Del libro Elogio de la lentitud, de Carl Honoré, me habló por primera vez en 2008 el Project Manager más chulo con el que he trabajado. Con chulo quiero aquí decir guay, aunque a muchos les parecía chulesca su manera de hacer relajada, que conservaba incluso en los momentos de mayor tensión (y en una obra hay muchos de esos momentos). Salíamos de la caseta tras una reunión que se había alargado más de lo habitual (como ya venía siendo todavía más habitual). Íbamos de culo con los plazos y el hombre me salió con que se estaba leyendo ese librito y que lo encontraba muy interesante… Creo que no logré oír el final de su frase. La reunión había sido muy cansina, el día largo y yo ya estaba visualizando a mi hija, que estaba por aquel entonces en P5, sentadita en el bordillo de la acera a la puerta del cole. Tenía que salir corriendo a recogerla y, con las prisas, no estaba yo muy por la labor de atender al Movimiento Slow ese… Cuatro años después de ese comentario y ocho después de la publicación de la primera edición, puedo decir que por fin lo he leído.
Este señor era un crac en su campo. Me refiero al Project Manager. Estoy convencida de que su manera de hacer pausada, que tanto irritaba a ciertos elementos en obra, era parte de su secreto. Lo recuerdo como una persona muy observadora. De pocas palabras, atinaba mucho con el dónde, a quién y cómo decir las cosas. Lamentablemente, no pude aprender mucho de él dado que, en esos momentos, yo me encontraba en una de las mayores fases correquemecago de mi vida y a él pronto lo reclamaron para otro proyecto. Ahora, con algo más de calma y un poco de perspectiva, me apetece reflexionar despacito sobre unos cuantos momentos de lentitud. (Al final de cada párrafo un enlace por si optáis por adentraros en lo slow con más calma).

1. Movimiento Slow Food

Surge en Italia, fundado por Carlo Petrini 1986, como contraposición al concepto de Fast Food y es el padre del resto de movimientos “slow”. Nos invita a cultivar, cocinar y consumir los alimentos en un ambiente relajado y en buena compañía; a consumir productos saludables, alimentos regionales, sabores auténticos, comidas tradicionales y a mantener la biodiversidad. Come y bebe despacio, nos dicen, saboreando los alimentos. Creo que no es ningún secreto que lo que se cocina a fuego lento sabe mucho mejor.

2. Citta Slow. Slow Cities

Este movimiento aparece también en Italia, en 1999. Paolo Saturnini, por aquel entonces alcalde de Greve in Chianti, supo transmitir sus intuiciones otros alcaldes italianos y unidos a Carlo Petrini extendieron el movimiento Slow Food al ámbito de la ciudad. En este caso lo que se pretende es promover la creación de placitas con carácter, los teatros, las tiendas, los cafés, restaurantes y artesanía local, los lugares con encanto, las prácticas medioambientales sostenibles, los mercados regionales… Cittaslow quiere recuperar la vida tranquila de antaño. Las ciudades que pertenecen a esta agrupación tienen menos de 50.000 habitantes, menos tráfico, menos ruido, menos multitudes. Son ciudades que acogen a las personas que eligen llevar una vida más pausada. A diferencia de los otros movimientos Slow (que puedes seguir libremente y sin necesidad de afiliación) Citta Slow dispone de un Manifiesto que pone de relieve los principios que la ciudades deben seguir. Existen además estatutos de asociación, listado de miembros y planes de reunión anual.

3. Slow Movement

Cuando uno consigue comer con calma, empieza a fantasear con aplicar ese mismo ritmo al resto de su vida. No significa hacer las cosas despacio, se trata de intentar hacerlas a la velocidad adecuada: rápido cuando es preciso y lentamente cuando eso es lo más apropiado. Hacer las cosas despacio no significa necesariamente tardar más tiempo. Este movimiento no lucha por hacer todas las cosas con lentitud, sino que aboga por el derecho a decidir a qué velocidad se hace cada cosa. El Movimiento Slow, partiendo del original Slow Food, se extiende a todos los ámbitos de la vida.

