Si hay algo que gusta a los estadounidenses además del baseball, las superproducciones cinematográficas, instaurar gobiernos más allá de sus fronteras, los reallity shows y la Coca Cola, eso es intentar asesinar a sus Presidentes con mayor o menor éxito, una tradición que nace casi con el país y llega hasta nuestros días.

1. Andrew Jackson

El séptimo de los presidentes de EEUU fue el primero en muchas cosas. Por un lado fue el primer presidente en haber sido elegido por sufragio universal y el primero en llegar a la presidencia sin haber participado en la redacción de la Constitución. Así mismo fue el primer presidente que llegaba al cargo habiendo sido prisionero de guerra y el primero que advirtió a sus compatriotas del peligro que suponía el que los intereses de los bancos tuvieran tan poco en común con los intereses de una nación. Por último, Andrew Jackson fue el primero de los presidentes de los EEUU en sufrir un atentado. Ocurrió el 30 de enero de 1835 cuando Richard Lawrence le disparó dos tiros en Washington. Jackson salió indemne de aquel intento de magnicidio y Lawrence fue absuelto e ingresado en una institución mental al serle diagnosticada una enfermedad mental. No obstante desde hace unos años corre por la red una teoría que apunta a los Jesuitas como los verdaderos perpetradores de este intento de asesinato. ¡¡¡Ojito con los Jesuitas!!!

2. Abraham Lincoln

Además de por su faceta como cazador de vampiros, Abraham Lincoln pasará a la historia como el primer presidente de los EEUU asesinado durante su mandato. La noche del 14 de abril de 1865 y mientras el Presidente disfrutaba con su mujer de una comedia musical, John Wilkes Booth le descerrajó un tiro en la cabeza que acabó con su vida a las pocas horas. Booth era un simpatizante de los confederados cuya profesión de actor quedó patente cuando tras el magnicidio y sabedor de que jamás volvería a tener un público tan entregado, hizo un alto en su huida para aprovechar la atención que se le brindaba y, cuchillo en mano como si de un personaje de Shakespeare se tratase, lanzar la proclama “Sic semper tyrannis”. Cabe imaginar que el único deseo de Booth fuera alcanzar con la pistola la notoriedad que jamás alcanzó sobre las tablas pero nada más lejos de la realidad. A la vez que Booth atentaba contra la vida de Lincoln, dos de sus secuaces también confederados intentaban, esta vez sin éxito, acabar con la vida del Vicepresidente y del Secretario de Estado para de esta forma derrocar el Gobierno de la Unión y dar al Ejército Confederado la oportunidad de reagruparse y continuar la Guerra de Secesión cuyo armisticio se había firmado cinco días antes. Como todos sabemos el complot se quedó en nada y la historia de los EEUU siguió el devenir que la conocemos. No obstante y como buen magnicidio, la sombra de la sospecha se cierne sobre la verdad oficial del asesinato de Lincoln y hay quienes apuntan a los Jesuitas como verdaderos instigadores del crimen. Ya os advertí que hay que tener cuidado con los Jesuitas. Según esta teoría hecha pública en el año 1885 por Charles Chíniquy un ex-sacerdote amigo de Lincoln, los Jesuitas habrían sido tanto los instigadores de la Guerra de Secesión como del asesinato de Lincoln con el único propósito de hacerse con el control de los EEUU, control que como veremos en este mismo post, intentaron tomar de nuevo años después…

3. James A. Garfield

Seis meses y quince días después de acceder al cargo de Presidente de los EEUU, James A. Garfield sufrió dos disparos mientras esperaba un tren en la estación de ferrocarril de Washington. Ambos disparos fueron efectuados por un abogado bastante mosqueado con el Presidente por no concederle un cargo que le había solicitado. Por suerte para Garfield aquel abogado no tenía mucha puntería y ninguna de las balas alcanzó ningún órgano vital pero por desgracia para él, sus médicos pasaron a la historia como los facultativos de medicina más inútiles de la historia. Con la excusa de encontrar una de las balas que se habían alojado en su interior los médicos fueron ensanchando una herida que en principio era poca cosa hasta convertirla en una herida del nivel “¡¡¡Joder, que asco!!!” Dada su incapacidad para encontrar la dichosa y escurridiza bala, los médicos del Presidente no dudaron en recabar los servicios de Graham Bell que intentó encontrarla mediante un artilugio de su invención que se terminó desvelando tan eficaz como un tercer pezón. Finalmente y tras más de dos meses de convalecencia, el segundo presidente más breve de la historia de los EEUU termino diñándola no sin antes mentar repetidas veces a las madres de los médicos que le dijeron nada más sufrir el atentado: “Tranqui James, que eso no es nada”.

