Durante tu vida laboral te vas a encontrar con estos doce personajes en repetidas ocasiones. Algunos resultan más tóxicos que improductivos. En cualquier caso un ambiente tóxico es el caldo de cultivo ideal para la total ineficiencia laboral.

Conocerlos es la base para vencerlos:

1. El pesado o brasas

El pesado tiene la rara habilidad de pillarte siempre en el peor momento. No suele aparecer en la máquina de café o cuando tienes un rato libre, no. Cuando más liado estés, aparecerá el pesado. Si es de género masculino te hablará de la increíble juerga que se corrió el pasado fin de semana con sus amigotes, si es de género femenino te recomendará un balneario en la costa cuyo circuito, que incluye chocolaterapia, está tirado de precio y es un sueño hecho realidad.Curiosamente el pesado es un ser estacional, así que sus conversaciones irán de novias, bodas, pisos, niños, divorcios, etc. en función de la etapa vital por la que atraviese.

Partiendo de la base de que todas estas cosas te importan un comino, debes diseñar estrategias de huida con anticipación. Si además, el pesado es un superior jerárquico debes tener en cuenta que la socorrida táctica de “poner pies en polvorosa” va a tener excesiva visibilidad. Yo tengo grabada una autollamada al móvil, con voz grabada y todo, para este tipo de situaciones.
Ten en cuenta que el pesado carece de la percepción necesaria para darse cuenta del engaño. Sólo busca una víctima a la que paralizar con su cháchara. En el fondo lo que dice no le interesa ni a él. Huye de uno de los mayores ladrones de tiempo conocidos por la humanidad.

2. El sabelotodo o listillo de los cojones

Si tienes un sabelotodo a tu alrededor cuida muy mucho los comentarios que haces. Si se te ocurre comentar un artículo que leíste en voz alta ¡ya la has jodido! El sabelotodo caerá sobre ti y te soltará una soflama sobre él (o un compañero que tuvo en un trabajo anterior) al que le pasó eso. Da igual lo que sea “eso”. Si hablas de la congelación de las tuberías del transiberiano, el sabelotodo tendrá un conocido que trabajó allí.

El sabelotodo va a decir lo que tenga que decir, pase lo que pase, por lo que la estrategia correcta frente a él es no darle pie. No caigas en un error de principiante frente a un sabelotodo como es discutir con él. Por mucho que domines del tema y te des cuenta de que él no tiene ni idea debes tragarte tu orgullo y seguir a lo tuyo o entrarás es una espiral sin fin.
Conozco casos de gente que ha recurrido a los mails o el whatsapp para comunicarse con su compañero de la mesa de al lado simplemente para zafar de algún sabelotodo en las proximidades. No te confíes, aunque parezca que están trabajando, saltarán como un resorte en cuanto saques cualquier tema.

3. El inseguro o pobrecito

El inseguro es un ser que produce empatía y que despertará en ti, casi seguro, un inevitable sentimiento de ternura. El problema es que si te apiadas de un inseguro puedes acabar haciéndole su trabajo. Un inseguro puede repetir diez veces sin inmutarse la misma pregunta si la respuesta que le estás dando implica que haga algo que le saque de su zona de confort que es, por otro lado, amplia como la sabana africana.

El inseguro lee varias veces el mismo mail antes de preguntar, pregunta varias veces antes de hacer nada y habitualmente no hace nada ya que entre lecturas y preguntas no le queda tiempo para la parte operativa. Cualquier tema que creías finiquitado resucitará a la más mínima duda para tu desesperación y su “deleite”. Prepárate a vivir tu particular día de la marmota.

Un inseguro es incapaz de comunicar, no ya malas noticias, sino cualquier tipo de límites o términos y condiciones de un servicio. Como el proceso de maduración humana suele llevar toda una vida, te aconsejo que lo cambies de área (o cambies tú) ya que intentar cambiar su carácter suele resultar infructuoso.

4. El quejica o pitufo gruñón

Una especie sumamente peligrosa que suele venir con una nube negra sobre su cabeza. Se pasa todo el día quejándose de lo mal que funciona todo. Tiene una nula capacidad autocrítica. Tras un par de conversaciones con ellos acabas sintiendo que debe estarse mejor en el frente afgano que en tu trabajo.

El quejica produce un ambiente tóxico sobre todo si encuentra “víctimas” que se unan a la fiesta del lamento y el quebranto continuo. Habitualmente no faltan candidatos. Si mezclamos quejas y envidias tenemos el hábitat natural para el rencor, que puede llegar a producir diferencias irreconciliables entre los antaño compañeros.

