Como todos sabemos, el sentido común es el menos común de los sentidos, pero en cuestión de protección de datos personales, lo cierto es que hay que echar mano de él.
No hay más misterio que este.
¿Por qué en las pelis de terror, cuando te está persiguiendo el asesino, haces justo lo contrario de lo que deberías hacer para salvarte? Piénsalo.
Con la protección de datos, a veces funciona igual, salvando las distancias, claro 😉
Hay unas cuantas normas básicas que deberíamos conocer si nos toca lidiar con chavales que están empezando a usar ordenadores. Primero para poder enseñarles cómo protegerse y segundo, para saber cómo ayudarles llegado el momento y para nuestra propia protección, por supuesto.
El alarmismo que provocan noticias sobre ciberacoso en las personas que no están acostumbradas a desenvolverse en internet hace que pequeñas cosas parezcan un mundo cuando no lo son.
Internet no es caca. Internet es maravilloso, pero hay que saber usarlo, claro, como todo.

Mi generación tuvo la suerte o la desgracia (yo diría más bien la desgracia) de tener acceso a internet cuando ya éramos lo suficientemente mayorcitos como para tener las hormonas de vuelta en su sitio y tener juicio suficiente, pero ahora las cosas han cambiado y mucho, así que es vital que nosotros sepamos a qué atenernos para poder transmitir estos conocimientos.

1. Concepto de datos personales

Son datos personales los que se refieren a una persona: su nombre y apellidos, edad, sexo, historial médico, número de teléfono, dirección, DNI, orientación sexual, historia laboral, ideología, etc.
Como parece evidente, no todos los datos personales son igual de sensibles. Lo son cuando afectan a nuestro lado más íntimo o cuando podrían ser utilizados en nuestra contra: ideología, religión, salud…
Si yo digo que me llamo Cristina, no tiene ninguna transcendencia. Si digo que soy Cristina y que soy atea, estoy dando información sensible sobre mi persona que en un momento dado podría ser utilizada contra mi.

2. La privacidad es un derecho

Es un derecho constitucional. En su artículo 18, la Constitución dice “Se garantiza el derecho al honor, a la intimidad personal y familiar y a la propia imagen”. Esto quiere decir que si nosotros no queremos, nadie puede utilizar nuestro nombre ni nuestra imagen. Incluso si lo hemos autorizado nosotros, podemos desautorizar este uso en cualquier momento gracias a la Ley Orgánica de Protección de Datos.

3. Cuidado con los datos que se facilitan y dónde se facilitan

Como no podemos vivir en una burbuja, nos pasamos la vida dando datos aquí y allá. Con esto, asumimos, lógicamente, ciertos, llamémosles, riesgos cotidianos. Si vamos al médico, es lógico contarle qué nos duele y dónde, lo apuntará en nuestro historial, pero contar lo que nos duele en el trabajo podría no ser lo ideal…
Si le contamos a una amiga nuestra dirección para que venga a merendar a nuestra casa está bien, si se la damos a una persona desconocida… pues quizá no lo esté tanto…

4. Cuidado con la configuración de privacidad en las redes sociales

Todas las redes sociales tienen la posibilidad de configurar la privacidad de tal modo que sólo nosotros y quienes nosotros queramos puedan ver nuestras publicaciones.
Por defecto no es así, así que deberemos asegurarnos que conocemos las opciones que tenemos y dedicar a este tema un ratito para dejarlo bien configurado.

5. Uso de ordenador en lugares comunes

Si utilizamos un ordenador público (en el colegio, en un centro cívico, biblioteca, etc), tendremos que cuidar que no nos dejamos conectado el correo electrónico o una red social, pues podrían escribir o publicar en nuestro nombre.
Tampoco deberemos dejar guardadas contraseñas, por motivos evidentes…

6. “No hagas a los demás lo que no te gustaría que te hicieran a ti”

Si sólo aplicaramos esta frase y el sentido común, en realidad, el resto de puntos sobrarían… pero no siempre es así, así que asegurémonos que nuestros jóvenes tienen esta frase grabada a fuego.
También deberían saber qué hacer en caso de que algún compañero o compañera esté sufriendo ciberacoso o similar, que no es otra cosa que hablar con sus padres o con sus tutores.

7. Acompaña a tu hijo/alumno

Enséñales a utilizar el ordenador desde pequeños. Acompáñales a descubrir las maravillas de internet. Enséñales a buscar, a descartar, a trastear ya aprenderán ellos solitos 😉
Procura que el ordenador que utilicen esté en un lugar común, como el salón. Si está en su cuarto, procura no dejar desatendido al chaval, ayúdale cuando te pregunte.

8. Baba de caracol

La baba de caracol es el rastro que vamos dejando en todo lo que hacemos en internet. Puede que cuando los niños son pequeños no le den ninguna importancia. Por supuesto, en la adolescencia, henchidos de hormonas y creyéndose supermanes, tampoco. Pero es muy importante que les conste que la huella que dejamos en la red es muy difícil de borrar, y que podría influirles en el futuro.

9. Los desconocidos

Del mismo modo que a mí me enseñaron mis padres que no debía aceptar caramelos o abrir la puerta a desconocidos (ains, qué tiempos), ahora hay que enseñar protección básica en la red. Autoprotección básica.
¿Te conozco de algo? ¿No? Pues eso…

10. Contraseñas

Enseñar a poner una buena contraseña es otro punto básico que jamás nos enseñan. Que no se la puedan crackear con facilidad. Aquí tenéis una buena guía.

11. Filtros de control “parental”

Si estamos hablando de niños pequeños, siempre podemos utilizar algún filtro de control parental para que no accedan a determinados contenidos de la red (violencia, pornografía, etc).
Es fácil pasar del inocente “osito gominola” a la “gominola del osito”… no sé si me explico…

12. Dialogar

Y, como todo en esta vida, hablar mucho de todo es fundamental. No pretendas ser coleguilla de tu hijo adolescente si previamente no le has hecho ni caso en toda su infancia. Si algo te preocupa, plantéaselo con naturalidad y buscad soluciones conjuntas.

Para ampliar la información o para buscar ayuda precisa y adecuada a cada edad, la Agencia Vasca de Protección de Datos ha elaborado unas guías

¡Ah! ¡Suerte!

Fotografía cortesía de Frederic Poirot via photopin cc


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Sobre Cristina Juesas


Cristina Juesas, también conocida como Maripuchi, es responsable de comunicación en la Fundación Euskampus y Presidenta del Toastmasters Club Vitoria-Gasteiz, asociación para mejorar las habilidades comunicativas y de liderazgo (en inglés). Autora de la Guía de usos y estilo en las redes sociales del Gobierno Vasco y coautora de Comunicación de Crisis Online. Organiza e-Innobar, un evento socio-tecnológico mensual en Vitoria-Gasteiz. Colabora con la Cadena SER en el programa Hoy por Hoy Vitoria en una sección sobre nuevas tecnologías y ha organizado el primer TEDxAlmendraMedieval