Por todos es sabido que la mayoría de los escritores están un poco jamados de la cabeza y aunque todavía está por desvelar si el loco se dedica a la escritura o la escritura le vuelve a uno loco, la historia de la literatura tiene un buén número de muestras sobre el asunto.
Bien sea por una existencia azarosa, bien por una muerte dramática o por una madre en exceso posesiva, he seleccionado una docena de autores cuya vida bien podría valer una novela, convencido de que sin esa locura jamás habrían llegado a ser los genios que fueron.

1. Virginia Woolf

El 28 de marzo de 1941, Virginia Woolf lleno su abrigo de piedras y se adentró en el cauce de un rio cercano a su casa. La nota póstuma que dejó a su marido comenzaba con la frase: “Siento que de nuevo voy a enloquecer”, resumen perfecto de lo que había sido la existencia de esta genial escritora. Nacida en el seno de una familia que se codeaba con la flor y nata de la intelectualidad británica de principios del siglo XX, la vida de Virginia Woolf siempre estuvo marcada por profundos estados de depresión. El primero de ellos llegó a la muerte de su padre y la futura escritora quedaría sumida en un estado casi catatónico que necesito de su hospitalización. Tras superar la crisis se establece con sus hermanos en el barrio de Bloomsbury donde comenzarían a celebrarse una serie de reuniones integradas por intelectuales de la talla del filósofo Bertrand Russell y el economista John Maynard Keynes que darían lugar al llamado Círculo de Bloomsbury. Es en esa misma época en la que Virginia comienza a escribir para una revista literaria no siendo hasta 1915 que se publica su primera novela Fin de viaje en la que ya queda patente su intención de prescindir de esquemas narrativos clásicos en la literatura eliminando la acción en la narración y sustituyendola por el monólogo interior del que sería creadora. En 1912 contrae matrimonio con Leonard Woolf, también del Círculo de Bloomsbury. Con Leonard, más amigo que amante, funda la editorial Hogarth Press donde Virginia publica sus obras a las que se suman las de T. S. Eliot y Sigmund Freud entre otros. Virginia que sufrió abusos sexuales por parte de sus dos medio hermanos, siempre tuvo una postura ambivalente sobre la sexualidad y a la par que su matrimonio mantuvo una relación lésbica con la poetisa Vita Sackville-West a quien Virginia regalaría en el año 1928 la obra titulada Orlando. Tanto su ambivalencia frente a la sexualidad como su firme feminismo son temas recurrentes a lo largo de su obra, en especial en el ensayo Una habitación propia donde analiza el papel de la mujer en la sociedad eduardiana y en los años posteriores. Víctima probablemente de los abusos sexuales y de la sociedad en la que le tocó vivir Virginia Woolf, que según se dice sufría trastorno de bipolaridad, llego hasta su límite nada más finalizar la que sería su obra póstuma Entre actos, perfecto resumen de las preocupaciones que le terminarían llevando al suicidio.
Virginia Woolf

2. Robert E. Howard

El creador de Conan el cimmerio, Solomon Kane y Red Sonya entre otros, tuvo una infancia marcada por las enfermedades. Esta condición de debilucho provocó en su madre un instinto sobreprotector del que el escritor jamás pudo liberarse, de tal forma que cuando su hacedora entró en coma debido a la tuberculosis que sufría, Howard se pego un tiro en la cabeza incapaz de imaginar un mundo sin su madre.

Robert E. Howard

3. Edgar Allan Poe

El 3 de octubre de 1849, un delirante Edgar Allan Poe fue encontrado en las calles de Baltimore. Las ropas que vestía no eran suyas y a pesar de ser trasladado de inmediato a un hospital donde se le prestó atención médica, en ningún momento fue capaz de explicar que es lo que le había sucedido. Murió a los pocos días víctima, según los periódicos de la época, de una inflamación cerebral, que en aquellos tiempos venía a ser el eufemismo utilizado para determinar la causa de la muerte de aquellos que contaban con según que hábitos perniciosos como el alcoholismo o el consumo de drogas. En este sentido ayudó y mucho el propio Edgar que durante sus 40 años de vida bebió más de lo que una persona normal puede soportar además de demostrar una conducta errática que traspasó los límites de lo “extraño” para convertirse a los ojos de sus coetáneos en “irracional”. Víctima de un estricto padre adoptivo que jamás consintió en darle sus apellidos y de una madrastra que le quiso demasiado, Allan Poe pugnó siempre por demostrar ante ellos una independencia que nunca terminó de lograr con su escritura. También ayudaron para perpetuar esta imagen que del escritor se tiene, las soflamas publicadas por Rufus Wilmot Griswold, enemigo de Poe y del que incomprensiblemente se convirtió en albacea literario en las que se pintaba al escritor como un drogadicto y alcohólico impenitente. Para consolidar esta imagen Griswold llegó a falsificar cartas de Edgar en las que confesaba su consumo de estupefacientes, siendo esta la causa y figura del escritor aceptada durante muchos años. Pero la teoría impuesta por Griswold sobre la muerte del llamada padre del relato corto, no terminó de convencer a algunos por lo que años después del fallecimiento comenzaron a barajarse posibilidades que iban desde el saturnismo hasta la rabia, pasando por el cólera. De entre todas la más curiosa es la teoría que, sostenida en que el día en que se encontró a Allan Poe fue una jornada electoral, afirma que el escritor fue víctima de un timo propio de la época en el que se emborrachaba a un transeúnte y se le cambiaba de ropas para que votara varias veces por el mismo partido.

