Las cosas no son hoy como eran hace 40 años (incluso algunos menos…). Hace 40 años nacías y, salvo casos muy muy contados, a las pocas semanas te bautizaban. Era casi obligatorio.
Por el qué dirán, porque en la sociedad tardofranquista de aquel momento no se contemplaban más opciones y era lo que había… por lo que fuera.
Además, estudiar religión -católica, por supuesto- en el colegio fue obligatorio hasta entrados los años 80.
Afortunadamente para todos esto hoy ha cambiado. Y mucho. Por algunas victorias parciales que pueda tener la Conferencia Episcopal, como la nueva LOMCE, yo si fuera ellos estaría más que preocupada.
Esa ley no durará mucho y es evidente la seculacización de la sociedad. Y no sólo eso, sino que cada vez somo más los que en un momento dado nos planteamos llegar a apostatar.

Y ¿qué es apostatar? Es fácil. Apostatar es negar, renunciar o abjurar a la fe en una religión.

Teniendo en cuenta que, por el bautismo, somos cristianos católicos… si no creemos, ni practicamos, si renegamos de cómo se comporta esta iglesia católica… ¿por qué no renegar públicamente de ella?

La Iglesia Católica sólamente reconoce la apostasía como medio válido para que una persona que ha sido bautizada deje de pertenecer a ella de forma voluntaria. Dicho de otro modo… lo lleváis claro si pensáis que pecando la Iglesia os va a excomulgar… En cualquier caso, la excomunión no es voluntad del excomulgado sino de la propia Iglesia, por lo tanto, ya que estamos, casi mejor que sea una decisión propia, ¿no?

Vamos allá con algunos pasos que hay que seguir para culminar el proceso:

1. Meditarlo

Nadie llega al pensamiento de apostatar de un día para otro. Normalmente es un proceso paulatino en el que uno se cuestiona primero ciertas pequeñas cosas para luego pasar a cuestionarse otras. Lleva su tiempo.
No se trata únicamente de una no creencia en dios. Hay personas que no creen en dios y que no les molesta en absoluto pertenecer a una iglesia o que consideran que con no ir a misa y no poner la x en la casilla correspondiente del IRPF ya se apartan lo suficiente.
Hay apóstatas que creen en dios pero no en esta iglesia tan mundana… digamos… En fin, de todo hay.

2. Meditarlo más

¿Va a tener alguna implicación el darse de baja? ¿Responde a un calentón puntual o realmente ya me han visto? ¿Y si tengo hijos? ¿Y si quiero que estudien en un colegio religioso/concertado? ¿Y si me arrepiento? ¿Y si…?
En fin, la decisión debe meditarse mucho porque de ella pueden depender cosas que quizá hoy ni imaginas…

3. Averiguar dónde se está bautizado

Si queremos acelerar el proceso, es interesante saber dónde nos bautizaron. Más que nada porque tendrán que buscar tu partida de bautismo y si les dices dónde está, digamos que la encontrarán más rápidamente. Recordemos que la Iglesia Católica no tiene ningún interés por dar de baja feligreses, así que si les facilitamos el trabajo, más eficiente será todo.
Lo más sencillo es preguntar a algún familiar: tus padres, tíos, primos más mayores… Es más complicado que recuerden la fecha, pero es fundamental dar una fecha aunque sea aproximada: entre mayo y julio de 1973, etc. Teniendo en cuenta que los bautizos suelen ser en fin de semana, pues vamos acotando.

4. Redactar y enviar las carta modelo

Hay quien recurre a la Agencia Estatal de Protección de Datos, pero alguna sentencia la ha dejado K.O.
Dado que no se puede confiar en la Justicia civil… hay que intentarlo, en primera instancia, con la Iglesia.
Así, hay que redactar una carta. Hay modelos en internet para aburrir. En esta página, por ejemplo, podréis encontrar modelos en pdf y word en varios idiomas: castellano, euskera, catalán…

Yo os recomiendo que redactéis dos: una dirigida al obispado / arzobispado donde residís y una segunda dirigida al párroco de la iglesia donde os bautizásteis. Insisto en que cuantos más datos, más fácil les será encontraros y no poner pegas…

5. Enviar las cartas

Las cartas hay que enviarlas por correo certificado y en el sobre tiene que poner como referencia: Apostasía.
También podemos recurrir al burofax o a requerimientos notariales, pero, evidentemente, es más caro que enviar una carta certificada.

