A estas alturas ¿Quién no conoce a Enric González? Sus libros de viajes, sus artículos sobre futbol, su bronca con Cebrián y su salida de El País en el ERE famoso, sus colaboraciones en JotDown, sus orejas, y su “sorprendente” fichaje por El Mundo han hecho de él uno de los periodistas más conocidos de nuestro país.

Conocido sí. ¿Leído? Pues espero que también, pero si hay alguien por ahí al que ese aura de celebridad y repercusión mediática le provoca cierto resquemor y siente rechazo hacia sus escritos, aquí van doce razones por las que considero que merece la pena leer a Enric… siempre.

1. Su edad

Enric tiene 54 años, una edad estupenda. No es un pipiolo recién llegado a la profesión, acumula recuerdos, experiencias, historietas, un montón de cosas buenas que recuerda con nostalgia y otro montón de cosas malas que supongo prefiere no recordar mucho. Por supuesto se ha equivocado un millón de veces y ha pasado ya la fase en que no eres capaz de reconocer que te equivocaste o que fuiste un gañán. Es capaz de mirar atrás y por lo menos intentar aprender de lo que le ha ocurrido.

2. No tiene idealizado el periodismo

Vivimos una época en la que por una parte el periodismo está en crisis y por otro lado parece que sin “periodismo” el mundo se va a terminar. El periodismo es presentado como una especie de actividad de riesgo y élite que va a venir a sacarnos de la ignorancia y la pasividad al resto de los mortales. Eso está muy bien pero no es exactamente así. Ser periodista es una profesión tan válida y tan inútil como muchas otras, llena de gente que la ejerce de puta madre y llena de gente que son unos completos zopencos.

Enric no tiene para nada esa opinión y en su libro “Memorias Líquidas”, que dedica a contar su actividad como periodista, tiene palabras muy duras para el periodismo en general e incluso para con su propia labor.

3. Trabaja por dinero y lo reconoce

Esto puede parecer una chorrada pero no lo es. Ni en el periodismo ni en ninguna otra profesión tiene por qué estar mal visto currar por pasta. Ahora mismo hay una corriente de absurdo fervor místico hacia tu trabajo que hace que parezca estar mal aspirar a ganar más dinero. Enric curra por dinero y lo reconoce, y si pudiera currar menos ganando más también lo haría. A mí me parece perfecto.

4. También trabaja gratis

Los chicos de JotDown que ahora son super mainstream y parece que todo el mundo se pega por escribir con ellos, cuando empezaron no eran tan mainstream y anduvieron listos.
Supongo que pensaron que tenían que buscar a alguien con tirón, alguien que les sirviera de altavoz y de cara visible de su estrategia de “comprad, comprad, mis hermosos jabalíes” y con muy buen ojo se lanzaron a por Enric. Con muy buen ojo, siendo muy pesados y sin un duro. Esto no lo digo yo, lo cuenta Enric en su libro “Memorias Líquidas” y dice que fueron pesadísimos. Al final después de mucho “Nos llevas al salpicamás, nos llevas al salpicamás.
Enric escribe para nosotros, Enric escribe para nosotros”. Enric les dijo que sí, y escribía a cambio de puros y whisky. Que sí, que cobraba por otro lado, pero que no todo el mundo con un curro aceptaría currar para otros gratis.

Enric además es fácil de convencer, después de decir que no haría más libros, los chicos de JotDown han conseguido que escribiera otro libro hablando de su experiencia periodística, “Memorias Líquidas”. Muy recomendable… aunque un poco caro.

5. Por como escribe

Lo mejor que tiene Enric es cómo cuenta lo que cuenta. Puede ser que escriba sobre una ciudad en la que ha vivido como en sus libros de “Historias de”, puede ser que hable de la Siria, de la crisis en Grecia, del cónclave para elegir a Ratzinger o de fútbol.

Da igual el tema, Enric escribe siempre que da gusto leerle. Tiene la extraña cualidad (extraña por infrecuente actualmente) de conseguir que cualquier tema que toque te interese y que, cuando has acabado su artículo, crónica o escrito, hayas aprendido algo, te ha hecho pensar algo, ha conseguido que en tu cabeza algún engranaje rechine y funcione. Siempre aprendes algo, descubres un autor, una historia o puede que veas por escrito y explicada de la mejor manera posible tu opinión sobre un tema. Un placer.

Por supuesto también puedes cabrearte y no estar de acuerdo con lo que dice, pero nunca te parecerá que habla sin saber…y eso en periodismo es muy raro. Enric escribe con humildad como si pensara que nadie va a leerle…y eso mola mucho.

