Comentario.
(Del lat. commentarĭum).
1. m. Explicación de un texto para su mejor intelección.
2. m. Juicio, parecer, mención o consideración que se hace, oralmente o por escrito, acerca de alguien o algo.
3. m. murmuración.

A raíz de las múltiples reacciones a mi anterior docena y de los comentarios recibidos (MIL GRACIAS), como imaginaréis, una, que lleva en esto del bloggerismo la L colgada al cuello y no está acostumbrada a la réplica de desconocidos ni esperaba tanta visita, se ha leído religiosamente todos y cada uno de los comentarios recibidos. Me resultó curioso que según iba leyendo las opiniones de la gente, agrupaba mentalmente a los comentaristas dentro de distintos perfiles.
En mi afán de listar en docenas, he ordenado los perfiles de comentaristas en doce ejemplares, que si bien son inventados, representan doce arquetipos muy fáciles de reconocer. Me había planteado incluso ponerme flamenca e ilustrar cada uno de los prototipos con comentarios reales recibidos, pero como no quería entrar en personificaciones ad nominem que puedan buscarme una impopular fama que me haga capitanear el perfil nº 10, me he limitado a describirlos lo mejor posible.
Cada cual, que se sitúe en la categoría que quiera, pese a que aviso a navegantes, es fácil saltar de una a otra, y a veces depende tan solo del día que se tenga:

1. Los amigos

¿Por qué nos vamos a engañar? Los amigos son los cheerleaders de todo aquello que parimos. Siempre son los primeros en visitar nuestros posts, en venir a ver nuestros conciertos, en juzgar el cuadro que estamos pintando y las odas que nos dé por componer en nuestros ratos libres. Por tanto, es de justicia que encabecen esta docena y agradecerles tanto su presencia como su paciencia.
Normalmente sus comentarios siempre son graciosos y suponen un apoyo incondicional: les gusta lo que leen, están de acuerdo con nosotros y aplauden y esperan impacientes una nueva remesa (o eso dicen; mentiras piadosas creo que se llaman) Y aunque sus observaciones se esperan como agua de mayo y nos agradan infinitamente, su objetividad está nublada por el velo de la amistad, por lo que no nos tomamos sus valoraciones muy en serio, al no considerarlas del todo imparciales.

2. Pasaba por aquí

El comentarista “pasaba por aquí” suele ser muy divertido. Este sujeto tiene un rato libre y se pone a enredar por internet, abre una página, pincha un link que a su vez le lleva a otro, va enganchando texto con texto (que pueden tener poco o nada que ver), lee un poco en diagonal, y comenta por encima. En definitiva, lo que le pasa, es que no se entera. Y tampoco quiere enterarse, por lo que el comentario que deja es como una brisa fresca un día de verano. Lo mismo deslumbra con unos emocionantes comentarios de botánica, como deja un post diciendo que busca clases de macramé, y por el medio todo lo que se nos pueda ocurrir: barra libre.
A este tipo de comentarista yo me lo imagino como a mi padre. Alguien a quien el tema “del internet” se le ha quedado un poco grande, le ha llegado en edad avanzada, y juguetea y revuelve en cada página en la que entra. Probablemente, si tuviera que volver a aquella que ha comentado, no hallaría el modo.

3. El buenrollero

Este es un perfil adorable. Querible, amable y besable, que diría Silvio. Una persona que se levanta feliz un lunes por la mañana deseando sonreír y amar a todo cuanto le rodea, lo que incluye ¡oh Fortuna!, nuestro post, si tenemos la suerte de que caiga ante sus ojos. Normalmente deja escrito precisamente el comentario que todo autor quiere leer, y al leerlo, te dan ganas de abrazar al sujeto en cuestión: te felicita, te cuenta que se ha reído mucho leyéndote, que tu recién parido texto es buenísimo por interesante, inteligente, divertido, ilustrativo o cargado de ironía… Normalmente acompaña su comentario de guiños 😉 y caritas sonrientes 🙂 y de muchas onomatopeyas (jajajaj, jejeje, jijijij)
Bienvenido a mi vida, comentarista buenrollero. Dios te guarde esa buena onda.

4. El listillo

Grupo odiado y adorado al mismo tiempo, resulta fácil de reconocer. El listillo (la red está cargada de ellos) es el tontolaba que deja, con toda la mala baba de la que es capaz y a costa de mucho esfuerzo, el comentario más malintencionado y desagradable que su cabeza es capaz de construir. Para ello, ha necesitado horas de hemeroteca, empezando por Wikipedia, y un profundo estudio previo en aras de rebatir tu opinión y dejar plasmado para la posteridad que está por encima del mundo (¡yo no soy tonto!) Su comentario puede advertir, desde una tilde que se te ha colado, hasta un argumento opuesto al tuyo que ha extraído de otro blog, pasando por supuesto por tratar de dejar el texto y al autor del mismo a la altura del barro con argumentos tan inconsistentes como su cabeza.
Sin embargo y a pesar de sus espurias intenciones, el listillo suele generar cierta ternura, porque a su comentario apuntalador, suelen a acompañarle 14 faltas de ortografía y un dudoso uso del condicional (que ya sé que está muy extendido por la región alavesa, pero ¡no se admite por escrito!)