El quejica jamás propone soluciones, sólo escucharás quejas. Suele ser victimista y, para combatirle, no queda más remedio que ponerle en evidencia exigiéndole sugerencias de mejora y participación en la implementación de las mismas. Lo normal es que rehuya el reto o que, mientras se ocupa de la mejoras, al menos, esté callado.

5. El pelota o manipulador

El pelota es un personaje sibilino ya que te va a decir lo que quieres oír. El problema es que puede que sea verdad o no. Y el pelota no va a discriminar, si cree que tiene algo que ganar peloteándote cantará tus bondades siempre que pueda. Si te crees todo lo que dice acabarás jodido.
La alianza entre un pelota y un jefe inseguro o inepto puede ser una bomba de relojería en una organización. El fatídico tándem puede hacer carrera a costa de dejar la empresa sembrada de cadáveres. Quienes creyeron al pelota habrán colocado a una persona ineficiente en un puesto de responsabilidad (que no tardará en recompensar a su fiel escudero, el pelota). Posiblemente para cuándo se den cuenta de su error sea demasiado tarde.

Desconfía de las buenas palabras, sobre todo cuándo no son solicitadas. Dicen los clásicos que los halagos debilitan. Ante el poder embaucador del pelota sólo funciona la mente fría y la autocrítica sincera.

6. El irresponsable o pasota

El pasota es el último de los personajes con los que te gustaría toparte si tienes que trabajar en equipo (y salvo que seas un eremita, tendrás). No admite ni plazos, ni metodologías ni consejos de ningún tipo. Simplemente va a su puta bola.
El pasota, si no tiene un cargo, suele acabar en la cola del INEM. El problema se multiplica cuando, dios sabe cómo, el pasota ha llegado a ser jefe y tú estas a su cargo. El pasota jamás va a sacar la cara por ti da igual lo bien o mal que lo hagas así que procura no meterte en discusiones bizantinas con otros departamentos.

No existe solución mágica ante un pasota. Si es compañero tuyo, trata de que te toque colaborar con él lo menos posible, si es tu jefe.. consuélate con que cuándo le pidas algunos favores, por puro pasotismo, también accederá. Como suele decirse, el que no se consuela es porque no quiere.

7. El veterano o superviviente

El veterano es alguien que peina canas y se viste por los pies. Se murmura que se perfuma con Varón Dandy aunque se desconoce dónde coño la consigue. Esgrime su antigüedad como arma multiusos y jamás reconocerá méritos de persona que no lleve x años en la empresa, tendiendo x a veinte o más años (o incluso a infinito).

Muchos veteranos son agresivos. Vieja escuela. Una especie del sargento mayor de “La chaqueta metálica” en versión patria. Muchas veces los encontrarás como mano derecha de un inepto o servirán de fuerza de choque a un manipulador.
Para ellos, cualquier tiempo pasado fue mejor y ya no se hacen las cosas como antes (ni se te ocurra añadir por lo bajini “afortunadamente”). En realidad, son personajes que no han hecho nada notable en su vida y su conocimiento se limita al adquirido el primer año, algo que han venido repitiendo durante los últimos cuarenta.

Los veteranos saben moverse en la dirección que sopla el viento. Si no, no habrían llegado a veteranos. Se arrimarán al ascua que más caliente. Si te los ganas, pueden ser un aliado o, al menos, dejar de ser un enemigo.

8. El inepto o inútil total

Siguiendo el principio de Peter, cualquier persona es ascendida en una organización hasta el puesto en el que ya no es eficiente. Por lo tanto, no te extrañe que el inepto pueble los escalafones más altos de las organizaciones. El que no lo era, se ha convertido.
Dar poder a un inepto es más peligroso que dar una pistola a un mono. Los ineptos, para defender ese escalafón desde el que demuestran su necedad, echan mano de cualquiera de los otros personajes para mantener su estatus.

Los ineptos son un lobby de facto contra la meritocracia y suelen potenciar el servilismo. De hecho su servilismo en lo que les mantiene vivos en sus puestos. Servilismo y eficiencia nunca han sido buenos amigos. Salir corriendo como pollos sin cabeza cumpliendo órdenes del inepto suele derivar en una organización ingobernable.

Habitualmente son protegidos de alguien importante o se mantienen en sus puestos por la ausencia del mismo por lo que a ellos les importa un comino algo que vaya más allá de su estómago (agradecido). No hay estrategia válida. Es un “o ellos o tú” y, lamentablemente, sueles ser tú.