4. Slow Design

Otra rama del Slow Movement que trata de promover el bienestar de los individuos, de la sociedad en general, del entorno natural. Tiene en cuenta el impacto del diseño a corto y largo plazo. El término aparece por primera vez en un artículo de Alistair Fuad-Luke titulado Slow design – a paradigm for living sustainably? y lo retomó uno de los miembros del jurado que entregó el premio Pritzker a Eduardo Souto de Moura para definir su obra. No se trata sólo de la velocidad se trata de ser considerado, de meditar las cosas con parsimonia, con calma, con cariño. Se trata de diseñar las cosas pensando en su bondad a largo plazo y no sólo en términos comerciales.

5. Slow Architecture

En el caso de la arquitectura comprendería edificaciones que se han construido gradualmente, a lo largo del tiempo y de forma orgánica, en contraposición con las carreras contra-reloj para construir edificios que tan bien conocemos en nuestro país. No sé si está muy bien decirlo aquí pero… construcciones para los juegos olímpicos en que se las tuberías se ensamblan con cinta adhesiva; accidentes laborales producidos, casualmente, en obras con plazos imposibles (que curiosamente se deciden en mesas con gente que no pisa las obras y por tanto desconoce su realidad); viviendas terminadas deprisa y corriendo que en estos momentos, de tanta necesidad, se hallan vacías… lo dejo que me pondré a llorar.

6. Slow Travel

Carreteras secundarias, trenes regionales, callejuelas, mercadillos, paseos por los parques, trayectos en bici, festejos locales, gastronomía del lugar, un café en una terracita mientras observas a la gente pasar, conversaciones con las personas con las que te cruzas ya sean del lugar u otros viajeros… No hay prisa. La catedral no va a moverse del lugar y si no te diera tiempo a verla… siempre puedes mirar fotos o volver otro día. Viajar no es completar el programa sugerido por una guía de viajes a toda costa. Viajar es vivir en otro lugar como si fueras otra persona, inmersa en una realidad diferente. Ese es el tipo de viaje que te transforma. Lo otro es turismo criminal para agotar a la gente y sacarles toda la pasta posible ¿Quién se lo inventó? Si no tienes amigos a los que visitar en tu destino, ¿qué tal alquilar una habitación en un domicilio privado, o la vivienda entera? y ya puestos y si te atreves… ¿qué tal intercambiar tu casa con la de otro?

6. Lectura pausada (vs. lectura en diagonal)

La lectura en diagonal, esa que está tan de moda, ¿qué invento del demonio es ese?
La lectura calmada de un buen libro nos aleja de nuestra realidad y por ende nos desestresa. O lo que es mejor, nos hace ver nuestra propia realidad con otros ojos. Meternos en los zapatos de otro. Comprender un punto de vista ajeno. Puede que hasta nos aporte ideas de cómo mejorar nuestra vida o nos dé el empujón que nos hacía falta para iniciar (o terminar algo). Nos da otra perspectiva y de rebote nos hace más tolerantes. ¿No?

7. Slow Schooling EEUU, Lentitud en la actividad docente

La idea de escuela que conocemos está enfocada hacia los resultados más que hacia los métodos. Parece que lo único que importe sea si el crío saca buenas notas o no. ¿Nos damos cuenta de la simplificación que eso supone, a la hora de observar la evolución del aprendizaje de un niño? ¡Las malditas notas! Cuántos disgustos a cuenta de las notas… No tengo las cifras pero igual alguien se anima a buscarlas para otro post… ¿Cuántos chicos con malas notas son hoy en día empresarios? ¿Cuánto estudiantes lumbreras se hallan hoy sin trabajo? De verdad, ¿todavía hay gente que piensa que el secreto del éxito se basa en sacar buenas notas? ¿En sacarse una carrera? Unas notas que son el resultado de exámenes estandarizados y arbitrarios, que no atienden a las tendencias naturales o los intereses particulares de cada persona. El movimiento pretende orientar a nuestros hijos hacia una vida adulta feliz, que no necesariamente tiene que estar relacionada con grandes resultados académicos o grandes beneficios económicos, ojo. No se trata de enseñar contenidos, sino de estimular la curiosidad natural de los niños y ¡su iniciativa!, de ofrecerles herramientas y recursos que les permitan ser dueños y señores de su formación, su crecimiento y sus elecciones de vida. (Joé, con este me he despachado a gusto.)

