Los hoteles son lugares de tránsito. Áreas de descanso provisionales, pequeños lugares asépticos, carentes de identidad y carácter, ya que son territorios donde nadie habita del todo. A esos sitios el antropólogo francés Marc Augé los llamó “no-lugares”, por considerarlos determinados únicamente por cambios circunstanciales, casi exclusivamente definidos por el pasar de individuos, lugares tales como autopistas, estaciones de tren, supermercados, o una habitación de hotel.

Sin embargo, uno de esos no-lugares desafía la tesis de Augé: el hotel. El hotel es algo más que un espacio de anonimato en el que tumbarse a descansar: es la promesa de un espacio íntimo y a la vez impersonal, situado en la frontera entre lo doméstico y lo nómada, un espacio de anonimato que se convierte por unos días en la casa de quien lo habita. Es por ello que esos espacios híbridos resultan ser el escenario perfecto para aquellas personas que no siembran raíces. Quienes por trabajo, por no encontrarse a sí mismas o por convicción se convierten en residentes recurrentes de hoteles, van imprimando a través de sus estancias y con sus anécdotas los distintos espacios, hasta el punto de haber convertido a alguno de ellos, en testigos inmortales de los más variados sucesos.
Los encuentros más “sorprendentes y deliciosos”, afirma Guy de Maupassant al inicio de su cuento La desconocida, suelen producirse “en un tren, en un hotel o en un lugar de vacaciones”; es decir, de viaje o fuera de lo cotidiano. En este post, os propongo una visita guiada por una docena de estos no-lugares que se han forjado identidad propia mediante un repaso por su libro de visitas y alguna anécdota de sus ilustres huéspedes.

1. Hotel Pera Palace, Estambul

El Pera Palace de Estambul, fue inaugurado en 1891 para recibir a los pasajeros que llegaban a esta ciudad en el Orient Express. Este pequeño hotel del barrio de Beyoglu que mezcla el art nouveau con el estilo tradicional oriental, albergó en 1926 a una insigne pasajera que viajaba en el mítico tren: Agatha Christie. Desde aquel día y durante sus sucesivas visitas al hotel, la escritora inglesa, se alojó consecutivamente en la habitación 411. En ella escribió su famosa novela Asesinato en el Orient Express, y en ella aparecería tres años después de su muerte, por mediación de una vidente contratada por la Warner Bross el diario de la escritora.
El nómada por excelencia Ernest Hemingway, llegó a Estambul en 1922 para cubrir el fin de la guerra greco-turca, y se alojó en la habitación 218. No le gustó la ciudad, aunque sí el hotel, que homenajeó en su famosa obra Las nieves del Kilimanjaro, cuando el protagonista recuerda una pelea con un soldado británico por una mujer con la que acabaría pasando la noche: “Y se fue antes de que ella se despertara con la primera luz del día. Y se volvió hacía el Pera Palace con un ojo morado y con su abrigo colgando en brazo, porque una de las mangas se le había perdido”.
Otros huéspedes ilustres del Pera Palace fueron, Mata Hari, que se instaló en la habitación 401, Greta Garbo, Trotsky, el rey Eduardo VIII de Inglaterra y el Emperador austro- húngaro Francisco José I.

Hotel Pera Palace Estambul

2. Hotel Hilton, Ámsterdam

Pese a no acaparar tantas anécdotas como el resto de la lista, si ha habido una habitación de hotel fotografiada hasta la saciedad, esa ha sido la suite presidencial del Hotel Hilton de Ámsterdam. Y ello porque entre el 25 y el 31 de marzo de 1969, tras contraer matrimonio, John Lennon y Yoko Ono, conscientes de la repercusión mediática de sus actos, decidieron hacer publicidad para promover la paz mundial y pasaron su luna de miel encamados en esta habitación de hotel en lo que denominaron bedding protest.
Rodeados de carteles con mensajes como “bed peace”, “I love Yoko” o “grow your hair”, los recién casados aprovecharon el efecto de su reciente boda en Gibraltar para reclamar el fin de la guerra de Vietnam ante más de 300 fotógrafos y reporteros de todo el mundo, a los que recibían en pijama de la mañana a la noche y que estaban invitados a ese encierro voluntario que duraría siete días. El hotel Hilton fue el único hotel de su categoría en Ámsterdam que aceptó alojar a la pareja, dado que en aquellos momentos la polémica rodeaba a Lennon por su relación con las drogas.
En mayo, planearon repetir en Nueva York, pero, la visa les fue negada y se fueron al Fairmont The Queen Elizabeth Montreal. Ahí fue donde escribieron el tema Give Peace a Chance.

