La autocrítica no es algo fácil de hacer. El ego influye muchísimo en esta parte pero hay que quebrar eso y hacerla. Luego de la autocrítica uno puede encontrar las oportunidades de mejorar en donde se había equivocado antes. Y por otro lado, mostramos una imagen de que realmente nos interesa mejorar como profesionales.

La gente que no tiene autocrítica, de a poco se queda sola, a nadie le interesa compartir un espacio con esta gente, que siempre te culpa o no entiende que a pesar de sus años de experiencia, se sigue equivocando y tiene que seguir aprendiendo.

Les paso una docena de síntomas con los cuales uno debería empezar a hacer una autocrítica dentro del trabajo.

1. Se equivocan todos

Nadie hace nada bien excepto que lo hagamos nosotros. Si bien es cierto que hay mucha gente que tiene skills para hacer quizas lo que hacemos nosotros, no implica que nosotros estemos delegando bien.

Deberíamos preguntarnos antes de asignar tareas, ¿Esta persona es capaz de resolver lo que le voy a dar o simplemente me estoy sacando el muerto de encima? ¿Tiene la guía suficiente como para resolver las cosas? ¿Debo hacer checkeos intermedios?

Las respuestas nos darán una orientación que por ejemplo a esta persona la estamos matando en vida con lo que le asignamos y por eso se equivoca. Otra cosa que podemos encontrar, es que nadie de nuestro alrededor está capacitado para hacer lo que tenemos que hacer y quizás sea hora de incrementar tu equipo o bien capacitarlo.

2. Somos los reyes de las excusas

Esta me encanta. Estoy seguro que conocen a alguien que jamás tiene responsabilidad de nada y siempre todo lo que anda mal es por algo externo a esa persona. Yo he escuchado excusas de lo más insólitas tratando de salir parado de una situación en donde claramente era responsable.

Prestemos atención si metimos la pata y en vez de excusarnos, veamos que pasó y repasemos qué podemos hacer para poder remediar lo que está roto o bien que no nos vuelva a pasar.

Hay pocas cosas más aislantes de un profesional que alguien que se vive excusando.

3. Los logros que no conseguimos son siempre por culpa de otro

Es un corolario de la anterior. Siempre hay alguien del equipo que no hizo algo (absolutamente imaginativo o totalmente irrelevante) que hizo que lo que queríamos lograr, no se logre. Independientemente que nosotros no hayamos hecho la mitad de las cosas o que simplemente nos hayamos dejado estar.

Un día, nos van a contestar de forma que no nos va a gustar y nos van a exponer realmente fuerte. Echar la culpa a otro, no sólo que es bajísimo a nivel ético, sino que aparte, no resuelve el problema.

Nuevamente, revisemos internamente qué hicimos mal, mea culpa y a resolver lo que no anduvo para que realmente lo que queremos sea un logro.

4. Repetimos acciones aún habiendo fallado

Me he topado con gente, que quiere conseguir B, para eso, hace la acción A, que falla. Luego, entonces dice que hay que hacer A, pero con mucha más gente y recursos. Obviamente que falla porque el problema no era la fuerza con que se tomaba la acción sino la acción en sí.

Luego que falla por segunda vez, pide más dinero y más recursos para hacer A de nuevo pero ahora en gran escala.

¿Acaso no se dan cuenta que si hacemos siempre lo mismo y falla, va a fallar siempre?

Es momento de preguntarnos si A es realmente lo que hay que hacer. De otra forma estaremos gastando inútilmente dinero y recursos sin ni siquiera llegar a los resultados.

5. Tenemos un martillo y todos nuestros problemas lucen como clavos

Esto pasa más con la gente técnica. Sabe una forma de resolver cosas y cualquier problema que tiene lo adapta a esa forma que sabe resolver. Independientemente que eso genere overhead y que sea inmantenible la solución o que lleve mucho tiempo.

He visto gente que directamente modifica el problema para poder usar la solución que saben.

Es hora de preguntarse si no hay que capacitarse más y ver nuevas opciones. Seguramente hay muchos problemas que se pueden resolver de forma parecida, pero no hay que abusar.

Hay que hablar con más personas que tengan distintos puntos de vista, seguramente conseguiremos más herramientas aparte del martillo.

