España tiene uno de los niveles más rarunos de empresa que se pueda imaginar. No, no es que la empresa española sea mala per se (algunos ya tenemos eso más que superado) sino que en un país de micropymes que apenas generan riqueza más allá de una familia tenemos unas cuantas multinacionales que ya quisieran otros países. Pero, a la vez, algunas de esas multinacionales están gestionadas por cosas como los intereses y el amateurismo más detestables. Sí, muchos directivos son amateurs y lo único que les salva es que cagan pasta y por eso nadie se les opone.

Bueno, pero a lo que vamos. Esta crisis, aparte de hacer una criba del sistema, también ha demostrado cuáles son muchas de las carencias de muchos negocios. Falta de planificación, ignorar señales, incapacidad a la hora de tomar decisiones, falta de flexibilidad en algunos aspectos (que no pasan por los empleados en muchas ocasiones) y otros muchos males son los que han aquejado a la empresa española desde hoy y siempre, empezando por la inutilidad de los que nos gobiernan para hacer que los procesos de quiebra se basaran en que los acreedores cobraran y el mantenimiento de la empresa y no en cerrar y el que venga detrás que arree, porque lo más jodido de la crisis no ha pasado y son los problemas de cobro que sufren muchas empresas.

Dicho todo lo anterior, hay una serie de fórmulas que pueden hacer que tu negocio (especialmente el de emprendedores de medio pelo) se venga abajo cual castillo de naipes porque no aprendemos ni parece que algunos quieran hacerlo. Vamos a ver unas cuantas conductas, fórmulas, tareas o como lo queramos llamar que pueden hacer que todo se venga abajo.

1. Elevar el nivel de exigencia sin razón

A ver. Trabajar no es irse de rositas por la vida. Y es lógico que haya un cierto nivel de exigencia: entregar las cosas en un tiempo razonable, buscar nuevos clientes o nichos de mercado si los resultados no son los que se esperan o arrimar todos un poco el hombro para conseguir que la empresa o negocio funcionen, es algo normal.

El problema viene cuando la exigencia viene por los típicos vamos a entregar esto ayer porque tenemos una puta máquina del tiempo en el trastero y hay que darla uso, el precioso esto es lo que se ha firmado con el cliente porque es lo que le he vendido sin tener ni la más recontraputísima idea de lo que le estaba vendiendo o -esto es para ya -pero por qué? -HODOR!! y esas mierdas a las que todos estamos acostumbrados.

¿Qué se consigue con eso? Pues estrés, que se trabaje por impulsos sin priorizar una puta mierda y conseguir que aquéllos a quienes presionen salten de una tarea a otra porque se lo estás pidiendo porque sí. Y luego vienen los olvidos. Y las exigencias mayores.

2. No controlar la tesorería

Los dineros. El parné. La panoja. El circulante. La pasta.

Y es que no se controla como se debiera la pasta. Al menos no se pone el celo suficiente en controlarla. Y más cuando hablamos de gastos de directivos., ¿Cobrando más de 60.000€ al año tu empresa te tiene que pagar todos los viajes de fin de semana para que vayas a ver a tu familia porque estás desplazado? Te jodes. Así, con amor y con cariño. Eso por no hablar de los pagos tarde mal y nunca a proveedores y asumir gastos sin haberlos presupuestado tranquilamente. Unas risas.

3. Putear a tus empleados

Esto es ir un paso más allá de la exigencia porque sí. Lo otro era el tercio de banderillas y aquí ya no toreas, sino que entras a matar. Y es cuando empiezas a preguntar a la gente que por qué sale a su hora, que por qué eso que era para dentro de una semana y está a medias aún no está acabado sin haber movido un dedo o el típico bullying laboral para que alguien se vaya y se pueda ahorrar la empresa la indemnización. O cargarte a unos cuantos empleados pagando el mínimo por circunstancias económicas de la empresa e incorporar a más gente de la que has echado.

No, la opinión del pelota y tu diploma de máster de y pico mil euros en la pared no justifican que jodas la vida de la gente.

El mejor recurso y el más valioso que tiene cualquier empresa es el del talento que atesore en forma de personas. Así que cuídalas.

