Tener un coach, o un entrenador personal es algo que se ha puesto de moda en los últimos años, pero no deja de ser un profesor particular de toda la vida al que vestimos con ese aura mágica que le da a todo llamar a las cosas en inglés. Pero lo cierto es que tener un profesor particular, un entrenador personal o un coach tiene mil ventajas.
Llegué a este mundillo del coaching un poco de refilón, después de haber suspendido un examen que no esperaba suspender (las cosas como son) y con poco tiempo hasta la siguiente convocatoria. Y en apenas un mes, no sólo no me he arrepentido de haber tomado aquella decisión, sino que estoy haciendo progresos como hacía tiempo que no hacía y encantada con todo.
Así que rompo una lanza a favor de los coach, aunque para muchos representen una moda, creo que en este caso -y sin que sirva de precedente- es una moda justificada por mil razones, aunque hoy solo os traiga doce:

1. Personalización

La primera razón es la personalización absoluta de lo que necesitas. ¿Qué necesitas? ¿Mejorar en tu negocio? Bombardeo de ideas ¿En tus relaciones personales? Ego a tope (o lo contrario 😛 ) ¿Adelgazar un michelín? Ejercicios para ese michelín. ¿Mejorar tu oratoria? Recursos para hablar mejor en público. ¿Que lo que necesitas es mejorar tus ejercicios de inglés escrito? Nada, nada, cuarto y mitad de essays, articles y reviews.

2. El mundo es muy grande

Un profesor particular no se circunscribe a tu ámbito local. Puedes buscar al mejor en lo suyo, o al que mejor encaje con lo que estás necesitando o al que más te guste a ti, porque no todos necesitamos ni buscamos lo mismo y el mundo es muy muy grande.
Mi experiencia personal en este ámbito se circunscribe al ámbito de los idiomas. He contratado a un coach de inglés y para un tema muy concreto: mejorar mi redacción de artículos formales, que es fundamentalmente donde necesito apoyo… y no está ni en el mismo continente… ¡ni falta que hace!

3. Tiempo

A un coach se llega por falta de tiempo. Con tiempo, todos podemos meternos en el sistema tradicional de aprendizaje, pero, ¿para qué perder lo que no tenemos con algo que no buscamos? Yo lo tengo claro: sé lo que necesito y lo busco. Punto. Y, además, lo necesito en un tiempo determinado: “oye, necesito mejorar drásticamente mi redacción formal en mes y medio”, “vale, yo puedo”. Perfecto.

4. Objetivos definidos

Tenía claro qué necesitaba antes de contratar, pero los objetivos los definimos conjuntamente. Necesito mejorar mi nota en un examen determinado. “Vale, vamos a olvidarnos de que eres una persona inteligente y con capacidad para escribir más allá de lo que te piden… y vamos a centrarnos en que tengas el máximo de puntos posible en el examen en cuestión.” Luego ya veremos si seguimos trabajando en escritura creativa o no, de momento, el objetivo es sacar la máxima nota, con mis mimbres, en un examen y en un plazo determinado.

5. Plan de desarrollo consensuado

Con el objetivo en mente, desarrollamos un plan y lo trazamos conjuntamente. Yo voy a chapar como una condenada y a hacer todo lo que me pidas. A cambio, tengo la clase de inglés más personalizada que he tenido en mi vida, exactamente ajustada a mis carencias y acorde con el examen que necesito aprobar. Y, sobre la marcha, vamos cambiando algún aspecto de la clase, siempre acorde a mis necesidades. ¿Que mejoro en un tema? Pues pasamos al siguiente.

6. Llegarás a tus objetivos más rápido

Después de más de un mes de clase y de muchos ejercicios, veo claro: nunca nunca nunca he tenido una clase en la que nadie se preocupara por mis necesidades (que son evidentes, claro). En una clase con más alumnos, el profesor tiene que dividir su atención entre todos y aquí la atención es exclusiva para ti, por lo que cualquier problema que puedas tener, será abordado antes y solucionado antes también. Y si no lo entiendes, repetimos…

7. Cintura para cambiar de plan sobre la marcha

Como ya he comentado dos puntos más arriba, una cosa es trazar un esquema de aprendizaje en un tiempo determinado y otra diferente es poder cambiar ese esquema sobre la marcha. Media hora antes de una clase o en la misma clase. Con un coach esto es tal cual. “Oye, que me he dado cuenta que en este tema igual también necesito un poco de ayuda” “Nada, esto lo vemos en un plis”. Y no hace falta decirlo más veces.

