El vino es un producto que nos resulta complejo. Hay excesivo uso de argots y los profesionales en ocasiones se sienten contentos “asustando” al consumidor. Este comportamiento, ilógico si pensamos en la necesidad de ponérselo fácil al consumidor, puede explicarse por la defensa del precio basada en el misterio indescifrable de la calidad de un vino… ¿Y si fuera más sencillo de lo que parece?

1. Que si te la dan, sea al menos con queso

Saber mucho de algo siempre es complicado, pero evitar beber un vino que tiene un defecto evidente no debería ser excesivamente complicado. En un curso te enseñarán a identificar olores que son claros defectos del vino. De lo contrario, te la pueden dar con queso… Un amigo bodeguero me contaba que a algunos compradores de vino se les daba junto al vino a comprar (en mal estado) unos buenos tacos de queso de sabor muy fuerte. El resultado: el defecto del vino pasaba desapercibido. No sé si será cierto o no, pero al menos si nos van a dar un vino con un claro defecto que nos pongan un buen queso al lado (gratis claro).

2. Saber qué es la filoxera y cómo se remedió

Poca gente sabe que es la filoxera, y menos aún que implicó en su día. Esta plaga estuvo a punto de dejar sin vino a toda Europa. El remedio para la plaga se encontró en injertar bases de vid americanas en plantas europeas… Vamos, que la vid son en realidad dos plantas. En un curso te podrán contar más detalles de esta historia que es, en todo su acontecer, realmente fascinante y apta para novelarla.

3. El camarero que quiere vender el vino

En ocasiones nos sentimos incómodos al pedir un vino en un restaurante. Hay profesionales de restauración que recomiendan vino pensando en qué tipo de consumidor somos; lo que nos queremos o podemos gastar, la comida que hemos pedido… Los hay también, menos sin duda, que buscan el margen en su venta y nos pueden contar cualquier cosa sobre el vino. Mejor saber un poco para que no nos intimiden.

4. Conocer a gente

Un curso de cata (en realidad de cualquier actividad) ofrece una muy buena oportunidad para conocer a gente que puede ser interesante. Al menos sabremos que la gente que va tiene una afición en común con nosotros.

5. Beber buenos vinos

En un curso, más allá de las explicaciones, de lo que podamos aprender o dejar de aprender, nos servirán vinos de calidad. Los cursos de cata de vino nos dan la opción de disfrutar del mismo modo que si fueramos a tomar el aperitivo. No se trata de lo mismo, pero el hecho de catar (y en ocasiones tomar algún aperitivo que se ofrece) añade a la experiencia.

6. Refrescar la geografía

El vino de cada lugar es diferente y hay vinos en muchas (casi todas) las regiones (el mapa de los vinos de España que elaboran los responsables de explicar el vino español quita el hipo) Al hablar de vinos de distintos lugares podemos refrescar un poco la geografía de los lugares menos visitados, a veces casi olvidados incluso. El Ebro pasa por Rioja… Esta es fácil, pero muchas otras indicaciones no lo son tanto.

7. Acercarse al campo

En un curso de cata, incluso si se realiza en la ciudad, nos acercamos al campo. Normalmente las personas que imparten los cursos de cata comienzan con algunas consideraciones generales sobre viticultura: Las horas de sol sobre una planta no son las mismas en el Sur o el Norte. El terreno arcilloso no es como la pizarra…

8. Pensar como un jardinero… de la vid

Vinculado con lo anterior: cualquier persona que haya hecho alguna sencilla labor de jardinería encontrará muchas similitudes con lo que se explica respecto al ciclo vegetativo de la vid, sus enfermedades, necesidades, la poda, etc. Pensar como el pequeño jardinero que podemos ser nos ayudaría mucho a entender algo más de vino.

9. Desarrollar el olfato

El olfato es probablemente el sentido que menos usamos, y es una pena, porque en ocasiones lo tenemos atrofiado. El olfato es, sin embargo, el sentido con más memoria. Un olor a plástico nos puede llevar en un segundo a las vacaciones de playa con los abuelos: nos poníamos manguitos, un olor que al estar junto al cuerpo se nos puede haber quedado de por vida. Esto no ocurre con muchos otros olores, especialmente en medios urbanos, donde la contaminación “camufla” los verdaderos olores. En un curso de cata desarrollaremos bastante el olfato y nos fijaremos más en los olores cercanos. Para ello se usa normalmente unas cajas con aromas de vino donde encontramos muchos de los aromas que se pueden encontrar en el vino. No es que un vino huela, por ejemplo, a plátano, sino que contiene moléculas del mismo olor que el plátano por ejemplo. Estarán en mucha más baja concentración, pero si están, nos hará pensar en el plátano. Lejos de un tema para snobs, se trata de algo muy divertido si se hace como un juego.

10. No dejarse avasallar por el cuñado

A todos nos ha pasado alguna vez, tal vez no con el cuñado, pero sí con un amigo, o un conocido… que saben casi casi de todo y, como no, también de vino. Ir a un curso de cata no hará tal vez que sepamos más que ese amigo, conocido o el cuñado, pero sí al menos nos permitirá saber si lo que dice tiene más o menos sentido. Quien sabe, puede que hasta que nos riamos un poco.

11. Compatir un regalo

Los cursos de cata son buena idea para regalar. A alguien cercano que le guste el vino y su mundo le podemos regalar vino, o podemos regalarle un curso de cata. Podemos incluso regalar un curso de cata de vino válido para dos (y bueno, si somos nosotros los acompañantes…)

12. Pasar un buen rato

Al final se trata precisamente de esto; de pasar un buen rato entre amigos, pareja o conociendo gente nueva. Si en el proceso aprendemos, probamos buenos vinos y nos reímos, la inversión estará más que justificada.

Un último comentario es necesario. Es mejor aprender de vino cerca de donde se produce. En una bodega se verán y comprenderán las cosas de forma más sencilla. Hay opciones de hacer cursos en bodega, si bien en ocasiones uno no se puede apuntar pues se requieren grupos mínimos. En Cualquier caso, los cursos que se realizan en ciudad suelen ser de una calidad alta. Os recomiendo que miréis el programa con atención: ver qué temas se tratan, quién da el curso, la sala y los vinos a catar… Si os decidís por hacer uno, desde ya, ¡a vuestra salud!

Fotografía destacada vía Shutterstock.


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Sobre Luis Lechuga


Luis Lechuga es Socio en www.turismodevino.com y asesor del OEMV .