1 de mayo.

Día del Trabajo, del trabajador.

Con más de seis millones de parados, pensar en celebrar el Día del Trabajo resulta casi un chiste de humor negro, una broma de mal gusto. Seis millones de personas sin trabajo, que no pueden trabajar. Da vergüenza considerar celebrarlo. Provoca incluso hasta ternura pensar que hace 10 años en este día se pedían mejores sueldos, mejores condiciones, formación en las empresas y medidas de conciliación y ahora lo único que se pide es un trabajo, una manera de ganarte el pan, de poder sacar adelante tu vida y la de tu familia.

Ahora mismo la palabra trabajo provoca automáticamente el pensamiento: paro, pero no siempre fue así. No siempre hemos asociado la idea de tener un trabajo a la idea de no tenerlo, de poder perderlo, de no encontrarlo, a la idea de tener que emigrar para poder trabajar. A lo largo de nuestra vida la palabra trabajo ha tenido muchos significados y hoy es un buen día para recordarlos.

1. El trabajo de tus padres fuera de casa

Cuando eres pequeño el “trabajo” de tus padres es sencillamente algo que les hace irse de casa y no estar contigo. Es una actividad a la que tienen que ir todos los días como tú al colegio y que les hace madrugar y llegar a casa muy cansados. En ese sitio misterioso al que van a pasar el día hay compañeros y un personaje conocido como “el jefe” y que en tu mente de niño imaginas como una especie de profesor que a lo mejor no enseña pero que manda sobre tus padres.

El trabajo de tus padres es lo que hace que no estén en casa y que solo tengáis unos pocos días para estar de vacaciones juntos.

2. Tu trabajo en el colegio

Misteriosamente tu profesora del colegio también utiliza la palabra “trabajo” cuando haces fichas, lees, haces sumas, restas, multiplicaciones, divisiones o lo que sea. “Tienes que trabajar más” te dice y entonces empiezas a usar esa palabra, trabajo, para describir lo que haces en clase. “Hoy he trabajado mucho en el colegio”.

3. Trabajos forzados

Ves una peli de canijo, probablemente de la II Guerra Mundial. Algo como “La Gran evasión” o “Evasión o victoria” y aparece un concepto raruno: “trabajos forzados”. Hombres en monos o con uniformes de prisioneros o semidesnudos de cintura para arriba dan con mazas en piedras con un propósito no muy claro y que no parece tener mucho sentido. Están condenados a “trabajos forzados”, es un concepto aterrador y que a ti como niño te parece cansadísimo y sobre todo solo al alcance de tíos muy fuertes. Miras a tu padre y piensas que no ves claro que él pudiera hacer “trabajos forzados”.

4. Las tareas del hogar

Las mil y una cosas que hay que hacer en casa también son trabajo. Creo que uno de los peores que hay porque te sientes como Sísifo. Es un trabajo que no se acaba nunca: barres y tendrás que volver a barrer, friegas y tendrás que volver a hacerlo, la lavadora, tender, planchar, quitar el polvo, ordenar armarios, cocinar, cocinar, cocinar, fregar cacharros, poner el lavaplatos, recogerlo, volverlo a poner, la aspiradora, barrer, fregar… y así eternamente. Es un trabajo muy desagradable, que no se acaba nunca y que además dura muy poco tiempo “hecho”. Roba muchísima energía, es una fuente de frustración constante y genera muchísimo mal rollo familiar.

5. Trabajar en equipo

Este es un concepto de la palabra trabajo que va cambiando mucho con la edad. La primera vez que te lo dicen en el colegio parece divertidísimo, una juerga. Juntarte con tus tres mejores amigos y en una cartulina gigante hacer algo sobre volcanes, selvas, tu ciudad, tu barrio o el aparato digestivo. Según avanzas en el ciclo formativo cada vez te mola menos lo del trabajo en equipo porque ya sabes que eso normalmente significa que hay un par que curran y otros tantos que se tocan las narices o no tienen tiempo o no se les ocurre nada o lo que se les ocurre es tan horrible que casi sería mejor que se callaran.

Cuando por fin te lanzas al mundo laboral y tienes que trabajar en equipo las experiencias pueden ir desde las dignas de estar en el primer círculo del infierno hasta las más maravillosas. Eso sí, cuando encuentras a alguien con el que puedes trabajar, formando un equipo de verdad que se complementa, retroalimenta y que crece como equipo haciendo a la vez que cada uno de los que lo forman crezcan individualmente, es de lo mejor que te puede pasar en la vida.

6. ¿Estudias o trabajas?

Esta es una frase de viejunismo total que supongo que ya no se dice ni para ligar ni para nada. Ahora mismo se utiliza la frase “¿A qué te dedicas?” No sé si por pánico a que te digan “No tengo trabajo” o porque parece más “cool” dedicarse a algo que “trabajar”. Dedicarse suena a más vocacional, a más entrega… y trabajar parece que se hace más por dinero. Lo sé, es una apreciación completamente subjetiva y sin sentido pero es así.

7. Hace falta tener un trabajo para vivir

En algún momento, según vas creciendo, te das cuenta de que el trabajo de tus padres que les mantiene fuera de casa es vital para la supervivencia. Tus padres no van allí por gusto (o no siempre), van porque a cambio de lo que hacen allí reciben un sueldo, un dinero que sirve para pagar todo lo que ves a tu alrededor. Cuando llegas a la adolescencia y ya eres plenamente consciente de lo que significaría que tus padres no tuvieran trabajo… te entra uno de los primeros ataques de vértigo existencial de tu vida y de consciencia de la suerte que has tenido hasta ahora.

