La navidad es una fiesta de hermandad y alegría, de regalos y felicidad, donde un señor gordito y barbudo, afable nos visita el 24 por la noche y unos magos orientales nos ilusionan el día 5 de enero, donde las familias se reúnen y todos son felices, donde el rey nos dice lo que está bien y lo que está mal, y todos somos más hermanos. Esa es al menos la versión que desde el “mainstream” nos están vendiendo. Lo cierto es que el mundo se divide en gente que adora la navidad y que nos lo restriega intensivamente y una minoría, silenciosa, que tenemos que soportarlo estoicamente, y que en el fondo odiamos esta festividad.

1. Es una fiesta de origen religioso que hemos de celebrar los que no compartimos esa religión

La navidad es una fiesta religiosa, celebra la natividad de Jesucristo. Para los que no somos cristianos (seamos ateos o de cualquier otra religión) es una fiesta que te obligan a celebrar, quieras o no. Aparecen pesebres por doquier, en plazas públicas y hasta en cimas de montaña. Para que se pueda entender el efecto que tiene eso, imaginémonos que durante 3 semanas todas las televisiones, actividades públicas y en los espacios públicos salieran los de la secta de los Hare Krisna cantando y celebrando ritos. Ponte en mis botas de ateo, entiende que es lo que siento ante esa celebración. Al menos los paganos pueden celebrar el solsticio de navidad y esconderse en ello, los ateos lo tenemos más crudo.

2. Has de sentirte feliz y generoso si no quieres aguar la fiesta a terceros

En la navidad se contagia una especie de narcotización social, donde la gente tiene la extraña obligación de ser más amable, tener más paciencia, querer verse y juntarse con los demás. Si no estás con ese ánimo parece que pretendas aguarle la fiesta a los demás. Si no quieres reírle la gracia a los que vienen a pedir el aguinaldo a tu puerta es que eres un amargado. Simplemente es incompatible la navidad con tener un tono de ánimo más bajo, y por obligación has de estar feliz o aparentar ser feliz.

3. Es cuando más miserables se sienten los que se sienten miserables

Aunque es falso que en la navidad hay más gente que se suicida, en las navidades es cuando la situación de pobreza y desempleo se sufre más. Los padres no pueden hacer regalos, las imágenes de consumismo desaforado generan una percepción de la falta de capacidad adquisitiva. Aunque por el otro lado se generan más muestras de solidaridad, esta suele ser bastante limitada en el tiempo y llena de esa temporal y falsa sensación de que hay que “ayudar”. Al mes siguiente el contraste con la situación de desprotección y miseria es aún mayor.

4. La navidad hace que los regalos pierdan su sentido al hacerlos por obligación social

Los economistas del comportamiento y los psicólogos están de acuerdo que regalar produce un placer, por un lado el receptor consigue un bien de consumo sin sufrir “pain of paying”, y el que regala siente placer al hacer sentir a otra persona mejor. Pero esta situación no se produce cuando el regalo es de compromiso o por obligación. La navidad fomenta muchos de estos regalos, haciendo que pierda valor el mero hecho de hacer un regalo.

5. Es una fiesta que fomenta el consumo compulsivo

El nivel de consumo de todo tipo durante la navidad se dispara, no sólo de regalos y bienes de consumo. Aunque en una economía deprimida como la nuestra estos pequeños tirones de consumo ayudan a levantar algo la demanda interna y el empleo, son tirones que generan menos valor ya que sería mejor consumir a lo largo de todo el año que todo de golpe, y además fomentan una cultura del despilfarro y en muchas personas del sobreendeudamiento. Hay muchos estudios que asocian que el hiperconsumo y el sobreendeudamiento tiene elementos sociales y que si alrededor nuestro percibimos que el nivel de consumo es muy alto, tendemos más fácilmente a sobreendeudarnos. Ya sabemos a lo que nos ha llevado esta cultura.

6. Fomenta el consumo desaforado de bebidas alcohólicas y comidas hipercalóricas

Si algo tenemos en nuestra sociedad son ciudadanos con un nivel consumo calórico muy alto. En el aporte calórico somos realmente una sociedad opulenta. La navidad nos lleva a incrementar ese aporte calórico y el consumo de alcohol. Algo que fomenta problemas cardiovasculares, entre otras muchas enfermedades: el consumo alto de calorías nos acorta la vida. Los hábitos adquiridos durante la navidad requieren más tiempo eliminar que en adquirir, y seguramente sin las comidas opulentas de navidad seríamos una sociedad más sana, y evidentemente más feliz.

