Es posible que muchos no vean en tener una mascota algo especialmente relevante. Pero como todo en esta vida, depende de como te lo tomes. Para mi adoptar a mi gato, Samy, fue incluir a un miembro más en mi familia. Y así lo trato y así lo vivo. Y de esa interacción ha surgido una vivencia y un aprendizaje que ahora os quisiera transmitir. Esto es lo que aprendí:

1. A dormir cuando tengo sueño

Y comer cuando tengo hambre. Los gatos son Zen por naturaleza. Comen cuando tiene hambre y se duermen cuando tienen sueño. No importa dónde, ni quién esté. Ellos viven en el instinto y por tanto acorde con sus necesidades. Y creo que es algo que conviene aplicar, adaptado a nuestra vida más compleja obviamente que la de un felino.

2. A acercarme a quien me agrada

Los gatos son especialmente sensibles a la energía o las vibraciones que les transmiten los demás. Por eso sólo se acercan a las personas que les agradan. Y aún así lleva un tiempo que cojan la suficiente confianza para dejarse tocar, sobre todo en ciertas partes como la barriga. Un gato no es como un perro que te sigue a todas partes, te lo has de ganar. Y creo que es una buena forma de ir por el mundo. La vida es muy corta para pasarla con gente que no te agrada.

3. A alejarme de quien me desagrada

Y del mismo modo que se acercan a quien les agrada, no tiene ningún problema en alejarse de quien no les gusta. No hacen ningún tipo de cumplimiento con eso, si no les gustas, se dan la vuelta y se van sin ningún tipo de miramiento. Creo que es algo muy sabio que los humanos a veces no sabemos cómo hacer. Y nos empeñamos en quedarnos cerca de gente que no nos agrada o que no nos trata bien.

4. A poner límites

Los gatos son muy territoriales. Tienen su zona delimitada y no quieren que otros gatos se metan en su zona. No pretendo que vayamos meando en las esquinas para delimitar nuestro territorio. Pero sí que creo que ser más asertivo es en muchas ocasiones y lugares totalmente necesario.

5. A decir basta, incluso de lo bueno

Cuando mi gato se cansa de que lo acaricies, se mueve inquieto, te muerde en señal de aviso o se levanta y se va. A veces a nosotros nos cuesta poner un límite cuando creemos que aquello que nos ofrecen es “bueno”. Pero es posible que no quiera más de ese pastel por bueno que esté o de las atenciones de alguien por buena intención que tenga. Estoy en mi derecho de decir basta.

6. A ser auténtico

Por todo lo dicho anteriormente, es obvio que el gato es quien es, sin disimulos. No está en su naturaleza hacer un papel, ni siquiera para conseguir algo. Cuando quiere algo lo pide sin disimular. Y cuando le molesta algo se va. No es que tengamos que volvernos unos maleducados, pero tampoco hace falta ser unos hipócritas. Practicar un poco más de autenticidad nunca viene mal.

7. A estirarme sin vergüenza

Cada vez que Samy se despierta, se despereza a placer. Y esa capacidad de estirarse y no estar envarado ni encorsetado, me parece admirable. Y es muy sano para nuestro cuerpo.

8. A estar relajado

Cuando Samy duerme, duerme. Totalmente relajado. Y eso nos enseña que hay momentos en que hay que soltar el control. Totalmente. Las preocupaciones pueden quedarse en la mesita de boche. Lo que se tenga que resolver puede resolverse al día siguiente. Sólo hay que soltarse y dormir profundamente.

9. A aceptar a los demás como son

Un gato es como es. No es un perro que te sigue y te obedece. El gato va a su aire y se acerca cuando quiere. Y así es como has de quererle, tal como es. Y como has de querer a las personas, tal como son, sin querer cambiarlas. Puedes alejarte de quien no te agrade, pero acepta a quien te agrade como es.

10. A conectar más con mis emociones

Con los animales es más sencillo experimentar un amor incondicional que con las personas. No suelen existir sentimientos contradictorios como los que nos encontramos en nuestras relaciones. Y puede ser un buen modo de ensayar ese amor incondicional que a veces nos cuesta tanto de expresar. Y también el amor compasivo.

11. A ser más empática

Como es obvio, mi gato no habla. Pero se expresa de mil maneras. Y como sucede con los niños pequeños, tienes que aprender a entenderlo sin palabras. Y eso afina tu capacidad de ser empático y de percibir el lenguaje no verbal.

12. A ver a los animales como iguales

Cuando convives con un animal, pasa a ser un miembro de tu familia. Salvo para algunos innombrables que son capaces de abandonarlos en una carretera. Empezamos a verles como seres que sufren y que tienen a su manera emociones. Y eso te hace ver al resto de los animales en la misma categoría. Y preocuparte por su sufrimiento. Porque como dijo Gandhi: Un país, una civilización se puede juzgar por la forma en que trata a sus animales.

Convivir con un animal puede ser un buen camino para volverte más humano y ser más feliz. Y para aprender a disfrutar más del aquí y ahora. Para darte cuenta de que la vida es algo que sucede momento a momento. Y que o estamos ahí presentes para disfrutarlo, o esos momentos pasarán y no volverán a repetirse. Carpe diem.

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Mertxe Pasamontes

Sobre Mertxe Pasamontes


Suelo definirme como psicóloga 2.0. Soy Licenciada en Psicología Clinica (UB) y licenciada en Humanidades (UOC). Tengo formación complementaria con un Posgrado en Trastornos mentales y soy Trainer en PNL y Master en PNL y Coaching y en Hipnosis Erikssoniana. Trabajo como terapeuta, coach y formadora de manera freelance. Escribo en un Blog de Psicología divulgativa www.mertxepasamontes.com. Me encanta también la fotografía y tengo una galería en http://www.pbase.com/raspilla. Autora del ebook Rompe tus cadenas mentales. Y atrévete a cambiar.