¿Qué es lo mejor que podemos hacer para que no se carguen la cultura?: sin duda disfrutarla, participar, formar parte de ella e inculcar ese placer a los más pequeños. En estos momentos de desocupación (de personas y espacios), se pueden sacar adelante muchas iniciativas que despierten la imaginación, aporten motivación y resulten en nuevas opciones de trabajo al tiempo que contribuyan a mejorar el entorno de tu barrio o pueblo. ¿Acaso no consiste en eso la cultura?

No pretendo inventar la rueda, sino tan solo animar a poner en práctica iniciativas que están mucho más a mano de lo que tal vez pensamos. Aprovechar nuestras capacidades, mostrar de forma activa nuestros intereses, implicarnos en actividades que, sin duda alguna, nos llevarán a nuevas ideas u opciones que de otra forma no se nos habrían ocurrido.

1. Bibliotecas de barrio

El valor de estos espacios públicos ha aumentado a raíz de la crisis: son refugio intelectual y físico, para algunos el único acceso a los nuevos medios y siempre punto de encuentro y acercamiento a la realidad por medio de periódicos y revistas. Asistiendo a las actividades que organizan les estaremos apoyando en un momento difícil para muchas de ellas; por supuesto podemos proponer actividades y ofrecernos para colaborar: contar cuentos, celebrar un acontecimiento cultural, conmemorar a un escritor o a una escritora, potenciar un género determinado, organizar clubes de lectura o escritura…

2. Teatro alternativo

Las dificultades para mantener un local o realizar un proyecto de larga duración han retado a la imaginación de quienes se dedican al teatro. Hay muchos grupos que muestran pequeños proyectos (en duración y tamaño) que ponen este arte al alcance de todos. Si te dedicas a ello, puedes ponerte de acuerdo con el dueño de un local vacío para ensayar y organizar “preestrenos”.

3. Exposiciones conjuntas

Estando un poco atentos descubriremos lugares donde artistas plásticos ofrecen sus propuestas y donde conoceremos a personas con gustos afines. Si tu mismo o tú misma haces cosas ponte en contacto con otras personas, organizad una muestra conjunta. Nuevamente recordamos que hay muchos locales vacíos y que siempre habrá alguien dispuesto a que se les dé un uso provisional a cambio de sufragar los gastos: darle utilidad y visibilidad a un espacio lo revaloriza.

4. Planetarios y observatorios

Hay más de los que creemos y son una visita que merece la pena tanto si vivimos en la zona como si vamos a una en la que podamos incluir esta experiencia en nuestro itinerario. La mayoría de observatorios organizan visitas y los planetarios ofrecen actividades muy interesantes no solo para niños: todos somos igual de pequeños frente al espacio.

5. Parques y jardines

Muchos jardines y parques públicos contienen información sobre las plantas y árboles que lo conforman; conocerlo nos hará apreciarlo y cuidarlo mejor. Si eres profesional o buen aficionado, puedes proponer al ayuntamiento que añada dicha información si no la tiene o puedes organizar un grupo que proponga plantas adecuadas para esa zona, se ofrezca a hacer guías para colegios, consiga un terreno para llevar un huerto escolar…

6. Rutas personalizadas

Si vivimos en una ciudad, aunque sea pequeña, seguro que se puede hacer un recorrido siguiendo sus monumentos, casas emblemáticas o parques. Al hacerlo de este modo, entendemos mejor el desarrollo del lugar (en el aspecto físico, pero también cultural). Cómo no, también especialidades culinarias, tiendas de algún tipo determinado, librerías, calles con personajes históricos… Seguro que de esas visitas surgen propuestas interesantes para un mejor uso y disfrute de los espacios públicos.

7. Centros de interpretación

Proliferaron en la época de las vacas gordas y hay de muchos tipos: sobre productos autóctonos, etnográficos, sobre arquitectura, fauna, paisaje… Es una buena forma de sorprendernos ante lo que creemos conocer y de mostrar lo nuestro a las personas que vienen de fuera. De ahí también es fácil que surjan otras ideas de empleo o aprovechamiento.

8. Casas-Museo de artistas

Hay muchos pequeños museos que nos acercan a figuras de la literatura y otras artes y que tienen dificultades para subsistir. Conocer la vida de los autores y respirar el ambiente donde se han creado las obras crea vínculos atemporales y nos hace comprender mejor el contexto y, por tanto, su legado.

9. Intercambio de idiomas

Por mucho que estudies, no hablarás un idioma mientras no lo utilices es conversaciones reales. Nos tomamos un café o una cerveza y compartimos tiempo de aprendizaje: media hora en tu idioma, media hora en el mío. Esta actividad podrían potenciarla los mismos establecimientos reservando un día a la semana de forma específica para ir creando un grupo de intercambio.

10. Mercadillos

Siempre es un placer darse una vuelta por cualquiera de ellos, sobre todo los pequeños, de barrio, que suelen tener un carácter más cercano, desenfadado y comprometido: libros, arte y artesanía, productos ecológicos, ropa, complementos, trueque… ¿Por qué no proponer uno a tu grupo de colaboración ciudadana poniendo en común las habilidades de tod@s?

11. Fiestas solidarias

Se puede aprovechar un evento o fiesta ya existente, pero mejor aún es organizar una festividad con una motivación determinada (el día internacional de…) o a partir de alguna problemática específica del lugar donde se vive. Se trataría de hacerlo de forma optimista y lúdica para compartir la energía y la voluntad de mejorar las cosas. Las personas que sufren algún problema de tipo social a menudo solo necesitan ser escuchadas y reconocidas, dejar de ser invisibles.

12. Compartir y difundir aficiones

¿Te gusta leer, el cine, cocinar, ir a exposiciones, eres coleccionista? Buscar contactos en tu zona con los que compartes intereses es fácil actualmente. La mejor parte viene después: quedar, conocerse e intercambiar ideas y propuestas; de esa manera desarrollas tus aficiones, las disfrutas más en compañía y contribuyes a su promoción.

Algunas de estas actividades se pueden combinar o se retroalimentan: club de lectura que visita casa museo, aficionado a las plantas que ofrece conferencia en biblioteca, guía turística a cambio de un puesto en el mercadillo… Estas actividades pueden ser una buena plataforma para llevar adelante otras iniciativas como bancos de tiempo, grupos de colaboración, apoyo entre diferentes oficios para sacar adelante algún proyecto… ¿Se te ocurre alguna propuesta?

Imagen post, Steve McClanahan, licencia libre.


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Ángel Palenzuela

Sobre Ángel Palenzuela


Me llamo Ángel González Palenzuela, nacido en Barcelona en 1966 y residente actualmente en Almería. He vivido en Berlín once años y nueve en Cuenca. Me he dedicado a dar clases particulares de español para extranjeros, entre muchos otros trabajos, y me he formado en idiomas (alemán e inglés) y teatro pedagógico.