Nunca he entendido ni soportado aquella gente que cuando tiene un niñ@ parece que se ha acabado el mundo. Sí, lo sé, pero en esto soy intolerante, no comprendo aquellas personas que por tener un bebé consideran que ya no pueden hacer, no ya lo que hacían antes, sino nada de nada. A ver, que un niñ@ no es una enfermedad contagiosa que te hace estar en una burbuja y no puedes salir más allá del parque de al lado de tu casa.

Ya sé, y de verdad lo digo, lo sé, hay que adaptarse a la nueva situación, pero esta nueva situación no te hace ser autista de repente.

1. Ir a la playa

Los bebés pueden ir a la playa, que sí que no pasa nada, no se derriten, a mí mi madre me llevo con 10 días y aquí estoy, yo a mi hijo pequeño con mes y medio y ya tiene 6 años.

Evidentemente, tienes que seguir una serie de pautas, pero que te las da el sentido común y que debes cumplir sean grandes o pequeños. Si es bebé debes mantenerlo siempre a la sombra, pero no veas lo bien que les sienta estar dormiditos con la brisa y el sonido de las olas. No pasa nada por tener que ir cargado con la mega bolsa llena de pañales, ropa de cambio, cambiador, crema, crema y más crema, biberón para el agua o leche, toallitas, etc, etc. Las toallitas húmedas entraron en mi bolso hace ya diez años y todavía no se han ido.

Se puede hacer cacotas en la playa como en casa, y ya no hablo de bebés que al fin y al cabo llevan pañales, los peques si están todo el día en la playa tienen necesidades fisiológicas, pero te acostumbras, si no hay otra opción, bolsita, toallitas, papelera, y sanseacabó.

Es todo un descubrimiento para ellos, eso de andar por la arena de la playa, toquetearla, llevársela a la boca, para unos una grata experiencia y otros, si son muy tiquismiquis no querrán salir de la toalla porque se llenan de arena pegajosa, pero de igual, forma una nueva experiencia muy saludable para el peque. No sé para los demás, pero en mi caso, la playa es mi lugar favorito para desestresarme, y con mis peques parece que pasa lo mismo.

2. Ir a la montaña

Esto es igual que el tema de la playa, si os gusta ir al monte y hacer alguna rutilla, no tenéis que renunciar a ello por el mero hecho de ser padres. Los niños pueden ir en tu regazo dentro de las mochilas tan chulas que hay para trasportar a los bebés. Que sí, que tienes que llevar otra mochila a la espalda con sus cosas, pues eso, así equilibras el cuerpo. Si son más mayores, al principio se cansarán más, ya sabemos que los ritmos no son los mismos, pero eso no es razón para dejar de hacer las cosas que te gustan.

Hay muchas formas de hacer que a tus peques les guste disfrutar del campo o la montaña, si son reacios a andar por el monte porque se cansan, ayúdales a que sea un juego y les guste, diles que vamos a ver al conejito como el que sale en el cuento de “Alicia en el País de las Maravillas”, o que vamos a coger moras nosotros mismos en vez de ir a la tienda. Al final acaba gustándoles porque se convierte en una rutina que disfrutáis juntos.

3. Ir a un restaurante

Claro que se puede ir a comer o cenar fuera de casa, con un bebé o con un niñ@. Ya sabemos que los niños son muy listos y quieren salirse con la suya en los momentos más críticos. Si montan una rabieta o un show, somos los padres los que debemos ser suficientemente respetuosos con el resto del restaurante y si al niñ@, no sólo al resto del personal sino a ti también te dan ganas de matarlo, sales fuera intentando mostrar tranquilidad a tu hijo y lo solucionas en la calle, en el baño o donde sea, pero no caigas en sus redes y accedas a su propósito, sino, estás perdido.

Que es un bebé, y tiene los puñeteros cólicos como el mío, pobrecito, que esperaba a que atardeciese para retorcerse y no parar de llorar, con y sin homeopatía. Pues a armarse de paciencia, masajito en la tripa, paseíto de aquí para allá. La de cenas a medias que me he tomado.

Cuando son más mayores, en nuestras manos está el elegir buenos restaurantes, en el sentido de que estén cerca de un parque, de una zona de recreo, que el local este adecuado con alguna instalación para que jueguen, hay que intentar buscar lugares en los que tanto pequeños y mayores puedan estar a gusto.

4. Ir de compras

En el caso de los bebés, aquí no hay problema, yo creo que hasta las reacios a salir con niños esto si lo hacen con los bebés.
El problema es cuando son más mayorcitos, que para ellos es un rollo, digo para los niños, porque sí amigos, los niños en su más corta edad son egoístas por instinto, y lo único que buscan como primera necesidad es su bienestar y que todo gire a su alrededor.

