Viajar por placer, por trabajo, por ir a una boda, a un sarao. Buscar un hotel o que te lo busque la empresa si el viaje es de curro.Con el tiempo uno va aprendiendo a adecuar el hotel a lo que quieres para cada viaje.

Cuando eres joven lo más importante es que sea barato, total “solo es para dormir”, luego te das cuenta de que el criterio “solo para dormir” te puede llevar a dormir a 100 km de tu destino en un camastro en el que para meterte en la cama tendrás primero que contener la respiración para poder cerrar la puerta de la habitación.

Después te vas haciendo más sabio y vas incluyendo variables: que esté céntrico, que tenga desayuno porque así me forro y me ahorro parar a comer, que esté limpio, que tengan habitaciones familiares, que tenga buena comunicación y así hasta sumar n factores.

Normalmente consigues alcanzar el rango de hotel que más se ajusta a tu ideal dentro de tus posibilidades económicas, pero aunque hagas una búsqueda exhaustiva, siempre siempre hay cosas incomprensibles en los hoteles.

Son chorradas, pero cuando estás en la habitación tumbado tranquilamente siempre te asalta un pensamiento idiota sobre ellas. Bueno, a lo mejor sólo me pasa a mí.

1. Entrada espectacular y habitaciones dignas de los 7 enanitos

Llegas al hotel y tiene una puerta descomunal de grande, un hall forrado de maderas nobles o de cristal con un mostrador gigante. Todo es a lo grande, tanto que te impresiona y te confías y dices… ”estupendo, esta vez lo he hecho bien, un buen hotel”. Coges la llave satisfecho de ti mismo, subes a tu habitación y cuando entras la puerta casi no abre. Piensas que rozará el suelo o que no tienes fuerza suficiente. Ja. La puerta choca con la cama. La habitación es tan pequeña que la celda de un monje cartujano sería una suite nupcial.

Si el hotel lo has reservado tú, estás jodido.

Si encima vas en pareja será una prueba de amor absoluta.

Si es un viaje de trabajo echarás espumarajos por la boca y dirigirás todo tipo de improperios hacia el departamento de “reservas” de tu curro.

Después intentas que el cepillo de dientes entre en el baño y empiezas a pensar en cómo podrás ducharte sin mojar la cama.

2. La moqueta

La moqueta es un invento diabólico que debería estar prohibido por ley en todas partes pero más en sitios de uso común. En tu casa puedes poner moqueta hasta trepando por las paredes, la mierda que se acumulará será tuya y lo mismo le coges cariño y no te da asco. Estupendo.

Pero, ¿por qué la moqueta en sitios públicos donde pasa muchísima gente de la que no tenemos constancia que sea limpia? Siempre me imagino al inventor de la moqueta y a su distribuidor mundial como dos mafiosos tipo Tony Soprano “vamos a acojonar a todos los dueños de hoteles del planeta para que pongan moqueta” “ Si, y cuanto más fea mejor”.

El placer de andar descalzo pierde mucho encanto cuando empiezas a pensar cuanta gente habrá pisado ahí y con qué, y qué habrán tirado y en fin…asqueroso. En los hoteles habría que llevar como zapatillas de estar en casa, botas de agua.

3. Sistema de luces

Entras en la habitación, metes la tarjeta en el cajetín y todo un despliegue de luces se encienden en la habitación. Como estás inspeccionando el espacio, que si la cama mola, que si el baño está decente, que si las vistas están bien o dan a un patio con los aparatos del aire acondicionado no te fijas en las luces. Te acostumbras a esa luz artificial y no le prestas atención hasta que imbuido de un poco de conciencia medioambiental , decides apagar alguna luz.

En una maniobra completamente lógica y de persona inteligente, vas a la entrada y le das al interruptor general para apagar las luces de la entrada. Clic. Se apaga la lámpara de al lado de la ventana, las del pasillo siguen encendidas. Vas al lado de la lámpara de la ventana, das al interruptor que está allí pensando que aquello es absurdo pero en fin…y se apagan las luces de la mesilla. Empiezas a desesperarte, vas a la mesilla, le das a los interruptores de allí y entonces se enciende una luz nueva encima de la mesita. ¿Pero qué coño hay que hacer para apagar una luz aquí?