4. William McKinley

Si algo le quedo claro a los medicos de la Casa Blanca tras la muerte del Presidente Garfield fue que la que podían liar por buscar una bala con demasiado ahínco. Tal vez por eso cuando el vigésimo quinto Presidente de los EEUU William McKinley, sufrió el 5 de septiembre de 1901 dos disparos efectuados por un anarquista de nombre Leon Czolgosz decidieron parar al encontrar la primera de las balas. Dados los antecedentes parece una decisión lógica, pero no lo es tanto cuando se descubre que el atentado tuvo lugar en la Exposición Panamericana que se celebro en Buffalo en el año 1901 y en cuyos pabellones se presentó por primera vez la máquina de rayos X, máquina cuyo empleo fue desdeñado por los médicos que no se fiaban de sus efectos secundarios, dando como resultado que la segunda bala se quedo dentro del cuerpo del Presidente haciendo de las suyas hasta que 9 días después murió víctima de la gangrena.

5. Franklin Delano Roosevelt

Anclado en una silla de ruedas, puede parecer que de entre todos los Presidentes de EEUU el objetivo más fácil para ser víctima de un asesinato fuera Franklin Delano Roosevelt. Esta afirmación se desveló como errónea el 15 de febrero de 1933 cuando un albañil excombatiente de la I Guerra Mundial y de nombre Giuseppe Zangara, efectuaba cinco disparos sobre el Presidente Roosevelt y el séquito que le acompañaba en el discurso que estaba dando en aquel momento. Como Zangara era un tanto bajito tuvo que subirse a un banco para efectuar aquellos disparos y como buen banco que se precie este cojeaba lo que desequilibró al magnicida impidiendo que cumpliera su cometido de matar al Presidente de la nación pero hiriendo a su vez a cinco de sus acompañantes entre ellos el Alcalde de Chicago Anton Cermark. En el juicio Zangara fue condenado a 80 años por 4 intentos de asesinato pero le pidió al juez que le condenará a 100 para que la cifra fuese más redonda. No sea tacaño”, se cuenta que le dijo. Esto demostró que el asesino estaba como una puta regadera, lo cual no conmutó la pena de muerte a la que fue condenado al morir el Alcalde Anton Cermark por las heridas inflingidas por el propio Zangara.

6. Harry S. Truman

Harry S. Truman fue ese tipo con cara de ser el familiar de cualquiera que llegó a su primer mandato por la repentina muerte de su predecesor Franklin Delano Roosevelt. A pesar de su decisión de lanzar las bombas nucleares sobre Hiroshima y Nagasaki siempre se le conoció como un tipo campechano con capacidad para explicar decisiones políticas con frases como “si no soportas el calor es mejor que salgas de la cocina”. Con esa campechanía inherente en su persona actuó el 1 de noviembre de 1950 cuando un par de disparos le despertaron de su siesta y se asomó a la ventana para ver que pasaba. En la calle, dos nacionalistas puertorriqueños, Oscar Collazo y Griselio Torresola con la firme determinación de acabar con la vida de Truman, habían iniciado un tiroteo con los servicios de seguridad del Presidente. No fue hasta que un transeúnte advirtió a Truman del peligro que corría, que este se guareciera a la espera de que acabase el atentado que intentaba acabar para siempre con su campechana costumbre de dormir la siesta.

