La evolución del lenguaje es inevitable. A mi modesto entender el enriquecimiento y progreso correcto del mismo, es tarea encomendada a la Real Academia de la Lengua, guarda y custodia de nuestro idioma. Sin embargo, de un tiempo a esta parte, parece que hay un acuerdo extendido sobre los desaciertos de las nuevas normas e incorporaciones acogidas por la Academia.
No pretendo en este post entrar con las nuevas reglas ortográficas adoptadas, pese a que me hacen creer que en la RAE se aburren y que algo tienen que inventar para pasar estas largas tardes de invierno y justificar su propia existencia, ya que como dijo Pessoa “la ortografía también es gente”, y cualquier agresión a la misma, Fernando y yo nos lo tomamos como algo personal. Tampoco voy a ser de esas hooliganas que arremete erigiéndose como adalid de la liberación de la mujer exigiendo el femenino de todas las acepciones ni el uso de la arroba hasta la indigestión.
Sin embargo, una tiene sus límites y cree que hay palabras que deberían haberse mantenido, a toda costa, fuera del diccionario, y por tanto no admitidas oficialmente en el idioma. Por malsonantes, ordinarias y de dudoso gusto, os presento mi selección:

1. Almóndiga

Empezamos con la ya popular almóndiga. Curiosamente, las dos voces están admitidas. Albóndiga son cada una de las bolas de carne que ya conocemos, y almóndiga remite a esta palabra. Pero ¡oh sorpresa!, remite a ella sin incluir la acepción de vulgarismo, desuso, ni nada que justifique la presencia del término. Curioso y digno de espanto al mismo tiempo.
Personalmente, creo que la inclusión del término “almóndiga” marcó un antes y un después en la era de nuestra lengua, algo así como la publicación de la primera edición de gramática castellana….
Para disipar dudas: cocreta, no está admitida. Aún.

2. Vagamundo

Según la 23ª edición del Diccionario de la Real Academia de la lengua española, vagabundo es igual a vagamundo, únicamente que la segunda forma es considerada como un vulgarismo.
Yo creo que vagamundo tiene una connotación ampliamente más elegante, por mucho vulgarismo que sea, incluso interesante y aventurera. Como concepto, me parece más atrayente sentir que vago o vagueo por el mundo que considerarme una homeless, así que si alguna vez me viera en esas (toco madera, que los desahucios están a la orden del día), por favor os pido, llamadme Andrea la vagamundo!

3. Murciégalo

Con esta ya me eché a temblar, para más tarde descubrir que la RAE también acepta crocodilo. Hola a la fauna de nombre polivalente. Parece la venganza de los disléxicos. Sin embargo, no es así.
Al parecer murciégalo es el término original para referirse a esta raza de mamíferos, si bien es cierto que está en desuso. De origen latino, muris significa ratón, y caecŭlus, ciego. Probablemente en lengua romance se referían a ellos de esa manera, pero a la fecha, me parece una buena forma de desacreditar a Batman.

4. Toballa

Enhorabuena canis, chonis y de más fauna urbana; la RAE se pliega a vuestro lenguaje.
Resulta que toballa es una “pieza de felpa”, no un simpático roedor peludo que la gente tiene como mascota. La perplejidad se une al íntimo bochorno al descubrir que este término, tan de dominguero playero está admitido…

5. Agora

Agora. Y que quede claro que no lleva tilde alguna y que no nos referimos a las plazas de las ciudades griegas, aunque está claro que la culpa es de Alejandro Amenabar y de los miembros cinéfilos de la Academia (probablemente los que ocupan las butacas I-M-D-B se amotinaron para no excluir el término del diccionario).
Agora es el arcaísmo de ahora, que al igual que murciégalo, es correcto. Al parecer, la teoría de la obsolescencia programada no se puede aplicar al ámbito del lenguaje, así que cuidadito con los modismos que adoptamos, porque el día que vea “cari” en el diccionario como “fórmula de tratamiento afectuosa” arderé de combustión espontánea.

6. Muslamen

Muslamen está admitido por la RAE, al igual que lo están culamen y pechamen. Y sí, muslamen son los muslos de una persona, pero “especialmente los de mujer”. De traca; la RAE está que se sale, vertebrando el lenguaje!

