Dejar el lugar en que nacimos y trasladarnos a otro sitio, buscando estar mejor, es una experiencia común a millones de personas.
Cada uno tiene su historia y las hay mucho más dramáticas que otras.
Mi experiencia no es dramática, ni heroica.
Pero quizás le resulte útil a quien esté barajando la idea de emigrar.

1. Es importante tener claro el motivo por el cual se emigra

En mi caso, por ejemplo, buscaba una calidad de vida familiar mejor que la que tenía en Buenos Aires. Me refiero a tener tiempo para compartir con quienes había elegido estar: mi marido e hijos. Saber claramente por qué nos vamos, qué buscamos, es el norte a tener en cuenta posteriormente para no perderse.

2. No eres nadie

Cuando llegas a un sitio nuevo no existes. Nadie te conoce. No suena tu teléfono. A nadie le importa nada de ti. Es una lección de humildad.

3. No trates de encajar a toda costa

Todo tiene su tiempo y seguramente la gente que conoces al principio no es la misma que la que con el tiempo será tu amiga. La soledad inicial hace que uno se esfuerce en encajar a toda costa y de ese modo puedes traicionar, sin darte cuenta, tu esencia, aquello que te hace más valioso.

4. Resistir para crecer

En la búsqueda de un futuro mejor, vas a pasar por situaciones que no te gustan. Es importante, en esos momentos, recordar el motivo por el cual abandonamos nuestro mundo conocido. En mi caso, una situación “difícil” era mi trabajo por lo poco motivante -entre otras connotaciones negativas que tenía- pero, me permitía obtener un ingreso y tener tiempo para estar con mi familia (que era el motivo principal de la decisión de irnos). Es importante entonces “aguantar”. Y aguantar creativamente. Joderse un poco es bueno para despertar la creatividad. La insatisfacción que sentía a nivel laboral fue el motor para gestar un emprendimiento y poder irme de mi trabajo.

5. La paciencia, una virtud necesaria

Altas dosis de paciencia. Nada se consigue de un día para otro. Muuuucha paciencia. Lleva años poder ir armando tu nuevo mundo. Y si quieres que sea consistente con tus valores, mucho más. Pero llega. El universo conspirará a tu favor si pones el corazón en ello.

6.Saber pedir ayuda

Es muy posible que pases por momentos de ansiedad y angustia. Sin llegar a desarrollar el “síndrome de Ulises” -más asociado a condiciones extremas- es normal que te sientas mal y que necesites recurrir a un médico o psicólogo. No pasa nada. Te ayudan, te sientes mejor y con más recursos psíquicos para seguir intentándolo.

7. Sentirse sólo puede ser muy bueno

No te conoce nadie. Y eso es malo; pero también es bueno. No tienes ninguna presión externa. Ningún padre, madre, amigo, vecino, colega de trabajo, que te diga lo que hay que hacer. Es una buena oportunidad para, en ese silencio, escuchar nuestra llamada interior y actuar en consecuencia.

8. No eres de aquí, ni de allí

Tomas conciencia de cómo el lugar en que naciste y viviste te condiciona. Cosas que te parecían “normales” allí; no lo son aquí. Y a la inversa. Cosas que allí te parecían “raras” son “normales” en el nuevo lugar. Con lo cual te vuelves mucho más amplio mentalmente. No perteneces a ningún sitio, pero tu mapa mental se ha expandido.

9. Eres el dueño de tu vida

Se te hace más fácil tomar las riendas de tu vida, porque ya experimentaste algo de esa naturaleza al atreverte a partir. Y adviertes que es posible cambiar tu vida. Pensar por ti mismo. Ser fiel a tus anhelos más profundos. Que no es tan complicado. Que se puede.

10. Volver a empezar es adictivo

Una vez que has partido de tu lugar de origen, cambiar de residencia es mucho más fácil. Añadiría que hasta adictivo. Luego de 10 años de vivir en Canarias, donde logré concretar mi anhelo de formar una familia como la que quería, siento que es hora de mudarme de nuevo. Otros desafíos. Otro momento de la vida. Vuelta a empezar.

11. Los vínculos profundos perduran

La distancia produce una selección natural de vínculos y sobreviven los más profundos. Cuando te reencuentras con la gente significativa para, ti la reconexión es inmediata. El afecto sobrevive intacto.

12. La distancia hace que mejore la relación con tu familia de origen

Esto último es un poco en broma… pero a la distancia, mejora la relación con la familia en la que naciste. Se liman asperezas…

¿Y tú, que has aprendido al emigrar? ¿Contribuyes a ampliar la lista?

Fotografía destacada de la autora, con licencia Creative Commons.


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Sobre Paula Colantonio


Emprendedora. Blogger. Apasionada por los viajes, la cultura y el 2.0. Argentina residiendo en España desde hace 9 años. Fundadora de Argentravel SL agencia de viajes especializada en Argentina