Hace ya cinco años que no vivo físicamente en España. Como española miro hacia mi país con la morriña de la distancia e intento descifrar cuál es el mal que está arrasando mi tierra física y emocionalmente. Leo todo lo que cae en mis manos. Investigo. Intercambio impresiones con propios y ajenos y, poco a poco, va naciendo en mí lo que nunca he tenido: una opinión.
Cuanta más información acumulo más claro lo tengo. España lo tiene muy difícil. Por una razón muy sencilla: El Estado español se está quedando sin dinero. A marchas forzadas.
Históricamente, en épocas en las que el sector privado ha entrado en recesión, el sector público ha actuado como contrapeso reactivando la economía con inversión pública. Eso es lo que todos esperábamos del Estado ahora que el sector privado español está sumido en una crisis sin precedentes. Pero una serie de circunstancias han confluido para que el Estado español no tenga las arcas en condiciones de actuar como impulsor contra-cíclico; lo que no hace sino agravar esta crisis a la que no le vemos el fin.
Fíjense que hablo del el Estado y no del gobierno. Que el Estado lo tenga difícil no quiere decir que el gobierno lo esté haciendo bien. Ni mal. No es la gestión del ejecutivo lo que pretendo analizar aquí sino los hechos objetivos que tienen a España atada de pies y manos.

1. El riesgo país

La archiconocida prima de riesgo no es más que un indicador del riesgo que perciben las agencias de rating en nuestro país. Lo que hace es trasladar a unos estándares conocidos el sentimiento general de los inversores, ya sean éstos institucionales o privados. Se huele en el ambiente que España no está muy lejos de no poder hacer frente a sus pagos por lo que hay reticencia a invertir en España. Si a esto le sumamos que en la zona Euro no hay ningún tipo de arancel fiscal y que hay otros estados de la eurozona, como Alemania, que se perciben como mucho más seguros el drama es doble. No es sólo que los inversores extranjeros prefieran comprar bonos alemanes, es que hasta el pequeño ahorrador español prefiere comprar deuda soberana de otros países. En definitiva se está sacando dinero del país. Mucho. Algunos entendidos lo cifran entorno al 30% del PIB. Esto no es ilegal, pero ahonda en las diferencias entre los miembros de la Eurozona.

2. El coste país

Que España se perciba como una inversión de alto riesgo tiene otra consecuencia nefasta: de alto riesgo se espera alta rentabilidad. Por lo tanto España, para conseguir vender la deuda que emite, tiene que ofrecer tipos de interés muy altos mientras los países con menos riesgo se financian a coste cero. No es sólo que se esté yendo dinero del país es que además el que se queda nos sale muy caro.

3. El coste financiero

Visto, pues, que ya no traer, sino que mantener el dinero en España nos está saliendo muy caro, viene ahora la tercera derivada de la ecuación. Ahora mismo España gasta más de lo que ingresa y el agujero lo está cubriendo pidiendo dinero prestado. Como este dinero prestado es tan caro, a lo que gasta España hay que sumarle los costes financieros de la deuda con lo que la diferencia entre lo que gasta España y lo que ingresa es cada vez mayor. O conseguimos equilibrar esta balanza rápido o el país está abocado a la quiebra. Le podemos llamar rescate pero lo que hay detrás es una quiebra. Real.

4. Una economía de mala calidad

Otro dato escalofriante de la economía española es el porcentaje del PIB que supone la economía sumergida: en torno al 30%. Tenemos que ser muy conscientes de que esto significa que un tercio de la economía española no pasa por caja. Son IVAs e IRPFs que el Estado no ingresa, pero son personas y empresas que el Estado soporta de todas maneras.

5. Un Estado al que se le sisa sin pudor

Como suele ser habitual lo que se produce en la vida doméstica a pequeña escala, se traduce a la vida empresarial en problemas significativos que en la esfera pública alcanzan la dimensión de escándalo. Al Estado español le sisamos casi todos cuando pagamos al dentista sin IVA o hacemos una reforma de la casa entera con licencia para cambiar dos azulejos de un baño. En la vida laboral esto se traduce en empleo ilegal, negocios que no tributan ni por la décima parte de sus ingresos reales y un largo etcétera. Y llegamos por fin a la esfera pública y política donde los abusos al erario público han sido tan generalizados y descarnados que raro ha sido el que no ha robado explícita o implícitamente.

6. Unas estructuras sobredimensionadas

Tenemos muchos más funcionarios, autopistas, aeropuertos, vías de alta velocidad, municipios y ministerios de los que necesitamos. El Estado se ha convertido en un gerifante inmanejable que consume mucha más leña de la que le podemos echar. Como siempre, reducir es mucho más costoso a nivel económico y, sobretodo, social de lo que hubiera sido crecer con prudencia. Pero llegado este punto, reducir hay que reducir. Lo podemos hacer motu proprio o esperar a que venga Europa a imponérnoslo.

