En un post anterior usaba una frase “cuando consumes, votas”, que ilustra muy bien nuestro papel y nuestro poder en el planeta que habitamos. 
 
Knowcosters y otras organizaciones trabajan para cambiar el mundo “a la manera de Gandhi” es decir desde un planteamiento “no violento” pero sólido y consistente. En muchas de ellas, encontrarás un planteamiento nada radical, sencillo, viable, razonable y que podemos poner en marcha entre todos. Se trata de aprender a ser conscientes de lo que compramos. No es renunciar a comprar, al contrario, sino comprar con cabeza, sabiendo las repercusiones sociales y ambientales de nuestros actos de consumo.

1. Deja de quejarte y empieza a actuar

 
Ya está bien de quejarnos y quejarnos sin hacer nada ¿Siempre tienen la culpa “los demás”? ¿De verdad que los “ciudadanos de a pie” no podemos cambiar las cosas? Lo sabemos: los partidos políticos están alineados con intereses supranacionales, grupos de influencia y grandes empresas que condicionan su acción; pero ¿eso te lleva a la inacción? ¿De verdad crees que de la única forma en que ejerces la democracia es con tu voto? Eso es lo que “algunos” quieren que pienses, tu falta de información les hace libres.
Consume-como-piensas-Knowcoster

2. Consume como piensas

 
Hace tiempo me convencí de que tiene más poder mi compra que mi voto. Ante la frustración ciudadana que reprenta para tantos manifestar opinión sobre a la gestión política cada 4 años, y más en medio de este circo, puedes decidir ejercer tu libertad en la pequeña parcela en la que puedes influir: en tus compras.

Sinceramente, creo que es una manera de sentirse mejor y ahorrarse la úlcera de estómago que deriva de la observación pasiva de tanta sin razón política (por poner una frase políticamente correcta). Yo así me siento mejor, menos complice de toda la basura que nos rodea.


3. Convierte tu compra en un acto cívico

 
El acto de compra es una parte más de nuestro desarrollo social. Si pretendemos sacar provecho excesivo o injusto en nuestras transacciones, estaremos actuando de forma incívica. Una compra ha de permitir satisfacer una necesidad para el comprador, pero también mantener una vida digna al que vende y al que produce.

Esta reflexión nos vale tanto a pequeña y como a gran escala.

Igual prefieres no pensar en ello pero alguno de los productos que compramos están hechos con el dolor de otras personas. Este vídeo es un ejemplo extremo pero real. Fruto del trabajo de Lisa Kristine que reflejan la realidad de más de 27 millones de personas en todo el mundo.

Lisa Kristine: Fotos que dan testimonio de la esclavitud moderna #TED

Después de ver el vídeo piensa que detras de esta esclavitud hay empresas, algunas de ellas, participan en corporaciones a las que tu y yo compramos. ¿Quieres ser cómplice de todo esto?

4. Informate, abre tu mente, piensa y toma el poder

 
Lógicamente la estructura social está creada de tal modo que la información que nos llega está mediatizada, es decir, siempre tiene un marco, un fitro previo que la “contamina ideológicamente”.

Mi propuesta no tiene por qué ser la buena, solo te invito a que pienses, reflexiones, a que no te quedes en la superficie de las cosas y tengas en cuenta cada día que, con tus actos cotidianos y sencillos, ayudas a construir el mundo de las generaciones futuras. 

Por eso te animo a que te abras a otras intepretaciones y te liberes de prejuicios a la hora de valorar ideas nuevas. Además es bueno para la mente y ¡estimula la inteligencia!

5. No compres productos “Low Cost”

 

Aquí si que soy rotunda, Knowcoster me ha convencido. Cuando compras un producto compras también la forma en que se ha fabricado. Es decir, un producto tiene dos precios: uno es lo que se llama el coste directo (lo que pagas tú) y otro que valora otros costes indirectos (que paga el planeta y la sociedad del bienestar) ¿Te has preguntado alguna vez quién paga el resto cuando compras un producto low cost?

Annie Leonard

 y Free Range Studios se lo preguntaron allá por 2007. Seis años después podemos ver como no iban desencaminados en sus afirmaciones.