8. Menos estrés

Horarios acomodados a tus necesidades, la clase viene a ti… ¿hace falta decir más?
Si algo me ponía de los nervios, con mi agenda, era tener que asistir “por narices” a una clase establecida en un horario espeluznante. Esto se ha terminado desde que tengo coach. La clase es en un horario que nos viene bien a los dos teniendo en cuanta la diferencia horaria que nos contempla y que tampoco es menor… pero dentro de lo que cabe, infinitamente mejor que tener una clase que termina a las 22h.
Si para una sesión no has podido trabajar lo que se supone que estaba estipulado, tampoco pasa nada, todo se acomoda a tus necesidades y para la siguiente más.

9. Cualquier ámbito

Da igual lo que necesites, hay entrenadores de cualquier cosa: en mi caso ha sido de inglés, pero los hay de todo tipo de materias: desde liderazgo o comunicación, a compras, a entrenamiento físico, acompañamiento de directivos… cualquier cosa que sea susceptible de ser personalizada al extremo, hasta ahí llegamos.

10. Confianza

Evidentemente tienes que tener confianza con tu entrenador. Se supone que es quien mejor conoce tus defectos y quien más va a hacer por corregirlos. Así que pudor al ralentí.
Puede que al principio cueste. De hecho, a mí me costó un par de clases soltarme a hablar (con lo que yo rajo :O ), pero ¿qué sentido tiene no hacerlo? Si no, no vamos a llegar a donde queremos… Así que metidos en harina, cuanto primero perdamos las vergüenzas mejor.

11. No es tan caro como puedes pensar

Lo cierto es que, como tantas veces en la vida, yo llegué a mi coach de casualidad. De oca en oca y tiro porque me toca… pero, una vez que tuve claro qué necesitaba y que lo que necesitaba lo quería conseguir en mes y medio, lo tuve claro y llamé a una puerta. Y no me pareció tan caro, la verdad. Muy poco más que una academia convencional pero para mí sola; la diferencia, por el resto de ventajas que estoy contando.

12. ¿He dicho ya personalización?

Como buena novata en estas lides, sigo impresionada por cada clase. De hecho, termina la clase y la rumio durante horas, hago los deberes puntualmente y más. Al fin y al cabo, nada sustituye al esfuerzo y el estudio personal, eso lo tengo clarísimo, pero también tengo una especie de deber moral con mi profe que hace que me escuerne un poco más de lo que cabría esperar y, además, todo esto está haciendo que vaya a llegar al examen con la preparación adecuada.

Dicho todo lo anterior, mi experiencia con entrenadores personales, que era nula hasta hace un par de meses, no puede ser mejor y lo recomendaría a cualquiera que lo necesite. Siempre, claro está, buscando entre la oferta disponible y que más se adecue a sus necesidades.
¿Y vosotros? ¿Tenéis experiencias con coaching? Contadnos en los comentarios 🙂

Foto vía Shutterstock.


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Sobre Cristina Juesas


Cristina Juesas, también conocida como Maripuchi, trabaja como consultora de comunicación. Organizadora y fundadora del TEDxVitoriaGasteiz. Ha sido presidenta del Toastmasters Club Vitoria-Gasteiz, asociación para mejorar las habilidades comunicativas y de liderazgo y ha sido elegida Directora de División para el curso 2017-2018. Autora de la Guía de usos y estilo en las redes sociales del Gobierno Vasco y coautora de Comunicación de Crisis Online. Organiza e-Innobar, un evento socio-tecnológico mensual en Vitoria-Gasteiz. Colabora con la Cadena SER en el programa Hoy por Hoy Vitoria en una sección sobre nuevas tecnologías.