“Con la que está cayendo, a lo barato”. Cuando esta frase la aplicamos a lo del comer, cuidadín. Con las cosas de comer se puede ir a lo barato, sí, pero de forma saludable, respetuosa con el medio ambiente, con nuestros y nuestras productoras y, sobre todo, haciendo que la salud entre por la boca. Lo barato a corto plazo… resulta más caro.

Permítanme algunas consideraciones de sentido común, muchas de ellas conocidas a través de la gran familia de “Slow Food” y otras de mis propias vivencias. Espero os sirvan. No se trata de ser 100% coherentes, eso es imposible, pero sí seguir una línea más o menos armónica con nuestra tierra madre. Ánimo, que algo se puede hacer!

1. Frente a los carritos de la compra hasta los topes

Pues obviamente lo contrario, una compra responsable. En vez de realizar una visita a la superficie comercial de turno para comprar por triplicado (ya que la oferta así nos “obliga”…), con el coche a tope de cosas y dejándonos la espalda llevando las bolsas atiborradas, seamos selectos y compremos pensando en el corto plazo. No nos dejemos llevar por los cantos de sirena… no digo siempre, pero de vez en cuando… pues eso.

2. Apostemos por el comercio local del barrio o la plaza del mercado

Son nuestros convecinos. Y ahora necesitan de nuestra visita, de dejar nuestro escaso dinerito en sus domésticas economías. Plantemos cara a las grandes multinacionales y cadenas alimentarias que “juegan” con imágenes, ofertas, gangas, precios irrisorios y sospechosos… Hagamos la compra del pescado, de la carne, de la fruta, de los quesos, el pan… en nuestras tiendas de barrio, en nuestra Plaza de Abastos o del Mercado, en ese negocio familiar de toda la vida o que acaba de arrancar con todas las ilusiones, y riesgos, puestos sobre la barra donde nos atienden

3. Consumiendo productos de temporada

No nos extrañe que el tomate no tenga sabor en determinadas fechas. O que el zumo de naranja sea un zumo venido a menos. Igual es que ya no es el producto de temporada. Echad un vistazo a la rueda que os adjunto y pegadlo en vuestra nevera. Veréis, además, que la compra va a resultar más sencilla. Compremos y comamos lo que la tierra y el mar nos ofrece en cada momento. La Naturaleza es sabia
Circulo de las Estaciones

4. Ni Lactobacilus ni gaitas; stop a la publicidad engañosa

Quizá es una de las partes que más odio de todo esto. La publicidad engañosa. Hartito me tienen con sus llamamientos a consumir determinados lacteos gracias a la bacteria que tienen. Y lo que es peor; dirigiéndose a la inocencia de nuestros/as txikis y a la buena fé de nuestras amamas y aitonas (abuelas y abuelos, en euskera). Y pobrecita la persona que no desayune el botecito de turno. En fin… espero que el dibujito adjunto os ayude a entenderlo.
Productos con Publicidad Engañosa

5. Compra directa al productor/a

Aún respetando el noble oficio de intermediar para hacernos llegar los productos del día, también está en nuestra mano y más cerca de lo que pensamos productores/as que nos permiten ir hasta sus zonas de explotación a comprar su carne, verduras, frutas, lacteos… Infórmate en tu municipio de colectivos ecológicos o de carácter sostenible y te permitirán conocer un listado interesante para disponer de la comida de una forma directa y saludable

6. Frente al producto industrial, lo ecológico de toda la vida

Que viene a ser lo mismo que hacía nuestros antepasados. Hay quien lo critica diciendo que es algo como de modernos… Pues justo al revés. Antes de la aplicación de la industria en el terreno de la alimentación, no había productos químicos sino productos naturales que nos permitían preservar nuestros huertos de las inclemencias del tiempo, de los bichos, de las enfermedades… Será mejor disfrutar de unos puerros cultivados de forma ecológica que otros a los que se les ha echado fosfatos o vaya a saber Vd. qué para que estén limpios y sin bichitos. Craso error. La salud entra por la boca. Y desde luego por la mía, la de mi familia y mis congéneres, no quisiera que entraran alimentos tratados químicamente.
Caracol

