ni me viste al cruzarte conmigo en el baño a las 7 de la mañana, ¿no te da vergüenza, a tu edad?’ Pero seguro que a esas ya estás acostumbrada. No son lo mismo que el tercer grado al que te somete tu chico en cuanto te tumbas en la cama giratoria, cuando tú lo único que quieres es dormir.

4. La habitación no huele a cuadra cuando te levantas

No sé si será solo cosa mía, que tengo un sentido del olfato muy sensible, pero da igual que se duchen y que se cambien de ropa todos los días. Antes mi habitación por las mañanas olía a desodorante y champú (a excepción de las mañanas de resaca, que olían a alcohol y tabaco, claro).

5. Puedes tener la casa echa un desastre siempre que te apetezca

Si vives sola no cocinas mucho, por lo que apenas tienes que fregar, y si llegas al punto de no tener ni un tenedor limpio… pues te haces un sándwich que se puede comer con las manos. Pero si llevas toda la semana dando el coñazo para que tu respectivo recuerde que el sábado toca limpieza general, luego no puedes quedarte en la cama remoloneando hasta las mil porque perderías tu autoridad, así que te toca pringar.

6. La emoción de las primeras citas

Aunque Julene asegure que algunas son un coñazo y sufrimos mucho o nos quedamos con cara de tonta por culpa de los individuos que podemos llegar a encontrarnos, en realidad son divertidas. Si son un fracaso total, luego te reirás muchísimo contándolas, y si el chico te gusta, son de lo mejor que hay. La incertidumbre, esas mariposillas en el estómago, la inseguridad. Se echa de menos.

7. Si no apareces por casa en un par de días, nadie se preocupa

Esos viernes que sales de casa diciendo… ‘una cervecica rápida y a dormir, que estoy muerta’… Y no vuelves hasta el domingo tarde, dando gracias por esa muda de ropa que se te olvidó en casa de tu amiga la última vez que dormiste allí. Aquellos maravillosos años.

8. No tienes que multiplicar por 2 todos los gastos

Hombre, si trabajáis los dos y ambos tenéis un sueldazo, esta os la podéis saltar. Pero tal y como están las cosas, esa situación ideal está complicada de alcanzar. Y un finde en la casa rural, multiplicado por dos… como que duele más.

9. Puedes pedirle a ese vecino tan mono que te ayude a mover los muebles

O que te de un poco de sal, o si sabe como programar el dvd, o cómo se cambian los plomos… pilláis la idea, ¿no? Si es sólo para alegraros un poco la vista, pues podéis hacerlo de todos modos, aunque las excusas no podrán ser tan variadas. La cara que se le quedaría a tu consorte si viene el vecino a programar el dvd mientras él está viendo el fútbol…

10. No te tienes que preocupar por los celos

Incluso cuando tienes la suerte de encontrar a una pareja que no los sufre, siempre vas con más cuidado. Intentas no dar pié a malentendidos, ni por parte de los afectados ni por parte de las vecinas cotillas. Al final te sale solo, pero es una pena no poder comportarte con la misma naturalidad que cuando estás soltera (aunque esa risa tonta que se te pone cuando un buenorro te dice cuatro tonterías, natural natural… no es que sea).

11. Puedes frungir con quien quieras y cuando quieras

Esta no necesita explicación 🙂

12. ¡La libertad!

La falta de responsabilidades, la independencia, la libertad de hacer lo que quieras, cuando quieras y con quien quieras. El no tener que soportar más manías que las tuyas (que ya son bastantes), no tener que dar explicaciones si te quieres gastar el sueldo de un mes en ese vestido tan preciosísimo. Se echa de menos, ¿a qué sí?.



Al final todo es cuestión de equilibrio, y cada uno encuentra el suyo en distintos sitios. Unos lo encuentran antes y otros después. Algunos disfrutan del solterismo muchos años, otros encuentran la pareja ideal a la primera. Lo importante es ser feliz, sola o en compañía.
¿Y tú, que echas de menos de tus tiempos de solter@?
La fotografía destacada es un fotograma de Lo que el viento se llevó.


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Sobre Doctora Silvi


Científica de profesión, lectora de corazón, escritora en mi tiempo libre y ociosa de vocación. La vida me ha llevado a ser inmigrante en Carolina del Norte mientras decido lo que quiero ser de mayor. Si quieres seguir mis desventuras puedes visitar mi blog http://catuxa20.wordpress.com.