5. El dogmático

También conocido como el erudito y el incuestionable, es sin duda el perfil más temido, entre otras cosas porque te pone en tu sitio de una sentada. El dogmático es el sabio que domina a la perfección la materia sobre la que a ti, pobre mortal, se te ha ocurrido ponerte a escribir, y que tal vez incluso hizo su tesis doctoral sobre el tema del que versa tu humilde post. En un cara a cara jamás entrarías en debate con él sobre esa cuestión, pero escribiendo el post, te has metido en harina, y no hay marcha atrás.
Es altamente probable y no sería casual, que el dogmático tenga muchos rasgos en común y que le asemejen a Jordi Hurtado, por su pose impertérrita, su voz mecánica y su desesperante corrección. En cualquier caso, se le reconoce con facilidad porque el dogmático rebate en un tono muy académico y de forma elegante todos y cada uno de tus argumentos, desmontándolos y haciéndote perder las ganas de vivir. No se va por las ramas y muy educadamente, te desarma como quiere. Y todo esto, sin despeinarse.

6. El buscador del minuto de gloria

Este espécimen puede confundirse con el listillo, porque su modus operandi es similar, pero es mucho más peligroso. Lo es porque normalmente no es tan tonto y es mucho más cretino. El buscador del minuto de gloria te persigue como Gargamel y suele dar en la diana, Donde más duele, que cantaba la Jimenez, mientras que el listillo se va por peteneras.
Este es un animal mediático que busca fulminarte y ridiculizarte con su comentario. Básicamente, sacarte los colores. Carece de la diplomacia, el conocimiento y el savoir faire del dogmático. Su tono no es tan académico, entre otras cosas porque es la primera vez que se para a opinar sobre hidromecánica, pero tras leerse varios artículos, te ilustra con un comentario quijotesco lleno de tecnicismos con el que pretende hacerte suponer que está nominado al Nobel en la materia de un modo muy prepotentón.
Querido buscador del minuto de gloria: aunque no ilustres tu comentario con una foto, estoy convencida de que tienes cara de patada en la boca.

7. La familia

¡Ay la familia! No podía faltar, y desde luego, es un grupo que hay que separar del de los amigos. La familia está integrada por madres y padres, tías, abuelos… Andan siempre rezagada en las lecturas (porque normalmente no están pendientes del mail, ni tienen 3G en el teléfono, ni lo necesitan, ni saben usarlo tampoco) por lo que sus comentarios nunca son de los primeros que recibes. Cuando por fin y con mucho esfuerzo consiguen postear algo –a veces incluso con tu ayuda- todo son alabanzas. A veces, incluso se emocionan y se enorgullecen tanto que pasan del consabido “qué bonito”, “muy bien nena” al “qué chuli, llámame cuando leas” o incluso “qué guapa sale mi niña en la foto” y “mándaselo a tu tía la de Albacete”
Si al principio del post decía que los comentarios de los amigos siempre son de apoyo y gozan de una objetividad dudosa, los de la familia hacen que los anteriores parezcan hechos por el mismísimo Risto Mejide. La imparcialidad de una madre brilla por su ausencia cuando se trata de valorar cualquier cosa hecha por su hijo, por lo que llenas de orgullo y satisfacción se dedican básicamente a alabar lo que sea que hayas escrito (si somos sinceros mientras no entremos en temas muy personales y guardemos el decoro y la respetabilidad, el contenido les da un poco lo mismo)

8. Los interactivos

Estos son de traca. Los comentarios interactivos son aquellos que se reflejan a través de una conversación vía twitter de dos colegas que tú no conoces y que te descolocan por completo. Llamémosle patio de vecinas virtual:
@sujetoA: -jajjajaja. ¿Has visto qué mierda de post? ¿Mañana vienes a la cena de Jorge?
@sujetoB: – Si, voy a llevar tarta de postre. ¡Me he levantado repostera!
@sujetoA: – Genial, yo voy a llevar vino. ¿Blanco o tinto?
@sujetoB: – Mejor blanco, que me va más.
(—)
Cuando acabas de leerlo, ya que la conversación puede llegar a ser infinita, se te queda el cuerpo extraño. De golpe han aparecido 14 comentarios bajo tu post como caídos del cielo, que hablan de la cena que va a hacer Jorge mañana. Y tú sabes que habrá tarta, vino, que sujeto A y B irán, que al B le gusta más el vino blanco que el tinto y que tú no estás invitada al evento. Todo muy excluyente… ¿Por qué coño no se abren un grupo de whatsapp?