Hotel Hilton de Amsterdam

3. Hotel Nacional, La Habana

Esta pequeña joya arquitectónica con vistas al malecón, inaugurada a bombo y platillo en 1930, ha alojado a importantes visitantes como Nelson Rockefeller, el duque de Windsor, Gabriel García Márquez, Jean Paul Sartre, Rita Hayworth, Marlon Brando y Gary Cooper entre otros.
Antes del triunfo de la revolución, algunos de los más asiduos visitantes del Nacional eran destacados líderes de la mafia estadounidense que controlaban los casinos de juego de varios hoteles de La Habana. Meyer Lanski, Santos Trafficante, Lucky Luciano, Amadero Barletta y George Ralft fueron algunos de estos clientes. Todavía se recuerda cómo 1946, el entonces salón Aguiar, fue utilizado para una reunión de capos convocados por Luciano para una cumbre del crimen organizado. Durante el cónclave de seis días, los matones se repartieron los sectores de casinos, drogas y prostitución en Cuba, como posteriormente trató de ilustrar Coppola en la segunda entrega del Padrino.
Buster Keaton hizo su entrada con una falsa cojera y sorprendió al chico que le llevaba las maletas colgándose como una bandera de la ventana de una habitación del sexto piso. Por su parte, tanto la bailarina francesa Josephine Baker como el cantante estadounidense Nat King Cole se toparon al llegar con la norma que el hotel tenía vigente antes de 1959 de no admitir a negros entre sus huéspedes.

Hotel Nacional, La Habana

4. Hotel Chelsea, Nueva York

La leyenda del Chelsea arrancó cuando el célebre escritor Mark Twain decidió hospedarse en este hotel y terminó de forjarse cuando la actriz Sarah Bernhardt se alojó en una de sus habitaciones. La atormentada diva francesa solicitó que se sustituyera la cama de la habitación por el ataúd en el que solía dormir. Sus deseos fueron cumplidos.
La última crítica del Chelsea que se puede leer en Trip Advisor antes de su cierre en 2011 dice así: “Edificio viejo sin aire acondicionado, mi cama llena de pelos y sábanas rotas. Toallas también rotas y con una cucaracha de compañera de habitación” A la luz de estas críticas, lo único que podía mover al viajero a hospedarse en el Chelsea era dejarse llevar por el gran número de huéspedes que decidieron quedarse en él: aquí Sir Arthur C. Clarke escribió 2001: Una odisea en el espacio, William Burroughs logró inspiración para escribir El almuerzo desnudo, Patti Smith descubrió su vocación rockera y Bob Dylan engendró allí a uno de sus hijos. El propio Leonard Cohen cuenta cómo tomó uno de los ascensores del hotel esperando encontrarse con Brigitte Bardot y se encontró con Janis Joplin, con la que acabaría pasando una noche que quedó inmortalizada en la canción Chelsea Hotel. Con semejante fama y pese a la estética decadente del hotel, Andy Warhol, padre del pop art, no pudo más que ceder a su inmensa popularidad, y en 1966 grabó allí una película de cine experimental llamada Chelsea Girls.
Pero no fue hasta 1978 que el Chelsea no coronaría definitivamente su nombre, cuando la mañana del 12 de octubre, Nancy Spungen, la popular novia de Sid Vicious, líder del grupo Sex Pistols, fue encontrada muerta y apuñalada en la habitación nº 100 en un crimen que nunca llegaría a resolverse.