6. Infórmate sobre “el triple marcaje”

 

Diferentes asociaciones a nivel mundial abogan por que los productos reflejen el coste real de los productos. Knowcoster y otras, abogan por lo que se llama triple marcaje, una forma no agresiva sino clarificadora, en la que sean las propias empresas las que indiquen en sus etiquetas el coste real del producto, es decir: el PVP, el coste del planeta y el coste que el producto representa al estado de bienestar. Así cada consumidor podrá elegir qué y a quién compra con verdadera libertad.

Triple-Knowcoster

7. La huella fiscal

 
Nuestra sociedad tiene un determinado nivel de bienestar entre otras cosas porque se recaudan impuestos que se destinan a mantener el gasto social. Si compramos eludiendo el pago de impuestos, como el IVA, estamos contribuyendo a adelgazar la capacidad de mejorar el bienestar colectivo. Pan para hoy, hambre para mañana.
               

8. Productos KM 0

 
El proyecto Km 0 surge de Rosa Pruna, ganadera y experta en temas agrarios que estuvo presidiendo en Bruselas el COPA durante casi 6 años.



Su idea es simple y fácil de explicar: si consumes productos de agrícolas y ganaderos de tu zona obtienes dos beneficios fundamentales, por un lado contribuyes a la economía local, es decir, a que tus vecinos puedan ganarse la vida con su trabajo y, por otro, reduces el coste planeta (las consecuencias medio ambientales) del transporte de dichos productos. 

La iniciativa está muy extendida por Europa (especialmente en Austria o Finlandia). En España os dejamos el ejemplo de Cataluña.


9. Productos de empresas adheridas al Pacto Mundial

 
Si creemos que las empresas productoras o comercializadoras deben ser “buenas ciudadanas” puedes valorar si cuentan con la adhesión al Pacto Mundial. Se trata de una adhesión voluntaria mediante la cual, la empresa solicita que se audite que cumple con la triple contabilidad: económica, social y medioambiental, Es sólo un gesto, pero nos puede guiar hoy en día, mientras llegan iniciativas de más calado.

10. No se trata de no consumir, sino de consumir con la cabeza

  
No es preciso llevar a cabo grandes cambios en nuestros hábitos de consumo. Es más poner en práctica nuestros valores ciudadanos. Por ejemplo, si estamos en contra de la deforestación amazónica, no debemos contribuir a ella con el consumo de soja producida en esta zona. No se trata de eliminar la soja de nuestra dieta, sino buscar el origen de la misma y tener la tranquilidad de que procede de cultivos responsables. Os recomiendo ver el trabajo de Greenpeace en este sentido.  

11. Recicla y reutiliza

  
Consumir es parte de nuestro ciclo vital y social, pero el consumismo no nos enriquece ni nos aporta bienestar. Eludamos compras inútiles, compulsivas o caprichosas. Evitaremos el consumo de recursos y materias primas y mejoraremos nuestra economía. Agotar la vida útil de los productos y reutilizar es más eficiente y responsable tanto con nosotros mismos, como con las generaciones futuras.

12. No tires lo que te sobra, dónalo a cualquier organización benéfica

   
Cuando no necesites algo, evita almacenarlo sistemáticamente o tirarlo a la basura. Muchos productos que desechados tienen valor para otras personas o colectivos. A través de organizaciones benéficas podemos contribuir a mejorar la vida de los más desfavorecidos y de paso ganaremos espacio en nuestros estantes y armarios.

En Hazlo Posible nos dejan un listado muy util para que otros aprovechen lo que tú no necesitas.



Con un poco de cada uno podemos hacer mucho. Con el lema habitual #unmundomejoresposible os animo a pensar en ello y a proponer otras medidas o ideas que nos ayuden a conseguirlo. ¡Seguro que conoces alguna más! Si es así, te animo a que las compartas con nosotros.

Imágenes cedidas por Knowcosters a la autora para la realización de este post. Imagen destacada propiedad de Greenpeace.


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Sobre Nuria Carbó


Comunicadora de profesión desde hace más de una década. Freelancer, por vocación. Licenciada en Publicidad - Relaciones Públicas y Bióloga. Aprendiz vocacional y curiosa, muy curiosa.