Hay ropa que no tiene perdón de Dios. No es bonita ni en la percha, ni puesta, ni hecha jirones en las fauces de un bull terrier rabioso. Estas prendas deben ser relegadas a la parte más profunda de nuestro desván, y sólo debe ver la luz del sol en época de carnaval. Hay prendas que no se pondría ni el jorobado de Notre Damme, alegando que es más fea que su pie izquierdo. Aunque aquí tengo el límite en 12, podría haberme extendido otras 12 más, por lo menos.

1. Camisetas de equipos/jugadores de fútbol

No, no, no y mil veces no. Me crispa ver a un tío, todo repeinado, con su mejor vaquero y sus mejores zapatillas arruinando el conjunto con una camiseta de un equipo de fútbol, rematándolo con el nombre y el número de su ídolo en la espalda. ¿Verdad que vosotros no iríais a echar una pachanga con los colegas con una camisa de cachemir? Pues eso. Una camiseta de fútbol es, como su propio nombre indica, una camiseta para jugar al fútbol, o como mucho para ir a ver un partido de tu equipo. Pero nada más. Así que dejemos que las camisetas futboleras sean vestidas por un jugador para ir uniformado, como el resto de su equipo, y punto.

2. Cazadoras de flecos

Quién te crees que eres ¿Daniel Boone? ¿Jeremiah Johnson? Supongo que no. Las cazadoras de ante con flecos son para los tramperos y cazadores de osos que viven en las tierras fronterizas. Lo más probable es que esos largos flecos se usaran en caso de emergencia para atar algo rápidamente o para hacer trampas para castores. Y tú, querido urbanita, lo más cerca que has visto un roedor en tu vida, ha sido viendo dibujos de Chip y Chop en la tele.

3. Pantalones “cagaos”

Creo que nunca los diseñadores han despreciado tanto a la raza humana como cuando decidieron crear esta aberración textil. No tienen razón de ser: no le sientan bien a nadie, no favorecen la silueta; no te hacen buen culo si lo tienes, ni te lo disimulan si lo tienes grande; no hacen las piernas más esbeltas y largas, te hacen bajito y achaparrado. Quedan mal con camisetas largas, por que parece que tienes un tronco larguísimo; y con una camisa, eso ya es de “mátame camión”. Hasta Cantinflas parecería un “gentleman” al lado de cualquiera que llevase estos pantalones.

4. Botas de mosquetera

Remitiéndome al punto uno, su propio nombre lo indica “de mosquetero”. A no se ser que formes parte de la guardia real del Rey de Francia y portes un mosquete, no sé por qué motivo vas a llevar esas botas. Si las pones con un pantalón, no lo luces. Si las llevas con una falda larga, las botas quedan ocultas y no se ven; si es corta tiene que ser muuuuy corta para que no quede sobre la parte superior de las botas y, francamente, ese look te hará parecer una stripper de poca monta.

5. Chándal de doble tela

Otra aberración textil. Un sinsentido total. Es hortera para el fin destinado a un chándal: hacer ejercicio; y es más hortera, todavía si cabe, para ir por la calle. Suelen ser de colores chillones, que es como decir: ¿Puedo hacer este trozo de tela más hortera de lo que es por sí solo? Respuesta: si. Hazlo de colores fluorescentes y con una tela que haga ruidito al caminar. El colmo…

6. Estampado de camuflaje glamouroso

A ver, hay cosas que no se deben mezclar nunca. Y una de ellas son el estampado de camuflaje y la ropa de fiesta. El camuflaje se usa en el ejército para mimetizarse con el entorno y pasar desapercibido al ojo del enemigo: camuflaje verde en los bosques y selvas; blancos y grises para la nieve; marrones y caquis para los desiertos, etc. ¿De que enemigo quieres tú, alma cándida, huir en plena Puerta del Sol? ¿Qué necesidad imperiosa sientes de mimetizarte con el asfalto de la Gran Vía…? ¿Acaso los SEAL o los Boina Verde llevan lentejuelas a la guerra? Pues eso.

7. Pantalones de traje cortos

No eres Angus Young, guitarrista de AC/DC, para ir vestid@ con 30 tacos, o más, como un crío de secundaria de un colegio mayor. Un traje de vestir ha de constar de dos piezas (o tres si lleva chaleco):

  • Chaqueta: recta de dos botones, de tres, cruzada, una “blazer” (chaqueta cruzada de 6 botones, que debe su nombre al capitán H. Blazer).
  • Pantalones: pantalones rectos, o más modernos los “slim” (estrechos de toda la vida). ¡¡¡PERO LAAAAARGOOOOS!!!