4. Creerte lo que no eres

Somos los líderes del mercado. En menos de lo que canta un gallo vamos a multiplicar nuestra facturación por n desbancando a los líderes del sector que no tienen ni puta idea de lo que están haciendo.

Vamos, todo esto viene a ser el no me lamo las gónadas porque no llego. Egolatría pura y dura.

5. Ignorar el mercado

Creo que en una entrada anterior ya salió la frase de llevo n años haciendo esto y me van a enseñar ahora cómo he de hacer mi trabajo. Dos años después la empresa está cerrada porque no es capaz de trabajar con agilidad (diferente a la rapidez, ojo, que es rapidez pero con calidad y plazos razonables) o porque sus clientes se han largado a alguien que ofrece lo mismo por un mejor precio o más por un precio similar.

Ejemplo práctico en el sector de la construcción: a mediados de 2.008 compraste ese solar de la hostia en un pueblo perdido de la mano de Dios porque había unas expectativas de recalificación y/o de venta de casitas de chichinabo con unos calidades de mierda que vendías al precio del gramo de pelos de coño por metro cuadrado. Vamos que te ibas a forrar. Ya. Que sí. Besis.

A esas cosas me refiero.

6. Lanzarte a la piscina con inversiones dudosas

Esto es muy serio. Sabes que en la oficina hace falta una máquina multifunción que ahorre trabajo a todo el mundo con un escáner en red, buena velocidad y que imprima en color o en blanco y negro. Pero resulta que estáis en una oficina de 10 personas en la que apenas imprimís 3.000 páginas al mes y os compráis un maquinón de 40.000€ (precio al contado, ya si eso lo pagas por uso) y de repente empezáis a imprimir 25.000 copias al mes. ¿Unas risas a que sí?

Pues de ésas creo que hemos vivido todas unas cuantas. Al igual que montar un despacho de la hostia para el überhypermegaboss que sólo va a visitar 3 veces al año. O construir un edificio hipersupermegainteligente porque te dan una subvención de la hostia y todo lo haces con empresas de tu grupo a precios fuera del mercado y el beneficio va a la buchaca. Eh, pero luego las subvenciones son malas.

7. Hacer un equipo de “coleguillas”

Dicen que la familia y los amigos cuanto más lejos de los negocios, mejor que mejor, porque puedes perder el dinero, la familia y las amistades. En lo que a mí respecta, intento respetarlo salvo que haya cosas que surjan posteriormente, como la amistad por el curro, pero igual no está de más recordar que al trabajo se va a currar y no a hacer amigos y que la semana laboral no es el espacio entre borrachera y borrachera de fin de semana con tus compañeros de curro. Que sí, que cuando te desplazas a vivir a otro sitio y no hay nadie conocido cerca puede que sea tu círculo de amistades, pero ya os digo yo que mejor ser asceta que no tener secretos en la oficina. Que luego todo se sabe.

Eso por no hablar de las típicas discusiones por diferentes puntos de vista o el no discrepar porque es tu coleguilla y esas mierdas que luego hacen que no se avance en el curro. Vamos, lo normal.

8. Querer ser alguien que no podrás alcanzar

Algo que el nuevo sector tecnológico pasa mucho. Desde el vamos a dar guerra al mismo Google con nuestra tecnología (es decir, vamos a ver si les vendemos esta mierda a medio desarrollar) a acabamos de crear la primera aplicación para algo-de-lo-que-ya-hay-millones-de-aplicaciones-pero-es-que-somos-así, hay luego otras muchas mierdas.

Y eso ya por no hablar del grado de epicidad que está alcanzando el vendehumismo aplicado al yo soy mi negocio y tengo una marca personal de la hostia porque tengo más de 5000 contactos a los que spammeo en Linkedin salvajemente y a los que abraso la puta vida con 1000 tuics al día. Luego soy yo el pesado en Twitter.

Vamos, que no nos vamos a convertir en el próximo Enrique Dans (ni falta que hace) ni es probable que de España (ni de Europa) surja el próximo gigante tecnológico. Sobre esto último, dar mi más sincera enhorabuena en forma de aplauso en la cara al primero que decidió que llevar la producción a esos países para hacer transferencia tecnológica. Lo que me lleva, en parte, al próximo punto.