7. Fomenta unas relaciones laborales de explotación en el comercio

Los trabajadores del comercio, en especial del pequeño comercio, son explotados durante las campañas de navidad. Es cierto que se genera más empleo, pero también que el incremento de ventas no viene acompañado a la par por el incremento de empleo, lo que lleva a jornadas maratonianas y agotadoras entre trabajadores con poca protección laboral. Todos conocemos casos de trabajadores del pequeño comercio que por solidaridad con su jefe o por puro miedo deciden hacer jornadas maratonianas de más de 60 o 70 horas semanales, sin ningún descanso semanal, que difícilmente cobrará como horas extra, si es que las cobra como ordinarias.

8. Fomenta el juego y las conductas de riesgo

Aunque la lotería nacional y las autonómicas son mi impuesto favorito (es el único que pagan voluntariamente y con alegría y que penaliza a aquellos que tienen menos estudios de matemáticas y ciencias o que basan más su criterio en la irracionalidad), el juego y su fomento tiene elementos negativos. Por un lado la promesa de una salida de la pobreza o la mediocridad por un golpe de suerte, en lugar del trabajo duro o la capacidad de arriesgar realmente, por otro el fomentar la irracionalidad y el mundo de fantasía que se genera en temas económicos alrededor de las campañas de lotería.

9. La programación televisiva pasa a ser monotemática

Ya sabemos que la televisión está de capa caída, pero numerosas series diseñadas para este medio, programas de entretenimiento y algunos formatos de documental e informativos aportan un grano de calidad interesante. Esos contenidos quedan en segundo plano (o peor, se ven contagiados) por los contenidos entre religiosos, de “buen rollo”, las campañas (temporales y vacías) de solidaridad temporal y las películas infumables de “oh.. es Santa Claus”.

10. Es una fiesta poco divertida

La navidad es un muermazo… más allá que los catalanes hemos inventado golpear un tronco para que cague regalos y ponemos un señor que planta pinos en el pesebre (somos bastante escatológicos, todo hay que decirlo), las navidades son soporíferas: misa del gallo, dormir al lado de un abeto esperando un asaltador de viviendas disfrazado de anuncio de Coca Cola (literalmente), o a unos señores subsaharianos que viajan en camello mágico. Son un rollo comparado con la castañada o el Halloween, al menos hay gente que se disfraza, hace el friki y vas a un parque a que te peguen sustos, o con la “semana santa” que es suficientemente larga como para hacer algo chulo, y lo suficientemente corta para que no se te atragante y te obligue a visitar a tu primo segundo que está en la otra punta de la Península.

11. Es muy larga, y comienza cada año antes

Hasta las fiestas cansan. Y la navidad más que ninguna. Comienzan en noviembre poniendo las luces, y no las quitan hasta las rebajas de enero. El machaqueo de anuncios en la televisión aparece casi en octubre. Los puristas de la navidad me dirán que eso no es cierto, vale aunque sólo duraran entre el 22 de diciembre con el sorteo de la lotería y el 6 de enero con los reyes magos, son casi 3 semanas de “fiestas”, donde además, si tienes la suerte de trabajar, has de ir al curro. A cualquiera termina cansando una “fiesta” que dura con baja intensidad desde octubre hasta final de diciembre para rematarlo de casi 3 semanas intensas.

12. Los centros de las ciudades pasan a ser tumultuosas donde es imposible pasear tranquilamente

Uno de los derechos más básicos de cualquier vecino es disfrutar de su ciudad, algo que pueden hacer todos los ciudadanos del mundo excepto los pamplonicas durante una semana de julio y los que tienen actividad comercial en su ciudad durante todo un mes de locura. Soy de Barcelona y trabajo cerca del centro, imaginad lo que es para mí y miles de ciudadanos que queremos simplemente “vivir” poder atravesar los meandros, corrientes, riadas e inundaciones humanas durante todo un mes.



¿Y tú? ¿Por qué odias la navidad?

Foto destacada vía Shutterstock.


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Sobre Jose Rodríguez


Nació en Barcelona en 1976. Licenciado en Física por la UAB, Máster en Sociedad de la Información por la UOC y DEA en sociología por la UOC. Militante del PSC desde los 23 años ha ejercido diversas responsabilidades entre otras ha sido responsable de ciberactivismo en la ejecutiva del PSC de Barcelona.