Edgar Allan Poe

4. H.P. Lovecraft

Que Lovecraft estaba jodido de la cabeza es algo que se demuestra fácilmente con la lectura de muchos de sus cuentos. Heredero directo de Edgar Allan Poe, y amigo íntimo de Robert E. Howard, Lovecraft vivió siempre bajo el ala de una madre hiperprotectora que dado su deseo de haber tenido una hija, vistió de niña durante años al futuro escritor y creador del horror cósmico. Este influjo se acrecentó con la muerte de su padre por neurosífilis, pero a la luz de los acontecimientos aventuro que no fue la de su madre la influencia más importante en la vida de Lovecraft a pesar de que le convirtiera en un misógino recalcitrante y en un racista consumado, y otorgo este papel de forma absolutamente personal a la comida. A ningún niño le gusta el pescado pero este odio acostumbra a desaparecer con el paso de los años. Este no fue el caso de Lovecraft que, gracias a una intoxicación sufrida de pequeño, siguió odiando el pescado en su edad adulta convirtiéndolo en los seres de pesadilla que poblaron sus letras. Fue también su especial relación con la comida la que terminó con los días de Lovecraft a la edad de 46 años. Acostumbrado a alimentarse a base de helados nunca prestó demasiada atención a la desnutrición que sufría y le debilita continuamente. Cuando finalmente los dolores le decidieron a ponerse en manos de los médicos era demasiado tarde y falleció semanas después víctima de un cáncer intestinal.

H.P. Lovecraft

5. Emilio Salgari

En principio el padre de Sandokan fue un tipo normal y corriente. Italiano hijo de comerciantes desarrolló pronto la afición por la escritura que le haría famoso y en 1883 publicaría con 23 años su primer relato. Pero no todo es lo que parece y en el año 1889 el padre de Emilio Salgari decide pasar a mejor vida por su propia mano antes de ser llamado por la parca. Pasados tres años del fallecimiento de su padre, Emilio Salgari se casa con una actriz que tiempo después comienza a mostrar evidentes signos de locura lo cual no se sabe si despierta o acrecienta el desequilibrio del escritor pero que tiene como desenlace fatal el suicidio del escritor mediante la ancestral técnica japonesa del seppuku dejando cuatro hijos, dos de los cuales Romero y Omar, también se quitarían la vida años después.

Emilio Salgari

6. Sylvia Plath

Escritora precoz, Sylvia Plath publicó su primer poema a los 8 años de edad. Su padre moriría en ese mismo año y este hecho, sumado al transtorno de bipolaridad que sufrió a lo largo de su vida, dejaría marcado el resto de su existencia. Enmarcada dentro del género de la poesía confesional, su obra está plagada de tintes autobiográficos reflejando entre otras visicitudes su primer intento de suicidio en su única novela La campana de cristal. Casada y engañada por su primer y único marido Sylvia Plath escribió “Morir es un arte, como todo. Y yo lo hago excepcionalmente bien”, algo que le costo varios intentos demostrar y que no logro hasta el año 1963 en el que, tras aislar debidamente a sus hijos en una habitación, encendió el gas que acabo con su vida a los 30 años, víctima además de su propia enfermedad, de esas sociedad estadounidense basada en un falso puritanismo y en unas apariencias que la poetisa jamás quiso aceptar.