Hotel Chelsea NY

5. Waldorf Astoria, Nueva York

Una noche de tormenta, hace ya muchos años, un matrimonio mayor entró en un pequeño hotel en Filadelfia para tratar de pasar allí la noche. El hotel estaba al completo, y el recepcionista, consciente de que a esas horas y con la tormenta sería complicado encontrar un sitio donde pasar la noche, ofreció al matrimonio su propia habitación. A la mañana siguiente, el señor, agradecido, le dijo al recepcionista “usted es el tipo de gerente que yo tendría en mi propio hotel, quizás algún día pueda devolverle este favor” Dos años después, el recepcionista recibió una carta en la que le recordaban la historia, junto con un billete de ida y vuelta a Nueva York. Una vez en la ciudad se encontró con el señor, quien le señaló un imponente edificio con fachada de piedra rojiza y le dijo: “este es el hotel que estoy construyendo para usted”. Así fue como William Waldorf Astor construyo el Waldorf Astoria original y contrató a su primer gerente, de nombre George C. Boldt.
También en Nueva York, pero muy alejado de la imagen decadente del Chelsea, nos encontramos el Waldorf Astoria, uno de los símbolos de la época dorada de la ciudad. Fue en los años cincuenta cuando el hotel alcanzó la categoría de leyenda, porque a sus apartamentos de las últimas plantas fueron a vivir estrellas como Frank Sinatra junto con su esposa Nancy, el ex presidente Herbert Hoover y el general Douglas MacArthur, héroe de la Segunda Guerra Mundial. Otro de sus clientes referenciales fue Cole Porter, que vivió un largo periodo junto a Linda Lee Thomas, a quien dedicó una canción, You’re the Top, una de cuyas estrofas decía: “Tú eres lo mejor, tú eres una ensalada Waldorf”, ensalada de manzana, uvas, apio, nueces y mayonesa patentada por el hotel.
Puestos a citar ilustres huéspedes, se podría destacar a los duques de Windsor, Franklin D. Roosevelt y tres gángsters que dejaban buenas propinas: Frank Costello, Bugsy Siegel y Lucky Luciano. Incluso la celebérrima Marilyn Monroe vivió en una suite del Waldorf Astoria durante varios meses en 1955, pero debido a desavenencias con su productora, no pudo permitirse abonar las facturas y se tuvo que trasladar a otro hotel de la ciudad.

Hotel Waldorf Astoria NY

6. Reid’s Palace, Madeira

Descansado sobre un acantilado con vistas a la bahía de Funchal, se encuentra un emblemático hotel inaugurado por un grumete escocés en 1891. Éste había desembarcado en la isla con solo catorce años hasta que logró enriquecerse y reunir una importante fortuna en el negocio del vino.
El Reid’s Palace fue construido en un enclave sin igual para seducir a la élite europea, cosa que logró, convirtiéndose pronto en el punto de encuentro de la alta sociedad, que llegaba a la isla en la mayor parte de los casos por mar, a través de cruceros que fletaban barquitos exclusivamente para llegar al hotel en busca de paz, naturaleza y buen clima. Entre sus más conocidos huéspedes encontramos a políticos de la talla de Winston Churchill o al pequeño y vulgar dictador Fulgencio Batista, que junto con su esposa y su numerosa prole, en la que fue su primera etapa de exilio dorado tras el triunfo de la revolución cubana, ocupó la tercera planta como residencia continuada.
Sin embargo, la presencia que probablemente ha quedado marcada con más fuerza de entre las que se alojaron en el hotel, es la legendaria Sissi, emperatriz austriaca que, para mí, tendrá eternamente la cara de Romy Schneider, y en él que descansó tras el suicidio por amor de su hijo Rodolfo.

Hotel Reid’s Palace Madeira

7. Hotel Ritz, Paris

“Cuando sueño con la vida después de la muerte en el cielo, la acción siempre se desarrolla en el Ritz París”, decía Ernest Hemingway, uno de los más fieles visitantes del prestigioso hotel parisino. Allí se acuñó la máxima de que “el cliente siempre tiene la razón”, y por eso, desde su apertura atrajo a los amantes de la buena vida dispuestos a ordenar los caprichos más insólitos: el marqués Casati, por ejemplo, exigía una provisión de conejos vivos para su mascota, una boa constrictor, mientras otro huésped, deseoso de halagar a sus 20 invitados a una cena, pidió patas de elefante. El personal compró el excedente de estos ejemplares en el zoológico de París y asunto resuelto.
Oscar Wilde se quejó abiertamente por la modernidad del alojamiento: el ascensor le pareció muy rápido y la luz eléctrica innecesaria. En cambio, su colega Marcel Proust suspiró por el hotel hasta la hora de la muerte, cuando pidió que le subieran una cerveza del bar, y una vez apurado el último sorbo, falleció.
Durante la Segunda Guerra Mundial el hotel se transformó en cuartel de los oficiales nazis que invadieron París. No obstante, frente al aura de tan regia morada, conservaron las formas y permitieron la estancia de algunos civiles, entre los más ilustres Coco Chanel, quien se había mudado a una suite en 1934 donde acabaría sus días 37 años más tarde. Para cuando llegaron los soldados alemanes, la diseñadora ya había llegado a la conclusión de que alojarse en el hotel, era la mejor forma de sobrevivir con estilo ante la convulsa situación que azotaba Europa. La leyenda cuenta que fue Hemingway el encargado de liberar el bar del hotel, pidiendo champán para todos los presentes, abriendo así una nueva era que vería desfilar por el Ritz a personajes de la talla de Audrey Hepburn, Eva Perón, María Callas, Salvador Dalí y la princesa de Gales, quien partió de allí antes del accidente de coche que le costaría la vida en 1997.

