Vale, sí, Espein is diferén. Y como somos diferentes (un poco retardeds para algunas cosas, un poco chulos para otras, quijotescos y cainitas casi siempre) pues nos empeñamos en que lo de dimitir no es bueno. Que es que no se ha hecho nada malo. Y que es que hasta que no haya una sentencia firme, pues presunción de inocencia.

Pero a pesar de ello, hay una serie de razones que en un país normal servirían para hacer dimitir hasta al más pintado. Razones aplicables no sólo al mundo de la política, sino también al mundo de la empresa, donde lo normal es putear mucho al resto y escurrir el bulto. Sobre todo esto último, que es que a ver si nos vamos a hacer daño cuando nos estemos agarrando de los cojones. Que tú me agarras, pero yo te tengo también agarrado. Y fuerte. No te vayas a pensar. Que para chulo mi pirulo y para mano apretadora, la mía. En fin.

1. Mentir sobre tus capacidades

Ésta debería ser una de las razones básicas para dimitir en cualquier caso. Es decir, si dices que eres ingeniero aeroespacial y resulta que no acabaste siquiera la EGB (que algunos pelamos nuestros años), pues oye, que igual no es tu sitio. Ya por encima del intrusismo profesional, que también, sino que se dan por hecho unos conocimientos que no tienes, no podrás tener en la vida (la experiencia no ayuda en algunos ámbitos) y además con la confianza que depositen en ti. Pues mira, como que no.

2. Ser demasiado mayor

Creo que después de la dimisión del Papa no hay mucho más que decir. Pero vamos, que si tienes unos años de más para según qué cosas, por ejemplo, 50 años para correr los 100m lisos, cuando necesitas la explosividad de la musculatura joven, pues igual que no. Ya eso sin hablar de dirigir un banco cuando tienes más de setenta. Lo normal, claro.

3. Quemazón

Si estás quemado, lo mejor es dejarlo. Claro. El tema está en reducir la posibilidad de errar, el evitar dejar a los demás entrampados con tus problemas y hacer algo que te llene. O seguir haciendo lo mismo con otros retos.

4. Un polvo mal echado

Algo que aquí no se estila, pero que en Estados Unidos ha dado más de un quebradero de cabeza a aspirantes a congresista, senador o presidente. O Sheriff. O alcalde. O fiscal. Vamos, que tener una de las mayores industrias de entretenimiento para adultos del mundo (lo que viene a ser el porno) no está reñido con una moral puritana en la que haber echado un caliqueño en un momento de tu vida, pues que te puede costar muchas cosas. Salvo que ese polvo lo eches con una becaria, seas el presidente y digas que en la Biblia la felación no cuenta como relación sexual. Total, tampoco es tan anormal como tener un vestido manchado de semen en un armario. Unas risas.

5. Ser un inútil

Que no sabes hacer la O con un canuto. Que tus capacidades no es que sean limitadas, sino que son inexistentes. Que el día que tenías que afilar un lápiz, sacaste punta a la Mont Blanc que te regaló tu pareja en tu décimo aniversario, igual, pero sólo igual, tienes que tener en cuenta que no estás hecho para ese trabajo. Que no es nada personal, pero que lo pienses. Que una salida digna no está de más.

6. Hacer una cagada de espanto

Imagínate que te dicen que tienes que hacer algo que es de vida o muerte. Que tú eres la persona indicada para ello. Pero resulta que la cagas como un campeón. Mucho. Que la lías parda. Que sólo tienes que echar cloro y la lías y mezclas un ácido con otra cosa que la lía parda. Muy parda. Pues antes de que te larguen, que digas que te vas no sólo servirá para quedar como un señor. Igual si tienes un buen jefe hasta se piensa no largarte. O, al menos, no arrancarte alguna parte de tu cuerpo.

7. Ser un mentiroso

A ver, es como el primer punto, pero más a lo bestia. Es más una mentira compulsiva. Como si niegas una crisis económica porque estás en plena campaña electoral o si dices que vas a conseguir sacar adelante un país cuando en realidad lo vas a hacer con tus amigos privatizando cosas. O como si niegas la mayor en un delito para que tenga que juzgarte el Supremo porque eres así de idiota. Más o menos por ahí van los tiros.

8. Una enfermedad

Aquí es una cosa de muy mala suerte, pero lamentablemente se da. Pasar una enfermedad grave y que conlleve un período largo de incapacidad, puede ser una excusa para dimitir. Hay pocas cosas más importantes que la propia salud o la de alguien cercano. Nada que objetar.

9. Irte a otro sitio

Estando como está el patio puede ser algo que a alguien se le antoje una locura, pero no, largarte de un trabajo para irte a otro es una de las mejores razones para dimitir. Salvo que seas político, dimitas y te vayas a una empresa relacionada con tu sector político y te la bufe hasta la ley de incompatibilidades. Y lo de ser honrado y parecerlo y esas mierdas.

10. Falta de confianza de quien te la ha dado

Imagina que te dan la confianza para hacer algo y según va pasando el tiempo esa confianza se va minando. No es que falles o que lo estés haciendo mal, sino que simplemente los resultados no son los esperados o tienes desencuentros en la forma de trabajar, los procesos o incluso porque se han puestos unos objetivos poco realistas. O que eres miembro de un partido político y has demostrado con tus actos que no te mereces la confianza que depositaron en ti varios millones de votantes. O el secretario general del principal partido de la oposición y te has rodeado de los que son, con toda probabilidad, los peores nombres de los que podrías rodearte. O si vas despotricando contra los políticos cuando iniciaste tu carrera en la transición y llevas más cambios de orientación política que Fraga. Que ya es decir.

11. Tu tiempo ha pasado

Guardiola. Cruyff. Y ya. Pocos han sabido decir oye, que me largo, que yo aquí ya no pinto nada, que lo he hecho todo y que ya no hay nada más que rascar.

12. Dejar a otro que se coma el marrón

No hay nada más maravilloso que dejar un muerto para que otro lo resucite. O que se coma el olor. Porque es un placer y además es una dimisión preventiva. Salvo que tengas una libreta azul en la que has apuntado un nombre de un fulano para que te sustituya y en esa tengas hecho un ejercicio de apocalipsis que ni Nostradamus, payo.

Vamos, que dimitir no es malo. Que hasta hace que se abran las ventanas de vez en cuando. Y que además servirá no sólo para que no te salpique la mierda, sino para que esa mierda la limpien personas mucho más capaces. Que sí. Que sólo es cuestión de tomar una decisión. Y no, no duele. Te lo digo yo.

Imagen destacada de Carey Cluro, con licencia Creative Commons.

Disclaimer: esta entrada lleva prevista una semana. El hecho de cinco siglos después un Papa anuncie su renuncia al pontificado, no tiene nada que ver con la misma. O quizá un poco sí. Bueno, que da igual, que le podemos aplicar la segunda razón, ¿o no?


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J. Esteban Mucientes

Sobre J. Esteban Mucientes


Conocido como @mediotic, es consultor freelance, enfocándose en los medios sociales, especialmente mostrar a través de la formación la utilidad de las redes sociales para cualquier tipo de negocio o colectivo colaborando de manera estable con Vital Innova. Escribe en su blog mediotic.info, en el que da salida a temas relacionados con el Social Media y temas de primera ayuda para gestionar redes sociales (aparte de denunciar el humo). Según parece, pertenece a la Junta Directiva de AERCO-PSM. Vamos, que lo mismo te descose un roto que te rompe algo ya cosido. O algo así