Sylvia Plath

7. Yukio Mishima

A pesar del intento de Emilio Salgari, la muerte por seppuku más famosa de la historia de la literatura es la de Yukio Mishima. Este escritor japonés, jodido de la cabeza como el que más, desarrollo una carrera literaria en la que era una constante el lamento por el honor que el Japón perdió ya con anterioridad a la Segunda Guerra Mundial y que se agravó con la derrota del país en la contienda. En muchas de sus novelas, pero sobre todo en Caballos desbocados, segunda parte de su tetralogía El mar de la fertilidad, Mishima muestra sus deseos de devolver al Emperador el poder absoluto que antaño ostento, convirtiéndose la novela en una suerte de testamento político a la luz de los acontecimientos de la vida de Mishima acontecimientos que no voy a detallar aquí para no spoilear al que quiera leer esta novela. Proveniente de una familia de samurais, Mishima quedó exento del servicio militar a causa de su naturaleza enfermiza lo cual fue un motivo de frustración. A esta hay que sumar la frustración sexual que vivió gracias a su abuela, un personaje que merece una docena de posts y que descojono de forma absoluta su identidad, obligándole desde pequeño a jugar con muñecas a la vez que le impedía juntarse con otros niños o practicar deportes rudos. En 1970 y secundado por un grupo de acólitos con las mismas ideas fascistas que él, Yukio Mishima entró en el Cuartel General de las Fuerzas Armadas en Tokio y lanzó una arenga a los soldados acuartelados en la que les instaba a dar un golpe de Estado que devolviese al Emperador el sitio que por derecho divino merecía. Los soldados, lejos de secundarle comenzaron a abuchearlo y Mishima, víctima de si mismo, de la leyenda que quería ser y de la memoria de su abuela que siempre le recordó la grandeza de sus ancestros, decidió hacerse seppuku. El ritual del Harakiri contiene la decapitación del suicida por parte de alguien de su confianza. Este supuesto honor recayó en un amigo del escritor que falló repetidas veces su intento de cortar la cabeza de su amigo y mentor dejando un cadáver bastante destrozado.
Yukio Mishima

8. Ernest Hemingway

Si por Ernest Hemingway hubiese sido, el apelativo por el que se le hubiera conocido sería “El macho”. Creador de un nuevo estilo de realismo, el ganador de los premios Pulitzer y Nobel siempre intento emular a los protagonistas de sus novelas, héroes enfrentados a la vida sabedores de que su destino final solo podrá ser la muerte. Al estallido de la I Guerra Mundial, un defecto congénito en su visión impide su alistamiento por lo que se presenta voluntario para conducir una ambulancia. Destinado en Italia es herido en un bombardeo que le deja maltrechas ambas piernas lo cual no impide que, como el heroe que era o que quería ser, se cargase a las espaldas un soldado más herido que él para ponerlo a salvo de la artillería. Con este episodio como primer ejemplo, la vida de Hemingway fue una sucesión constante de retos que el autor se impuso para demostrarse a el mismo esa condición de héroe de la que hablaba continuamente en su obra. Estuvo en España durante la Guerra Civil prestando su apoyo y su pluma a la Repúlbica y prestó servicio en la II Guerra Mundial patrullando por las Antillas a la caza de buques nazis hasta el Desembarco de Normandía en el que participó como corresponsal de prensa, papel que cambio por el de líder de un grupo de partisanos en la toma de París. Boxeador, pescador, luchador por la libertad, borracho impenitente y genial contador de cuentos, no es difícil entender que cuando se le diagnosticó Alzheimer decidiese pegarse un tiro que le evitase el sufrimiento de no poder ser el personaje de novela que siempre quiso ser.

Ernst Hemingway

9. J. D. Salinger

Cuando Ernest Hemingway conoció a J.D. Salinger en el París de la II Guerra Mundial, dijo de el que era un “escritor de talento infinito”. Esto sucedía antes de que se publicase su obra magna, El Guardián entre el centeno, novela que con el antihéroe Holden Caufield como protagonista, fue considerada desde el momento de su publicación en el año 1951 un clásico de la literatura moderna. Tras el éxito y lejos de lo que se podría esperar, J.D. Sallinger decidió abandonar la ciudad de New York donde residía para irse a vivir a una casa en el campo en la que permaneció hasta su muerte 59 años después. Tan celoso de su intimidad que en todo ese tiempo sólo concedió una entrevista en el año 1974 al New York Times y esta fue realizada telefónicamente, Salinger dedicó todos esos años a escribir y a querellarse contra quienes entendía que invadían su obra y su vida. Logró que un juez federal del distrito de New York prohibiese la publicación de una suerte de secuela de su Guardián entre el centeno, éxito judicial que no pudo repetir contra una biografía no autorizada que incluía cartas de su puño y letra a amigos y colegas. Como resulta lógico imaginar, todo esto le convirtió en una figura de culto y su actitud no hizo más que espolear a un buen número de fans que convirtieron encontrar la casa del autor en una suerte de deporte. De entre las pocas fotografías que existen de Salinger la más famosa es ,sin lugar a dudas, aquella que nos muestra a un anciano malencarado en actitud de golpear al fotógrafo, resumen perfecto de la vida de un anacoreta que finalmente se vio traicionado por su propia hija, Margaret que en el año 2000 publicaría una biografía en la que sacaba a la luz detalles escabrosos de la vida de su progenitor como su costumbre de beber su orina, su desidia ante el sexo o su paso por el budismo, la cienciología y la ciencia cristiana. Salinger murió en el año 2010 de muerte natural y cuenta la leyenda que el grueso de su obra no publicada, supera en calidad y cantidad a aquellos cuentos que fueron editados durante su vida.
J.D. Salinger