9. Externalizar sin medida

Ya os he introducido la primera parte. Eso de llevarse a países con dudosos derechos democráticos (o dictaduras directamente) la producción y las fábricas a la vez que aquí se cierran y… oh, nos asombra que el paro crezca. OH, ALBRICIAS, QUE EL CONSUMO SE RETRAE. A más de uno habría que retraerle la mandíbula de un patadón.

Pero aparte de eso, externalizar en muchos casos ofrece peores resultados. Desde una pérdida de control en actividades críticas para el día a día de la empresa; por ejemplo, externalizar la producción cuando sólo eres una marca vacía de contenido puede parecer una idea de negocio cojonuda. Hasta que tus clientes hablan con tus proveedores y como tú no aportas ningún valor nada más que el contacto, te empiezan a puentear y te quedas sin negocio. Y estas cosas se descubren rápido. Especialmente si vamos hablando del siguiente punto (eh, qué bien encadeno las cosas, ¿a que sí?

10. Putear a tus proveedores

Pagarles tarde. Ratonearles dinero en base a un supuesto contacto con el cliente. No pagarles porque su trabajo no ha sido satisfactorio y otras maneras básicas y sencillas de provocar que alguien pueda probar si es más resistente un bate de beísbol o los huesos de tus rodillas. Lo normal, vamos.

Eso por no hablar de tratar a tus proveedores como a perros rabiosos a los que escupes las sobras de la comida que no quieres. Sí, siempre habrá alguien desesperado por unas facturas a pagar que asumirá no dormir como algo normal para poder dar de comer a sus hijos o pagar a sus empleados. Claro que normalmente tú esas cosas no las vas a pensar porque nunca has estado en su situación. Ni lo vas a estar. Ya. Si nos conocemos todos.

11. La desidia del día a día

Vamos a por una de esas cosas que no sabe hacer mucha gente. Motivar.

Cada día en el curro ha de ser diferente. No se me ocurre mayor castigo al estilo de las tareas de Sísifo que trabajar en un sitio aburrido con una rutina que hace que desees salir de currar justo antes de poner un pie en tu curro. Si encima tienes un jefe al que le puede la desidia o ves que los demás son más desidiosos que el copón y todo el mundo pasa de hacer nada, verás como poco a poco van cayendo la productividad, las ventas y todo lo demás.

12. No saber gestionar el crecimiento

pues ya sabes. Lo de irse a Latinoamérica sin tener una cuota de mercado que te permita realizar las inversiones con cierto desahogo. No saber cuándo la plantilla está a punto de fenecer de tareas pendientes porque está trabajando a tope. Irte a Asia sin tener ni la más remota idea de cómo funcionan las cosas allí y que te roben la idea. Y otras tantas cuestiones más que hacen que todo sea divertido y en unos meses te encuentres con un agujero espantoso que no vas a ser capaz de tapar.

Estas cosas pasan. Ojo, no todas vienen producidas por la inutilidad o la falta de escrúpulos de los empresarios o los jefes que van a heredar la empresa. Muchas veces también viene porque la gente no sabe gestionarse sus propias cosas porque no son precisamente adultos, sino niños caprichosos que se cabrean y dejan de respirar porque sí. Todo muy lógico.

Así que si quieres salvar tu negocio, tu idea, tu vida (más en un país como éste en el que sólo los desalmados con grandes fortunas y/o contactos infernales están a salvo del fracaso), en cuanto veas alguna de estas señales, pon remedio.

Fotografía vía Shutterstock.


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J. Esteban Mucientes

Sobre J. Esteban Mucientes


Conocido como @mediotic, es consultor freelance, enfocándose en los medios sociales, especialmente mostrar a través de la formación la utilidad de las redes sociales para cualquier tipo de negocio o colectivo colaborando de manera estable con Vital Innova. Escribe en su blog mediotic.info, en el que da salida a temas relacionados con el Social Media y temas de primera ayuda para gestionar redes sociales (aparte de denunciar el humo). Según parece, pertenece a la Junta Directiva de AERCO-PSM. Vamos, que lo mismo te descose un roto que te rompe algo ya cosido. O algo así