Es que eso de ir con traje de raya diplomática con pantaloncitos cortos es un despropósito total. Tan absurdo como ir a la playa con un traje regional.

8. Medias de color carne brillantes

Pero vamos a ver. ¿Por qué, oh, adolescentes de España, queréis que vuestras piernas parezcan de plástico barnizado? ¿Por qué queréis parecer una cabaretera venida a menos? ¿Sabéis que hay esas mismas medias en color mate que hacen unas piernas más bonitas y con un color más real?

9. Chalecos de bolsillos

Otra vez con el trauma del aventurero. ¿Creéis que sois intrépidos arqueólogos como Indiana Jones? ¿O es que Brad Pitt os ha invitado a pescar con él en “El río de la vida”? Ahora me diréis que son muy cómodos para llevar cosas ¿Pero qué cosas? ¿Ganzúas? ¿Alicates? ¿Alcayatas? Vamos a ver: cartera, teléfono y llaves, son los tres indispensables de un hombre cuando sale de casa. Bolsillo trasero derecho, bolsillo delantero derecho y bolsillo delantero izquierdo respectivamente. Por favor, abandonad el look de “Coronel Tapioca”. No mola.

10. Pantalones de pinzas con pierna estrecha

Otro desprecio por la evolución de la raza humana y con ella, de su forma de vestir. Se supone que todo ser viviente evoluciona para mejorar: vivir más años, ser más altos, correr más rápido… Seas hombre o mujer, llevar esta prenda será la ruina total y absoluta de tu vida para siempre. Hacen tripa, aunque tengas los abdominales de Bruce Lee, tus caderas serán enormes y darán la sensación de que tras ellas hay un culo como el de Nicki Minaj; tus piernas se acortarán por arte de magia, tus pies se verán ridículamente pequeños o llamativamente gigantes y largos… y un sinfín de despropósitos más. Por favor, el día de San Juan, llevad todos vuestros pantalones de pinzas a la hoguera y quemadlos.

11. Botas de esquimal

Lo dicho. Solo tienen sentido si eres esquimal, y caminas por la nieve todo el año. En invierno si llueve, se empapan y con ellas tus pies. Y en verano no veo razón alguna para llevar unas botas que pueden mantener tus pies calientes aunque estés a 12 bajo cero. Te pasas todo el día resbalando por la calle y montando numeritos al caerte toda espatarrada en el suelo, con el bolso calado en la cabeza y todas tus pertenencias esparcidas por el suelo. Además, hacen los pies enormes y que parezcas patizamba al caminar. ¿Quién quiere ir por la calle andando y parecerse a Lina Morgan?

12. Faldas de lycra

¡Ay! Me duele sólo de pensarlo. Una falda de lycra es una pieza que dice: “Me cago en el buen gusto y me meo por encima del decoro”. Ni la ultra delgada, musculosa y tonificada Sarah Jessica Parker podría llevar una con un mínimo de elegancia. Marcan todo de una manera muy ordinaria, se van subiendo a cada movimiento que haces, por lo que tampoco es cómoda. Es tan absurda que, incluso hay gente que la usa como top. Esto es un claro indicativo de que la falda de lycra ni siquiera sabe si es falda, top o una bayeta para limpiar los cristales. Es una prenda sin personalidad, y se usa sin criterio. ¡Ay! La lycra… Dejemos este tejido para los trajes cutres de superhéroes.

Ya sé que vivimos en un momento en que todo es tendencia y todo vale. Pero para todo hay un límite. Hay cosas que tuvieron su tiempo, y si éste ya pasó, porqué empeñarnos en un imposible y caduco aspecto. Y ¿que hacemos con las cosas viejas o que ya no sirven? Darlas, tirarlas o guardarlas (los más sentimentales, como yo), en algún rincón olvidado de nuestro trastero. Por aquello de que algún día puede servir para algo. Aunque en el caso de algunas, ese algo sería sólo por si quieres disfrazarte de espantapájaros.

Imagen destacada facilitada por la autora con licencia desconocida.


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Susanna Spada

Sobre Susanna Spada


Todo comenzó con un curso de maquetador de textos. Uno de los ejercicios propuestos fue la creación de un blog y su mantenimiento hasta el final de las clases. Aún hoy me pregunto porqué el mío gustó tanto. Por presión popular, continúo escribiendo hoy en él. Mil gracias a la Srta. Lampert, sus palabras al ver mi trabajo de fin de curso me dieron ganas de continuar. Ella sabe cuáles fueron.