En España no se habla bien en público. No lo digo yo (solo). Es un hecho. Hay pocos buenos oradores. Sólo hay que leer un poquito por aquí y por allá o escuchar a nuestros “ilustres” para darnos cuenta del horror gris en el que nos sumimos.
Luego, un día, te pones una charla TED y se te ponen los pelos de punta… qué capacidad de comunicar cosas, qué buen discurso, qué gusto da ¿eh?

Hace unos meses, cuando la historia del relaxing cup of café con leche, conocí un Club en el que se aprenden y practican habilidades para hablar mejor en público. Se trata de una organización internacional y que en España cuenta con varios clubes repartidos por toda la geografía… y subiendo…
A andar, se aprende andando. A hablar en público se aprende hablando en público. No hay otro secreto.
Hay técnicas, trucos… y, lo más importante de todo, hay esfuerzo personal y práctica.
Cuanto más practicas una charla, mejor te sale. No hay más.
Evidentemente podemos pensar en las temáticas, en cómo organizar y en otras muchas cosas que voy a desarrollar a continuación, pero lo más importante de todo es practicar y aprender practicando… como se aprende a escribir, como se aprende a leer, como se aprende a todo en esta vida:

1. Piensa en tu público

Lo primero y fundamental para enfocar correctamente una charla es saber quién va a ser tu público. No es lo mismo dar una charla a niños de primaria que a los de secundaria, ni es lo mismo tener un público técnico de cualquier tema que un público general. Piensa en ello antes de preparar nada y si no lo sabes, pregunta a la organización.
En cualquier caso, siempre podrías pensar en charlas neutras, técnicamente hablando… pero éstas, disgustarían a este público más técnico. Lo dicho: sé consciente de ello.

2. A la búsqueda del tema

Normalmente los temas vienen marcados por quien organiza un evento o las circunstancias de la charla. Si alguien te llama para hablar de algo, normalmente te acota la temática, pero te suelen dejar algo de libertad para contarlo como tú quieras.
Contar una historia supone dar algo de uno mismo, inspirar a los demás a hacer algo mejor o a ser mejores.
Redactar para el oral supone un reto por el tipo de lenguaje que se utiliza. ¿A que no escribes como hablas, normalmente? ¿A que no utilizas las mismas palabras ni la misma retórica?

3. Tiempo

La gestión del tiempo en una charla es importantísima. El cálculo habitual es 100 palabras = 1 minuto. Luego dependerá de la velocidad del discurso, de cuántos silencios necesites para que sea efectivo o de si introduces algún gag cómico y tienes que dejar que el público se recomponga.
No hay nada peor para la audiencia o para la organización de un evento que un orador que sobrepase con mucho el tiempo que se le ha asignado. Y todos hemos visto presentaciones con powerpoint de 20 minutos y 200 diapositivas ¿En serio? ¿Vas a contar 10 diapos en un minuto? Luego hablaremos más de las diapos… pero aprende la regla del 100 palabras = 1 minuto, porque funciona.

4. Apertura, cuerpo y conclusión

Toda charla necesita una apertura, un cuerpo en el que transcurre la historia que cuentas y una conclusión para dejarlo todo atado… o en suspense… pero un cierre.
Ya tienes un tema y sabes qué quieres contar, ahora piensa en la estructura de la historia que vas a contar y piensa que tus oyentes no saben nada sobre el tema. Imagina que tienes 5 minutos para contarles la historia de tu vida… podría ser nací, crecí y aquí estoy… pero lo puedes hacer mejor 😉
Todos nacemos… a no ser que tu nacimiento sea un hecho increíble, eso no es relevante. ¿Hay algún hito que resaltar de tu infancia? ¿Algún momento que defina por qué eres como eres? Pues a por él. Y luego deja el tema atado al final. Como digo, no hace falta que lo cierres con un punto final, puede ser un puntos suspensivos…

5. Organiza la charla

Ya tienes el tema. Te pones a escribir… Quizá primero un guión, o una historia… pero te pones a escribir y, suele pasar que escribes de más. No pasa nada, ya tendrás tiempo de recortar y modificar para ajustar tu charla a lo que necesitas exactamente. Estás ante la primera aproximación.
Hay personas a las que les funciona hacer un esquema o un mapa mental de ideas y otras que escriben del tirón… También depende de la historia que quieras contar. En este paso, da rienda suelta a tu imaginación.
Eso sí, ten en cuenta la estructura lógica de toda charla: apertura, cuerpo y conclusión.
Para la introducción, puedes pensar en utilizar algún recurso: una pregunta, una cita, enseñar un objeto o una foto… En el cuerpo tendrás que aportar datos o testimonios que apoyen la idea inicial y, por supuesto, la conclusión tendrá que cerrar el círculo.

6. Vete al grano

Si todo es importante, nada es importante. Elimina y evita los detalles supérfluos. Ojo, sólo éstos… Hay detalles que marcan, precisamente la diferencia.
Este es un proceso complejo.
En mi última charla, partí de casi 3000 palabras escritas y la dejé en 800. Reconozco que durante unos días me sentí incapacitada para resumir nada… pero luego te das cuenta de que hay detalles que, aunque en un momento dado puedan ser importantes, en realidad no cierran la historia, aunque la completen. Desbroza y deja lo necesario.
Piensa en las palabras que pueden “tocar” a tu audiencia, sé específico, piensa en qué quieres conseguir con tus palabras y trabájalas.