9. El que ha venido a hablar de su libro

Sujeto entrañable que busca también su minuto de gloria, pero no a costa de abochornar a nadie, si no mucho más centrado en su ombligo. Aprovecha el coloquio para hablar de lo que él quiere, plantear su problema, resumir el corto en el que está trabajando y dejarnos el enlace al mismo, para hablar de su post, de su libro, de su obra de teatro o de su último descubrimiento. Capaz de ponerse a hablar de recetas de carne a la brasa en un blog de veganos, lo que busca es abrir un nuevo debate centrado en su universo.
El buscador del minuto de gloria quiere alimentar su ego y abrumar al personal con vastos conocimientos que no vienen al caso. Deja normalmente comentarios extensísimos y razonadísimos para promocionar(se) aquello que le ocupa la cabeza. ¡Él ha venido a hablar sobre lo que le da la gana, no importa de lo que vaya la tertulia!

10. El follonero

El follonero no requiere explicación ninguna. A este perfil de comentaristas les va la marcha, y no van a dudar en poner a caer de un burro a todo aquel que se le cruce por delante. Generalmente comentar el post es una excusa para buscar jaleo. Se trata de pequeños Tony Cantos, ávidos buscadores de odio y un poco de caña. Se apoyan en descalificativos varios dirigidos a todo aquel que les dé palique y se los tome en serio, y en defecto de estos, al autor del post.
Curiosamente y cuando no te entran instintos homicidas, hay que reconocerles su gracia, porque a pesar de lo doliente del asunto, suelen tener un punto de humor muy bien medido.
La única manera de desactivar a estos sujetos explosivos es hacer caso omiso de ellos y demostrarles que te chupa un pie su acalorada opinión, y esperar que se cansen. Darles coba es engrasar la maquinaria y retroalimentarles. Y si eso no funciona, siempre cabe recurrir a la censura y cancelar sus comentarios. ¡Un poco de educación, por favor, que somos gente civilizada!

11. El suizo

¿El suizo nace o se hace? Pues las dos cosas. El perfil buenrollero puede convertirse en suizo si se implica y le dedica tiempo a la lectura del artículo en cuestión y lee los comentarios, o puede aparecer con su suicismo desde el minuto cero. Pacificadores, tratan de moderar el debate y satisfacer un poquito a todo el mundo: “Fulanito tiene razón pero Menganito tampoco se equivoca”, “yo creo que se está malinterpretando lo que dice Zutanito y os estáis pasando con él”
El suizo es un apaciguador nato, al que no le gusta la confrontación y hace lo posible por conciliar posturas. Ni tan si quiera el follonero consigue sacarle de su órbita, y no dudará en salir a su defensa, si una comunidad de damnificados por sus palabras pretenden hacerle callar a patadas.

12. El autor que defiende su obra

El autor del post en cuestión es quien digiere en primera persona todos y cada uno de los comentarios de los 11 arquetipos que acabo de enumerar. Algunos le sacan los colores, otros unas carcajadas, algunos les dan una inyección de ánimo, y los menos, lo que dan es por culo.
Las reacciones del autor en cuestión son tan variopintas como grupos de autores hay. ¿Un autor da el mismo tipo de respuesta que comentario haría de post ajeno? Pues mira, puede. Como comentarista, cuando no soy amiga de nadie, tiendo a debatirme entre el buen rollo y el dogmatismo. Al leer el otro día ciertos comentarios sobre mi anterior docena, los que no eran buenos y trataban de buscarme las cosquillas, me hacían tener ganas de explicarme cuando creía que había sido malinterpretada, y de salir en defensa de mis palabras como una leona. Luego la verdad es que me hacían bastante gracia: “mira cómo se sobra la gente”, pensaba.
Y es que al final, creo que lo mejor es dejarlos pasar, liarse uno la manta a la cabeza, disfrutar de que a la gente le interesen las locuras que le da a uno por escribir e ir pensando en el siguiente post….



¿Y vosotros, echáis de menos alguna categoría? Ojo con los comentarios, ¡que soy capaz de puntuarlos todos del 1 al 12!!
Fotografía destacada cortesía de premasagar via photopin cc.


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Andrea Navazo

Sobre Andrea Navazo


Abogada mercantilista y domadora de unicornios azules. Un día cogí un tren que salía de Bilbao y me trajo a este blog.