Fui a Estados Unidos por primera vez en el verano de 1990, cuando tenía 17 años, un inglés rudimentario y toda la vida por delante. Por alguna razón (que no se me escapa) no he vuelto hasta hace unas semanas, 24 años después…
Estados Unidos ha cambiado mucho. Supongo que como España mismo, como el mundo en general. He encontrado muchas diferencias entre entonces y ahora aunque seguramente mi percepción de las cosas es lo que más ha cambiado y no solo lo frito del pelo de las chicas.
Como a casi cualquier persona de mi generación, siempre he sentido una atracción hacia lo que llevamos mamando vía cine y televisión desde nuestra más tierna infancia. Conocemos mejor la geografía americana que la propia, los Parques Nacionales americanos que los propios… los llevamos viendo en los dibujos animados desde siempre…
Estas son algunas de las impresiones que me traigo sobre cosas cotidianas, después de 12 días allí, de haber atravesado varios estados, de haber convivido con americanos y experimentado un road trip alejados de las rutas habituales:

1. Todo es como en las películas

Para lo bueno y para lo malo. Los polis y rangers se visten igual. En cualquier parque nacional parece que te topas con el guardabosques del Oso Yogi. En los bares entablas conversación con camareros y comensales sentado en la barra mientras te tomas una cerveza, aconsejada sabiamente por el bartender y te comes cualquier cosa.
Las casas, los parques, las señales, los coches, todo todo todo es de película y tienes la sensación de haberlo visto antes en algún sitio…

2. Los paisajes

Viniendo de España, un país de grandes contrastes paisajísticos, no debería fascinarme tanto… pero es que en Estados Unidos ¡es todo a lo grande! Que sí, que el Death Valley es como Tabernes… pero ¡del tamaño de Almería!.. y así todo…
Los alaveses deberían ver un campo de patatas en Idaho… Lo mismo todos los campos de patatas de Álava cabrían dentro de uno de los que tienen allí… impresiona todo eso, por el tamaño.

3. Educación

He viajado por el lejano oeste, por los estados de California, Nevada, Idaho, Montana, Wyoming, Utah y Arizona. Hablaré por esa zona del país, porque imagino que estas cosas pueden variar de una parte a otra… pero lo que nos hemos encontrado es con gente extremadamente amable y educada. Permanentemente preocupados por ti y con una sonrisa en la boca siempre y una palabra amable.

La gente que te cruzas por la calle o en un supermercado, si hay contacto visual, te sonríe e incluso saluda. Con esto he flipado un poco. Es todo como si fuera un gran pueblo de los de antes… la gente se conocía y se saludaba… y si había forasteros, pues se les saludaba también, como debe ser.

Supongo que en una gran ciudad como Nueva York o Miami o Los Ángeles será diferente… pero creo que hemos recorrido camino suficiente para hacernos una idea de cómo funciona en el Far West… y es maravilloso.

4. Multiculturalidad

En las zonas donde hemos estado hemos visto gente de todos los colores, vestida de todas las formas posibles: afroamericanos, latinoamericanos, asiáticos, europeos… y, por supuesto, mezcla de todos ellos.
Es verdad que la mayoría de puestos de limpieza, por ejemplo, en hoteles o centros comerciales, los ocupan hispanos… pero también he visto hispanos en bancos o presentándose a sheriff del condado.
He escuchado hablar bastante español entre los lugareños…
Y me fascinó el “eskerrik asko” de un vasco de tercera generación en Boise y su Basque Block, con gente tocando trikitixa en la calle y preparando paellas multitudinarias de aperitivo.

5. Los coches

Los coches son automáticos. Esto quiere decir que tienen parada, marcha atrás, neutro, directa y, en algunos casos, un modo de conducción deportiva en el que tú eliges cuándo cambiar de marcha… siempre sin embragar, eso sí. Embragar es para los intelectuales europeos decadentes.
El primer día lo flipas un poco, luego le coges el tranquillo… para el tercer día decides que te quieres quedar a vivir allí.

6. El tamaño de los transportes

Todo es gigante. Salvo los coches, que últimamente han menguado en una japonización del parque automovilístico… Pero los camiones siguen siendo XXXXXXL: lo que aquí vendría siendo una cabeza tractora del tamaño de tres de aquí, más un trailer, más otro trailer, más otro trailer… Con un par. En las carreteras también nos encontramos con los pick ups, que son como los de aquí pero con ruedas del tamaño de tractores… y muuucho más grandes. He visto algunos tan anchos como camiones… diría que hasta más.

Del tamaño de los trenes… en fin, ved este vídeo… que impresiona…

Las RV (o autocaravanas) también son gigantescas. Como autobuses. Muchas llevan el coche a remolque, directamente…

7. Las carreteras

Para soportar tales tamaños de vehículos, es lógico pensar que las carreteras son la pera. Pues no. Ninguna de las interestatales por las que circulamos (las que cincunvalan Las Vegas, de Twin Falls a Boise o a Burley por el extremo este en Idaho, las que bajan por Utah cerca de Salt Lake City o la que está sobre la histórica Route 66 y recorre Arizona en dirección a Los Angeles) le llega a cualquier autovía de por aquí… Suelen tener arcenes ridículos, trozos de rueda por todas partes y tener el firme bastante regulín.
Por contra, los cientos de miles de millas de carreteras infinitas atravesando el país son dignas de mención.
¡Ah! Y es habitual que los camiones puedan circular a la misma velocidad que los coches, así que el susto cuando te encuentras a una mole de las de antes a 80 millas por hora detrás de ti, que vas tranquilamente viendo el paisaje, es morrocotudo.