7. JFK

Si hay un magnicidio que ha pasado a la historia abriendo a su vez la puerta a la popularidad de las teorías de la conspiración, ese fue el de JFK. Los hechos son conocidos por todos, el 22 de noviembre de 1963 mientras JFK saludaba a los ciudadanos de Dallas desde el descapotable presidencial, Lee Harvey Oswald efectuaba 3 disparos, 2 de los cuales darían de lleno en el Presidente acabando con su vida. El 24 de noviembre y mientras se efectuaba el traslado de Oswald de las dependencias policiales, un sicario de la mafia, Jack Ruby, acababa con la vida del magnicida comenzando una historia que a día de hoy aún no se ha cerrado. Múltiples son las teorías sobre quien estuvo realmente tras el asesinato de Kennedy. La versión oficial de los hechos a través de la Comisión Warren apuntó a Oswald como el único implicado en los hechos pero en el año 1979 el Comité Selecto de la Cámara sobre Asesinatos concluyó que Oswald no actuó en solitario y que la muerte del Presidente fue probablemente fruto de una conspiración. Lejos de parar la proliferación de las teorías sobre el asesinato de Kennedy, el veredicto del Comité multiplicó las mismas llegando a apuntar como culpables desde George Bush, por aquel entonces empleado de la CIA, hasta al propio Presidente Kennedy el cual habría decidido suicidarse consciente de lo enfermo que estaba, pasando por los Jesuitas de los que se decía estaban descontentos con la decisión presidencial de acabar con la Guerra de Vietnam pues veían en este conflicto la oportunidad perfecta de que se acabase con un montón de infieles.

8. Richard Nixon

El 22 de febrero de 1974, un DC 9 con destino Atlanta fue secuestrado en el Aeropuerto Internacional Baltimore de Washington. El motivo de este secuestro no era otro que empotrar el aparato en la Casa Blanca y de esta forma, acabar con la vida del Presidente Richard Nixon. El cerebro de esta operación fue Samuel Byck un tipo sin mayor vinculación política que haber intentado formar parte de los Panteras Negras, los cuales, viendo el blanco color de piel del peticionario, decidieron denegarsela. Byck sufría psicosis maníaco depresiva y fruto de su enfermedad y de que le fuera denegado un préstamo que pidió para abrir un negociete, llegó al convencimiento de que el Presidente Nixon formaba parte de una conspiración para oprimir a las clases más bajas del país y desde un par de años antes del atentado se dedicó a proclamar su interés por cometer el magnicidio mediante el envío a personajes de la vida pública estadounidense de problemas que justificaban el atentado. Esta publicidad de su proyecto le puso en el punto de mira de los servicios de seguridad pero estos le terminaron considerando inofensivo y prescindieron de iniciar ningún tipo de acción contra él a pesar de haber sido detenido dos veces por provocar altercados públicos frente a la Casa Blanca. El avión secuestrado aquel 22 de febrero no llegó a despegar. Por un lado Byck cometió el error de asesinar a los pilotos que deberían haberlo ayudado a llegar a puerto y por otro un agente de policía le metió dos tiros al magnicida, el cual y todavía con vida, decidido suicidarse al ver como su plan se había echado a perder.

9. Gerald Ford

Gerald Ford es otro de esos “presidentes por accidente” que en su caso, llegó a la Casa Blanca tras la dimisión de Richard Nixon demostrando tener una suerte que se repetiría nuevamente a lo largo de su vida en un par de ocasiones. El 5 de septiembre de 1975 una monjita de hábito rojo se acercó al Presidente Ford con la supuesta intención de hablarle sobre ciertos asuntos referidos a la reforestación en el estado de California. Lo que no sabía el Presidente es que la monjita no era tal y que bajo sus hábitos escondía un Colt 45 con el que encañonó al Presidente efectuando un disparo que jamás salió del arma por no tener esta ninguna bala en la recamara o donde quiera que deba estar una bala para que un arma cumpla su función de muerte y destrucción. Imagino que los empleados de la protección del presidente pasaron a formar parte enseguida de las listas del paro, pero antes de eso la monjita fue reducida e identificada. Su nombre era Lynette Fromme  y enseguida se descubrió su relación con la Familia Manson con quienes compartió un destino entre rejas hasta que se le concedió la libertad condicional en 2009.