6. O, mejor, entregarlas en mano

Otra opción es ir a la parroquia directamente. A la parroquia, al arzobispado o donde corresponda.
No es lo más cómodo, pero sí suele ser efectivo, sobre todo, si vamos con tiempo.

7. Esperar

Salvo milagro (prueba de que te estarás equivocando 😛 ) no esperes respuesta inmediata.
Las cosas de palacio van despacio… y se tomarán su tiempo.
Si has enviado cartas, probablemente te responderán al cabo de unos meses para pedirte más información o para darte largas. Si es así, insiste y persevera, que estás en el buen camino.

8. Cabrearte al no tener respuesta

Pero ya te digo que lo normal será que no te digan ni pío. Aunque en la carta les hayas especificado un plazo (normalmente de 15 días) para contestarte, tú tranquilo, que en mi caso fueron meses…

9. Interesarte

Un día, de pronto, te acuerdas que sigues sin respuesta del arzobispado / parroquia y vuelves a la carga: sendas cartas certificadas para preguntar por el procedimiento que habías iniciado en la fecha anterior (conviene guardar los resguardos de las cartas certificadas y de los acuses de recibo, por si acaso).

10. Recibir una respuesta

De pronto, un día recibes una respuesta.
Suele venir en forma de concertar una cita con ellos porque se conoce que en la carta no lo debiste dejar suficientemente claro.
Muy bien. Has llegado al punto que querías. No seas cabezón (cabezona) y aprovecha para desahogarte. Ni crees en dios, si crees no lo haces en la forma en la que la Iglesia Católica lo entiende. No existen misterios trinitarios para ti y la virgen era cualquier cosa menos eso… y con eso y una negación de la fe mientras ellos comprueban que eres tú en plena posesión de tus facultades mentales es suficiente.

En mi caso, esta cita incluyó entrar en la sacristía de la iglesia de San Sebastián en Madrid y poder ver por mí misma los legajos que atesoran en forma de libros de actas de bautismos, bodas y demás… Imagino que en alguno de esos estaría la anotación bautismal de algún ilustre como Ramón de la Cruz, Fernández de Moratín, José Echegaray, o Jacinto Benavente o de matrimonio de Gustavo Adolfo Bécquer, Julián Romea, Sagasta o Mariano José de Larra…

11. Confirmación

Al cabo de unas semanas recibes una carta confirmando la anotación marginal en el libro de bautismo de tu renuncia a la fe católica.
Y ya. Se acabó. Ya has dejado de pertenecer a la Iglesia Católica. Han dejado de contarte para los fines para los que te cuenten. Amén.
apostasía

12. ¡A celebrarlo!

Te ha costado lo tuyo. En un buen caso, unos pocos meses… en mi caso, 3 años de insistencia…
Pero ya lo has conseguido y ya no perteneces al club. Ahora toca celebrarlo, que te lo has ganado.



Como veis, Sísifo a nuestro lado era un mindundi… Pero en aras de la libertad personal creo que merece la pena. Yo al menos, estoy orgullosa y satisfecha.

¿Y vosotros? ¿Os planteáis apostatar? ¿Lo habéis hecho ya? Contad vuestras experiencias en los comentarios para ilustrarnos a todos.



Unadocenade también está en Google Currents. Suscríbete.
Los post de Unadocenade se pueden republicar siempre que respetes nuestras condiciones de republicación.

Sobre Cristina Juesas


Cristina Juesas, también conocida como Maripuchi, trabaja como consultora de comunicación. Organizadora y fundadora del TEDxVitoriaGasteiz. Ha sido presidenta del Toastmasters Club Vitoria-Gasteiz, asociación para mejorar las habilidades comunicativas y de liderazgo y ha sido elegida Directora de División para el curso 2017-2018. Autora de la Guía de usos y estilo en las redes sociales del Gobierno Vasco y coautora de Comunicación de Crisis Online. Organiza e-Innobar, un evento socio-tecnológico mensual en Vitoria-Gasteiz. Colabora con la Cadena SER en el programa Hoy por Hoy Vitoria en una sección sobre nuevas tecnologías.