8. Tu primer trabajo

Ese gran día en el que por fin vas a tu primer trabajo. Un trabajo como el que tenían tus padres, uno por el que van a pagarte. Hasta ese momento es posible que hayas tenido ocupaciones temporales: dando clases, de camarero, de ayudante de algo, una beca pagada o cualquier cosa por el estilo, pero no. Hoy es distinto, hoy vas a tu primer trabajo sobre el que te planteas organizar tu independencia, el primer trabajo con el que piensas pagar todo lo que necesitas para vivir y haces cuentas permanentes de si te dará, no te dará. Sientes vértigo económico y sobre todo vértigo existencial, es imposible no sentirse un poquito fraude, un poquito “espero que no se note mucho que realmente no tengo mucha idea de lo que tengo que hacer”. Además está la presión del entorno, el jefe, los compañeros. Tu primer trabajo “de verdad” con todo lo que eso supone.

9. Cambiar de trabajo

Al trabajo te acostumbras. Pasados unos días, unos meses, una temporada más o menos larga uno coge el truco, el tranquillo, entra en una rutina con sus altibajos según épocas pero se siente “cómodo” en él. Se pasan épocas mejores y peores pero deja de haber sorpresas. Y de repente un día decides o te salta la oportunidad de cambiar de trabajo y vuelve esa sensación de vértigo casi del primer trabajo. Dejas atrás algo conocido y hasta cierto punto “familiar” para lanzarte a algo nuevo, que obviamente parece mejor… pero que es desconocido y en el que sabes que tendrás que volver a acostumbrarte y a superar esa sensación de pensar “espero que no se me note mucho que estoy más perdido que un pulpo en un garaje” y el inevitable pensamiento de “¿me llevaré bien con mi nuevo jefe y mis compañeros?”

10. Cuando el trabajo es el infierno

El trabajo puede ser el infierno por muchos motivos que, para mí, básicamente se dividen en dos. Por un lado está el trabajo que te estresa y te come la vida. No te da tiempo a todo lo que tienes que hacer, corres, corres, corres, intentas llegar a todo y ves como se te escapa de las manos, como no das abasto, te acuestas y piensas en lo que no has hecho, en lo que tendrás que hacer mañana, haces lista, agendas, intentas organizarte y no llegas. Lo peor no es el estres, lo peor es la sensación de que vas a hacerlo mal porque en algún momento toda esa tensión petará por algún sitio. Un paso más allá está el día en que quieres que eso pase para librarte, para descansar…porque ya te da igual, es el trabajo o tú.

En el otro extremo está el trabajo también puede ser el infierno porque no lo sea. Llegar a un sitio y no tener nada que hacer. Querer hacer algo y que no te dejen. Que no te vean, que no te valoren. Horas y horas perdidas sin hacer nada, perdidas en un limbo laboral por el que te pagan pero que te está desgastando día a día. Te pagan no por usar tu tiempo sino por perderlo, tiempo que no recuperarás jamás y que además sabes que podrías utilizar en trabajar porque sabes hacerlo muy bien.

11. Quedarte sin trabajo

La Nada. ¿Qué harás? ¿Buscarás otro? ¿Lo encontrarás? ¿Y si no lo encuentras? Haces cálculos, todos los cálculos del mundo y alguno más. Redactas el curriculum, lo mueves. Nada. Aprovechar el tiempo para hacer otras cosas, no pensar, intentar no obsesionarte. Es imposible.

Todavía no ha pasado. Suena el despertador y te vas a trabajar dando gracias a quien sea porque todavía tienes trabajo e intentando no sentirte culpable por ello.

12. Trabajar en algo que te gusta

Pasado un tiempo en la vida, sospechosamente cerca de los 40, es muy común encontrar algo que te mola hacer, algo que te entusiasma. De repente tener claro a qué te gustaría dedicarte y creer que sabrías hacerlo medianamente bien. Por supuesto este maravilloso momento suele coincidir con el momento en que tienes más cargas familiares y económicas y esa motivación maravillosa en un primer momento no parece lo suficientemente segura como para cubrir esas necesidades. Así que trabajas en ella gratis, cuando puedes. Haces el trabajo por el que te pagan y luego robándole horas al sueño o a cualquier otra actividad trabajas en eso que te apasiona y te hace feliz y llena de significado parte de tu vida. Es trabajo, son horas de trabajar… pero la satisfacción es tanta que eres feliz.



1 de mayo. A lo mejor tenéis un trabajo qué os fascina, que os encanta. O un trabajo que os estresa pero que no podéis dejar ahora mismo. A lo mejor no tenéis trabajo y estáis en ese momento en que uno piensa “trabajaría en lo que fuera”. A lo mejor tenéis suerte y estáis a punto de empezar mañana una nueva aventura laboral, o habéis encontrado vuestra vocación y podéis vivir de ella. Incluso puede que alguno esté pasando el día ayudando a sus hijos con un trabajo del colegio…

Hoy es el día del trabajo, disfrutadlo sin trabajar o trabajando de otra manera.

Fotografía destacada cortesía de Chema Concellon via photopin cc.


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Sobre Molinos


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