Nací tal día como hoy de hace 40 años, así que hoy entro en el selecto club de los cuarentones, también conocidos como cuarentañeros para los que la palabra cuarentón suena despectiva.
Cumplir años es algo que toda la vida me ha hecho ilusión y este año también me la hace, al fin y al cabo, sólo pasa de vez en cuando y es todo un acontecimiento: te hacen regalos, te llaman los tuyos, tienes montones de mensajes de desconocidos en el muro de facebook…
Este año, además, me pilla el natalicio estando de vacaciones, así que la alegría es doble. Mientras leéis estas líneas, menda está disfrutando de unos días de merecido asueto y celebrando el asunto comme il faut.
Tengo muchos motivos para celebrar la edad que tengo. Tenemos muchos motivos los cuarentones para celebrar todos y cada uno de nuestros años, pero hoy sólo os voy a contar doce. El resto de los motivos, GT mediante, ¿vale?

1. Yo los cumplo, otros no…

Una realidad. Nada como seguir cumpliendo años para darte cuenta de la gente que vas dejando atrás: familiares, algún amigo quizá, conocidos… Por accidentes o enfermedades, pero lo cierto es que a los 40 quien más y quien menos ha perdido a alguien querido y ha vivido la muerte de cerca.
A los 40 eres consciente de lo que implica y también sabes que tarde o temprano todos llegaremos y lo sabes con más certeza que cuando tenías 30. No significa que estés habituado, pero esa conciencia da paz interior. A mí, al menos, me la da.

2. Eres lo suficientemente mayor… pero aún estás en plena forma y facultades

A los 40 ya he sido madre, he plantado un árbol y he escrito un libro… peero me quedan un montón de sueños por cumplir, de países que visitar, de libros que leer, de obras de arte que admirar, de personas por conocer, de flores que regar, de proyectos que alumbrar, de playas que pisar, de conciertos a los que ir, de risas que compartir, de conversaciones que tener…
Y me queda tiempo para hacerlo y a fe que lo haré. Cada una de las cosas que acabo de mencionar y algunas más.

3. Te aceptas tal como eres

Oh sí. Esto es maravilloso.
Te miras en el espejo y pese a las canas incipientes, a las flacideces aquí y allá, a los kilos de más y al tiempo acumulado en esa mirada, la mayoría de los días te gustas mucho más que cuando tenías menos años. Quizá no tengas ya la cintura de avispa que tenías con 18, pero no te hace falta.
También has llegado a un autoconocimiento tal que te permite prever por la mañana lo que sentirás por la tarde cuando te pase lo que estás esperando. Sabes qué responder en cada situación porque muchas ya las has vivido… y sabes que se te pasará el enfado, o no, pero no te importa porque, francamente, queridos, te importa un bledo.

4. Sabes que las cosas se pueden cambiar

Has comprendido que eres el motor que mueve tu mundo.
El mundo, entendido como todo lo que nos rodea, es complejo, pero has dado con los resortes que accionan tu mundo, el tuyo. Sabes cómo funciona y lo comprendes. Y trabajas cada día por mejorarlo un poquito. Así es como se pueden cambiar las cosas, al menos en tu entorno… Y de muchos pocos…

5. Eres capaz de disfrutar muchísimo con poquísimo

Ya sabes que hay momentos efímeros y los aprovechas como quien exprime una naranja. No necesitas grandes lujos ni grandes ornamentos. Te conformas con lo que hay en cada momento, lo que no significa que no sepas que existen otras cosas o que aspires a ellas o a mejorar. Si una no estuviera siempre aspirando a mejorar en cualquier ámbito estaría dormida.

6. Sabes más o menos en qué consiste la felicidad

La felicidad está en las cosas pequeñas. A veces en las insignificantes. Una noche de reyes preparando los ídem (y la cara que ponen los niños al día siguiente), una llamada de un amigo con el que hace tiempo que no hablas y justo suena el teléfono en el momento en que más lo necesitas, un regalo sorpresa, un aroma evocador… En fin, la sal de la vida que se dice, ¿que no?

7. Sabes estar sola

Este es un punto importante. Apreciar la soledad en su justa medida es un síntoma evidente de viejunismo, pero de viejunismo bien llevado. Nada como un rato contigo misma para reconciliarte con el mundo.
Hacen falta ratos de soledad y si no los consigues de forma natural, hay que buscarlos. He dicho.

8. … y también acompañada

Y, por supuesto, también sabes estar en compañía de otros y ser una buena compañía para ellos. Sabes cuando alguien necesita algo y qué es lo que necesita, si que le pases la mano por la chepa, que le acompañes en el sentimiento (no necesariamente de pena el sentimiento, ojo) o lo que sea. Sabes valorar una amistad y te esfuerzas por ella y con ella.

9. Necesitas menos cosas

A los 40 ya sabes lo que es verdaderamente importante, así que lo supérfluo te lo echas a la chepa. Así es. Pierdes menos tiempo en lo que no te resulta interesante, en lo que no te aporta, para dedicarte a lo que realmente quieres (dentro de un límite claro, que no me estoy refiriendo a fregar cacharros ni cosas por el estilo).
Das más valor a cosas que antes pasaban desapercibidas: un rato con un amigo, una llamada de teléfono, una mañana de verano… esas cosillas…

10. Eres más honesta, contigo misma y con los demás

El algodón no engaña. Y los tiempos en los que te engañabas a ti misma con cualquier pretexto están quedando atrás. Ya no tienes edad, ni gana. La energía la inviertes en cosas que (te) merecen la pena, así que no necesitas jugar al que sí que no.

11. Eres sabia para muchas cosas pero todavía tienes muchas cosas que aprender

Tienes una experiencia importante, pero aún te queda un montón por experimentar y esa conciencia es maravillosa. Puedes evitar cometer errores simplemente por el hecho de haber tropezado antes en esa misma piedra y ves venir las cosas. Esto no significa que te hayas convertido en Aramis Fuster… pero tienes déjà-vus, aunque sigues conservando la capacidad para sorprenderte (y no la pierdas nunca).

12. Queda tanto…

Como decía en el punto 2, quedan muchíiiisimas cosas por hacer y experiencias por vivir, así que aquí lo dejo, para seguir extrayendo todo el meollo a la vida.



Cuarentañeros del mundo, ¿cómo lo veis vosotros?

Fotografía destacada de KJGarbutt via photopin cc.


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Sobre Cristina Juesas


Cristina Juesas, también conocida como Maripuchi, trabaja como consultora freelance en temas de comunicación. Organizadora y fundadora del TEDxAlmendraMedieval. Presidenta del Toastmasters Club Vitoria-Gasteiz, asociación para mejorar las habilidades comunicativas y de liderazgo (en inglés). Autora de la Guía de usos y estilo en las redes sociales del Gobierno Vasco y coautora de Comunicación de Crisis Online. Organiza e-Innobar, un evento socio-tecnológico mensual en Vitoria-Gasteiz. Colabora con la Cadena SER en el programa Hoy por Hoy Vitoria en una sección sobre nuevas tecnologías.