El 14 de marzo de 2014, la RAE cerró la 23ª edición de su diccionario que se publicará en octubre de este año. Dado el sesgo sexista y la poca voluntad de cambios reales en el seno de la Real Academia de la Lengua Española, el mismo día, la Escuela Virtual de Empoderamiento Feminista de una Incursión en las redes sociales de la Real Academia Española a través de Twitter, Facebook, correo electrónico y su propia página de propuestas los días 20 y 21 de marzo para fomentar la visibilización de las mujeres en el Diccionario y la Gramática de la RAE.

No hay ningún aspecto de la actividad humana que no esté recorrido por las desigualdades de género; y la lengua, esa herramienta imprescindible para nombrar la realidad, no es ninguna excepción. Durante estas 48 horas y bajo el hashtag #GolondrinasalaRAE, se han comentado numerosas definiciones, y se han realizado diversas peticiones en un intento por revocar determinadas acepciones y rebajar la testosterona del léxico, así como consultas que demuestran que el lenguaje es sin duda un campo de batalla en el que también se evidencian las desigualdades de género.

Frente a estas acusaciones, la RAE se suele escudar en que no dicta normas, sino que refleja el uso que los hablantes hacen del lenguaje. Así, a una sociedad machista que utiliza un lenguaje machista, le corresponderá un diccionario machista. Sin embargo esta explicación no es sino un mal pretexto, ya que como veréis en la siguiente docena, la sapientísima academia mantiene un sinfín de acepciones más que superadas por la sociedad y definiciones que más directamente, no tienen sentido, a pesar de lo cual es reticente a la introducción de modificaciones en pro de la igualdad.

Este post intenta sensibilizar sobre la necesidad de transformar los mecanismos lingüísticos para hacer más visible la presencia de la mujer en la sociedad, mediante el análisis de algunos de los paradigmas que han salido a la luz a través de esta iniciativa de @generoenaccion.

1. Inclasificable

Como hay que empezar por el principio, vamos a ver cómo define la RAE al hombre y la mujer: Ya desde su primera acepción, el hombre es un ser animado racional, varón o mujer; mientras que la mujer es una persona del sexo femenino.

Hombre.
1. m. Ser animado racional, varón o mujer.
2. m. varón (‖ ser humano del sexo masculino).
3. m. Varón que ha llegado a la edad adulta.
4. m. Grupo determinado del género humano. El hombre europeo El hombre del Renacimiento
5. m. Individuo que tiene las cualidades consideradas varoniles por excelencia, como el valor y la firmeza. ¡Ese sí que es un hombre!

Mujer.
1. f. Persona del sexo femenino.
2. f. mujer que ha llegado a la pubertad o a la edad adulta.
3. f. mujer que tiene las cualidades consideradas femeninas por excelencia. ¡Esa sí que es una mujer!
4. f. mujer que posee determinadas cualidades. Mujer DE honor, DE tesón, DE valor
5. f. mujer casada, con relación al marido.

2. Sexo débil y sexo fuerte

bello ~.
1. m. sexo débil.
~ débil.
1. m. Conjunto de las mujeres.
~ feo, o ~ fuerte.
1. m. Conjunto de los hombres.

Masculino tiene tres acepciones de las que la tercera es “varonil, enérgico”. Femenino, por su parte, tiene ocho acepciones y la sexta es “débil, endeble”. Esta acepción valida un estereotipo y consolida una visión del mundo que no es real. ¿Es que creen que no hay mujeres fuertes, enérgicas o con potencial en esta vida? Yo conozco a cientos.
En la versión online de la RAE, “masculinizar” está recogido con una anotación que avisa de que el término se incorporará a la próxima edición. Su primera acepción es “dar presencia o carácter masculinos a algo o a alguien”. Feminizar, sin embargo, dice que no existe y sugiere consultar “demonizar” o “feminidad”, ya que «tienen formas con una escritura cercana».

