Hace meses, una de esas maravillosas mañanas en las que navegas sin rumbo en la red, disfrutando de lecturas varias y de la contemplación del arte –lo llaman procastinación me parece, pero de vez en cuando me doy el capricho- descubrí un evento sobre creatividad, #Creatibi2013, al que los organizadores (maravillosos frikis todos ellos) llamaban NO EVENTO.

Sintonicé con esa asincronía desde el primer momento. La falta de definición de la cita hacía incluso más tentadora la aventura. Bien es cierto que para ir a Ibiza no hacen falta excusas pero en esta ocasión también las tenía, así que hice las maletas y puse rumbo.
 
Lejos de gurús y de expertos en las más diversas materias encontré un grupo heterogéneo que tenía en común una serie de rasgos que tal vez os resulten familiares: confianza (en ellos y en los demás), imaginación, valor, flexibilidad, entusiasmo, curiosidad intelectual, soltura y esa la sociabilidad propia del que sabe “querer y dejarse querer”.
 
En definitiva, un grupo de gente que se atrevía. Porque precisamente de eso va la creatividad, de atreverse. Tan solo es mi opinión. Si buscas “respuestas”, ya te digo que puedes dejar de leer en este post porque me voy a dejar fluir; así te lo digo, no tengo intención de cambiarte la vida, tan sólo de compartir mi experiencia por si te sirve o te divierte.

1. Fluir

La palabra más repetida durante el evento fue “fluye”. La escuché, entre sonrisas, una y otra vez y la verdad es que creo que fue lo que todos hicimos. Aprendí que conectarte con lo que te rodea y distanciarte de tus propias posiciones intelectuales y emocionales (patrones mentales de pensamiento) es una forma de explorar otros territorios dentro y fuera de ti.

Es más sencillo de lo que parece, simplemente flota y déjate llevar, las conexiones neuronales tradicionales se van progresivamente desactivando y otras nuevas nacen. ¡¡Ooooommm!!

2. Empatía

La capacidad cognitiva de percibir en un contexto común las emociones ajenas ha sido básica para la evolución de la especie humana. De hecho, todas las personas mentalmente sanas tienen capacidad para la experimentar la participación afectiva con otros. Tan importante es esta habilidad que incluso los psicópatas (incapacitados biológicamente para experimentarla) aprenden a imitarla para ser socialmente aceptados.

Entrenarla es tan sencillo como liberarte de pensamientos y, sencillamente, observar con los ojos cerrados a los que tienes junto a ti. Cierra los ojos y observa con el corazón.
Empatía

3. Atrevimiento

Si algo tenía en común el heterogéneo grupo que se formó en Ibiza fue su atrevimiento, porque hay que tener valor para lanzarse a un evento como éste.

La creatividad necesita que saltemos nuestras barreras, que abandonemos nuestra zona de confort para explorar territorios en los que no estamos tan cómodos. Allí, en la zona de aprendizaje, descubriremos nuevas respuestas hilando soluciones con todo aquello que partía de nuestras mochilas y que encontramos a nuestro alrededor. Es magia.
atrevimiento

4. El niño interior

Uno de los ejercicios que realizamos con la coach Carmen Pastor fue una visualización en busca de nuestro niño interior, con sus talentos y su falta de límites. Ese niño que todo lo podía y para el que todo era posible. 
 
Ese niño vive dentro de nosotros y siempre está ahí para ayudarnos a encontrar las respuestas. Tiene talentos y en ocasiones no los ha desarrollado todavía por los miedos que acumuló al hacerse mayor. Dedica algún rato a jugar con él, te sorprenderá. 
Niño interior

5. La idea

José Antonio Marina en su libro “La inteligencia fracasada: teoría y práctica de la estupidez” analiza el potencial de la mente humana y los diversos caminos por los que ésta se malogra. Entre las cosas que abocan a una inteligencia, en principio con un buen potencial, a convertirse en estúpida están (entre otros): el fracaso de la voluntad y la elección de metas. 
 
Cualquiera puede tener una buena idea, “hasta el más tonto”, pero la clave será tener además la capacidad de tomar decisiones y el valor personal necesario para trazar un plan e implicando tu voluntad, ir paso a paso persiguiendo el objetivo, a pesar de las dificultades que se planteen durante el camino.
 
Un inteligencia que se atasca en la toma de decisiones y “entra en el círculo vicioso de la inacción” es una inteligencia fracasada. 

6. El plan

Pero antes de que una idea se convierta en una meta debemos tratar de evaluar si es una meta equivocada. Para eso hace falta una inteligencia sana y entrenada.

Si la meta está bien elegida, si tenemos las capacidades y habilidades necesarias, si trazamos y seguimos un plan con voluntad y hacemos uso de la resiliencia cuando se presenten dificultades podremos lograr nuestros objetivos.
El plan

7. Prejuicios para que os quiero

Los prejuicios tienen una razón biológica de ser. En determinadas situaciones, nos ayudan a tomar decisiones rápidas, prácticas, para no tener que ir valorando a cada momento respuestas a un montón de preguntas poco prácticas. Sería agotador para nuestro cerebro.