Más o menos lo mismo pasa cuando te acuestas y quieres encender la lamparita de la mesilla para leer con ella, descubres que un interruptor que hay al lado de la puerta del baño es el que se corresponde.

4. Minibar

El minibar de una habitación de hotel es un pozo de frustración.

Primero, si llegas a la habitación tarde, todo cerrado, y con un hambre de perro, lo abres pensando en comer algo que te llene. ¿Qué hay? Alpiste para humanos: almendras y cacahuetes. Eso no alimenta, no sacia y lo que es peor te dará pesadillas al acostarte y una sed de mil pares de cojones.

Si en vez de hambre lo que quieres es ahogar tus penas en alcohol lo llevas chungo también. Esas botellitas no dan para llegar al nivel de alcohol necesario como para emborracharse convenientemente, asi que hay que mezclarlas todas, con la consiguiente resaca del demonio al día siguiente.

Lo peor sin embargo es cuando compruebas que el alpiste te lo han cobrado al precio del barril Brent de petróleo y el alcohol a precio de diamantes.

5. Utilidades de baño

Da igual lo grande que sea la habitación, da igual que en el baño quepa todo tu apartamento, la dirección del hotel considera que el gel y el champú son “tesoritos” y te los proporciona siempre en unos botecitos minúsculos, que hay que agitar como una coctelera para conseguir sacar una mínima cantidad de producto. Todo para descubrir al final que te has lavado el pelo con la colonia y te has untado el cuerpo de champú. Eso sí, son monísimos.

Peine. Bien, siempre puede ser que se te haya olvidado cogerlo de casa y es bastante necesario… si tienes pelo.

Limpiazapatos. Queda un poco vintage pero vale. Si vas a ir a una reunión importante mejor llevar los zapatos lustrosos. Y eso seguro que no lo has cogido de casa.

Pañuelos de papel. Vale. Siempre son útiles.

Gorro de ducha metido en caja de cartón. ¿WTF? ¿Quién usa gorro de ducha? Cuanta gente se mete en la ducha y dice “uy, casi me mojo el pelo, voy a volver a salir para sacar ese plástico transparente de la microcaja y no mojarme mi pelazo” Sospecho que los fabricantes de gorros de ducha son primos de los Soprano de la moqueta.

Pero bueno, aceptando que necesites un gorro de ducha. ¿Por qué nunca hay condones? ¿Por qué? Que levante la mano el que no ha echado alguna vez de menos condones en un hotel.
Voy a llamar a los soprano de la moqueta, veo la oportunidad de negocio claramente.

6. Mamparas de ducha

Actualmente en los hoteles hay una tendencia a quitar la bañera y meter una megaducha.
Alguien ha debido pensar (Los Soprano de los baños, quizás) que la gente no va a los hoteles a bañarse porque “solo es para dormir”. Bueno, pues eso no es así siempre. Hay mucha gente que solo puede darse un baño tranquilo cuando está en un hotel, gente con hijos para más señas. Y luego hay mucha gente que todavía cree en el mito del baño romántico y sexy y a la que le molaría darse un baño en un hotel con su pareja. Pero bueno, los hoteles se han pasado a la ducha, a la megaducha con grifería de la Enterprise y siete pares de chorros y siete tipos de caudal… y un sistema de cerramiento que hace que cuando sales de la ducha puedas nadarte unos largos por el baño de todo el agua que dejan escapar.

7. “No molestar”

¿Lo habéis probado alguna vez?

No funciona.

“No molestar” para la señora que limpia la habitación quiere decir “Por favor, entre lo más de sorpresa que pueda, a ser posible sin hacer ningún ruido hasta que me pille durmiendo, saliendo del baño en bolas… y deme un susto de muerte”.

8. Enchufes

Gran tema. Están colocados por el mismo electricista que diseño el sistema de interruptores y con el mismo criterio: ninguno.