7. Cómo lo dices

Como digo, es importante escribir las charlas pensando en el oral. No escribimos como hablamos ni hablamos como escribimos. Palabras cortas. Frases cortas. Párrafos cortos. Busca palabras específicas para lo que quieres decir, que sean unívocas. Utiliza palabras evocadoras, que hagan que la audiencia se haga una idea en su imaginación perfecta de lo que quieres expresar. Incorpora elementos retóricos: comparaciones, metáforas, aliteraciones, anáforas… para eso están.
Evita las coletillas, evita las palabras de relleno y la jerga de todo tipo: prueba a decir imaginar en vez de conceptualizar, prueba con plan en vez de con estrategia, prueba con posible en vez de con viable… Y trabaja la gramática para que sea correcta.

8. Lenguaje corporal

Dice tanto de tu charla como lo que dices con la palabra. Ensaya frente a un espejo. Controla las manos, controla la expresión facial, no camines por la escena sin ton ni son, si caminas, que tenga un sentido el hacerlo. Si dices que has dado un paso al frente, da ese paso al frente. No hace falta que des una zancada, con un pasito basta para que la audiencia vea el detalle y con el, le das énfasis a lo que dices.
No te escondas detrás de un atril.
Si tu charla es alegre, tienes que estar pletórico. Si tu charla es triste, no hace falta que llores, pero hay que meterse en la emoción de lo que cuentas. Yo he visto cantantes emocionarse hasta la lágrima cantando un tema. No es algo que esté ensayado, es que se emocionan de verdad cuando lo hacen y eso es porque están tan metidos en el significado de lo que están haciendo que vibran. Vibra con tu charla.

9. Modula tu voz

Exactamente igual que hemos visto con el lenguaje corporal, la modulación de tu voz poderosa es, joven padawan. La alegría, la esperanza, la desesperación de un momento, el encontrar la solución a un problema… todas son expresiones que se pueden hacer notar de forma oral. Puedes hacer llegar tu voz lo más lejos posible o hablarle al cuello de tu camisa (siempre que cuentes con un micrófono) si lo que estás diciendo es algo íntimo, por ejemplo.
Fíjate en los políticos y en cómo utilizan el tono de su voz en los momentos cúlmenes de los discursos para enfervorecer a las masas de fanboyes. Ya sé que no son el mejor ejemplo hoy, pero de estos temas saben bastante.

10. ¿De verdad necesitas powerpoint?

¿Sí?
No. Un powerpoint o cualquier otro material adicional es útil sólo si añade información extra o aporta algo adicional. Si no, sobra.
Si eres capaz de crear las imágenes en tu audiencia con tus palabras, no necesitas nada más, en serio.
Peeero, en ocasiones sí son necesarios elementos externos para apoyar lo que estás diciendo. Estoy pensando, por ejemplo, en una ocasión en que tuve que explicar qué era el Efecto Streisand a un grupo de personas que no tenían ni la menor idea de qué podía ser y apoyé mi explicación mostrando alguna foto…
Otro ejemplo de utilización de material adicional podría ser esta explicación de Hipatia de su teoría de la elipse… lo ves gráficamente y lo entiendes perfectamente.

11. Persuade

Para persuadir a tu audiencia, que no es otra cosa que influenciar su forma de pensar o actuar puedes utilizar tres recursos:
Inspirarles mediante el refuerzo de ideas o creencias.
Convencerles para que cambien de opinión con respecto a algún tema.
Que actúen en el momento en el que se lo pides, que firmen una petición, compren tu libro, manden un mensaje…
Para ello, como experto en la materia, tienes que organizar tu discurso de una forma que plantees un problema con su solución, ventajas comparativas y una secuencia motivada de: atención, necesidad, satisfacción, visualización y acción.

12. Inspira a tu audiencia

Para conectar con tu audiencia tienes que hablarle a alguna de las necesidades o preocupaciones que pueden estar sintiendo, pero no tener identificadas. Según Maslow, se agrupan en 5 áreas:
Las fisiológicas: comer, beber, dormir…
Las de seguridad: estabilidad, seguridad, orden…
Las de pertenencia y amor: aceptación y aprobación, pertenencia al grupo…
Las de estima: autoestima, autorrespeto, confianza en uno mismo, reconocimiento…
Y las de autorrealización.
Prepara tu charla para llegar a alguna de estas necesidades y de esta forma conectarás con la audiencia. Todos somos capaces de saber qué se siente al amar, porque nos hemos enamorado alguna vez. Todos somos capaces de saber qué se siente ante la incertidumbre… porque la hemos sentido alguna vez, etc.
En este caso, para inspirar cambios en tu audiencia, tendrás, después de engancharles, que explicar por qué y cómo se producirán los cambios.
Como ejemplo, esta charla de Benjamin Zader, hablando del poder transformador de la música clásica… y después de verla, te apetece escucharte la discografía completa de Chopin…


Espero que estos puntos os sean de utilidad la próxima vez que tengais que preparar una charla, sea para una reunión de trabajo, sea para vender un producto, para un evento o para una reunión de vecinos.
Y, recuerda, practica hasta la extenuación. Es el único consejo de verdad importante de todos los anteriores.

Foto vía Shutterstock.


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Sobre Cristina Juesas


Cristina Juesas, también conocida como Maripuchi, trabaja como consultora de comunicación. Organizadora y fundadora del TEDxVitoriaGasteiz. Ha sido presidenta del Toastmasters Club Vitoria-Gasteiz, asociación para mejorar las habilidades comunicativas y de liderazgo y ha sido elegida Directora de División para el curso 2017-2018. Autora de la Guía de usos y estilo en las redes sociales del Gobierno Vasco y coautora de Comunicación de Crisis Online. Organiza e-Innobar, un evento socio-tecnológico mensual en Vitoria-Gasteiz. Colabora con la Cadena SER en el programa Hoy por Hoy Vitoria en una sección sobre nuevas tecnologías.