Estamos en una época complicada. Sea como sea no vemos salida a la crisis y aunque no podemos eludir nuestra responsabilidad, los verdaderos causantes de la misma parece que se van a ir de rositas. Pero no vamos a hablar de eso aquí, sino de diferentes motivos que hundirán un negocio. Algunos son motivos o factores externos e incontrolables (el ejemplo de la crisis) pero otros son internos, afectan a las propias organizaciones y son causados por los responsables de las mismas. Algunos seguramente los reconozcáis en vuestra empresa y otros seguramente sean obviados por todos vuestros jefes, pero es lo que hay 😉

1. Una crisis

Si llega una crisis como la actual, poco más se puede decir.

2. Previsiones poco realistas

Una empresa es un ente vivo, que se desarrolla, crece, crece, sigue creciendo… pero ese crecimiento no puede ser eterno. Hay negocios que crecen con la crisis, pero no puedes pretender triplicar o cuadruplicar tu cifra de negocio en una época mala para tu negocio. Aunque hay oportunidades, hay que saber verlas bien y valorarlas si merecen la pena. Y, por supuesto, saber que si creces, también ha de crecer el personal, así que no creas que por triplicar tus ventas vas a triplicar los beneficios: las oficinas, el personal, los impuestos… No hace falta que siga, ¿verdad?

3. La falta de adaptación

Cualquier tiempo pasado fue mejor y mientras piensas que todo está inventado, siempre hay alguna novedad o circunstancia que si es aprovechada por tus competidores hará que te quedes fuera de juego. La adaptación también ha de ser interna, no se pueden mantener estructuras jerárquicas rígidas más propias de otro tiempo y en la que haya más de 3 ó 4 niveles jerárquicos (al menos en una organización pequeña o mediana). Al final acaba habiendo más indios que caballos y quienes tienen que tirar del carro no pueden hacerlo por imposibilidad física, no porque no quiera.

4. La falta de liquidez

Siempre hay que tener un líquido en nuestro poder. Sea como sea. Para hacer frente a pagos imprevistos o recurrentes, para pagar a proveedores o simplemente por tenerlo ahí. Sí, es cierto que los bancos fríen a comisiones, pero también te facilitan un servicio cuyos costes puedes repercutir en tus precios o incluso llevarlos a la cuenta de costes.

5. Una mala situación de crédito

Este factor tiene dos partes: una propia y otra ajena. Ahora mismo los bancos están tratando de salvar el culo (ayudados obviamente por quien quizá debería pensar seriamente si merece la pena) y prestan poco dinero o lo hacen en condiciones no muy ventajosas. Si vas a necesitar crédito, revisa bien tu situación, cuadra bien tus balances, estudia si hay otras posibilidades y si no te queda más remedio, ten en cuenta que ese dinero que obtienes lo tienes que devolver con intereses. Si tu situación es mala pero consigues el dinero, va a ser pan para hoy y hambre para mañana: no podrás hacer frente al mismo y caerás como un castillo de naipes, máxime si tu situación es de apalancamiento.

6. Gastos superfluos

Hay muchas empresas que mantienen gastos superfluos. ¿Cuáles son estos gastos? Pues los mismos que muchos criticamos de los políticos: viajes pagados a cualquier sitio, coches de empresa a disposición de un número reducido de personas, gastos en hoteles sin tener en cuenta el coste del mismo o usando sistemas de bonos… Es decir, todo lo que es un suma y sigue al sueldo. Y algunas externalizaciones (máxime en esta época del do it yourself) salen muchísimo más caras que hacerlo con personal interno.

7. Sueldos desorbitados

Algo que completa lo anterior. El ejemplo más claro: la construcción. Ojo, no digo toda, puesto que en la construcción y sectores adyacentes hay profesiones muy cualificadas (caravisteros, electricistas, fontaneros, instaladores de elementos varios), pero no es normal que un aprendiz que dejó los estudios cobrara más en algunos casos que el propio arquitecto. Y en muchas empresas hay aún sueldos que están muy por encima de las posibilidades (y el trabajo) que realizan. Y si a esto les sumamos los bonus, comisiones y demás, nos da un panorama desolador. ¿Sabéis que ciertos productos financieros de los que causan más problemas jurídicos llevan comisiones por encima del 40%?