3. Mujer como consorte o ejerciendo trabajo propio de hombres

Reina es “esposa de rey”. No existe para rey la acepción “esposo de la reina”. En realidad ni siquiera se plantea la expresión rey consorte, que es la habitualmente empleada para los varones que han matrimoniado con damas monarcas ¡Que se lo digan a la Reina de Inglaterra!
Virreina es, primero, la mujer del virrey y, segundo, “mujer que gobierna como virrey” no como virreina por derecho legítimo, sino en guisa masculina.
Si así trata el diccionario a la nobleza, imagínense para profesiones mundanales. La última edición del Diccionario de la RAE, del 2001, feminizó al parecer 29 cargos como bombera o gerenta, pero quedan otros 397 a los que se ha negado el cambio. Además, la resistencia de la academia no se da en todos los niveles. Cuanto más alto sea el cargo, más se aprecia. El diccionario es rico en acepciones que entienden que la posición de una mujer es subsidiaria de la de su pareja (boticaria, médica, alcaldesa, son habitualmente “mujer de”), así como mantiene todavía una larga serie de profesiones que explícitamente invisibilizan a las mujeres que las pudieran ejercer:
Jueza y fiscala son “mujeres del juez o del fiscal” o “mujeres que desempeñan el cargo de juez/fiscal” como acepción secundaria. Mujeres que realizan el trabajo de un hombre, al parecer. Mujeres metidas en profesiones de hombres. Mujeres nadando en piscinas que no les corresponden.
Hay otros cargos con definiciones aún más llamativas como es el caso de canciller, que en masculino es “en lo antiguo, secretario encargado del sello real; presidente del Gobierno en algunos países y en otros ministro de asuntos exteriores”. Sin embargo, cancillera es “la cuneta o canal de desagüe en las lindes de las tierras labrantías”.
Ocurre lo mismo con gobernante “que gobierna; hombre que se mete a gobernar algo”; cuando una gobernanta resulta ser una “mujer que en los grandes hoteles tiene a su cargo el servicio de un piso en lo tocante a limpieza de habitaciones, conservación del mobiliario, alfombras y demás enseres” ¿En qué siglo? Pregunto.
El lenguaje sexista es tan torpe que no solo excluye los términos que designan a las mujeres en grupos mixtos -como diputados y diputadas-, sino que las maltrata simbólicamente relegándolas en muchos casos a un papel de meras consortes.

4. El monopolio del género

Por género se entiende una construcción simbólica que alude al conjunto de atributos socioculturales asignados a las personas a partir del sexo y que convierten la diferencia sexual en desigualdad social. La diferencia de género no es un rasgo biológico, sino una construcción mental y sociocultural que se ha elaborado históricamente. Por lo tanto, género no es equivalente a sexo; el primer término se refiere a una categoría sociológica y el segundo a una categoría biológica.

En la práctica y metafóricamente hablando, el lenguaje puede ser masculino, femenino o neutro dependiendo de la perspectiva de género que adoptemos a la hora de hablarlo, limpiarlo, fijarlo y abrillantarlo.

Dicho esto, ¿por qué razón, si va en orden alfabético, se pone antes el masculino que femenino? Si la -A va antes que la -O, no hay motivo para anteponer el término masculino al femenino. Sin embargo el diccionario incumple el orden alfabético y en los lemas va antes la forma masculina que la femenina. Así, encontramos que chico va antes que chica, gordo va antes que gorda, camarero antes que camarera….
De este modo, el diccionario relega a segundo plano a la mitad de la humanidad. Esto podría solucionarse usando las dobles formas para referirse a grupos mixtos, optando por términos genéricos o utilizando nombres abstractos. La RAE a través de @RAEinforma dice que la acepción sociológica del género saldrá en la próxima edición que se publicará en octubre. Esperemos a ver.

5. El padre como medida de todas las cosas

Dice el diccionario que huérfano es aquel a quien se le han muerto el padre y la madre o uno de los dos, especialmente el padre, cosa que resulta inexplicable para mí. Al parecer se es un poquito menos huérfano si es tu madre la que ha fallecido.
Pese a que esto en principio me resultaba totalmente incomprensible, todo ha acabado cobrando cierta lógica al comprobar que padre es el varón o macho que ha engendrado. Y además cabeza de una descendencia, familia o pueblo. Padre de familia es el jefe de una familia aunque no tenga hijos, mientras que madre es solamente la hembra que ha parido; y madre de familia, mujer casada o viuda, cabeza de su casa.
Al margen de la redacción, que como apuntaba el @ElHuffPost, mezcla en un mismo grupo a mujeres y bestias pero en cambio distingue escrupulosamente entre hombres y animales; en lo que respecta al contenido, es llamativo que la RAE reduzca la maternidad al parto, y olvide que las mujeres también engendran y procrean, y que además se ocupan durante nueve meses de la gestación.

