Cada vez que bajo del avión y recorro la rampa que separa la parte central del aeropuerto Ben Gurion de Tel Aviv del control de pasaportes, miro embobado, a través del ventanal de la izquierda, el “Bienvenidos a casa” escrito con piedras de colores en hebreo.

Porque es así como me siento cada vez que llego: en casa. En una casa en la que poco más hay que hacer que vivir. Y disfrutar viviendo.

Esta sensación de felicidad, de disfrute con la vida, es lo que me ha llevado a desvelar esta docena de lugares en los que las personas locales, los “telavivians”, gozan de su ciudad.

Si consideras que comer bien no es una forma de disfrutar, te recomiendo que dejes de leer en este preciso momento.

1. Cafe Noir. (Ahad Ha’am, 43)

No cabe la menor duda de que si alguna vez existiera algo denominado “cocina israelí”, uno de sus platos estrella sería el snitzel: n filete de pollo tratado con mucho cariño y rebozado con una mezcla de pan rallado y los ingredientes que cada casa quiera añadir.
Los verdaderos habitantes de Tel Aviv, los que sentimos la ciudad como nuestra, sabemos que el mejor snitzel de la ciudad se sirve en Cafè Noir. Y punto.

Mantener esta afirmación os dará puntos para conseguir el carnet de habitante de Tel Aviv.

2. Post Café. (King George, 22)

Las noches en el Post Cafè saben a triunfo.

Buena música, buena cerveza y mejor compañía. Tras el tercer trago, tendrás permiso para llamar al camarero “Asafush”. Hasta que llegue ese momento, llámalo Asaf y no permitas que te cuente las historias de su viaje a Tailandia.

Un sitio ideal para conocer a gente, a telavivians. Los chicos conocerán a chicas; las chicas, a chicos. Un pick up bar, como lo denominó un amigo cuando lo visitó. Lo raro, aquí, es no pillar cacho.

3. Luce. (Bograshov, 31)

Los desayunos de los viernes con amigos son un clásico. Una cita que sólo se pueden saltar los que tengan una excusa realmente buena.

Dos huevos, una ensalada, una pieza de pan grande, seis salsas, un café y un zumo de naranja. No hay mejor forma de empezar el fin de semana. Bueno sí, hablando de cómo Asaf te ayudó a ligar la noche anterior en el Post Café.

4. Yachnun shel ima. (Allenby, esquina Gedera)

Si los viernes con los días en los que se desayuna con los amigos, los sábados son días para desayunar yachnun en familia.

No me preguntéis qué es yachnun, porque no podría describirlo. Una masa muy parecida a la de nuestros castizos churros que se estira y se enrolla sobre sí misma varias veces y que luego se deja cocinar durante toda la noche del viernes en unos hornos especiales para no incumplir los preceptos del shabbath.

Los que se comen en Yachnun shel ima (“el yachnun de mamá”) se empiezan a preparar los martes. Y son los segundos mejores de todo Israel.

5. Itzik Gadol. (Yefet, 15)

La traducción literal es “Isaac el grande”. Imaginad el tamaño de los platos que ponen. No aptos para bulímicos.

A pesar de estar en Yaffo, no es muy conocido entre los visitantes y turistas, y sí entre los propios habitantes de esa parte de la ciudad. Te regalan la comida si eres capaz de acabar con todo lo que te pongan. El hecho de que sirvan el humus en una fuente, en lugar de en un plato es una detalle como otro cualquiera. Comprobad el resto.

6. Rave. (Sderot Yerushalayim, 106)

Cualquier día de la semana, o mejor dicho, cualquier día y cualquier noche, cuando te echen de otro lado, puedes ir, si te quedan ganas, a una fiesta rave.

La mejor, sin duda, la que se suele organizar los martes en una casa que por fuera parece medio abandonada en Yaffo. Si hay ropa tendida en la puerta principal, hay fiesta asegurada.

