Los escultores griegos buscaron febrilmente la belleza y las proporciones perfectas en el cuerpo humano, sobre todo en el masculino. Les costó, pero una vez que lo consiguieron, crearon obras maestras espectaculares usando fundamentalmente el bronce y la piedra. Si los antiguos griegos no hubiesen existido, los romanos no habrían continuado y copiado su obra y el Renacimiento habría sido imposible. Por lo tanto, ¿vais a ignorar la importancia de las bellísimas esculturas que componen esta docena?

Muchas de las esculturas de la docena son copias romanas en piedra, ya que la mayoría de las esculturas griegas eran en bronce y no han llegado a nuestros días. En cualquier caso, he distribuido la docena más o menos en orden cronológico para que podáis ver la evolución de la escultura griega a lo largo de los años. Pasen y vean, porque si pensáis que “el Arte” es morirse de frío, es porque no conocéis estas doce maravillas:

1. Kourós de Anavyssos (s.VI a.C.)

Autor: anónimo. Presenta la típica rigidez del período arcaico, el pie adelantado en postura forzada y esa enigmática sonrisa de todas las esculturas griegas de la época. No obstante se nota el esfuerzo de estos primeros intentos por conseguir las proporciones y formas perfectas del cuerpo humano. El kourós también tiene una versión femenina, la koré, con las mismas características.

Kouros
Imagen cortesía de Mountain, de dominio público.

2. Áuriga de Delfos (s.V a.C.)

Autor: anónimo. Creada para conmemorar la victoria del tirano Polyzelas de Gela en una carrera de cuádrigas, esta escultura formaba parte de un conjunto mayor, que incluía el carro de carreras y cuatro o seis caballos. Es un auténtico milagro que se conserve el original en bronce, que fue descubierto en 1896 en la isla de Delfos. La anatomía de pies y brazos es más trabajada aunque los pliegues de la túnica son aun rudimentarios.

Auriga de Delfos
Imagen cortesía de Adam Carr,  la fotografía es de dominio público

3. Discóbolo (s.V a.C.)

Autor: Mirón. A mediados del siglo V a.C. Atenas vive una etapa de florecimiento social que provoca que la mentalidad y la cultura cambien, lo que lleva a los escultores y demás artistas a superarse a sí mismos. Este es el caso de Mirón, que entra en franca competencia con otros escultores de la época, dando como resultado maravillas como el archiconocido Discóbolo, una obra maestra de escultura expresando movimiento difícilmente superable. El original fue en bronce, solo conservamos copias romanas como la de la fotografía.

Discóbolo
Imagen cortesía de Valerio Perticone,  con licencia Creative Commons.

 

4. Doríforo (s.V a.C.)

Autor: Policleto. En esta misma época Policleto escribe su tratado sobre las proporciones del cuerpo humano y plasma sus teorías en el Doríforo, que representa a un hombre portando una lanza y mostrando el profundo conocimiento que Policleto atesora sobre la anatomía humana. La perfección alcanzada es tal, que hasta podemos notar por la expresión del rostro cómo respira el Doríforo.

Doríforo
Imagen cortesía de August Baumeister, fotografía de dominio público.

5. Friso del Partenón (s. V a.C.)

Autor: Fidias. El gran maestro del clasicismo griego es también uno de lo que menos obras conservamos y además en peor estado. Las esculturas de los frisos del Partenón son una monumental obra de bajorrelieve en mármol que medía unos 160 metros de los que se conservan unos 120. Parece que podrían representar las celebraciones de las Panateneas. En estos frisos podemos contemplar varios de los personajes que salían en procesión en estas fiestas.

Friso del Partenón
Imagen de dominio público cortesía de Jastrow.

6. Hermes con el niño Dionisio (s. IV a.C.)

Autor: Praxíteles. El ateniense Praxíteles es uno de los escultores más influyentes de la Historia del Arte, ya que tiene en su haber la invención de la llamada “curva praxiteliana”. Si observamos a ésta, su obra maestra, nos damos cuenta de en qué consiste dicha curva. Movimiento estático, desenfado y una pose técnicamente complicada… Toda una revolución en la escultura. Praxíteles es uno de los primeros autores que estudiaron a fondo la anatomía humana y esta copia del Hermes original de 2,13 metros de altura tallada en mármol es la prueba de ello.