7. Asín

“De así, con la -n de otras partículas”. La misma definición es cuanto menos curiosa: “con la –n de otras partículas”, dice, como la de Higgs, la de dios, las diatónicas…
Asín está aceptado por vulgarismo reiterado. Pero, ¿en qué cabeza cabe admitir asín? Vale que los vulgarismos son formas lingüísticas poco prestigiosas e impropias del habla culta, pero ni aun con esas. Se supone que así (con la –n de otras partículas) es un adverbio de modo, y lo de los adverbios es una caja de pandora. Queridos académicos de la RAE: empleen vuestro tiempo en vertebrar el tema adverbios y dejen de tomarla con las tildes.
Y pensar que la RAE nació bajo el lema: “Limpia, fija y da esplendor” a la lengua…

8. Cederrón

Cederrón y el resto de intentos varios de españolizar de extranjerismos como zoom, gay, souvenir, croissant (zumgueysuvenircruasán para los que no sabéis idiomas)… Si no quieres escribir aumento, homosexual, regalo y bollo y te quieres acoger a un término extranjero, hazlo bien al menos. Pero cuando encima esos extranjerismos son sílabas, como el cederrón, el elepé, el deuvedé… no tiene perdón de dios. No sé si los académicos están en plena crisis de identidad o con el espanglish (palabra también admitida) a flor de piel, pero “el pecé es un dispositivo electrónico, en el podemos insertar cederrones, deuvedés, disquetes, y lápices uesebés” no me parece serio.

9. Descambiar

Descambiar es un verbo correcto. Confieso haberme tirado de los pelos cada vez que oía que al parecer hay gente que se dedica a ir por la vida a descambiar cosas. Hoy constato ojiplática que este ridículo verbo está admitido por la RAE.
Con el debido respeto; entiendo que el verbo descambiar viene de la aplicación del prefijo –“des” a todo lo que se nos ocurra o desocurra. Para llegar a descambiar algo, ha tenido que haber un cambio previo, con lo que si posteriormente el cambio de descambia, se vuelve de nuevo a la situación inicial, en la que no se ha hecho nada. ¿No querrán decir devolver?
Pero la broma no acaba aquí, en su infatigable esfuerzo por enriquecer nuestra lengua, desde 2010 se ha incorporado un nuevo verbo necesitado de adeptos: olorosar, que viene siendo “percibir olor”. Oseasé, oler, olisquear, golismear…. Tela!

10. Inculturación

Proceso de integración de un individuo o de un grupo, en la cultura y en la sociedad con las que entra en contacto. Toma ya. Resulta que yo me inculturo –si la RAE me permite convertir el término en un verbo reflexivo- estudiando a través de cederrones.
No soy capaz de entender cómo es posible dar esa acepción a semejante término. Me inclino a pensar que debe ser un recurso poético, paradoja o sarcasmo, admitido por la RAE en pleno oximorón. ¿Será entonces también correcto hablar de desculturación? La RAE, esa fuente de creatividad.

11. Biministro

Persona que está al frente de dos ministerios en un gobierno, o que ocupa uno en el que se han fundido dos ministerios anteriores. Bienvenidos a España señores. La acumulación de cargos públicos es un lugar común, hasta el punto de que personajes como Cañete, Soria, Ana Mato y mi bien amada Fátima Bañez, que atesoran ministerios varios en esta borrachera mariana de fusión, tienen una acepción a tales efectos (así revienten).

12. Letra “ye”…

Este asunto lo he dejado para el final porque me parece la repanocha. El colmo de los colmos, el sumun del mal gusto. ¡¿Llamar “ye” a la i griega?! Precisamente la i griega, que era una letra carismática y sobria, referente de la clase y el buen gusto y que destacaba por su nombre entre las otras 27 del abecedario…
La cosa me parece seria. Entiendo el intento por unificar el nombre de las letras con el resto de países de Sudamérica, el gusto de los miembros de la RAE por innovar y renovar el lenguaje, incluso la intención de dar un golpe de efecto y provocar que sus estúpidas reformas no pasen inadvertidas… ¿pero en qué cabeza cabe adoptar la “ye” para rebautizar a la i griega? La RAE ha perdido el rumbo.
Sin embargo, soy muy consciente de que podíamos haber salido aún más mal parados, ya que la V y la W aún mantienen la acepción que conocemos, ya que podríamos estar llamándolas “be corta” y “doble be”. Imaginaros denominar un BMW: be corta- eme- doble be (corta!)
Por cierto, que algo tendrá el agua cuando la bendicen, porque actualmente no hay académico ninguno que ocupe el sillón de la letra “ye”. Hace falta valor.



¿Para cuándo fragoneta, mondarina o abujero? Desde aquí una modesta petición a los académicos: dejad por favor de quitar letras al abecedario; tras la criba de la CH y la LL en 2010, vivo con miedo de que nos arrebaten también la ñ….
Fotografía destacada cortesía de felipe_gabaldon via photopin cc.


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Andrea Navazo

Sobre Andrea Navazo


Abogada mercantilista y domadora de unicornios azules. Un día cogí un tren que salía de Bilbao y me trajo a este blog.