Muchos locales, como mi amigo Popo, desconocía este tipo de fiestas hasta que se lo enseñé. Y no me creía, el tío…

7. Bar Giyora. (Bar Giyora, 4)

A cualquier hora del día y de la noche puedes encontrar a un buen contrincante para jugar al billar americano en Bar Giyora.

A cualquier hora del día y de la noche puedes encontrar la cocina abierta para servirte un desayuno, una comida, una cena o un tentempié después de salir.

En los diez años que llevo yendo a Tel Aviv, sólo he visto a tres personas no israelíes allí. ¡Y eso que está junto el centro comercial de Dizengoff!

8. Hamaoz. (King George, 32)

Ambientazo nocturno y copas a buen precio. Esas dos expresiones definen perfectamente lo que allí puedes encontrar. Noches llenas de ritmo y de charlas. Los camareros dicen que hablan inglés, pero es mentira. Mejor ir con una persona local. Se disfrutará más.

9. The yellow submarine. (HaRakevet, 42)

Una pequeña sala de espectáculos regentada por Sivan, la novia de Miki. Lo mismo te encuentras por sorpresa un concierto de Avishay Cohen que la representación de una obra de teatro de Bretch. Sorpresas a diario. Nunca vi a un turista allí. Y se agradece.

10. Tazza d´oro. (Ahad Ha’Am, 6)

En pleno corazón de Newe Tzedek, uno de los primeros barrios de Tel Aviv, uno de los que tienen más encanto, y escondido en una calle que bien podría hacerte pensar que estás en La Habana, está esta cafetería-restaurante-espacio para todo.

Un local muy acogedor con un ambiente entrañable que te hace sentir como en casa. La cocina es lo suficientemente simple como para gustarte y lo suficientemente compleja como para sorprenderte.

11. Dreck. (Dizengoff, 98)

Tel Aviv ha desbancado a ciudades como Barcelona a la hora de recibir turismo homosexual. De hecho es solo superada, en este tipo de turismo, por la Ciudad del Vaticano.

Así, si anteriormente (ver la reseña al Post Café) hablábamos de “pick up bar”, también podemos hablar de “gays pick up bar”. El más frecuentado por los locales está en Dizengoff.

He ido allí varias veces con amigos y amigas y, además de respeto, se transmite buen rollo; alegría hasta que te das cuenta que no te lo habían contado todo de ese lugar. Tampoco lo haré yo.

Entonces, felicidad. Creo.

12. Bugsy. (Florentin, 26)

Cuando a un telavivian le hablan de alguna cerveza que no ha probado nunca, siempre va a probarla a Florentin, a Bugsy. Tiene la peculiaridad de tener a un DJ pinchando música de todo tipo siempre que está abierto.

Florentin es un barrio que, a pesar de estar a tiro de piedra del bulevar Rotschild y de la calle Allenby, no suele ser muy conocido por los turistas, así que no te los encuentras.

Hace unos años se trataba de un barrio abandonado y marginal como se puede comprobar mirando el estado exterior de los edificios, pero de unos años a esta parte se ha convertido en un barrio lleno de artistas. Cuidado con los hipster, no te peguen sus tonterías.

Si alguna vez pasas por Tel Aviv, la única ciudad israelí que no duerme nunca, saca provecho de esta docena de sitios. Disfruta de la ciudad y déjate llevar. Eso sí, hazlo como local.

La imagen destacada es del propio autor.


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Sobre Fco. Javier Muñoz


Psicólogo de formación y especializado en procesos formativos en la empresa, centra su vida profesional en la gestión de recursos humanos en una multinacional francesa. Tanto el trabajo como varios asuntos personales le obligan a tener en casa una maleta preparada de forma permanente. Dedica sus ratos libres a escribir en su blog Sálvate si puedes y en colaborar publicando algún artículo en El Diario Fénix, así como a hacer fotos que luego falsea con los filtros de Instagram.