Hermes con Dionisio
Imagen cortesía de Roccuz, con licencia Creative Commons

7. Apoxiomeno (s. IV a.C.)

Autor: Lisipo. Fijaos bien en la foto… ¿No parece un cuerpo flexible y en pleno movimiento? Esta copia romana en mármol de un original de bronce representa a un atleta limpiándose, en una escena cotidiana y hasta vulgar, pero que transmite vida y movimiento como pocas esculturas. La postura, nada forzada, demuestra la perfección que los escultores griegos llegaron a alcanzar al final del clasicismo. No hay más que echar la vista atrás.

Apoxiomeno
Imagen cortesía de Marie-Lan Nguyen.

 

8. Altar de Pérgamo (s. II a.C.)

Autor: anónimo. Este gigantesco grupo de altorrelieves formó parte de la entrada de un templo dedicado a Atenea en la ciudad de Pérgamo. Por eso llama la atención que actualmente se encuentre en Berlín, ya que estas esculturas han tenido una azarosa vida. En cualquier caso, las esculturas nos muestran la legendaria lucha entre dioses y gigantes, destacando la fuerza y la expresividad de los personajes representados, muy típicos del “barroco helenístico”. Escorzos, caras de espanto y musculaturas hercúleas caracterizan a esta maravilla convertida en piedra.

Altar de Pérgamo
Imagen cortesía de Christian Bier, con licencia Creative Commons

9. Venus de Milo (s. II a.C.)

Autor: desconocido, posiblemente Alejandro de Antioquía. Una de las obras más representativas de la escultura helenística es esta Venus que se hizo enormemente popular debido a su “reciente” descubrimiento en el siglo XIX y las peripecias que pasó para llegar hasta el museo del Louvre, donde actualmente está expuesta. Con influencias de Fidias y Praxíteles, destacan su gracilidad y belleza, que expresan ligereza y nos hacen olvidar el duro mármol con el que está esculpida.

 Venus de Milo
Imagen de dominio público cortesía de Jastrow.

10. El conjunto del Toro Farnesio (s. II a.C)

Autor: escuela rodia. Posiblemente se trate del conjunto escultórico único más grande que se ha recuperado jamás de época antigua. Esta impresionante obra representa la escena mitológica de Dirce, que fue atada a un toro por el mal trato que daba a su madre. La sensación de movimiento es majestuosa y es inconcebible contemplar esta obra desde un solo ángulo.

Toro farnesio
Fotografía cortesía de Massimo Finizo, con licencia Creative Commons.

11. Victoria de Samotracia (s.II a.C.)

Autor: escuela rodia. De lleno en el perídodo helenístico, esta espectacular estatua de dos metros y medio de altura fue esculpida pensando en la proa de un barco. Pese a estar incompleta, es maravillosa la sensación de que el viento le impacta de frente, con sus ropajes pegándose al cuerpo y su curiosa postura hacia adelante. Sin duda es una de las más bellas muestras de la escultura griega.

Victoria de Samotracia
Fotografía de dominio público cortesía de Marie-Lan Nguyen.

12. Laoconte y sus hijos(s.I d.C.)

Una de las obras maestras del período tardío y posiblemente de todo el arte griego es este espectacular grupo escultórico que derrocha movimiento y dramatismo y que me ha fascinado desde que tengo uso de razón. En él vemos cómo Laoconte, el sacerdote que avisó a Troya de los peligros del caballo de madera, y sus dos hijos son devorados por una serpiente marina enviada por Poseidón.

laoconte
Fotografía cortesía de Siby,, con licencia Creative Commons.

En mi opinión, si conocemos esta docena de esculturas sabemos ya bastante sobre escultura griega… Y sobre escultura en general, porque la influencia que esta docena ha ejercido en la Historia del Arte ha sido decisiva. Es difícil imaginarse a Miguel Ángel y a su magna obra si estas obras nunca se hubiesen imaginado, al igual que a otros grandes artistas como Bernini, Rodin, Dalí… Pero voy a dejar de enumerar nombres porque, en realidad, todos los artistas de la Historia les deben mucho a las protagonistas de esta docena.

Fotografía destacada de rucamher, con licencia Creative Commons.



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Sobre Jorge Fernández


Jorge Fernández Iriarte es blogger y podcaster especializado en el ámbito cultural. Nativo de Internet y las Redes Sociales, es conocido por ser el autor de El Podcast del Búho, donde nos narra temas históricos en audios breves y cercanos. Además es creador de El Hojeador, blog coral donde se escriben críticas de libros completamente subjetivas. Por el día oculta su identidad secreta como técnico informático, especializado en el ecosistema Apple.