8. Slow Parentig

En este estilo de educación no se agota a los niños con un aluvión de actividades extraescolares, sino que se les permite tener tiempo para jugar, para aburrirse y para buscar su propio modo de entretenerse; cosa que, sin duda, promueve la capacidad creativa del niño y su independencia. Permitir que los niños corran pequeños riesgos, que les enseñen a valorar ciertas situaciones y huir del sobreproteccionismo es otra de las proclamas de este movimiento. ¿Por qué no dejamos a nuestros hijos en paz? Aquí un par de referencias: “The idle Parent” de Tom Hodgkinson, que ilustra la proclama del menos es más.

9. Slow Talk

Decía John Wayne: “Talk slow, talk slow… and don’t talk too much”. Ciertamente, por lo menos por lo que a mí respecta, debo aprender a respirar más a menudo, a hacer más pausas entre frases (¡y a morderme la lengua!)
Dicen los que entienden, que moderar la velocidad del discurso ayuda al oyente a seguir mejor al que habla. Si no, escuchad la frase final de los anuncios de medicamentos cuando mencionan contraindicaciones y demás información que tienen que dar pero que tal vez no favorezca la venta del producto. ¿Alguien sabe lo que dicen exactamente? Se supone que es información importante. Los publicistas, que saben mucho, cuentan probablemente con que el oyente desconecte. (Al parecer hay estudios que confirman que, efectivamente, a partir de cierta velocidad, el cerebro del oyente literalmente ¡desconecta! (Pobre hija mía… ahora entiendo muchas cosas)

10. La versión japonesa: Sloth Club

Los japos son los mejores. Radicales donde los haya, fundan “El club de los perezosos” (se refieren al animalito) ¡Si hasta se han currado una versión en español para que nos enteremos bien de todo! (Aquí está) y nos alertan: Nosotros, los pertenecientes a la especie humana, sólo tenemos futuro como perezosos.
Tomad nota: dormir más, tomar el sol, pensar en el significado de la reciprocidad, dieta vegetariana, simbiosis con otras especies (¡bastaría lograrlo con la nuestra propia!), estilo de vida no competitivo, coexistencia pacífica y mínimo impacto en la naturaleza. Todo eso podríamos aprender de este bichito. No suena mal, ¿no?

11. Slow Writting

Despacito y con buena letra, me decían de pequeña. No tengo que esmerarme mucho en explicar nada ¿no? En el título tenéis un enlace de Cathy Yardley, una escritora que defiende un modo de escribir parecido al cultivo de un huertecito. Ella aboga por una escritura de la que poder vivir. Escribir, ni por amor al arte ni tampoco para forrarse, que -según ella- parecen ser las únicas opciones vigentes. Ella propone una manera de escribir pausada, observando lo que funciona y lo que no pero sin perder de vista los propios intereses. Bueno, una metáfora bonita que creo vale la pena leer si tenéis tiempo y ganas.

12. Slow Web Movement

Pero el apartado de este movimiento que tal vez os interesará más, amigos blogueros, es este. Una propuesta para una nueva manera de hacer en la red. El escritor y diseñador Jack Cheng sugiere que se hagan publicaciones oportunas frente a publicaciones en tiempo-real, publicaciones periódicas frente a publicaciones al azar, propone la moderación frente al exceso, antepone el conocimiento a la información… Muy interesante.



Y ahora que no mira nadie… ya sé que esto es hacer trampa pero aquí os cuelo el número 13: ¡Slow Sex! pero ahí cada cual que se lo dibuje, oye.
¿Has llegado hasta aquí? Gracias por leerme despacito. Ya ves, que lo del Movimiento Slow ha traído cola… y que es aplicable a absolutamente cualquier actividad. ¿Por qué no propones alguna más y alargamos la lista a, digamos, DOS docenas?
Imagen cortesía de Ian Britton, con licencia Creative Commons.


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Nuria Puig

Sobre Nuria Puig


No soy psicóloga, ni experta en relaciones. Tampoco soy Community Manager, ni coach, ni ingeniera informática, ni storyteller… un desastre vamos. Soy madre y madrastra. Paciente hasta que me harto. Hago lo que puedo por intentar superarme cada día un pelín.