7. Espárragos de nuestra tierra. ¡Qué gran slogan!

Y qué verdad. Espárragos de nuestra tierra, con Denominación Origen. Un ejemplo válido para otros productos. Miremos bien los etiquetados. Sabemos que no es fácil, que lo hacen adrede para confundirnos. Pero está en nuestra mano dejar de ser simples espectadores para pasar a ser actores. Debemos pensar lo que compramos y comemos. Si te da igual… mejor no sigas leyendo.

8. Criterios para la compra (Slow Food)

Más frutas y verduras, más productos integrales, menos carne, menos azúcar y una dieta variada: estas son las principales indicaciones para una alimentación sana y equilibrada. ¿Pero cuáles son los criterios para elegir los productos que compramos todos los días? He aquí un breve resumen de las cuestiones a tener en mente al hacer la compra:

  • Preferir los productos locales y de temporada
  • Redescubrir los productos tradicionales del propio territorio
  • Desconfiar de productos con una lista de ingredientes demasiado larga y de nombres incomprensibles
  • Evitar, en la medida de lo posible, los productos con aditivos, colorantes y conservantes
  • Elegir los productos que tengan la información adecuada sobre la técnica de cultivo, explotación y transformación
  • Evitar embalajes excesivos o preferir un envasado hecho con materiales biodegradables o reciclables para reducir los desechos
  • Comprar sólo lo necesario para reducir los desperdicios

9. Los cumpleaños de nuestros/as txikis

Lo respeto, porque tampoco se trata de ser un talibán, pero no me gusta nada celebrar el cumple de mi hijo o hija en un espacio de comida “fast food” (por aquello de evitar marcas). Que si regalitos por aquí, que si el envoltorio, que si una comida “para niños”… Paparruchas. Comida sana también para los cumples de nuestras y nuestros hijos. Tan sólo recordad cómo lo celebrabais cuando érais niños/as. El bar de al lado de casa, tortilla de patata, bocatas de jamón, chorizo y luego la tarta de la amama. Recuperadlo. Merecerá la pena.

10. Cómo elegir el pescado (Slow Food)

¿Por qué debemos prestar atención a cuál pescado consumir?, comer más pescado, ¿no es usualmente la sugerencia número uno de todos los dietistas?. La dificultad reside en que por conformismo, moda o sencillamente por pereza, consumimos siempre los mismos tipos de pescado. El resultado es que diversas especies, por ejemplo el atún rojo y el salmón salvaje, se encuentran ahora en peligro de extinción. Además, la mayoría de las piscifactorías implican varios problemas para el medio ambiente, por lo que la compra de los peces cultivados (a menos que se trate de almejas, mejillones, ostras o productos de cultivos orgánicos), no representa una alternativa viable.

La solución no consiste en dejar de comer pescado. Basta con elegir las especies menos conocidas, provenientes de los mares más cercanos a nosotros, igual de buenos que los primeros, pero sin contraindicaciones. Si aprendemos a respetar unas simples normas (respetar la talla mínima; respetar la estacionalidad, no consumir una especie en su período reproductivo; variar la elección aprendiendo nombres y recetas de pescado “olvidados”), podemos seguir disfrutando del alimento que el mar puede ofrecernos. Al igual que con las frutas y verduras, y toda la comida en general, elegir pescados y mariscos locales en su propia temporada, es la mejor manera de disfrutar de lo mejor de la comida sin comprometer el medio ambiente.

De hecho, es comer bien hoy, sin perjudicar la oportunidad de seguir haciéndolo mañana. Paciencia, entonces, y buen provecho. Estas serán nuestras mejores armas.