Para que no se aburran, y no te cansen a ti hasta la saciedad con yo quiero esto, cómprame eso, dame aquello, lo mejor es que los hagas sentirse imprescindibles en este momento. Que lleven una cesta ellos y vayan metiendo las cosas que tú les indiques, y si ya saben leer que se encarguen de llevar la lista de la compra e ir buscando exclusivamente lo que hay en la lista.

5. Ir al teatro

A ver, no les vamos a llevar a ver una obra de Shakespeare o sí, depende, pero es bueno que se acostumbre a ver cosas distintas más allá del cine. Hay muchas obras diseñadas para peques y para adultos, que pueden ser o no interactivas, y les ayudan a tener una visión más cercana e imaginativa del mundo que les rodea más allá de lo que pueden ver en una pantalla gigante.

Es bueno que desde pequeños se interesen por la cultura, vean y aprendan cosas distintas desde otros puntos diferentes, si la obra está adaptada a su entendimiento les encantará. Ver a gente contando y haciendo cosas les vuelve locos, decidme de algún niño al que no le guste ver marionetas.

6. Ir al museo

Aquí lo mismo, ¿por qué no puedes ir con un bebé a ver esas pinturas que tanto te gustan? Si tienes que darle el pecho o se hace sus caquitas, al final casi todos los museos tienen sus baños y sus bares donde podrás hacer un parón para cubrir las exigencias del peque.

Cuando son más mayorcitos, llévale a ver museos primero adaptados a ellos, hay museos de ciencias para niños por toda la geografía española. En estos sitios tienen todo tipo de experimentos y puntos de interacción que explican la ciencia y la astrología de una forma muy cercana a ellos para que les vaya calando en su intelecto.
Si buscas bien, en todas las ciudades tienen y hacen actividades para acercar a los niños tanto al arte como a la ciencia.

7. Ir a la biblioteca

Que quede por demás que considero que la lectura es el pilar imprescindible para el aprendizaje. Hay que leer, leer, y leer como decía Molinos en otra docena. Los niños tienen que comprender que la lectura es básica para el desarrollo de su imaginación, de su lenguaje, de su comprensión, y puedo seguir con un gran etcétera.

El ir a la biblioteca les enseña por un lado, a estar en tranquilidad y respetar el silencio de los demás para conseguir la concentración y comprensión de lo que están haciendo, y además, tienen cientos y cientos de libros en las estanterías donde elegir el que más llame su atención.

Aún me recuerdo leyendo debajo de las miles de mantas en casa de mi abuela en el pueblo, en pleno invierno con un frio que cortaba, con los dedos helados al sacarlos de entre las sábanas para poder devorar los libros de “Los Cinco” o de “Los Hollister”. Al recordarlo no puedo más que echar una gran sonrisa.

8. Ir de viaje

Esto es muy importante que lo hagáis con ellos, los niños desde muy pequeños deben ver otros lugares, deben aprender otras culturas, deben entender que en cada lugar de España o del mundo hay algo que les caracteriza, y que tanto su entorno natural y socio-cultural hacen que destaquen en unas cosas y no en otras.

Antes de hacer un viaje, enséñales lo que vais a ver en un libro, en internet, como sea, pero de forma divertida. Les puedes sacar unos dibujos para colorear y les explicas que esos son los monumentos que vamos a ver en tal sitio. Busca algún cuento que se desarrolle en ese lugar y hable de sus gentes, una sopa de letras, que vean a grandes rasgos sus monumentos emblemáticos, que sepan sus características principales socio-culturales y medioambientales.

Tenéis que tener muy claro que su ritmo no es el vuestro, pero hay que saber compaginar el hacer turismo de asfalto con pequeñas pinceladas de lo que le gusta a los niños. Buscar siempre donde viajéis algo para hacer que sea exclusivamente para ellos, y aunque a ti te parezca una estupidez perder media hora en unos columpios, ya sabemos que tú no has venido a tal ciudad a ver columpios, que donde vives hay miles, pero entiende que ellos pueden pensar lo mismo, edificios donde vivimos hay tropecientos. Se pueden desfogar haciendo cabriolas en esos columpios mientras tú te puedes estar tomando una birra en la plaza más chula de esa ciudad. Los momentos de relax son distintos, y así conseguiréis seguir todos con vuestro viaje con el mismo entusiasmo.

9. Ir al médico

Me vais a decir que en dónde está lo bueno de que un niñ@ vaya al médico, que es una chorrada. Pero no lo es, no. Si un niñ@ va contigo al médico de acompañante y te ve la naturalidad con que te dejas auscultar y observa que el médico es una persona normal y corriente que se encarga de que te encuentres mejor cuando algo no funciona bien, se les quitará el miedo que tienen a ir al médico.