 Pero a su vez pueden llegar a acomodar el pensamiento y acostumbrarnos a dar por buenas falacias u opiniones poco fundamentadas. De hecho, las personas con prejuicios tienen dificultades para aprender cosas nuevas y suelen perder oportunidades como demuestra un estudio realizado en Suiza, basado en la teoría de juegos. 
 
Así que en #Creatibi2013 jugamos mucho a deshacernos de nuestros prejuicios, incluso sexuales, compartiendo nuestras fantasías. Muy recomendable y bien conducido por la sexóloga Almudena M. Ferrer.

8. Capacidad

Durante mucho tiempo a la pregunta de “soy creativa” me he respondido con un rotundo NO. Creía, como muchos, que la creatividad era una cualidad, como la belleza, que se tenía o no se tenía. Pero eso fue antes de descubrir que mi hijo era TDAH, investigar al respecto y descubrir como la especial dotación para el pensamiento divergente (propio de estos niños) se inhibe ya desde las más tempranas etapas de sus vidas, gracias a nuestro actual sistema educativo. 

Así descubrí que la creatividad (en minúsculas) es una capacidad que tiene nuestro cerebro; el de todos, y que engloba diferentes procesos fisiológicos y conexiones neuronales interhemisferiales que se pueden estimular y trabajar. 
Capacidad

9. Pensar con el corazón

La filosofía oriental y determinadas corrientes de crecimiento personal lo afirman desde hace años. Ahora la ciencia lo corrobora: el corazón tiene cerebro. En este artículo Annie Marquier, matemática e investigadora describe cómo un sistema nervioso compuesto por más de 40.000 neuronas y situado en el corazón, ayuda al cerebro a procesar la información que procede del exterior filtrándola y configurándola previamente. Esto puede explicar cómo nuestro estado anímico y nuestros sentimientos condicionan nuestros pensamientos.
 
Una vez escuché decir: el 50% de la belleza de lo que vemos está en lo que miramos, el otro 50% en los ojos del que mira. Parece que la ciencia, poco a poco, va “entrando en razón”. 
Pensar con el corazon

10. Aprender a desaprender

Es importante sanear periódicamente la mente y dejar espacio a pensamientos nuevos sin las ataduras o frenos que puedan ofrecer los pensamientos anteriores.

Pero no olvidemos que para desaprender primero hay que haber aprendido. Y con esto rompo una lanza a favor de la gente que estudia. Esa que tiene la humildad y la disciplina necesaria para, antes de criticar el sistema, pasar por la universidad y currarse unos estudios. Vivir en una actitud de aprendizaje permanente, no está reñido con tener estudios reglados.

 
Nunca olvidaré unas palabras que de un profesor de Ciencias Biológicas nos dijo:

“Señores ahora que terminan la carrera, no vayan a creer ni por un momento que lo saben todo. Ustedes hoy por hoy no saben nada, lo único que tienen es una estantería vacía. En sus manos está o no llenarla de libros”.

 
A mí personalmente las estanterías me han venido muy bien para ordenar mis libros y experiencias. Cada cual que haga las cosas según su juicio, pero no suscribo como válido el vício de criticar a aquellos que han demostrado perseverancia y disciplina completando una ardua formación.
 

11. Pasión

También en la universidad escuche por primera vez aquello de que no se puede ser realmente bueno en algo que no te apasiona porque no consigues dedicarle las horas suficiencias para alcanzar el nivel de destreza o conocimiento necesario. Como dice el que Ken Robinson “descubrir tu pasión lo cambia todo”. Si quieres aprender sobre creatividad, lee este libro, este hombre si que sabe.
pasión

12. Vivir es crear

No se me ocurre nada más creativo que vivir. Vivir es inventar cada día, llenarlo de luz y de colores o de sombras. Vivir es la obra de tu vida llenarla de poesía y de belleza es cosa tuya. Arte efímero, pero arte al fin, que hasta puedes encontrar en las cosas más nimias y aparentemente insignificantes. Depende de ti poner en valor tu lado más creativo o dejarte amedrentar por las mayúsculas. 



Besos y ¡qué viva la creatividad! con minúsculas.

Gracias a todos los Creatiberos y en especial a Daniel Suarez por liarla tan gorda. Gracias también a los autores de las fotos: Isabel García Luis, Cristina Escudero, Cristian Figueroa e Iñaki Velaz por permitirme usarlas en este post.





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Sobre Nuria Carbó


Comunicadora de profesión desde hace más de una década. Freelancer, por vocación. Licenciada en Publicidad - Relaciones Públicas y Bióloga. Aprendiz vocacional y curiosa, muy curiosa.