Hotel Ritz Paris

8. Gran Hotel La Perla, Pamplona

El panorama nacional también cuenta con hoteles dignos de ser mencionado en este post. Uno de ellos es el Gran Hotel La Perla de Pamplona. El segundo hotel más antiguo de España, inaugurado en 1881, también alberga una serie de anécdotas así como ilustres personajes en su libro de visitas.
El ciudadano del mundo Ernest Hemingway, tras varias estancias alojado en pensiones pamplonesas, una vez que pudo permitirse pagar la cuenta ocupó repetidamente la habitación 217 (hoy 201) Entre los muchos idilios que mantuvo con un sinfín de ciudades, Pamplona fue posiblemente el más fiel y duradero. Su habitación con balcones a la calle Estafeta, tribuna sin igual para ver los encierros de San Fermín pudo inspirarle para escribir la novela Fiesta, gracias a la cual, el ayuntamiento de la capital Navarra se ha ahorrado una enorme cantidad de dinero en publicidad.
El violinista pamplonés Pablo Sarasate, fue también uno de los clientes emblemáticos del hotel, donde se alojó durante veinte sanfermines, y desde cuyo balcón obsequiaba anualmente a la ciudad el día de su llegada con un multitudinario concierto. Charles Chaplin descubrió el Gran Hotel La Perla en los años 30 y repitió al menos en un par de ocasiones. Orson Welles no sólo se alojó, sino que también filmó Campanadas a media noche, y en cierta ocasión llegó a marcharse sin acordarse de pagar la factura. Manolete forjó hospedándose en este hotel la mejor tarde de su historia profesional, el 10 de julio de 1947. Lola Flores contó en televisión que había vivido aquí un romance con un jugador de fútbol y Woody Allen pasó en este hotel su primer día del año 2009.

Gran Hotel La Perla Pamplona

9. Chateau Marmont, Hollywood

La relación de este hotel, construido en Sunset Boulevar e inspirado en un castillo del valle del Loira, y las estrellas de cine, ha sido inmediata e ininterrumpida, dada su cercanía a los grandes estudios. Bienvenidos a Chateau Marmont, epicentro del star system y testigo durante 80 años de los devaneos de Hollywood.
“Anécdotas rock and roll” recorren literalmente los pasillos del hotel, teniendo en cuenta que los integrantes de Led Zeppelin los destrozaron conduciendo sus motos borrachos dentro del Chateau, pero también sus ventanas: Nicholas Ray realizaba el casting para la película Rebelde sin causa ensayando la lectura del guión con Natalie Wood cuando un desconocido James Dean se coló por la ventana para poder hacer la audición; Jim Morrison trató de llegar a la terraza de su habitación saltando desde un tejado, cayendo al suelo y gastando según sus propias palabras “la octava de mis nueve vidas”. Ante tamaño historial no es de extrañar que se diga que la canción de The Eagles, Hotel California, se asienta en el Chateu Marmont.
Vivien Leigh, heroína de Lo que el viento se llevó, empapeló la suite 5D con fotos de Laurence Olivier, el más británico de sus compañeros, guardando bajo su almohada la única foto en la que aparecían juntos. En el mismo sitio, su compañero de reparto Clark Gable, retozaba con la oxigenada Jean Harlow al tiempo que ella disfrutaba de su luna de miel. Palabras menores comparado con la famosa orgía que montó el cineasta y actor Dennis Hopper. Aquí se ocultó Greta Garbo durante años y Elizabeth Taylor rescató a Montgomery Clift, quien a punto de morir en un accidente de tráfico en 1956, fue cuidado por la actriz en la buhardilla del hotel.
Ya lo dijo Harry Cohn, fundador de Columbia Pictures: “Si vas a meterte en problemas, hazlo siempre en el Chateau Marmont”, y todo ello con un toque muy chic. ¿La prueba? El Chateau tiene permanentemente prohibida la entrada tanto a Britney Spears como a Lindsay Lohan. Así da gusto.