Monument Valley Rd

8. Las señales de tráfico

Ceda el paso se dice “Yield”, pero no hay muchas señales de ceda. Casi todas son de stop y funcionan como cedas. Uno llega a un stop y se para y se van cediendo el paso coche a coche por estricto orden de llegada. Esto es así en los cientos de cruces en los que he parado. Rotondas hay pocas. Yo he visto dos: una entrando al Parque del Grand Canyon y otra para salir.
Las que señalizan curvas y otras cosas en las carreteras son un rombo amarillo, pero no tienen un estándard, así que te puedes encontrar con una que te anuncia que hay animales salvajes en la carretera con un ciervo de frente, de lado o de espaldas, o con un bisonte… O con alguna como la de la imagen a continuación… que anuncia chume y churris

9. Los hoteles / moteles

Es relativamente sencillo encontrar alojamiento en cualquier sitio. Los moteles (hoteles de carretera) son un formato que aquí asociamos más con puticlubs, pero que en otros países funcionan estupendamente, sólo hay que ver las cadenas Formule 1, Ibis, etc
En cualquier pueblo hay varios moteles. Sabes si tienen habitaciones on o porque lo anuncian con un neón gigante “(NO) Vacancies”. Si tienen, que suelen tener, ya digo, son todo lo contrario a la idea de motel cutre que nos plantean las películas. Las habitaciones están limpias, todas tienen aire acondicionado y nevera… y la wifi te la dan de entrada y es gratis y va a toda caña.

Las habitaciones suelen tener una cama king size y en algunos casos, cama o camas adicionales… están pensados para viajar en familia. De hecho, se ven muchas familias con niños.

En Las Vegas es otro planeta. Hoteles de 3000 habitaciones, ruido extremo por todas partes, tragaperras hasta en el wc… De eso ni hablo.

En Boise estuvimos también en un hotel en la ciudad, grande, cuidado y con una piscina chulísima. La atención post venta es magnífica, además.

10. La vegetación

La vegetación en EEUU es muy diferente. En unos casos porque climáticamente no nos parecemos mucho y en otros porque allí les deben de poner plantavit a los vegetales para que crezcan de esa manera tan espectacular.
En los estados que he recorrido, la zona sur, lo que se denomina la Gran Cuenca o Great Bassin, en inglés), es más bien desértico. Es una meseta que está por encima de los 1000 metros de altitud en casi su totalidad y que abarca la zona este de California, Nevada al completo, el sur de Idaho, el oeste de Utah y Arizona… plantas rodadoras aka tumbleweeds, aún sin secar, cactus variados, Joshua Trees… o directamente nada… o flores de colores chiquitinas, porque acababa de llover hacía unos días y estaba el desierto en todo su esplendor.

La zona norte de Idaho, Montana, Wyoming, el norte de Utah son montañosos. Hay, sobre todo, coníferas.
En las ciudades, los árboles son más variados: sauces, cedros, arces, robles. Los robles son chulísimos. Muuuuucho más grandes que los nuestros y con las hojas también más grandes y más definidas.
¡Ah, y también hay adelfas! Y los girasoles crecen silvestres…

11. La comida

La comida es lo que es. Desayunan fuerte, comen cualquier guarrerida a media mañana y se ceban hacia las seis o las siete de la tarde. Si no quieres volver con chorrocientos kilos de más aconsejo compartir ración con alguien porque los platos son king size. Da igual que pidas una hamburguesa o una ensalada (que siempre te ponen un filete encima).

En realidad, y tras los 12 días de inmersión, creo que es una forma de comer más “europea”. Tiene sentido desayunar fuerte. Si lo haces, a mediodía no tienes hambre como para comer como lo hacemos aquí así que cualquier cosa (sándwich, pieza de fruta…) es suficiente… Y cenas a las seis de la tarde, lo que te deja cuatro o cinco horas libres para salir por ahí o lo que sea. No está tan mal pensado…

12. Los cementerios

Están señalizados, si no, dirías que son un parque “normal”. Las lápidas están puestas en perfectas campas de hierba verde y recién segada, en armonía total con el entorno. Los árboles dan fresco y paz.
Si coincide que al lado hay un cementerio militar y que justo están tocando “El Silencio” el efecto es de poner todos los pelos como escarpias, literalmente.

Las lápidas son bonitas. Suelen ser familiares y tener los nombres de la familia. Se van añadiendo las fechas según la gente se va muriendo y se la va enterrando. Y hay mucha simbología masónica, curiosamente. Digo curiosamente porque he visto pocas cruces, pero muchas escuadras y muchos compases. Incluso he visto una tumba con un valle entre montañas, árboles, un sol naciente y ganado. Preciosa, la verdad.

Los cementerios allí invitan a pasear, a meditar…

Y hasta aquí una docena que, en realidad, podría ampliar… porque fui con ganas del país y he vuelto loca de amor.

Foto vía Shutterstock.


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Sobre Cristina Juesas


Cristina Juesas, también conocida como Maripuchi, trabaja como consultora de comunicación. Organizadora y fundadora del TEDxVitoriaGasteiz. Ha sido presidenta del Toastmasters Club Vitoria-Gasteiz, asociación para mejorar las habilidades comunicativas y de liderazgo y ha sido elegida Directora de División para el curso 2017-2018. Autora de la Guía de usos y estilo en las redes sociales del Gobierno Vasco y coautora de Comunicación de Crisis Online. Organiza e-Innobar, un evento socio-tecnológico mensual en Vitoria-Gasteiz. Colabora con la Cadena SER en el programa Hoy por Hoy Vitoria en una sección sobre nuevas tecnologías.