9. El perfeccionista o tocapelotas

El perfeccionista es un obstáculo serio de cara a la productividad ya que ningún trabajo le parecerá lo suficientemente bueno lo que provocará un bucle infinito de correcciones y mejoras. El problema en este caso no es la mejora continua sino la “mejora sin fin”.
Un perfeccionista tiene problemas para delegar ya que, habitualmente (léase siempre), considera que los trabajos que no hace él en persona, no son “suficientemente buenos”. La consecuencia más habitual es que un perfeccionista suele convertirse en cuello de botella de todo aquello que gestiona.

Otro problema habitual del perfeccionista es que aplica el mismo grado de exigencia a cualquier tipo de trabajo lo que convierte en ineficientes muchos de ellos. No todo trabajo requiere de la perfección absoluta, únicamente aquellos que aportan verdadero valor.
La única estrategia válida ante un perfeccionista es demostrarle que no pasa nada por no hacer las cosas como él dice y que existen otros mundos (y están en éste). Eso sí, es un poco como un all-in en el poker, si te quedas sin fichas estás en la calle.

10. El idealista o feliciano

El idealista suele ser una persona joven (aunque no es requisito necesario) que proviene del mundo de la formación, calidad o de la consultoría. Se mueve en ámbitos muy teóricos pero nunca ha tenido que bajar a la arena y tratar de pasar de la teoría a la práctica.
El idealista no considera aspectos tales como la comunicación, las habilidades personales, en definitiva la “banda” que son los de su empresa y se limita a teorizar y hacer castillos en el aire. No es capaz de reconocer que lo que ha funcionado en Toyota puede no servir en Cárnicas Gutierrez o viceversa.

Su principal problema es que tiene serias dificultades para pasar a la acción, manteniéndose cómodo en su mundo de piruleta y gominola. Suelen preferir cambiar o culpar a las personas antes que cambiar o culpar a sus teorías.
Dado que nunca consiguen lo que persiguen y no aprenden de la realidad, a la que desprecian, suelen convertirse en unos tremendos promotores de ineficiencia. La única estrategia, si no salen de Matrix, suele ser dejar que se den la hostia (procurando que no salpique).

11. El controlador u obsesivo-compulsivo

El controlador es un personaje agobiante ya que su máximo afán es, naturalmente, tener todo bajo control. No tiene problemas para delegar tareas pero quiere tener tanto control de todo que no permite que la gente haga su trabajo con creatividad e independencia.
El controlador a veces se convierte en un tirano exigiendo plazos imposibles o una cantidad de indicadores, informes y reuniones que no permiten avanzar con el trabajo en sí mismo. Si un controlador es, además perfeccionista, y pesado tendrás frente a ti una de las mayores angustias laborales a las que puedes enfrentarte.

Se habla de controladores obsesionados con los indicadores, los seguimientos, los comités, etc. que jamás han llegado a saber qué leches estaban intentando controlar. Reuniones con doce personales de tres horas es la que sólo hablan dos son signos inequívocos de una organización a la que el sentido común abandonó hace tiempo.

La única manera de lidiar con él es darle lo que pide considerándolo una parte más de nuestro trabajo. Normalmente un controlado lo es por perfeccionismo o por inseguridad así que pueden servirte las ideas esgrimidas frente a estos dos personajes.

12. Tú

Lo llevabas claro si creías que te ibas a librar. Ni tú ni yo somos seres de luz, libres de pecado. Por momentos, nos convertimos en cualquiera de los personajes anteriormente citados. Además, estos roles pueden depender del entorno en el que nos movemos: una persona puede ser un inepto en el trabajo, un controlador con sus hijos y un pesado con sus amigos.



Bromas aparte, es fundamental que analices diariamente las situaciones en las que te has comportado de manera tóxica o improductiva o en las que has detectado la toxicidad de otros. También es muy importante reírse de uno mismo, más incluso que lo que nos reímos de los demás.
Como dice el proverbio ruso..

Si cada uno barriera delante de su casa.. Qué limpia estaría la ciudad!



Imagen destacada cortesía de slworking2 bajo licencia Creative Commons.


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Rubén Alzola

Sobre Rubén Alzola


Rubén Alzola escribe en su blog sobre productividad personal, GTD, comunicación y liderazgo. Aboga por la diferenciación, personal y profesional, como camino único y sin retorno hacia la excelencia. Ha estudiado Ingeniería Informática, Postgrado en Coaching y Liderazgo Organizacional y MBA. Actualmente trabaja como Consultor de Servicio al Cliente.