6. La mujer y la casa

El diccionario de la RAE sigue dedicando indebidamente entradas independientes al femenino “ama” y al masculino “amo”. Consta ama de casa, pero sigue sin incluir amo de casa “varón que se ocupa de las tareas de su casa” Al hombre que decide no trabajar fuera de casa y decide dedicar su tiempo a las labores del hogar, por tanto, no se le llama; ya que ama de casa sería incorrecto y amo de casa no existe.

Ama
~ de casa.
1. f. Mujer que se ocupa de las tareas de su casa.

Maruja es un ama de casa con bajo nivel cultural; marujo, por descontado, no existe. Sí existe, sin embargo, el término cocinilla para designar al hombre que se entromete en cosas, especialmente domésticas, que no son de su incumbencia.
Hazana es una faena casera habitual y propia de la mujer.

7. El goce es cosa de hombres

Tal vez la concepción que se le da a la mujer en las acepciones anteriores sea la causa de que gozar signifique “conocer carnalmente a una mujer”. Porque las mujeres no gozamos, oigan. Porque estamos todas muy ocupadas encargándonos de las labores del hogar. Por eso no es de extrañar que babosear tenga entre sus variadas definiciones la de “obsequiar a una mujer con exceso”. Porque dicen obsequiar, cuando deberían decir molestar…
Pero ¡oh sorpresa! A pesar de que esto y estando el goce reservado al sexo masculino, la RAE sólo contempla que sean las mujeres quienes padezcan de ninfomanía. Una ninfómana: (de ninfa y manía) es una mujer que padece de ninfomanía. Y ninfomanía, es ni más ni menos que furor uterino, pero sin goce.

8. Los hombres sin cuerpo

Señoras y señores los hombres carecen de cuerpo. O si no de la totalidad del mismo, sí de varias partes. Socialmente hay partes del cuerpo de los hombres que no existen, por eso lo pueden mostrar de forma natural.
Por eso según el diccionario, los pezones por ejemplo, son la parte central, eréctil y más prominente de los pechos o tetas, por donde los hijos chupan la leche, teniendo que ser obligadamente femeninos, porque hasta la fecha, no he visto yo a un hombre dedicado al noble acto de la lactancia.
También muslamen, que son los muslos de una persona, especialmente los de la mujer. Lo mismo sucede con pechamen, que es el busto de la mujer, especialmente cuando es muy voluminoso.
Curva (lema al que también le han colado antes su forma masculina “curvo”) en su 7ª acepción se defina como formas acentuadas de la silueta femenina. ¡Qué más quisieran ellos que la sinuosa línea que muchos lucen alrededor del ombligo fuera recta!
Y ello porque los hombres, insisto, no tienen cuerpo. O al menos no tienen cuerpo para criticar, por lo que no se necesita vocabulario a tal efecto.

Como prueba un extra, jamona:
(De jamón).
1. adj. coloq. Dicho de una mujer: Que ha pasado de la juventud, especialmente cuando es gruesa. U. m. c. s.
2. f. P. Rico. solterona.