Ya sé que muchos tienen miedo realmente fundado, pero hay que hacerles entender que del médico se sale mejor de lo que se entra, que aunque te haga algún daño momentáneo es para reparar un daño más grande y duradero. Lo digo por experiencia aunque ahora no viene al caso.

También deberían ir al hospital a ver a algún familiar o amigo enfermo, les ayudará a tener una mejor comprensión de que hay gente que está enferma, y que su vida no es tan sencilla como la suya, pero que al fin y al cabo todos podemos caer enfermos y ver que se puede seguir viviendo.

Esto incluso puede ayudarles a tener una mejor comprensión de la muerte.

10. Ir al parque

Sí, ir al parque o a la calle o donde sea que haya gente, pero no al mismo de siempre. Se tienen que acostumbrar a relacionarse con otros niños, de igual o distinto sexo, de igual o distinto color, de igual o distinta edad, y así toda una serie de iguales y distintos que se os ocurran. Tienen que descubrir por sí solos que no todos somos iguales, que hay muchas clases de niños, que no por no poder correr no puedes ser niñ@, o que por no poder hablar con el lenguaje oral no puedes hacer las mismas cosas. Que no siempre se es el más fuerte ni el más débil. Tienen que aprender que los tiempos de cada uno son distintos, tienen que saber adaptarse a cada una de las situaciones que se le planteen y para eso han de experimentar y frustrarse.

11. Ir al zoo

Sí señor, hay que relacionarse con los animales, hay que conocerlos y ver que no sólo están en los cuentos. De esta forma aprenderán qué animales se pueden tocar, cómo se reproducen cada uno de ellos, su verdadero tamaño, su verdadera textura, cómo se mueven, y un sin fin de cosas más. Aunque en los zoos y en los safaris no se encuentren en sus hábitats reales, intentan que sean lo más parecido a su entorno y así se pueden hacer una idea. Realmente a todos los niños les encanta ver a los animales, independientemente del reparo o miedo que en un principio les puedan dar.

Si pueden ir a una granja escuela, mejor. Es muy bueno que conozcan los entornos rurales, que sepan que no todo sale del super, que vean y prueben a ordeñar a las vacas o cabras, que vean y recojan los huevos de las gallinas, que les den de comer. Es una experiencia increíble.

12. Ir a hacer deporte

Hay que hacer deporte con los niños, no sólo educar su psique es importante, los niños tienen que tener una educación sana y saludable y entre ellas se encuentra tener un buen estado físico, y practicar algún deporte.

Aquí ya lo que queráis, pero es bueno dar un poco a todos los palos para descubrir cuál es el que más le gusta.



Estas son algunas de las cosas que se pueden hacer fuera de casa con los peques. Ya sé que dentro también se pueden hacer muchas, pero no es necesario que os anuléis a vosotros mismos ni a ellos por el mero hecho de ser papás.

Hoy por hoy, no sólo debemos enseñar a nuestros hijos a desarrollar su inteligencia lingüístico-verbal y la lógica-matemática que siempre han sido los pilares de la educación, actualmente podemos ver que no son las únicas, debemos explotar todas sus inteligencias: la espacial, musical, corporal cinestésica, intrapersonal, interpersonal y naturalista como dice la “Teoría de las inteligencias múltiples” de Howard Gardner. Una cosa es cierta, si intentamos cubrir todas las áreas, el aprendizaje es más activo y eficiente, y potenciamos aptitudes como la sociabilidad o la empatía, por ejemplo, tan importantes para nuestros hijos como las matemáticas o la lengua.

Sabido es que aprendemos, enseñamos y recordamos según el canal que sintonizamos mejor, por eso y como todos somos conscientes de que nuestros hijos son el futuro, que sean personas importantes, especiales y únicas dependerá mucho de lo que nosotros consigamos hacer con ellos.

No somos conscientes hasta qué punto lo que ellos ven, sienten y perciben de su entorno desde que nacen, marcará su existencia, y hará que sean de una manera y no de otra. Tenemos que conseguir que con la educación que les otorgamos, sepan cuáles son sus derechos y sus deberes, y conseguir tener una vida laboral y personal plenamente exitosa.



Imagen destacada cedida por la autora del post.


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Silvia Díez

Sobre Silvia Díez


Inmersa en el mundo financiero. Dedica el resto de su tiempo a su proyecto más vital: sus peques. Apasionada de la lectura, la fotografía y por supuesto la música: “La música es para el alma lo que la gimnasia para el cuerpo”.