10. John Kennedy Toole

Una madre desolada por el suicidio de su hijo se planta frente a un escritor para darle el manuscrito de su vástago. El escritor en principio no hace mucho caso pero un día, obedeciendo a las insistentes llamadas de la desolada madre, comienza a leer esas páginas mecanografiadas y no puede dejar la lectura hasta que lee la palabra FIN. El libro titulado La conjura de los necios se publica en 1980 y el autor recibe a título póstumo el premio Pulitzer del año 1981, triste final para la historia si tenemos en cuenta que Kennedy Toole se suicidó ante las continuas negativas que sufrió su novela en todas las editoriales a las que la presento.

John Kennedy Toole

11. William Burroughs

Nieto del inventor de una máquina de sumar que sentaría las bases de un emporio familiar que a día de hoy todavía sigue en pie, Burroughs nacido en 1914, mostró desde bien joven las premisas en las que se movería durante toda su vida. Por un lado y sin nada que ver con la locura que le otorgo, pero fundamental para entender su vida está su homosexualidad, anatema en los EEUU en los que tuvo que vivir y que inspiraron su temprana obra Queer la cual debido a su temática no fue publicada hasta el año 1985. Por otro lado su pasión por las armas, que le llevaron una noche de 1951 a matar de un tiro en la cabeza a su primera mujer Joan Vollmer mientras intentaba emular con bastante poco éxito a Guillermo Tell. Otro pilar fundamental de la vida de Burroughs fue, como no, la literatura. Su estilo ha sido imitado hasta la saciedad pero jamás ha alcanzado las cotas a las que el llegó. Convencido de que el lenguaje era un virus utilizado para tiranizar al ser humano, toda su obra se basa en la destrucción de este virus mediante diferentes técnicas que si bien es cierto a veces sólo consiguen una absoluta ilegibilidad del texto, las otras logran transmitir al lector vividas imágenes de la acción que se desarrolla. Por último pero no por ello menos importante, está su adicción a las drogas. Al igual que en el sexo y en la literatura, la vida de Burroughs se movió en este sentido alrededor de la experimentación y es más que probable que sea está lo que más caracteriza la vida de un hombre inclasificable que siempre se llevó hasta los últimos extremos en aquello que hacía. Especialmente revelador en lo que se refiere a su adicción es la introducción que hizo para la que se considera su obra cumbre, El almuerzo desnudo, donde confiesa como esa experimentación se le terminó yendo de las manos dejándole solo como opciones morir o desintoxicarse. Escogió la segunda opción y siguió viviendo de la forma que sólo el sabía, entrando a formar parte, por poner un ejemplo, de la organización mágica Los Iluminados de Thanateros o inventando una técnica de pintura consistente en disparar sobre botes de pintura. Murió a la edad de 83 años de una muerte tan normal como es un ataque al corazón, lo cual no resta para nada la leyenda de la locura que fue.

William Burroughs, London, 1988

12. Anne Sexton

Hija de un padre maltratador, Anne Sexton siempre se considero la excusa de su madre para que su marido no se divorciase de ella. Amiga de Sylvia Plath, a la que conoció en un taller de escritura y que terminó convirtiéndose en una autentica obsesión, la vida de Anne Sexton estuvo alejada de la literatura hasta 1957 año en el que su médico le recomendo que escribiera poesía como método de terapia. El motivo de esta necesidad no era otro que las depresiones post parto que sufrió tras cada uno de los dos alumbramientos que tuvo y que la terminaron llevando a un fallido intento de suicidio a la edad de 28 años. Enmarcada como Plath dentro de la poesía confesional, su obra le valió multitud de críticas por el tratamiento descarnado que hacía de su condición de mujer hablando sin ambages del odio a los hijos, del uso de las drogas o de la masturbacion femenina que trata de forma abierta en La balada de la masturbadora solitaria. Se ha dicho de Anne Sexton que era un ama de casa que recurrió a la escritura como forma de afrontar sus problemas mentales, pero tal y como dijo ella misma “mis admiradores creen que me he curado pero no, sólo me hecho poeta” y llevando hasta el último extremo esta afirmación y su obsesión por Sylvia Plath se suicido al igual que ella inhalando monoxido de carbono.

Anne Sexton



Ni que decir tiene que el calificativo que doy de “locos” a estos creadores no es en absoluto peyorativo, pues sin ese grado de locura que les concedo estoy seguro de que sus obras jamás habrían llegado a ser lo que son. Utilizar pues este término se debe más a una licencia literaria por mi parte que a un intento de denostar a estos absolutos genios de las letras.

Fotografía destacada cortesía de Nina Matthews Photography via photopin cc.


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