9. Mujer = puta

Así como los esquimales tienen al parecer un sinfín de palabras para nombrar la nieve, el diccionario de la lengua española contiene cuantiosos términos para llamar puta a una mujer.
Muy serio y muy clarificador es que en el propio lema “mujer” aparezcan cuatro acepciones de prostituta. Mujer del arte = prostituta. Mujer del partido = prostituta. Mujer pública = prostituta. Mujer mundana = prostituta. Para la RAE todo es prostitución. Curiosamente, hombre del arte, hombre público, hombre del partido no tienen tal significado. ¡Cuidado mujer, si te dedicas al arte, a la política o cualquier cargo público en general, tienes muchas opciones de estar ejerciendo la prostitución para la RAE sin tú saberlo!
Las palabras no son inocentes y muchas de ellas fueron creadas o adoptadas específicamente para humillar, insultar y menospreciar:
Perra en su 2ª acepción es prostituta y perro en su 5º un hombre tenaz. Zurrón es una bolsa o saco; mientras que zurrona es una zorra, ramera y mujer perdida.
Pelota en el DRAE es acepción de “prostituta” (8º) antes que de persona aduladora (15ª). También dice que gamberra en Andalucía es prostituta; que nos lo confirme algún andaluz si es que los hay en la sala.
Pirujo/ja es alguien que no cumple con sus deberes religiosos, y una mujer joven, libre y desenvuelta. Vaya, también prostituta.

10. Violación y aborto (un must!)

Si echamos un vistazo a la definición de la academia de conceptos relacionados con temas de actualidad, encontramos una falta de parcialidad curiosa. Y un viaje en el tiempo.
Violencia es en su cuarta acepción, acción de violar a una mujer. No así a los hombres que son inviolables como lo son la constitución y el domicilio.
Aborto es interrupción del embarazo por causas naturales o deliberadamente provocadas que puede constituir eventualmente un delito. Y así será gracias a ciertas figuras patriarcales reconvertidas de alcaldes a ministros, y la sarta de académicos (y aquí el género es intencionado), que en la misma definición de aborto, lo tipifican como un delito.

11. Odio o aversión, sólo a las mujeres

Misoginia- misógino es quien tiene aversión u odio a las mujeres. Contiene también la RAE la palabra misántropo/pa (otra que se ha colado) y significa persona que, por su humor tétrico, manifiesta aversión al trato humano.
No contiene sin embargo el diccionario ninguna palabra que designe a quien siente odio hacia los hombres, que aparentemente no son dignos de tan pernicioso sentimiento. Lo más cercano es androfobia, que se define como aversión obsesiva hacia los hombres.

12. Académicas en la Real Academia

Todo lo que hasta aquí se cuenta tiene probablemente su origen en que la RAE es una institución en la cual la presencia femenina ha brillado por su ausencia, por lo que tradicionalmente desborda testosterona. Sólo siete mujeres, frente a más de 1.000 hombres, se han sentado en uno de los 46 sillones de los que consta la RAE desde su fundación en 1.713.
Por si no fuera suficiente con el sexismo lingüístico, tuvieron que pasar casi 3 siglos para que ingresara una fémina en esta docta casa. Ni a Emilia Pardo Bazán ni a María Moliner les dejaron entrar en la Academia porque era una sociedad de varones.
Carmen Conde (1979) fue la primera mujer académica. Le siguieron Elena Quiroga (1983), Ana María Matute (1996), la historiadora Carmen Iglesias (2001), la científica Margarita Salas (2002), y la filóloga Inés Fernández Ordóñez (2008) y la escritora Soledad Puértolas (2010) Fin de la lista.
Para ir acomodando la RAE al siglo XXI, propongo desde este blog que los cuatro sillones vacantes que se han de cubrir lo sean por mujeres.

Todas estas, y alguna más, son las conclusiones a las que se ha llegado en el foro creado bajo el lema #GolondrinasalaRAE, en el que mucha gente ha participado comentando y aportando su visión. Entre otros muchos: @Sonia_a_veces, @ManiobraEvasiva, @Jess_muav, ‏@QuehariaMary, @Belleensombras, ‏@mariadelpilarjp, @12causasfeminis, ‏@CdeSgenerados, @carlosdelafe, @criticadinamica, ‏@irinabusowsky, @veronicabotet, @vinca__minor, @lg_casulos, @Adrianet7, @Nu_En_Hier… Pero sobre todo, mi bienamada co-writer @thatsmyr.

Foto vía Shutterstock.


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Andrea Navazo

Sobre Andrea Navazo


Abogada mercantilista y domadora de unicornios azules. Un día cogí un tren que salía de Bilbao y me trajo a este blog.