De todos los medios de transporte, el coche es con mucho el que más utilizamos. Lo usamos tanto que ya no lo valoramos. Ha adquirido mala fama, y está de moda despotricar sobre él. Es el apestado entre todos los transportes. Tiene fama de contaminar, de provocar grandes atascos, de ensuciar las ciudades, es un infierno aparcar según donde, son caros, poco ecológicos y a sacan lo peor de mucha gente… eso sin comentar lo que favorecen el macarrismo y la horterez elevada a la enésima potencia.
El coche nos lleva y nos trae pero no sólo eso. Es también nuestro baúl de los recuerdos. Hay muchos grandes momentos de nuestras vidas que han pasado dentro de él y gracias a él.
Aquí va una selección de algunos de ellos.

1. Los viajes de niño

Todos tenemos viajes míticos en nuestra memoria. Embutidos en un utilitario con nuestros hermanos, la tía, la abuela y la merienda. Sin sillas, sin cinturones de seguridad, sin aire acondicionado y hasta sin radio. No eran viajes a la playa o al pueblo, eran viajes al infinito. Horas de viaje se abrían ante ti, sin más distracción que el paisaje que se veía por la ventanilla y al que tampoco podías prestar demasiada atención porque la lucha por el espacio vital dentro del habitáculo era encarnizada.

2. El primer viaje conduciendo

Todos recordamos la primera vez que cogimos el coche nosotros solos. El carnet de conducir a estrenar, la L colocada con esmero y nosotros al volante solos, sin el profesor de autoescuela ni nadie más que nosotros responsable de la conducción. Tenías más miedo que otra cosa, te sudaban las manos y tanto si el trayecto era corto y lo habías hecho mil veces en bus o era un viaje largo, habías hecho más preparativos que para el lanzamiento de una sonda espacial.

3. El primer coche

Lo heredabas de tu madre, de tu hermano, de tu primo, de tu padre o era de sexta mano regalado. No lo habías elegido, no era bonito, ni potente, ni estiloso ni nada pero era tu primer coche. Es posible que tuviera holgura de carrocería y que al pasar de 90 hiciera tanto ruido que fuera materialmente imposible mantener una conversación dentro de él. Más allá de 100 no oías ni tus propios pensamientos. Con el tiempo has tenido otros, mejores, más potentes, más chulos, más grandes, más bonitos… pero esa relación especial sólo fue con el primero.

4. El primer polvo automovilístico

¿Quién no se acuerda de los servicios que le prestó ese primer coche en momentos descontrolados de excitación amorosa? ¿Quién no se acuerda de esos momentos de flexibilidad nunca vista adoptando posturas que ahora mismo resultarían sencillamente impensables? ¿Quién no se acuerda de ese antiguo amor cada vez que ve un cristal empañado?

5. El primer coche nuevo

Por fin tienes dinero para comprarte un coche. Entrar en un concesionario es hacerte mayor. Encontrarte con un vendedor de coches es bordear el infierno: caballos, potencia, pintura metalizada, llantas de aleación, TAE; entrada, cuotas..todo un universo complejo que hay que abordar para salir conduciendo tu primer coche nuevo “chispas”. Y por supuesto es el más mejor del mundo mundial, el que mejor huele, el más bonito, el que trae los extras más chupis y pones a Dios por testigo de que lo cuidarás muchísimo. El primer año, cada arañazo te duele como si te hubieran cortado un dedo… luego se te pasa.

6. El primer momento ¿ Quién sabe dónde?

Te despiertas, abres los ojos, te duele la cabeza y un relámpago atraviesa tu escasa conciencia: ¿Ayer volví a casa conduciendo? ¿Donde aparqué? Saltas de la cama y vas mirando por todas las ventanas hasta ver tu coche “aparcado” allí abajo, a 2 metros del bordillo, obstaculizando el paso y con algo pegado al capó pero parece entero. Te jurabas a ti mismo que el próximo día saldrías en taxi.

7. El verdadero yo

Te consideras un tío con educación y buenas maneras. Vas conduciendo sumido en tus pensamientos y de repente te has convertido en un ser vociferante que lanza improperios que ni sabías que conocías a un desconocido que te ha hecho una pirula con el coche. Aceleras en plan macarra, gritas, insultas… la adrenalina te sale por las orejas y de repente piensas ¿Pero qué estoy haciendo?

8. El placer de conducir

Una carretera chula. La velocidad justa para poder bajar las ventanillas sin que te salgan volando las pestañas. Tu música favorita sonando o sólo el ruido del coche por ese camino casi sin tráfico. Un destino al que quieres llegar, en solitario o en buena compañía… el placer de conducir.

9. Tu primera multa

Pero, pero, pero, pero… Señor Agente le juro que no iba muy deprisa. Le juro que he aparcado en doble fila 3 minutos. Le juro que ese cartel de carga y descarga no estaba ahí cuando aparqué. Pero ¿cómo va a ser el límite en esta carretera de 50 km por hora?

10. La primera vez que te quedas tirado

Hasta entonces todo en la relación con tu coche ha sido idílico, todo marchaba bien, hasta que llega un día que se para. Probablemente sea el peor momento, llegas tarde a un examen, a una reunión, tienes a tus dos bebes berreando en el asiento trasero, llegas tarde a una boda, o estás en medio de un túnel. Sabes que puedes llamar a la grúa y que no pasa nada…pero quieres llorar porque ya no nunca será lo mismo, siempre te quedará la duda de “¿y si hoy también me deja tirado?”

11. La primera llantina en el coche

Por algún extraño motivo, vas conduciendo, sumido en tus pensamientos, tus preocupaciones y de repente sin quererlo ni beberlo te corren lágrimas por la cara, te sorprendes, te dejas llevar y acabas sollozando como si fuera el fin del mundo. Es un momento catártico del que sales renovado.

12. Los viajes con tus hijos

Cuando son bebes juras en arameo al intentar colocar el cuco. Te acuerdas del vendedor que en dos sencillos clicks te hizo la demostración mientras que tú llevas 20 minutos dejándote los riñones para colocar la silla del demonio. Compruebas lo flexible que sigues siendo (aunque no tanto como para esos polvos automovilísticos de leyenda) después de girarte n veces en el coche para controlar a los niños. Si optas por viajar detrás para no romperte el cuello descubres que sigues mareándote como cuando eras canijo y acababas vomitándole a tu hermano en las piernas y te ves reflejado en ellos cuando preguntan mil veces ¿Cuánto falta?.
Claro que lo peor es el vértigo que te entra cuando te encuentras repitiendo las mismas palabras que tu madre hace 30 años en los viajes interminables al infinito: ¿¿¿Al veo veo otra vez???
No seáis crueles con los coches, han visto lo mejor y lo peor de vosotros y aún así os siguen llevando y trayendo.

Fotografía destacada de franciscojgonzalez con licencia Creative Commons.


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Sobre Molinos


Un día abrí un blog... Pensamientos. Libros. Frivolidades. Críticas destructivas. Recomendaciones. Indignaciones. Perfiles. Cuentos "didactivos". Grandes momentos etílicos. Despellejes. Documentales. Filosofía de garrafón. Conversaciones. Recetas. Maternity. Y más... Finalista de los Premios Bitácoras y de los Premios 20Blogs 2012. Cosas que (me) pasan .