Para ganarte una futura gloria y ayudar a que tu genio y tu obra crezcan después de tu muerte, nada mejor que acometer la muerta por tu propia mano.

¿Es eso lo que tenían en mente algunos de los famosos escritores que acabaron su vida suicidándose? También se dice que a menudo los artistas y todo aquel que se dedica a la creación lleva una vida convulsa y llena de altibajos. Las más originales creaciones a menudo salen de las mentes más turbulentas, oscuras e inestables y no de las cabezas bien amuebladas.

De lo que no hay duda es de que dentro del gremio de los escritores, el suicidio ha sido una práctica bastante común… ¿O quizá es que al haber tantos escritores célebres, muchos conocemos una amplia muestra de escritores suicidas?

Sea como fuere, ahí va una docena de muestra:

1.Sylvia Plath

Poeta norteamericana (1932 – 1963), autora de un amplia selección poética (El Colosso) y miembro de la llamada poesía confesional, iniciada por Robert Frost. Su mente despierta y lúcida también le jugó malas pasadas: en su vida fueron frecuentes los intentos de suicidio y las depresiones. Estuvo casada con el también escritor Ted Hughes,con quien tuvo un hijo, Nicholas, que nació un poco antes de la separación de ambos. Con treinta y un años, enferma y sin dinero, Plath puso fin a su vida en Londres, el 11 de febrero de 1963.

2. Ernest Hemingway

Probablemente es el escritor suicida por excelencia y un orgullo literario para los americanos. Periodista y escritor mundialmente conocido, recibió diversos premios por su obra (Premio Pulitzer, en 1953, y Premio Nobel de Literatura, en 1954). Fue miembro del llamado grupo de la Generación Perdida y viajó por numerosos países y vivió en otros tantos (Cuba, Francia y España, entre otros). Trabajó como corresponsal en la Guerra Civil Española.

En la década de 1950, decidió regresar a una vida más tranquila y para ello compró una casa en Ketchum, Idaho, adonde se mudó con su esposa de entonces, Mary. Fue entonces cuando sus intentos de suicidio empezaron a sucederse. En uno de estos intentos, Hemingway fue retenido en el hospital y devuelto a su casa a las pocas semanas. Nada ni nadie pudo evitar que lo llevara a cabo, el 2 de julio de 1961. Ahora se cree que, en aquel momento, Hemingway padecía una enfermedad genética, la hemocromatosis, basada en la incapacidad para metabolizar el hierro, lo que da lugar a un deterioro físico y mental. Los hermanos de Hemingway también la padecieron y tanmbién se suicidaron. A ello, además, hay que añadir, el pasado de alcoholismo de Hemingway, que acrecentó sus dolores y aceleró su enfermedad.

3. Stefan Zweig

Fue un escritor austríaco de origen judío, si bien la religión judía nunca estuvo demasiado presente en su educación. Escribió numerosos relatos, novelas (Carta de una desconocida) y biografías. En la década de 1930, se trasladó a Londres ante el auge del nacionalsocialismo. Más tarde, viajó por toda Sudamérica hasta instalarse definitivamente en Brasil. Mientras, en Alemania, sus libros eran prohibidos por el régimen.

Fue en Petrópolis, Brasil, en febrero de 1941, cuando Zweig y su esposa decidieron acabar con su vida, desolados ante el avance de Hitler en Europa y convencidos de que el nazismo acabaría por extenderse por gran parte del mundo.

4. Mariano José de Larra

El único autor español de la docena formó parte del movimiento romántico en España. Aunque cultivó todos los géneros, se consagró en el periodismo, que le valió, en gran medida, su fama posterior. Vivió de cerca el turbulento siglo XIX español, pero al final de su vida, era grande su decepción ante la política y la sociedad española. La separación de su mujer, Dolores Armijo, no hizo sino aumentar su pena y su pesimismo.

Así, en la noche del 13 de febrero de 1937, se suicidó de un pistoletazo en la cabeza. Unos minutos antes, había mantenido una conversación con su mujer, Dolores, quien le aseguró que no había ninguna posibilidad de salvar su relación. Larra solo tenía veintisiete años.

5. Cesare Pavese

En realidad se llamaba Santo Stefano Belbo y es hoy uno de los más importantes poetas italianos del siglo XX, y además de escribir, tradujo muchas obras al italiano. Militó en círculos antifastistas y, después de la Segunda Guerra Mundial, se adhirió al partido comunista.

Su vida estuvo siempre envuelta en un gran malestar y una enorme soledad, soledad que para Pavese era a la vez una inspiración y un castigo. En 1950, se quitó la vida ingiriendo una elevada cantidad de barbitúricos.

6. Virginia Woolf

La célebre novelista y ensayista inglesa hoy habría sido catalogada como bipolar, al igual que Sylvia Plath. En su momento, Woolf tuvo que lidiar con constantes depresiones, migrañas e impulsos suicidas, que se sucedieron durante toda su vida. Woolf fue una de las grandes renovadoras de la novela en la primera mitad del siglo XX (Orlando, Las olas), a la altura de Joyce o Proust. Estuvo casada con Leonard Woolf, de quien tomó el apellido, lo que no le impidió desarrollar una sexualidad ambigua y mantener relaciones con mujeres.

El 28 de marzo de 1941, Virginia Woolf se llenó de piedras los bolsillos de su abrigo y se ahogó en el río, escena que aparece representada en la apertura de la novela y película de Las horas.