Chateau Marmont, Hollywood

10. Marriot Plaza, Buenos Aires

El Plaza fue el primer edificio con nueve plantas de Buenos Aires, de ahí a que el censo municipal del año 1909 lo considere el primer rascacielos de la ciudad. Posteriormente se construirían miles de ellos con más y más pisos, pero cuando fue inaugurado, era el edificio más alto de la ciudad. En sus más de 100 años de historia, por sus nueve pisos han paseado miembros de la realeza europea, músicos y artistas, entre los más ilustres Joan Crawford, Ginger Rogers, Edith Piaf, Catherine Deneuve o Sophia Loren.
Cuando Charles De Gaulle se hospedó en el hotel hubo que construirle una cama, porque debido a su altura, todas le quedaban pequeñas. Después pudo aprovecharla Rock Hudson. Menos molestias dio Indira Gandhi, primera ministra india, que únicamente mandó retirar las cortinas de su habitación, ya que le gustaba despertarse viendo la luz del sol. Luciano Pavarotti, vivió un mes y medio en el hotel, y al parecer las exigencias del tenor italiano requirieron prácticamente la remodelación de la suite en la que se alojaba. Como el gran divo dotado de gran estómago que todo apunta a que es, exigió que le colocaran una cocina en su habitación para preparar su comida a piacere. Al enterarse de que en la mesa de su habitación habían comido María Callas y Arturo Toscanini, se encaprichó con ella, la mandó empaquetar y la envió a Italia. Al marcharse, Pavarotti dejó como souvenir en el restaurante del hotel su receta para preparar la salsa, que actualmente se sirve como “salsa Pavarotti”. Otro tenor, Enrico Caruso, ensayando en su habitación un allegro vivace, rompió el espejo del botiquín. A Charles Bronson, por lo que se cuenta, le bastaba con las mesas de póquer; pasaba meses en el hotel, armaba sus mesas y jugaba durante horas.
Aquí se alojaron los famosos pasajeros del Apolo XI, y la expectación ante los primeros astronautas en pisar la luna generó tal aglomeración que tuvieron que utilizar las puertas de servicio para salir. El genial Louis Amstrong se alojó en el Marriot Plaza estando de gira por Argentina y Chile, y no encontró mejor manera de agradecer la serenata con la que un improvisado grupo de fans le obsequiaba desde la calle que abriendo la ventana y sumándose con su trompeta.

Marriot Plaza Buenos Aires

11. Hotel Savoy, Londres

El 6 de agosto de 1889 abría sus puertas al público uno de los hoteles de lujo más conocidos del mundo por derecho propio. Entre muchos motivos, porque la calle del hotel es la única de toda Inglaterra por la cual se conduce del lado derecho.

Claude Monet se quedó medio año en el hotel cuando todavía no era un pintor famoso y no podía permitirse una habitación con baño propio. Inspirado por el Támesis se dedicó a pintarlo en todas las condiciones atmosféricas y a cualquier hora del día, desde el mismo ángulo de su habitación en la quinta planta. El bailarín ruso Vaslav Nijinsky se reunía aquí con su séquito de coreógrafos, escenógrafos y artistas organizando bacanales que Stravinsky denominó “guardia suiza integrada por homos”. Sin embargo, y pese a haber barra libre de anécdotas, tal vez la más impresionante sea la de la fiesta de cumpleaños del rey Eduardo VII. El monarca, llenó de agua el patio central del Savoy para que los comensales pudieran cenar en góndolas y sentirse en la mismísima Venecia. Desde una de ellas, el tenor Caruso entretuvo a los invitados.

En 1898 cuando Woolf Joel, huésped sudafricano del hotel, celebraba una cena con amigos, a la cual asistieron un total de 13 comensales. Debido a la mala fama del número, se decía que el primero en levantarse de la mesa en una cena de 13 personas padecería una tragedia. Ninguno dio importancia al comentario hasta que semanas después Joel fue asesinado una vez regresado a Sudáfrica. Desde entonces, cada vez que se realiza una fiesta a la cual asisten 13 personas, se agrega un empleado que oficia de decimocuarto comensal, Kaspar: un gato de madera de tres pies de altura.

Kaspar, ha cenado varias veces con Winston Churchill que fue un gran fan del establecimiento, en el que asistía a las reuniones del club privado The Other Club, cofundado por él en 1911 y donde tuvo lugar su última aparición pública antes de su muerte, en enero de 1965. Frank Sinatra tocó el piano para entretener a los clientes y Elton John inundó un piso al dejar el agua del grifo correr mientras hablaba por teléfono.