11.Buenas prácticas y consejos para la compra (Slow Food)

  • Basar la propia dieta en alimentos vegetales que pueden sustituir a la carne (legumbres en primer lugar)
  • Consumir menos carne y de mejor cualidad, evitando aquella proveniente de la ganadería intensiva
  • Variar las especies de animales y las razas que se eligen, prefiriendo carnes alternativas (animales de granja, carne de caza, ovinos) y cortes menos populares
  • Poner atención al precio, en el sentido de que los precios demasiado bajos a menudo son indicadores de explotación animal y/o ambiental
  • Consumir preferentemente carne proveniente de consorcios, asociaciones y empresas con normas rigurosas sobre la alimentación y el bienestar animal, y que ofrezcan información clara sobre la trazabilidad del producto
  • Consumir carne de animales criados y sacrificados a nivel local, mejor si provienen de pequeñas explotaciones de razas autóctonas
  • Valorar con más tolerancia la presencia de grasa, que puede ser prueba de bienestar animal
  • Leer bien las etiquetas

12. Y la última docena… ¡sobre los huevos! (Slow Food)

Desde el primero de Enero de 2012, ha sido promulgada en la Unión Europea la abolición de las jaulas batería para las gallinas ponedoras: con trampas propias y reales, con un espacio por animal equivalente a un cuadrado de 23,5 cm por lado. En realidad, sin embargo, las jaulas no han sido abolidas sino ampliadas (el cuadrado se ha expandido, llegando a 45 cm por lado), y deben contener un nido para poner sus huevos, una percha con un largo de al menos 15 centímetros y una cama para escarbar. Representa, sin embargo un primer paso, a pesar que no se cumple de igual manera en todos los países de UE; faltan a la normativa (arriesgando incluso procedimientos por infracción): Italia, Francia, España, Polonia, Bélgica, Bulgaria, Chipre, Grecia, Hungría, Letonia, Holanda, Portugal y Rumania.

Sin embargo, los consumidores pueden optar por comprar los huevos provenientes de gallinas “criadas al aire libre” (no se dejen engañar por los etiquetados criadas en el suelo”, ¡ya que no es lo mismo!), dejadas libres de escarbar sin ser forzadas a convivir en espacios angostos y alimentadas con granos que pueden picotear libremente. Los animales criados en estas condiciones son más sanos, ya que son libres de completar todos los movimientos de una vida “natural”. Asimismo, a menudo los huevos no contienen los colorantes que se agregan al alimento de las gallinas en las granjas industriales para enmascarar la baja calidad de la yema, y son por lo tanto, más sanos, más nutritivos y más buenos.

Desde el 2004, en la cáscara de todos los huevos de gallina producidos en la Unión Europea, es obligatoria una etiqueta con un código que permite la trazabilidad, indicando el tipo y el lugar de la explotación de la cuál proviene el huevo. No es un código muy fácil de interpretar.
Trazabilidad en los Huevos



Imagen destacada cortesía de letdown102 via photopin cc


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Sobre Aitor Buendía


Periodista y Asesor en Comunicación. Tras anteriores etapas en medios como El Diario Vasco, Onda Cero y Herri Irratia-Loyola Media, y un breve intervalo en comunicación institucional, actualmente estoy al frente del programa “La Ruta Slow” en Radio Vitoria (Grupo EITB) todos los fines de semana (sábados o domingos) a partir de las 17:00 horas. También entretenido en otras tareas comunicativas relacionadas con el emprendizaje, la formación, educación, valores… Eibarrés de nacimiento, gasteiztarra de adopción. La S.D. Eibar, el equipo de mis amores, y con un cariño muy especial al Glorioso Deportivo Alavés. Ser feliz haciendo felices a los demás, un credo que intento aplicar cada día. Y ya metido en esto del buen comer, defensor a ultranza de la buena gastronomía sustentada en los tres ejes “Bueno, Limpio y Justo” de Slow Food, el caldo ideal para animar a compartir lo que la tierra nos ofrece de forma respetuosa y saludable.