6. El éxito está siempre a un paso siguiente

También conocido como el síntoma del 99%. Siempre falta un poquito para que terminemos lo que tenemos que hacer. Hacemos eso que faltaba y nos encontramos que falta algo más que no habíamos tenido en cuenta antes.

Y así decimos que terminamos la semana que viene y la semana que viene decimos que es la otra semana y la otra semana.. y así hasta que alguien nos para los pies.

Deberíamos pensar qué está pasando y qué estamos haciendo nosotros para que no podamos completar lo que tenemos que hacer. Lo que comúnmente es parar la pelota. Ver que falta y re-planificar.

No tenemos que creernos la mentira que hacemos una cosita más y se termina (cuando ya nos pasó 3 veces).

El hecho de no ser predecible, siempre requiere autocrítica.

7. Asumimos muchas cosas que luego no suceden

Somos extremadamente optimistas con los planes y ponemos mucho énfasis en cómo se van a dar todo lo que asumimos.

La realidad es que la ejecución de proyectos o la vida en sí, no es optimista. Prometer fechas o decir que todo va a salir rápido sin contemplar contratiempos nos expone de forma brutal.

Antes de comprometer, revisemos todo lo que asumimos, seamos realistas y critiquemos lo que dijimos. Ahí seguramente vamos a encontrar que por el hecho de decir lo que los demás quieren escuchar, estamos comprometiendo algo imposible.

8. El mundo está en tu contra

Un gran síntoma. No aplica sólo a lo laboral, sino a la vida en sí. Es simple, si todos están en tu contra, en algo te estás equivocando.

Es importante escuchar lo que te dicen los demás y preguntarnos si hay al menos algún punto en común.

9. El cliente nos reclama cosas constantemente

Hay una fuerte tendencia de decir, estos tíos son unos idiotas, siempre me están reclamando algo, no hay nada que los conforme. Eso es porque decididamente algo estamos haciendo mal, o la comunicación o las mismas acciones; pero es un momento de poner pausa y ver qué podemos modificar.

10. La gente no entiende tus mensajes

Repites las cosas una y otra vez, pero la gente sigue sin trabajar como quieres. Muchas veces el mensaje que damos, nosotros lo entendemos, pero el resto no. Cuando estamos mentalmente agotados no sólo no cambiamos el mensaje sino que a veces lo decimos más fuerte, como si fuera un tema auditivo.

La selección de palabras es crucial. Revisemos a quién le decimos las cosas y cómo las decimos.

11. La gente te excluye de muchas comunicaciones

Gran síntoma que haces ruido cada vez que participas. Entonces la gente te evita. Veamos por qué nos están evitando. Mayoritariamente es porque cuando hablamos, no agregamos valor a la charla.

12. Agregamos complejidad donde no la hay

Me he encontrado casos en donde hay una persona que tiene cierto poder decisión para algunos temas y no queda otra que meterlo en una reunión. Lo metes en la reunión con el problema A.

Entra en la reunión y se enfoca en cualquier cosa menos en el problema A (resolver el problema implica trabajar más) con lo cual trata que el output de la reunión sea que has hecho mal las cosas y por eso pasa el problema que tienes.

Moraleja, no te ayudó, te vas con más problemas de los que entraste a la reunión. Si eres la persona que con tal de no trabajar o esforzarte, generas más problemas, por favor realiza autocrítica.


Hay cientos de casos en donde se debería hacer autocrítica, pero para eso uno tiene que tener ganas de crecer profesionalmente. Si no queremos crecer, vamos a evitar la autocrítica y siempre vamos a culpar a los demás de los errores.

Hacer autocrítica hace crecer y te hace mejor profesional.



Imagen destacada cortesía de: digital-dreams via photopin cc


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Sobre Diego Varela


IT Program Manager hace algunos años y trabaja en operaciones hace tantos otros. Hice cualquier cosa en el mundo IT, desde programar, testear, administrar bases de datos, administrar servidores y analizar requerimientos por más de 18+ años. Argentino en muy buena ley, aunque he vivido por acá y allá. Los recepcionistas de los hoteles ya me reconocen de la frecuencias que tienen mis viajes.