El mundo rural. Ese espacio del que ya hemos hablado aquí y que a tantos y tantos de ciudad nos ha dado esos momentos diferentes y que no se viven por igual en la ciudad, nos pongamos como nos pongamos.

En los pueblos, al haber menos gente, se establece una relación de cercanía que ya quisiéramos los de la ciudad tener para nosotros. Relación de cercanía que puede ser buena o puede ser mala, eso ya es otra cosa. Pero de cercanía al fin y al cabo. Y esa cercanía también hace que determinados momento en la vida del pueblo sean capaces de revolucionarla. Algo que en ciudad también pasa pero pasa más desapercibido. Por lógica: hay más gente y menos relaciones estrechas entre los de ciudad. Quizá si buscáramos volver a una época en la que todo era más mejor y más tranquilo, podríamos rehumanizar las ciudades un poco, pero bueno, Me da que no va a ser posible.

1. Las fiestas

Las fiestas. El gozo. El jolgorio. La alegría. Esos días (entre dos y diez según el presupuesto del Ayuntamiento en cuestión y el hígado de sus habitantes) en lo que todo está más o menos permitido. Gente borracha por la calle, coches ocupando hasta el último metro cuadrado disponible de la localidad, los guardias civiles más tontos de la comarca para marcar territorio (los listos suelen cogerse esos días de vacaciones o irse a hacer controles en la otra punta de la comarca), gente disfrazada, peñas (las de ciudad no molan si no ha habido tradición), borracheras épicas… Y, por supuesto, alguna atracción de feria para los chicos y que no falten el chocolate con churros y las porras. Que eso viene más que bien cuando te has metido al pecho un par de litros de chintoni, que hace poso en el estómago. Y, por supuesto, dormir es de cobardes, al igual que ducharse, peinarse y demás, al menos por debajo de ciertas edades.

2. Los toros

Ya sea en forma de corrida, de cortes o de encierro (o como en mi pueblo, sacándola en la plaza de toros para que vengan los de fuera a cortarla), los toros son un acontecimiento fundamental en la vida de cualquier pueblo que se precie de nuestra geografía. A mí me llegaron a decir medio en broma medio en serio algo así como si te presentas a alcalde, no se te ocurra prohibir los toros no sé si como consejo o como amenaza, pero como acontecimiento social, tanto en fiestas como fuera de la época de fiestas, crean un microcosmos en el que la vida del pueblo se para. O bien la gente se queda en casa o bien se acercan al bar a tomar mil birras (éste es mi caso, lo reconozco) y si se entra en el recinto torístico es para hacer el monguer sin ningún tipo de problema. Es lo que hay. No me gustan los toros.

3. La vaquilla de los niños

Si hay un momento taurino por excelencia que no debería faltar en cualquier pueblo es la vaquilla de los niños. Ésa a la que no sale ningún niño y que cuando aparece en escena se recibe con un OOOOOOOOOOOOOOOOOOOHHHHHHHHHHHHHH más próximo a la visión de un gatito jugando con una madeja de lana. Justo después de esa expresión de cariño suele haber unos minutos en los que la vaca, más perdida que Aznar intentando celebrar el día del padre o habiéndose estabilizado en un punto de comodidad como Don Pimpón en una cama de velcro, mirará fijamente al tendido con cara de cordero degollado y entonces saltará uno de los valientes que suele llevar un capote, a darle unos tientos. Caben dos opciones: o que sea del pueblo y no se haya atrevido a saltar al morlaco que se haya podido permitir el Ayuntamiento (esto lo paga el Ayuntamiento, chicos, cuando en vuestro pueblo no haya agua potable, se lo reclamáis a los que mandan) o, la segunda opción, que ya se haya crecido el valiente que ha saltado al morlaco previamente y se dé el gustazo de arrimarse más. Siempre, eso sí, con más miedo que Curro Romero.

4. El circo

Titotiroriroriro, tirotiroriroriro, tito tito tito tito, tiroriroriroriro… Pues eso. Si a tu pueblo no iba el circo (o no va), es porque no está en el mapa. En mi pueblo han estado algo así como 3 ó 4 veces que yo recuerde y era todo un acontecimiento. Tigres, tigres, leones, leones, todos quieren ser los campeones. Y lo mal que olía el año que llevaron a un elefante pequeñico, que el olor a hierba recién cortada será maravilloso, pero éste cagaba mierda sin sentido. Ah, y no te esperes al Gran Circo Mundial, porque aquí suele venir el Gran Circo Ruso de los Urales o algo así. Aunque también tiene su encanto.

5. Comilonas comunales

Siempre hay una buena excusa para hacer una buena comilona. Que si una caldereta, que si un guiso con las vacas del encierro, que si una paella… De hecho, esto último es lo que hacemos en la asociación que tenemos en el pueblo y es una fórmula para juntar a todo el mundo en el pueblo, que hablen entre ellos, se lo pasen bien y además intimen un poco. Para mí uno de los mejores momentos que puede haber a lo largo del año en el pueblo porque además la gente demuestra su civismo y tardamos en recoger las cosas cero coma.

6. Forasteros/as

No me refiero al personaje del forastero que ya vimos en su momento, sino a cuando de repente llega alguien al pueblo y se establece allí. Puede ser de otro pueblo para vivir la senectud acompañado (sobre todo si el otro pueblo no tiene ni bar ni ningún otro servicio) o directamente algún espontáneo o espontánea que llega y se queda. Aquí también hay dos tipos: quien se adapta o quien tiene más jeta que espalda, monta un bar, se emborracha todos los días, acaba saliendo con cajas destempladas de allí y luego te enteras que le han quitado la custodia de los churumbeles porque al final ni les daba de comer, que lo que sacaba currando iba para alpiste. Y esto es una historia real. En fin.