10. Gerald Ford

Gerald Ford es otro de esos “presidente por accidente” que, en s…un momento, ¿tan importante fue Gerald Ford que sufrió dos intentos de asesinato en solo tres años? La verdad es que su biografía oficial no apunta a que lo fuera, pero algo debía tener entre manos cuando 17 días después del fallido intento de Lynette Fromme por acabar con su vida, otra mujer intentó asesinar al Presidente. En este caso se trató de Sara Jane Moore, enfermera vinculada a grupos de izquierda revolucionaria y con una cierta predilección por los matrimonios de los que contaba con cinco, que en la mañana del 22 de septiembre de 1975 encañonó a Gerald Ford con un calibre 38. De nuevo esa misma buena suerte del Presidente que le colocó en la Casa Blanca y que atascó la pistola de Lynette Fromme vino en su ayuda. El primero de los disparos que efectuó Sara Jane Moore  pasó a unos centímetros de la cabeza de su objetivo. El segundo de ellos no llegó a efectuarse pues Oliver Sipple, un ex-marine que estaba al lado de la magnicida, empujó a esta haciéndole perder el arma y provocando el enorme suspiro del Presidente Ford que se dice decidió en aquel mismo instante, pasar de repetir mandato.

11. Jimmy Carter

En el año 1979 y a diez minutos de dar un discurso con motivo de la Fiesta Mexicana del 5 de mayo, los Servicios Secretos detuvieron a un joven de 35 años que mezclado con la multitud pretendía acabar con la carrera del bueno de Jimmy Carter. Su nombre era Raymond Lee Harvey y minutos después de su detención alegó ser solo parte de un complot urdido por un mexicano llamado Osvaldo Ortiz Espinoza en el que varios tiradores acabarían con la vida del Presidente. Para la posteridad, Raymond Lee Harvey paso como un enfermo mental intentando ganar algo de notoriedad, pero para muchos teóricos de la conspiración esta afirmación no era más que una cortina de humo que ocultaba un complot de proporciones épicas y que guardaba relación con el asesinato de JFK, basándose esta teoría en irrefutables pruebas científicas como la similitud de los nombres de ambos magnicidas.

12. Ronald Reagan

No hay que olvidar que antes de Presidente, Ronald Reagan fue actor de películas del oeste, una impronta que quedó patente en sus actuaciones al frente de la Casa Blanca. No obstante y a pesar de haber sido durante muchos años el cowboy más rápido al oeste del Pecos, Ronald se encontró en el año 1981 con un pistolero más veloz que el. Su nombre era John Hinckley JR. y disparo 6 tiros en apenas tres segundos sobre la comitiva presidencial, hiriendo a varios miembros de la misma además de al propio presidente al que perforó un pulmón. La razón de Hinckley para cometer el magnicidio no fue otra que intentar impresionar a la actriz Jodie Foster de la que declaró estar enamorado desde el estreno de Taxi Driver con cuyo protagonista Travis Bickle afirmó sentirse fuertemente identificado. O al menos eso es lo que afirma la historia oficial, pues como buen magnicidio el de Ronald Reagan también esconde un supuesto complot para dominar el mundo. De haber tenido éxito el magnicidio la Presidencia habría pasado al Vicepresidente cargo que en aquel momento detentaba George Bush elegido para el puesto por Reagan tras vencerle en las primarias de 1980. Gran parte del dinero que sirvió para sufragar la campaña de Bush provino de, oh cielos, el padre de John Hinckley JR. Por si esto no fuera suficiente, uno de los hermanos de Hinckley cenó con uno de los hijos de George Bush el día después del intento fallido de asesinato alimentando de esta forma una teoría cuya verdad está encerrada con John Hinckley JR en la institución mental en la que a día de hoy todavía permanece encerrado. No está de más recordar que el nombre de George Bush ya fue relacionado con el asesinato de JFK aunque lo verdaderamente raro del intento de asesinato de Ronald Reagan es que nadie haya mencionado a los Jesuitas como los verdaderos culpables.

Por razones de concepto han quedado fuera las sospechosas muertes de Warren G. Harding y Zachary Taylor o el intento de asesinato que sufrió fuera de su mandato el primer Roosevelt, pero si conoces cualquier historia relacionada con este apasionante asunto es hora de que la divulgues… sobre todo si los Jesuitas o George Bush están relacionados con la misma.

La fotografía destacada es un fotograma del vídeo de Abraham Zapruder sobre el magnicidio de John Fitgerald Kennedy.


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