En caso de haber mesa para trabajar el enchufe estará probablemente a la distancia exacta para que no te llegue el cable. En la mesilla que es donde quieres un enchufe para poner a cargar el móvil que te despertará al día siguiente, no hay enchufes y al final acabas dejando el ordenador cargando en un enchufe que hay en una pared de camino al baño y por supuesto tropezarás con él al levantarte completamente zombie. Para cargar el móvil tendrás que desenchufar una lámpara de pie y dejarlo cargando en el suelo. Y por supuesto, todo esto blasfemando.

9. Edredones, mantas y demás

Hay dos tendencias en los hoteles, por un lado los hoteles que han optado por el nórdico a muerte. Y cuando digo a muerte quiero decir que vas a un hotel en junio en Madrid con 35 grados a la sombra y en la cama hay edredón. ¿Por qué? ¿Qué pretenden? ¿Asar a la clientela? ¿Hacerles creer que están en Noruega? La opción destaparse no se contempla pero eso lo explico en el siguiente punto.

La otra tendencia es la de “cama hecha por tu abuela” con las sábanas tan metidas y una manta que pesa tanto que si consigues meterte dentro te sientes casi casi embalsamado.

El tema de las almohadas da para otra docena, solo apuntaré una cosa: la almohada matrimonial es con mucho la peor idea del universo. (¿otra vez los Soprano?)

10. Aire acondicionado / Calefacción

Vas por el pasillo hacia la habitación y la temperatura es la correcta, es tan correcta que ni siquiera eres consciente de ella. Abres la puerta, metes la tarjeta y de repente estás en el trópico o en Siberia. ¡Qué frío hace aquí! ¡Qué calor! Vas entonces al cuadro de mandos que hay en una de las paredes y lo miras. Eres ingeniero, economista, abogado, historiador, físico, médico, jefe supremo de una empresa, tienes tu casa, manejas un ordenador, la caldera de tu casa y a lo mejor hasta sabes hacer veleros con palillos… pero el cuadro de mandos que regula la temperatura de tu habitación te resulta completamente incomprensible. Aún así, optas por girar, presionar y colocarlo en otra posición distinta confiando en que aquel cambio haga
mejorar la temperatura de la habitación.

No lo hará. Tendrás frio, te taparás, tendrás calor, te destaparás. Ni frio ni calor. Tratarás de abrir la ventana y no podrás o habrá demasiado ruido o demasiado aire o estará lloviendo.
Volverás a mirar el cuadro de mandos. Llamarás a recepción: “ah si..lo miramos”, te dice el de recepción mientras se lima las uñas y pasa de ti (está enchufado en el puesto por los Soprano).

11. Perchas

¿De verdad que hay una mafia especializada en robar las perchas de los hoteles? ¿Existe un mercado negro tan increíble que era necesario inventar esas perchas del demonio? ¿Pudiendo llevarme la almohada, las toallas, una lamparita o el nórdico.. de verdad que voy a llevarme las perchas? Lo veo, excedente en un camión robado por los Soprano.

12. Wifi

Hoteles de 3 y 4 estrellas de el mundo. ¿Cómo es posible que el albergue de juventud del pueblo más pequeño de España te de wifi gratis y vosotros no? ¿No sabéis que sin wifi no sois nadie?

Prefiero un hotel con habitación pequeña, con bañera, en el que me tenga que llevar el champú y abrir la ventana para respirar en la habitación pero con wifi… a pagar un hotel de diseño en el que me informen en un cartelito de que “para nuestros clientes existe wifi gratis en el hall de entrada”. Cutres, que sois unos cutres.



Pues nada, ahora corred a una web a reservar el hotel para el próximo viaje de trabajo o de placer. Eso si, cuidadito con las fotos de la web que las carga el diablo. Ah, y que conste que hay algunos hoteles estupendos, yo conozco algunos increíbles… pero eso da para otra docena.

Fotografía destacada cortesía de chadmagiera via photopin cc.


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Sobre Molinos


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