7. Una boda

Ríete tú de las bodas gitanas del programa de la tele. Esto mola mucho más. Esas señoras que sin estar invitadas a la boda se acercan a la salida para criticar (tanto para bien como para mal) a los novios, invitados y familia. Aunque realmente es un espectáculo efímero (en muchos pueblos el banquete tiene que celebrarse en otro pueblo), siempre tiene algún momento en los momentos previos a la boda que suele irse de las manos: las despedidas de soltero que pueden ser de los machos invitados a la boda junto con el novio (probabilidades de liarla sea como sea, muchas) o luego de todos y todas juntos y juntas donde también se puede liar. Cómo no. Pero ya no es lo mismo.

8. Una riña

Familias y amistades rotas. Sueños finalizados. Lloros. Sollozos. Puerto Hurraco. Ehm, pues eso, que en los pueblos se es de reñir mucho. A ver, no como en Puerto Hurraco. La mayor parte de las veces las riñas se resuelven de una manera mucho más civilizada que en la ciudad: un par de insultos, un como te vuelva a ver te mato, familias que no se hablan y poco más; bueno, alguna mirada desafiante y algún que otro pueblo en el que la historia de Romeo y Julieta se ha reproducido, pero esto tampoco es tan frecuente. En la ciudad en el momento del primer insulto ya estamos poniendo al abogado de por medio. Porque somos unos flojos. En los pueblos se pone a la Guardia Civil y luego ya de abogados ya se hablará. Pero no suele llegar la sangre al río, no os preocupéis, que igual pensáis que nos ocultan los Puerto Hurraco que hay todas las semanas.

9. Un nacimiento

Ahora que parece que hay más nacimientos (los baby boomers parece que les ha dado a todos por follar a la vez) quizá ya no sea tan acontecimiento, pero en ciertos pueblos en los que la población está muy envejecida y hay mucha más gente por encima de los 70 que por debajo de los 40, un nacimiento es algo que llena de gozo y alegría. Porque siempre es una nueva vida la que llega a este mundo de mierda. Y porque seguro que es familia de medio pueblo, así que ya la tenemos liada. Y para bien 🙂

10. Un nuevo cura

¿Qué pueblo no tiene iglesia? Y a esa iglesia hay que darle un poco de vidilla. Que si unos rosarios, unas misas, unas letanías… y, sobre todo, evitar que se caigan o que roben lo que haya dentro de la iglesia, que en muchos casos hay obras de arte que ya quisieran tener algunos museos. Pues eso, que la vida pasa y que en los pueblos el cura, aparte de ser una institución en sí mismo, pues de vez en cuando la palma o le mandan a algún otro sitio. La llegada de un nuevo cura siempre causa polémica: que si fíjate qué joven y guapo, que si qué bien habla, que si ha estado en misiones, que si va al bar, que si fuma… Eso sí, qué bien confiesa a las beatas y qué bien escucha a los pecados inexistentes de esas personas que trabajan de sol a sol en sus casas, no salen de debajo del brasero y aun así pecan de omisión o de mente. Ains, qué perecilla.

11. Los Quintos

Que sí, que la fiesta tenía su razón de ser cuando había servicio militar y que ahora, fíjate, que hasta hay mujeres celebrando los Quintos. Habráse visto. Bueno, pues sí, que la fiesta de los Quintos mola mil y, sin entrar en la edad de celebración, en mi pueblo me lo pasé como un enano tomando durante 3 días seguidos patxaranes y alguna que otra cerveza. Tres días en los que duermes poco, bebes mucho, comes bastante (ese lechacico asado en horno de leña que nos apretamos…) y haces el bestia un poco porque en mi pueblo se celebra el último fin de semana del año, con lo que puede dar mucho juego si justo toca el día de los Santos Inocentes. Eso sí, luego si alguien hace el bestia, la culpa es de los Quintos, aunque nosotros no pusimos el contenedor en la puerta del comercio de Caparranas, pero se nos echó la culpa. Ya ves.

12. Un fallecimiento

Una vida que acaba por causas naturales es un acontecimiento, pero siempre hay alguno peor que llena de consternación a todo el pueblo como un accidente de coche o un accidente laboral cuando no se espera. Ya no digamos nada si esos fallecimientos se producen de manera grupal, falleciendo varios integrantes de una misma familia o un grupo de amigos. El horror. Y una pena.

Pues eso, que esto es lo que hay. Los momentos que más recuerdo y que se convierten en momentos del pueblo, por y para él.

Imagen destacada de Ramón Peco, con licencia Creative Commons.


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J. Esteban Mucientes

Sobre J. Esteban Mucientes


Conocido como @mediotic, es consultor freelance, enfocándose en los medios sociales, especialmente mostrar a través de la formación la utilidad de las redes sociales para cualquier tipo de negocio o colectivo colaborando de manera estable con Vital Innova. Escribe en su blog mediotic.info, en el que da salida a temas relacionados con el Social Media y temas de primera ayuda para gestionar redes sociales (aparte de denunciar el humo). Según parece, pertenece a la Junta Directiva de AERCO-PSM. Vamos, que lo mismo te descose un roto que te rompe algo ya cosido. O algo así