Son lo que yo denomino como momentos “¿hola?” o “¿perdona?”, en los que te preguntas de dónde habrá salido este individuo. Ya sabéis a lo que me refiero chicas. Son ese tipo de cosas, esos momentos exactos; una imagen, una frase o una actitud y oye, de repente, se acabó. Ya no hay vuelta atrás, pasan por tu mente lentamente, en forma de luminoso, esas dos palabras que anuncian que la partida ha acabado; “GAME OVER”. Y a veces te da penita, mucha penita, porque lo estaba haciendo bien, requetebien… pero no, hay cosas que no puedes pasar por alto. Lo siento, chicos, como decían en el street fighter “YOU LOSE”. NEXT PLAYER por favor.
Pero, antes de nada, pongámonos en situación. Domingo tarde. Porque sí, la primera cita, aunque aún no se ha realizado un estudio científico-empírico que aclare este hecho, es siempre un domingo a la tarde. Será que ni dios tiene algo que hacer un domingo a la tarde… Vale, existe, es cierto, esa gente que va a andar en bici o a correr. En DOMINGO, por dios, que es día de descanso, que lo dijo bien clarito dios nuestro señor. Total que quedas para ese supuesto café que nunca terminas de tomarte (que tu ya estás suficientemente nerviosa como para meterte cafeína en el cuerpo) y llegas al bar, cual colegiala, con toda la illusion, pero hay ciertos hechos que la pueden ir debilitando…

1. Faltas ortográficas

El mensaje que te envía para quedar ya ha despertado nuestros recelos:
“OLAAAA QUE TAL HANDAS? TE APETECE ESE CAFE Y HAVLAR UN RATO. A LAS CINCO? WAPIIIIISIMA”
Nosotras, mujeres por naturaleza comprensivas, queremos confiar en la recurrente excusa de la autocorreción, pero sabemos a ciencia cierta que no existe el verbo HAVLAR y desconocemos que es eso de HANDAR. Además, ya no existe la excusa de acortar los mensajes por no enviar un SMS doble y ahorrar, ahora tenemos whatsapp y ¡oh! ¡sorpresa! incluye hasta tildes.
Solo un OLA K ASE KEDAMOS O K ASE podría estar justificado. Porque, ay, no me canso de la llama oye.

2. Llega tarde y además te cuenta una historia de terror para justificarse

5 minutos es aceptable, pero a partir de ahí cada minuto resta un minipunto. Y dado que el marcador siempre se inicia en cero, sacad vuestras cuentas. Eso sí, si llega tarde, que no ponga excusas, lo mejor que puede hacer es disculparse y concentrar todas sus fuerzas en la remontada, que va a ser dura, muy dura. Me río de la etapa del Tourmalet.

3. Es demasiado intenso

Aparece con un ramo de flores o te ha escrito una poesía o te ha compuesto una canción (verídico). Debe de vivir en mundo paralelo dónde aún Alex Ubago triunfa, piensas, mientras te recita poemas de becquer al oído y compara tu belleza con la de la diosa Atenea (porque Afrodita es demasiado banal). Tú, mujer previsora y experimentada en estos terribles trances denominados “citas”, pulsas el botón de enviar del SMS que previamente tenías preparado.
SOS. Llamada. ¡Oh dios! ¿qué pasa?…. ¿que hospital? Voy corriendo.
Y sales del bar con el convencimiento absoluto de que esta sera la última cita que aceptes tener. Pobre ilusa.

4. Elige por ti

Supongamos que la tarde ha ido bien y habéis decidido cenar algo juntos. Todo va sobre ruedas… La ensalada exquisita, la carne jugosa y el camarero viene a preguntar “¿quieren ustedes postre o café”. Y él, ajeno a la mala leche que te gastas (en una primera cita siempre somos corderitos), desdeña el ofrecimiento sin mostrar atisbo alguno de consultarte “no, traiganos la cuenta”. ¿Como osas? Igual queremos postre, fijate. O, bueno, que tu lo pidas y comerte la mitad. ¿quién eres tú para hablar en lugar de nadie eh?

5. Te hace pagar a medias y no es catalán

No hay que confundir las cosas…estamos en el siglo XXI. y es bien sabido que una mujer no debe buscar que la inviten a todo y que un hombre no debe verse obligado a lisonjear constantemente con regalos e invitaciones a una mujer. Pero que te haga pagar tu caña aparte, que coja la cuenta cual desquiciado contable en plenas horas extra y empiece a hacer sumas tipo “tú has tomado un agua + el pan + una ensalada + medio postre” no tiene perdón de ningún dios, no importa la religión que profeses.

6. Habla constantemente de su ex

¡Y con cualquier excusa! “ui… ¿ vas a pedir una caña? ¡qué casualidad! María siempre pedía cañas”, “Este bar me encanta ¿sabes? Aquí conocí a María”, “¡Mira! ¡un coche rojo! El rojo era el color favorito de María”. Y claro, 30 frases después, te armas de valor;
-Oye, ¿tú seguro que tienes superado lo de María?
-Claro y si yo lo tengo superado… ya no era lo mismo ¿sabes?
-¿Cortaste tú?
-No, buenooooo… no sé…los dos…
Siempre es MUTUO y siempre lo tienen supersuperado. (Muchas risas enlatadas).