6. Por sus libros de ciudades

Tanto si vas a viajar o conoces Londres, Nueva York o Roma, como si no has estado nunca y eres de los que no despegas el culo del sofá, sus libros de “Historias de…” son lectura obligatoria. Son libros a medio camino entre la guía de viajes y el diario de su vida allí. Son colecciones de relatos, anécdotas, curiosidades, experiencias y opiniones que resultan a la vez interesantes y entrañables. Al terminar quieres coger un avión y viajar y a la vez escribir a Enric y ser amigo suyo. Emocionante, divertido, íntimo y acogedor.
Enric escribe tan bien que probablemente si escribiera sobre Tomelloso, Fonz o Lepe sus libros molarían igual… aunque es posible que los comprara menos gente. El mundo está lleno de snobs.

7. Sus manías

Enric es un tío que reconoce que es maniático. La mayoría de los hombres lo son. No pasa nada. Tenéis manías rarunas y absurdas que os condicionan la existencia. ¿Por qué no aprendéis de Enric y lo aceptáis? Él dice: “soy un maniático de las camisas y los pañuelos.
Necesito tener una cantidad ingente de camisas planchadas con botones en el cuello y muchos pañuelos”. Así de sencillo. No lo niega en plan “noooo… qué dices… yo no tengo ninguna manía” al tiempo que comprueba por cuarta vez que ha cerrado bien todas las puertas del coche o comprueba que el pantalón no tenga la costura no sé cómo sino no sé cuándo.
Cuando un tío acepta que tiene una manía, para el resto del planeta es más fácil aceptarla.

8. Escucharle también es un placer

Enric habla bien y sabe expresarse con claridad. Puedes estar de acuerdo o no, pero no te encontrarás preguntándote ¿Qué es lo que ha querido decir? Cuando escuchas a Enric en directo, en una presentación por ejemplo… nunca te defrauda, no pensarás “mierda, hubiera sido mejor no oírle”.

9. Enric bebe

Entiendo que hay gente que esto no lo considerará una razón de peso para leerle, pero yo sí y al fin y al cabo es mi docena. Enric toma copas y le gusta. Reconoce en sus libros que se ha cogido algunas borracheras memorables, unas por divertidas y locas y otras por desesperadas y amargas. Es decir, como casi todos.

En una entrevista “memorable” en la revista GQ le preguntaron sin que gadget no podría vivir y su respuesta fue: Whisky. Si la respuesta es poco tecnológica, echamos un chip en el vaso.
Además de beber es ingenioso. Una combinación genial.

10. Escribió una columna metiéndose con su jefe

La columna “Rodeados” que escribía en El País en la que se mostraba extremadamente crítico con el afán especulador de Juan Luis Cebrián hizo que el periódico la retirara y provocó su exilio dorado en Jerusalén.
Visto desde fuera y como fue la respuesta del periódico uno puede pensar “Bah, tampoco fue para tanto lo que hizo”, pero ¿Cuántos de nosotros escribiríamos algo contra nuestro jefe?

11. Escribió para El País y ahora lo hace para El Mundo

Que dos medios tan diferentes y en teoría tan opuestamente posicionados publiquen sus columnas, artículos y reportajes es una buena noticia para los lectores. Se le ha acusado por ahí de venderse, he leído a gente escandalizarse por ese movimiento editorial. No comparto esa opinión. Enric ha escrito en El País hasta que no le han dejado, hasta que ha sentido que no podía escribir lo que quería y cómo quería. Ahora escribe en El Mundo dónde sospecho que hará lo mismo.

12. Porque es un tío con el que siempre te quedas con ganas de más

Cuando terminas un artículo de Enric siempre te quedas con ganas de más. Cuando lees uno de sus libros siempre tienes la sensación de que queda muchísimo por contar, tienes ganas de llamarle, invitarle a una copa y que te siga contando cosas. También te gustaría decirle: oye, eres un vago… ¿150 páginas? Ya te podías haber currado unas 50 páginas más que seguro que tienes material de sobra. Le oyes hablar y piensas… ¡mierda no estoy de acuerdo, me encantaría discutirlo! Lees una entrevista que hace a alguien y piensas… hubiera pagado por estar allí mientras charlaban.



Enric es un tío normal, con sus cosas buenas y sus cosas malas, al que hay que leer siempre porque hace pensar. Y eso es muy poco frecuente hoy en día.
Fotografía de Julio César González para Público.


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Sobre Molinos


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