Pero curiosamente, la elegancia y el glamour del Savoy no se limitan a sus huéspedes, sino que se extiende a su personal. El hotel puede jactarse de haber tenido un distinguido lavaplatos, Guccio Gucci, que absorbió el impecable gusto de los ricos y famosos y al regreso a su Florencia natal creó su famosa empresa de lujosos artículos de piel. Actualmente el chef encargado de que la cocina se aleje de cualquier pesadilla es el conocido Gordon Ramsay.

Hotel Savoy Plaza, Londres

12. Palace, Madrid

Otro de los hoteles patrios concurridos por los ricos y famosos es el Palace de Madrid, cuyas paredes han sido testigos de las convulsiones de la historia de España al igual que del glamour y la sofisticación de los que han pasado por allí. Construido por George Marquet, también propietario del Ritz, en 1911 en el solar que había albergado desde el siglo XVII el palacio de Medinaceli, el Palace nació para convertirse en el hotel más cosmopolita de Madrid. Y vaya si lo consiguió.

Desde sus comienzos el hotel fue muy frecuentado por artistas, intelectuales y políticos, además de otras personas interesadas en observar la vida local. En aquellos años ya encontramos registro de artistas tan destacados como Ignacio de Zuloaga, Serge Diaghilev, Buster Keaton, Carlos Gardel, Valle Inclán, Miguel de Unamuno o John Steinbeck y un largo etc que pernoctaron en sus habitaciones. Por el Palace deambularon unos jovencísimos García Lorca, Picasso, Buñuel y Dalí cuando eran, en sus propias palabras, “pobres e inteligentes” alumnos de la Residencia de Estudiantes, solicitando un préstamo para poder comprar un billete de tren. Años más tarde, con mayor talento si cabe y mucho más dinero, volvió a sus salones un provocador Dalí engalanado con una capa de yaguar. Posteriormente cambió la capa por un yaguar vivo, que atado a una cadena de oro paseaba por todo el hotel.

Durante la Primera Guerra Mundial, los salones del Palace se transformaron en una especie de centro de negocios de la retaguardia, y por ellos transitaron espías de todas las nacionalidades buscando información que remitir a sus sedes centrales. Es famosa la presencia de la espía Mata Hari, quien durmió en el Palace con nombre falso un día antes de ser detenida en la frontera con Francia. Durante la Guerra Civil española el hotel se convirtió en hospital militar. La impresionante cúpula del restaurante que Sarah Bernhard pasó horas mirando, servía como quirófano, dado que posibilitaba seguir operando con luz natural cuando ocurría uno de los frecuentes cortes de electricidad.

Pasada la guerra, cuando España era un plató abierto y alternativo a los estudios de Hollywood y Madrid podía disfrazarse de cualquier cosa, incluido el Moscú de Doctor Zhivago, pasearon por el hotel la bellísima Ava Gardner enamorada de Madrid; Orson Welles con Rita Hayworth y Hemingway con sus famosos dry martinis, contando historias de sangre y toros.

El Palace fue un innovador en dar facilidades para que vinieran a sus hoteles los Premios Nobel y firmo con la Fundación Nobel en Suecia un acuerdo por el cual los premiados tenían un descuento del 25% en su estancia. De ahí que Madame Curie, Fleming, Vargas Llosa, Octavio Paz, Cernuda y un sinfín de homenajeados se dejaran caer por el hotel. El más asiduo, el profesor Severo Ochoa, que cuando pasaba por Madrid elegía la habitación 634 del Palace, único Hotel del mundo donde dejaba que le prepararan su Martini en vez de hacérselo él mismo.

Hotel Palace Madrid


Y es que los hoteles ven pasar a tantas personas diferentes, que se convierten en una fuente inagotable de anécdotas. Estas son sólo una selección a través de personajes conocidos, pero tratad de imaginar cuántas historias de personas anónimas podrían llegar a recopilarse. Seguro que tú mismo, eres capaz de recordar alguna batalla que sucedió tras los muros de un hotel: si las paredes hablaran, serían capaces de hacernos sonrojar. Ya lo dijo el precavido Hemingway, muy consciente de su fama: “dile al mundo que vives en un hotel y hospédate en otro”

La fotografía destacada es cortesía de || UggBoy♥UggGirl || PHOTO || WORLD || TRAVEL || via photopin cc.


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Andrea Navazo

Sobre Andrea Navazo


Abogada mercantilista y domadora de unicornios azules. Un día cogí un tren que salía de Bilbao y me trajo a este blog.