Este año tuve un verano de mierda. En junio en un control rutinario me detectaron cáncer de mama. Me operaron dos veces, pasé por un montón de estudios y ahora estoy en la etapa de tratamientos coadyuvantes para evitar la recidiva.

Sé que cada experiencia es única. Que cada cáncer es distinto aún siendo del mismo tipo, porque cada cuerpo también es distinto. Pero imagino que los que vivimos esta experiencia podemos llegar a tener sensaciones comunes. Por eso comparto aquí lo que aprendí del hecho de pasar por un cáncer.

1. Cáncer no es sinónimo de muerte

Es sinónimo de enfermedad grave que puede curarse.

2. El ego se eclipsa y surge nuestro yo esencial

La primera reacción al conocer el diagnóstico es pensar que uno va a morir lo que conlleva una carga de miedo y angustia importante. Uno siente que la línea de la vida se acorta repentinamente y que ya no hay futuro (no veré a mis hijos crecer etc). Pero ese terror inicial da paso bastante rápidamente al surgimiento de nuestro yo más verdadero. Lo que no se consigue con años de psicoterapia, se consigue en unos días. Caen las máscaras y disfraces del ego. Volvemos a ser lo que originalmente éramos antes de que el ego tomara las riendas de nuestra vida. Y nos encontramos con un ser mejor del que imaginábamos.

3. La opción inteligente es ser positivos

Desde el punto de vista racional la opción inteligente es ser positivo durante el largo proceso de tratamiento. Pensar que dentro de lo malo de la situación, antes o después vas a curar. Lo contrario es ser tonto porque se lo pasa mal durante el proceso. Y si las cosas salen bien se sufrió mucho y al pedo. Y si las cosas no salen bien, se vivió el proceso con serenidad. Por eso, repito, la opción inteligente es dentro de lo malo imaginar la mejor opción.

4. Somos partículas divinas viviendo una experiencia humana

Esto a muchos les parecerá un disparate. Pero yo siento cada vez más claramente que somos almas inmortales, chispazos de divinidad, encarnados en un cuerpo, viviendo una experiencia humana. Y que cada vida, para los tiempos del cosmos, es comparable a lo que una vez leí, comentaba Carmen Posadas, el vuelo de un pájaro que entra por la ventana de una habitación, la recorre y sale por la otra ventana del cuarto. Esa imagen me ayudó mucho a relativizar mis circunstancias.

5. En la niñez somos más sabios

Cuando somos niños tenemos las cosas más claras. Recuerdo que de pequeña, tendría unos 8 años, nos subimos con mi hermano a un árbol bastante alto y luego no sabíamos como bajar. Teníamos miedo y no sabíamos qué hacer, hasta que le digo: “No pasa nada. Saltemos. Si nos rompemos algo, nos llevan al médico y nos curan y si nos morimos, nos vamos al cielo”. Saltamos y no nos pasó nada malo. Me parece una buena metáfora de cómo afrontar la enfermedad.

6. Vivir en el aquí y ahora

Entendí que el tiempo en la niñez pasa lento porque el niño vive en el aquí y ahora. La enfermedad y el miedo a la muerte hizo que me colocara automáticamente en el aquí y ahora con lo cual redescubrí el placer del tiempo lento de la niñez donde disfrutábamos con cada oportunidad. Ver una peli, leer, una charla en familia, caminar de la mano de mi pareja, acariciar a mi perro, tomar una caña, encontrarme con una amiga se convirtieron en pequeñas celebraciones de la vida para gozar.

7. Déjate querer

El afecto nutre y da fuerzas. Hay que dejarse querer. No tiene sentido ocultar la enfermedad o arrastrarla como con vergüenza. Al abrirnos a los demás, la energía que recibimos es muy poderosa y ayuda a estar mejor..

8. Huir de la gente tóxica

Alejarse de las personas tóxicas que te asustan con sus reacciones o comentarios. Lo principal es cuidarse uno. Y que el otro entienda que no es el momento. Y si no entienden, que se jodan, como dijo la filósofa de la desvergüenza…

9. La importancia de convertirse en sujeto activo durante el proceso de la curación

Ayuda mucho sentir que uno puede hacer algo para sanarse. Que no somos un actor pasivo sujeto al destino. Yo elegí por ejemplo comer de una manera más sana, fortalecer el sistema inmunológico, meditar, pero hay muchas más posibilidades. En ese sentido me resultó muy útil el siguiente video que muestra cómo el cuerpo tiene sus propios mecanismos de autocuración y qué podemos hacer para permitirles actuar más eficientemente.

10. La importancia de la medicina humanizada

La medicina humanizada cura más. La palabra del médico ejerce un poderoso efecto placebo. Es importante cómo se dicen las cosas. Yo tuve la suerte de topar con profesionales muy comprometidos con el paciente y pude sentir el efecto curativo de sus palabras.

11. Hay un antes y un después

Una experiencia tan intensa marca un antes y un después. Reencauza tu vida en otra dirección. No tengo claro aún hacia dónde. Pero estoy segura que será hacia un proyecto de vida más pleno, sereno y de servicio.

12. Del miedo al respeto

Tras pasar por la enfermedad, creo que en general, le perdemos el miedo a la palabra cáncer. Pasamos a tenerle respeto. E imagino que en un futuro no tan lejano, la tomaremos como ahora tomamos a la palabra sida.

¿Has pasado por la experiencia del cáncer? ¿Qué has aprendido?

Fotografía destacada cortesía de Jennie Ivins via photopin cc.


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Sobre Paula Colantonio


Emprendedora. Blogger. Apasionada por los viajes, la cultura y el 2.0. Argentina residiendo en España desde hace 9 años. Fundadora de Argentravel SL agencia de viajes especializada en Argentina