Sí, entonemos el mea culpa. Porque los hombres damos asco. Bueno, en realidad no todos los hombres damos asco. Pero sí un cierto repeluco cuando hablamos del macho, macho.

Porque normalmente el hombre que da asco suele ser el mismo que se refiere a la mujer mujer. Y tiene ciertos rasgos reconocibles. Muchos. Incluso más de doce. Porque para dar asco siempre hay tiempo. Y, por lo que parece, mucho. Vamos a ver unos cuantos rasgos.

Ah, y sí, generalizo. Así luego el debate da para más con vuestras puntualizaciones diciendo yo no cumplo esto. O mi preferida de esto lo ha escrito una puta feminazi. Que esta última explicación da pa’paja.

1. El puto machoalfismo

El que destaca. El hombre hombre. El macho de pelo en pecho, bañador mínimo y el peine metido en un lateral del bañador preparado para que la picuqui que corresponda caiga a sus pies rendida. Puede haberse quedado en aquellos setenta o estar depilado. Pero realmente siempre intentará ser el más macho de los machos del corral.

2. Pensamos sólo en sexo

¿Realmente hay algo más?

3. Los deportes

De las pocas cosas que pueden ocupar más que el sexo en la cabeza de un hombre. Realmente puede llegar a ocuparlo todo. Si no, que se lo digan a Mariano, ávido lector del Marca. Y ya. No sea que vaya a empezar a pensar a estas alturas. Con lo que duele eso.

4. Olemos mal

De normal sudamos más, lo que hace que, sin la higiene adecuada, el sudor se pudra (es real) y olamos peor. Y no, la colonia o el desodorante no valen para nada.

5. Es un dolor ir de compras con nosotros

Aquí me libro, porque me encanta ir de compras (soy así, qué le vamos a hacer), pero es verdad que en general tenemos un fallo serio. No somos capaces de captar todo el arco cromático del que disponen los ropajes hoy día. Por eso no somos capaces de diferenciar el beige del marrón claro. Y eso supone un dolor, claro.

6. Yo, yo, yo, yo, etc. Ah, y yo

Chip, pensamos en nosotros mismos. Ya no sólo por el machoalfismo, que es lo que hay, sino porque además también somos un poco egoístas. También. Es lo que hay.

7. Nos duele todo

La espalda, las piernas, la cabeza, el pecho, el estómago… Y nos quejamos mucho. Y muy amargamente. Y, además, gracias al ser el puto macho alfa, necesitamos cuidados. Muchos. Ya. Y un 100% de mimos. Eso sí, luego se nos pasa y ni gracias ni hostias.

8. Tenemos tendencia a roncar

Bueno, yo ronco. Y mucho. Somos como los niños cantores de Viena en versión polifónica. Al menos yo.

9. Nuestro cuerpo no es precisamente bello

Ni la armoniosidad de unas curvas bonitas, ni un pecho bien colocado… Nada. Y encima con un colgajo ahí. Otra cosa es que sexualmente pueda resultar atractivo y esas cosas, pero a poco que dejemos de cuidarnos que si barriga, algún michelín, muchos cuidados…

10. Nos rascamos mucho

La cabeza, la espalda, los brazos, el culo al levantarnos, los huevos… Somos un picor andante. Y como nos molesten las costuras de los calzoncillos, ya la hostia.

11. Hacemos sonidos

Ehm, no hace falta más explicación. Y no, no me refiero a hablar.

12. No escuchamos

¿Decías?

He cogido unos cuantos rasgos. Desde el cariño, claro. Es lo que hay.

Imagen destacada de Dplanet con licencia Creative Commons.


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J. Esteban Mucientes

Sobre J. Esteban Mucientes


Conocido como @mediotic, es consultor freelance, enfocándose en los medios sociales, especialmente mostrar a través de la formación la utilidad de las redes sociales para cualquier tipo de negocio o colectivo colaborando de manera estable con Vital Innova. Escribe en su blog mediotic.info, en el que da salida a temas relacionados con el Social Media y temas de primera ayuda para gestionar redes sociales (aparte de denunciar el humo). Según parece, pertenece a la Junta Directiva de AERCO-PSM. Vamos, que lo mismo te descose un roto que te rompe algo ya cosido. O algo así