7. John Kennedy Toole

Su nombre permanece a la sombra de su obra principal: La conjura de los necios. John Kennedy Toole fue un autor del sur de Estados Unidos que desarrolló su obra en la década de 1960. Fue un hombre atormentado y que vivió rodeado de una pesada sensación de vacío y fracaso. El rechazo del manuscrito de su novela La conjura de los necios lo sumió en un profundo pesimismo, que lo condujo al alcoholismo.

En 1969, a los 31 años de edad, se suicidó, profundamente deprimido y convencido de que nunca llegaría a ser un buen escritor. Sin embargo, su novela La conjura de los necios, sí fue publicada, gracias a los desvelos de su madre, Telma Toole, y en seguida se convirtió en una obra de culto, llegando a obtener el Premio Pulitzer (1981). Su otra novela, que Toole escribió con solo dieciséis años, se titula La biblia de neón, y en ella se basa el primer álbum del grupo musical Arcade Fire.

8. Horacio Quiroga

Podría hacerse una lista solo con escritores argentinos que se suicidaron. Horacio Quiroga es uno de los que se sumaría inmediatamente a la lista.

Horacio Quiroga fue un autor modernista de cuentos y relatos breves y hoy poco conocido a pesar de la maestría y agudeza de sus cuentos (Cuentos de la selva; Cuentos de amor, locura, muerte). Sus historias, ambientadas narradas en un tono rápido, preciso y concentrado, presentan situaciones sobrenaturales y a menudo terroríficas, donde es frecuente encontrar la lucha entre la vida y la muerte.

Precisamente la muerte rodeó la vida de Quiroga de una manera persistente y fatal: su primera mujer también se suicidó y él mató por equivocación a su mejor amigo, mientras probaba un arma; su mujer se suicidó y El propio Quiroga decidió poner fin a su vida bebiendo un vaso de cianuro, al enterarse de que sufría un cáncer de próstata. Era el 19 de febrero de 1937.

9. Primo Levi

Autor italiano de origen judío sefardí, es conocido por sus testimonios de la vida en un campo de concentración nazi, que recogió en la obra Si esto es un hombre. Al parecer, Primo Levi se quitó la vida en el 11 de abril de 1987, arrojándose al suelo desde un tercer piso. Sin embargo, los estudiosos de su biografía y de su obra niegan que se tratase de un suicidio, tienendo en cuenta las circunstancias del autor en aquel momento y la ausencia de una nota de suicidio.

10. Alfonsina Storni

Alfonsina Storni fue una poeta argentina, nacida en Suiza en 1982. Su suicidio está envuelto un halo romántico y ha quedado para siempre marcado en el recuerdo de muchas personas gracias a la canción de Alfonsina y el mar, popularizada por Mercedes Sosa en la década de 1970. La difusión de esta canción fue tal que se creó una leyendo en torno al verdadero suicidio de Storni, llegándose a creer que la letra de la canción era la nota de despedida de la autora antes de morir. En la canción se sugiere, además, cómo Alfonsina se introduce lentamente en el mar y se deja ahogar. La realidad, por el contrario, es diferente: la autora se quitó la vida arrojándose al mar desde una escollera.

11. Yukio Mishima

El autor de Confesiones de una máscara llevó una vida marcada por la represión y las contradicciones. Escritor homosexual, nacionalista y simpatizante del fascismo, sintió desde muy joven una extraña fascinación por la muerte y la violencia.

Después de la Segunda Guerra Mundial, asistió a la pérdida progresiva del Japón tradicional en favor de la occidentalización del Japón. Esta circunstancia provocó gran rechazo entre los defensores de preservar la identidad del pueblo nipón. Como forma de protesta, Mishima y su compañero Masakatsu Morita, se dirigieron a un cuartel del ejército la mañana del 25 de noviembre de 1970 y, tras pronunciar un sonoro discurso, se quitó la vida por medio del seppuku o harakiri.

12. Alejandra Pizarnik

Alejandra Pizarnik fue una poeta argentina de origen judío centroeuropeo. Pizarnik sufría lo que hoy se conoce como Trastorno Límite de Personalidad. Su vida de Alejandra Pizarnik estuvo marcada por profundas depresiones, en las que se entremezclaban períodos de euforia e insomnio. Tal vez a causa de o gracias a estas circunstancias, la autora desarrolló una poesía única y genuina, con marcados tonos surrealistas y no exenta de angustia, vacío y una sexualidad compleja e insatisfecha.

Los intentos de suicidio se sucedieron a lo largo de los últimos años de su vida. Finalmente, se mató el 25 de septiembre de 1972, ingiriendo 25 pastillas de barbitúricos, precisamente durante un fin de semana en que salió del hospital psiquiátrico donde se encontraba ingresada.

La lista podría seguir, pero basta con esta pequeña muestra de grandes genios literarios que han pasado a la historia a través de su obra… Y quizá las circunstancias que rodearon sus vidas y, sobre todo, sus muertes, hayan ayudado a una mayor difusión de su fama póstuma.

Fotografía vía Shutterstock.



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Sobre María Nogueira


Filóloga y profesora, nacida en Andalucía pero adoptada por Madrid. Inquieta, creativa y autodidacta, aficionada a la literatura, el cine, la tecnología, la educación, el lenguaje y un poco de casi absolutamente todo.