7. Un sistema financiero no operativo

La crisis financiera y bancaria merece un análisis en exclusiva, pero la realidad es que han confluido una serie de despropósitos que han quebrado la mayor parte del sistema financiero español. En aras de mantener la estabilidad política y social el Estado se ha visto obligado a acudir al rescate de muchas entidades con un dinero que no tiene pero que Europa ha tenido a bien prestarle. Aquí han estado todos muy avispados y el Estado ha sugerido a la banca que invierta en España. Un yo te rescato si tú me compras deuda que no hace más que marear el dinero sin crear valor. El dinero que se ha inyectado a estas entidades lo han utilizado para tapar los agujeros más obvios y el resto se lo han devuelto al Estado en forma de deuda con lo que no les ha quedado casi dinero para hacer lo único que realmente podría reactivar la economía española: reabrir las líneas de crédito a las empresas.

8. El banco malo malísimo

El Estado además, en un intento desesperado por recobrar la confianza en el sistema financiero español, ha optado por un segundo rescate en forma de banco malo. Un yo te compro lo peor de tus activos a un precio que no te haga quebrar definitivamente y el resto de la torta hasta el precio real de estos activos ya me la pegaré yo cuándo y cómo vea oportuno. En estas, como el Estado no se podía comer tamaño marrón solo, se ha involucrado a los bancos buenos que va a tomar posiciones significativas en este banco de deshechos. Teniendo en cuenta que estos bancos buenos tienen además unas carteras abultadísimas de deuda española se convierte en un todos para uno y uno para todos. Es decir, si España entra en default, forma bonita de decir suspensión de pagos, no hay un banco español que se salve de la quema. Ni los buenos buenísimos. Este banco malo no es sino otra manzana podrida que tendremos que tragarnos en su debido momento.

9. El dinero en malas manos

Las burbujas que hemos vivido en los últimos años auspiciadas por una corrupción intolerable han contribuido a que cada vez el dinero esté peor repartido. A cambio de casas que no valen ni la mitad de lo que creemos una parte ingente de la riqueza española se ha desviado a gente que a base de recalificar suelos imposibles, construir con calidades nefastas, embolsarse comisiones bajo manga y aprovecharse en general de una situación insostenible ha amasado fortunas desproporcionadas. Esta gente por desgracia no tiene ni la formación ni la decencia para generar empleo o valor con este dinero. En el otro extremo está todo el dinero que se ha destinado a “invertir” y que ha propiciado en las últimas décadas que los inversores profesionales ganen mucho dinero. Esto está muy bien y es legal pero tiene un precio. Los inversores por definición son listísimos por lo que viéndolas venir antes que nadie no hay uno que siga teniendo un euro en España. Y aquí estamos con un mercado bursátil fantasma en el que no invierte ni el tato.

10. El empresario como villano

Entre tanto tenemos a todo el tejido español de pequeñas y medianas empresas al que hemos ido ahogando poco a poco. Se les ha cortado el crédito. Se les ha hecho bajar los precios hasta lo imposible. No han recibido un euro de ayuda pública a no ser que hayan conseguido disfrazarlo de I+D++i+a+e+i+o+u. Tampoco han podido acceder a inversión privada sin comprometerse a crecer a ritmos imposibles y a generar plusvalías inverosímiles. Para más inri, se les ha vilificado hasta el punto de que empresario es una palabra proscrita y aquí el único que mola es el emprendedor. Estas empresas denostadas son las únicas que tienen la capacidad de sacar a flote este país generando empleo de calidad y haciendo lo que saben hacer: bienes y servicios a precios razonables y calidades decentes. Empresas que pagan sus IVAs, sus Seguridades Sociales y sus impuestos de sociedades a la vez que gastan en personal, en servicios y recursos que generan valor y empleo y no sólo revalorizaciones para que los inversores tengan un exit millonario.

11. Cada vez más bocas que alimentar

Por último dos obviedades, la destrucción masiva de empleo generada por todos los fenómenos anteriores no hace más que engordar la lista de bocas que este Estado ruinoso tiene que alimentar. Un tercio del país tiene que mantener al resto. No salen las cuentas.

12. Un equilibrio difícil

Independientemente de lo bien o lo mal que lo haga el gobierno de turno la papeleta tiene su aquel. Es complicado en este momento encontrar el equilibrio en las medidas que se aplican. Si se suben los impuestos a las clases altas podría pasar como en Grecia, que con las mismas se llevan el dinero a otro sitio y al final recaudas menos que con un tipo impositivo menor. Si subes el IVA coartas el consumo y además sube el IPC y con él las pensiones y al final se te queda lo comido por lo servido. Si abaratas el despido sin crear el empleo contribuyes al drama humano del paro de larga duración. Si ejecutas las hipotecas para sanear los balances condenas al desahucio a muchas familias sin recursos. Recortas el gasto público y dejas a miles de funcionarios sin empleo… Se puede hacer pero fácil no es.



Dicho esto, hay que ser optimista a la vez que realista. España es un país con recursos y capacidad para renacer de sus cenizas. Pero esto exige un ejercicio profundo de honestidad y responsabilidad a todos los niveles que no podemos posponer. Ni un minuto más.

Fotografía destacada de live w mcs via photopin cc.



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Sobre La Madre Tigre


Ingeniera de formación y financiera de profesión. Siempre a caballo entre Alemania y España. Madre de cuatro hijas reconvertida en bloguera.