7. Se quiere demasiado

Este tipo de persona abusa de anglicismos en cada uno de sus discursos, que para eso se sacó el Proficiency a los catorce y lo tiene que hacer notar. No tiene reuniones tiene meetings, no desayuna toma el brunch, y siempre tiene un puesto tipo (ponga aquí lo que le venga en gana) Manager/assistant/consultant. Habla constantemente de sí mismo, de sus logros, de la de chicas que le pretenden (JAJAJA no me hagas reir), del gran trabajo que acaba de rechazar porque no le “motivaba” intelectualmente… No escucha,te corrige, interrumpe tus frases, o lo que es peor las acaba. Y empiezas a comprender que si te fueras del bar para no volver y dejaras una imagen tuya de cartón a tamaño real bien apoyadita en la silla, reemplazándote , no sé daría cuenta hasta la hora de tener que pagar el par de cañas y el platito de aceitunas. Para reconocerlo recuerda que su frase estrella es “oye, si te aburro me paras ¿eh?”.

8. Se quiere poco

Es curioso porque se pueden llegar a confundir el que se quiero poco, con el que se quiere mucho. El que se quiere poco también habla constantemente de sí mismo, pero vive en una búsqueda constante de aprobación. Lo único que busca es que simplemente corrobores lo magnífico que es, porque él, en su fuero interno no lo termina de creer. Un inseguro patológico que te va volver loca y no en el sentido divertido. Huye a tiempo o prepárate para montarte en el Dragon Khan de las relaciones.

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9. Descubres que es un NI-NI

A la pregunta de que hace con su vida te responde “No, bueno, ¿sabes? es que dejé el trabajo porque no me llenaba (en realidad le echaron) y como tengo el paro, pues he decidido tomarme un descanso ¿sabes? Reflexionar sobre mi vida (lo que viene a ser el tocarse los huevos de toda la vida disfrazado de espiritualidad)”.
Sí, te va a tocar pagar las cañas amiga.

10. Un mal beso

Un mal beso puede arruinar 10 citas perfectas de un plumazo. Esto puede parecer superficial, pero no, es un argumento de primero de EGB… si uno no sabe sumar, difícilmente se le darán bien las multiplicaciones. Pues esto es exactamente lo mismo. Si besa mal… ¿como hará el resto? ¿para qué continuar algo que está abocado al fracaso? Tras un exhaustivo trabajo de campo he podido clasificar a los besadores pésimos en tres grupos específicos;
– El que te besa como si fueras su madre, que te dan ganas de darle la paga cuando termina. O el bocata de nocilla, que más da.
– El que te besa y abre tanto la boca que temes que te desmaquille. Mi amiga A. lo llegó a bautizar como el “beso hamburguesa”; una mezcla entre hambre y evidentes fallos en el aparato locomotor que hace que el sujeto no sea capaz de coordinar labio inferior con superior.
– Y el peor, el que piensa que cuanto más profundo más pasional es el beso, el que explora tu boca y/o garganta cual medico de familia y al que solo le falta pedirte que digas TREINTA Y TRES. Pues no, señores, en el antiquísimo arte de juntar los labios, como en otros muchos artes, el término medio es la clave y se impone el menos es más. Cada cosa tiene su tempo.

11. Es demasiado majo

Increíble pero cierto. En este punto es dónde todos los hombres se me echan encima. “¡las mujeres no sabéis lo que queréis !

Efectivamente, señores. No tenemos ni idea. Vivimos en un estado permanente de insatisfacción quizá buscada. Es hora de que aceptéis este hecho. Y cuanto antes mejor.

Pero yo me estoy refiriendo a otro tipo de personalidad más allá de la amabilidad. Creo que es irritante para ambos generos ese tipo de persona que dice a todo que sí, que no te discute lo más mínimo. Para esta actitud puede haber dos razones a cada cual más triste. La primera, que no te discuta por miedo a perderte y la segunda, porque simplemente no tiene personalidad ni opinion propia. ¿Y quién querría estar con alguien así más de cinco minutos?.

12. Demasiadas promesas

Un hombre que promete mucho y demasiado pronto, un hombre que empieza a hablarte de lo bonito que es el tejado cuando aún no hay cimientos es, quizá, uno de los peores presagios. Es ese que a los cinco minutos de conocerte ya te quiere llevar de casa rural. O que le acompañes a la boda de su hermana. O al concierto de su grupo favorito. Desconfía porque probablemente como muy lejos te va a llevar al bar de la esquina. La excesiva palabrería suele conllevar la inexistencia de hechos. Y para promesas incumplidas y palabras vacías ya tenemos suficiente con los políticos ¿no creéis?.



De todos modos, el mayor consejo a la hora de tener una cita es el ya manido “sé tú mismo”. No hagáis caso de esta loca cuyo mayor error puede que radique en que ha tenido demasiadas citas. Las piezas deben encajar naturalmente y no forzar a que encajen porque a la larga todo terminará descuadrando. Por lo tanto, seas un rácano, un vago o un mal besador ahí fuera seguro que hay una pieza que encaja en tu puzzle. Solo te hace falta salir a buscarla.

Fotografía destacada cortesía de Instant Vantage via photopin cc.


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Sobre Julene Lure


Orgullosa donostiarra. Escritora amateur. Enferma de las redes sociales. Estudiante de Comunicación y Org. de Eventos. Blogger en Bittersweet Symphony http://www.julepa.wordpress.com. Me apasiona todo lo que implique creatividad; event management, publicidad, comunicación, fotografía, literatura, blogging... ¡soy un culo inquieto!