8. Una política de precios disparatada

Como en todo, en el medio está la virtud. Una de las tentaciones en épocas de crisis es ajustar los márgenes y hacerlos caer hasta el mínimo, incluso por debajo del 10%. ¿Cómo compensas eso? Muy fácil, rebajando sueldos, buscando personal con menor cualificación… Vamos, empezando a clavarte estacas tú mismo en el pecho hasta que das con el corazón. Recuerda, tu cliente no es tonto: si te aprieta bajando el precio, acabarás haciendo trabajo incluso a pérdida. ¿Que otros lo van a hacer? Igual hay que buscar otros clientes, que desde tu despacho no salen.

9. No escuchar al personal de la empresa

Otro de los grandes vicios perversos que tienen muchas empresas. No sólo se trata de que la toma de decisiones no les tenga en cuenta, sino que en aquellas organizaciones con jerarquías muy acusadas y muy orientadas a resultados se tapan las quejas que llegan desde abajo con la excusa de es que no sabes vender. La información ha de fluir y si se detectan desajustes o errores graves, hay que hacer todo lo posible para solucionarlos. Quién está en la trinchera nos va a dar siempre información útil, no va a intentar escaquearse de su trabajo.

10. La falta de honradez

Algo como lo anterior, pero desde otro punto de vista. Si las cosas están mal, hay que saber reconocerlo internamente, y además se puede hacer hacer sin ningún tipo de traumas. Las ratas abandonarán el barco (lo normal), pero también aligerarán la carga de peso. Y esta honradez también hay que trasladarla a los clientes: si se les ofrece un servicio, se le presta. Y si quieren algo no presupuestado, se les dice el coste que ello conlleva. Luego podemos hacer un precio o incluso asumirlo sin más, pero si la situación es buena, no lo es para nadie.

11. Los impagos

Otra de las causas gordas de la crisis. Yo no te pago, tú no puedes hacer frente a los pagos, con lo que le impagas a otro… Y mucha culpa de estos impagos está no sólo en las Administraciones Públicas sino en el bueno, ya lo cobraré, porque éstos siempre pagan que han puesto en práctica muchas empresas. Por cierto, a los que se han aprovechado del clientelismo, recordad que el silencio se compra, pero la mierda siempre aflora.

12. La falta de inversión

El medio y largo plazo son unas palabras tan denostadas que se obvian en pos de las preocupaciones inmediatas. Cierto que lo inmediato requiere de atención, pero si tenemos la posibilidad de invertir, hay que hacerlo, tanto en capital físico (materiales de trabajo), como en mejora de procesos o en personal. Y, por supuesto, sin descuidar que muchas veces hemos de realizar estudios de mercado que nos darán pistas de hacia dónde podemos dirigir nuestro negocio.

Estos motivos se me ocurren así a vuela pluma. Seguro que hay más, muchos más, así que aprovechad los comentarios.

Imagen destacada de Daniel Lobo, con licencia Creative Commons.


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J. Esteban Mucientes

Sobre J. Esteban Mucientes


Conocido como @mediotic, es consultor freelance, enfocándose en los medios sociales, especialmente mostrar a través de la formación la utilidad de las redes sociales para cualquier tipo de negocio o colectivo colaborando de manera estable con Vital Innova. Escribe en su blog mediotic.info, en el que da salida a temas relacionados con el Social Media y temas de primera ayuda para gestionar redes sociales (aparte de denunciar el humo). Según parece, pertenece a la Junta Directiva de AERCO-PSM. Vamos, que lo mismo te descose un roto que te rompe algo ya cosido. O algo así