Hoy se cumplen cincuenta años del asesinato de John Fitzgerald Kennedy y tras sesudas investigaciones de todas las revistas que estos últimos meses han aparecido en los Kioskos me propongo desvelar al público una docena de cosas cuanto menos curiosas sobre el magnicidio que dio renombre al concepto “Teoría de la Conspiración”.
Antes de que comenceis he de advertiros que la lectura del siguiente post puede hacer que jamás volvais a confiar en una Comisión de Investigación.

1. La confesión de Marcello

MarcelloMarcello no se quedó contento con todo lo que había soltado por su boca contra los Kennedy en la época en la que comandaba el crimen organizado en Luisiana. Ya mayor, durante su última estancia prisión, hizo unas polémicas declaraciones que levantaron ampollas. Durante esos años en los que Marcelo cumplía condena llegó a hacerse íntimo de otro preso, Jan Van Lanngman, atracador de bancos. El capo sentía mucha simpatía por los atracadores de bancos, así que Jan se convirtió en íntimo de Marcello. Thomas Kimmel, agente del FBI destinado a la penitenciaria de Texarcana, pronto vio el potencial de esta amistad y convirtió a Van Lanngman en su informante. Este compró una radio en la que ocultó un micrófono para así registrar las conversaciones cada vez más íntimas y esclarecedoras. Jan quedó perplejo cuando en una de esas conversaciones Marcello confesó haber asesinado al presidente Kennedy. Esta conversación, mantenida durante las muchas horas de patio que compartían los dos convictos en la cárcel de Texarcana, no quedó registrada y no pudo utilizarse para acusar al capo. Lo cierto es que Marcello no andaba bien de la cabeza en sus últimos años de vida y no sabemos a ciencia cierta si esa declaración fue veraz o fruto del cerebro cansado de un anciano, pero ahí quedan para afianzar más aún la duda sobre si la muerte de Kennedy fue el resultado de una conspiración orquestada por la mafia.

2. Enemistades peligrosas

Digamos que los Kennedy no despertaban simpatías entre la Mafia. Robert Kennedy fue un incansable perseguidor de capos antes y después de que su hermano llegara a la Casa Blanca. Después de la ajustada victoria de JFK ante Nixon, Bobby, desde su nuevo cargo de Fiscal General del Estado, multiplicó exponencialmente la presión sobre el crimen organizado que controlaba prácticamente todas las organizaciones del país. Esto mosqueó especialmente a Sam Giancana, jefe de la mafia en Chicago. Sam Giancana y Frank Sinatra eran muy amigos y este último, a su vez, también era íntimo de Joseph Kennedy. Fue el padre quien, supuestamente, pidió a Frank que moviera sus hilos para asegurar la victoria de John en un estado que resultaba clave de cara al resultado final de las elecciones. Sam ayudó a los demócratas a ganar en el estado de Illinois mediante sobornos y amenazas con la esperanza de que Robert Kennedy quedara relegado al puesto de ‘un simple abogado’ tras las elecciones. No fue así y parece que a Giancana no le hizo mucha gracia…
David FerrieCarlos Marcello, capo de Luisiana, era otro de los objetivos de los Kennedy. Nacido en Túnez de padres sicilianos, Marcello no podía ser procesado en los EE UU al no ser ciudadano estadounidense. En su pasaporte figuraba Guatemala como país de nacimiento, así que Robert Kennedy consiguió deportarlo allí. Pero su exilio duró apenas unas semanas. David Ferrie, piloto y amigo de Marcello, lo devolvió de contrabando a EE UU. Carlos Marcello nunca ocultó su aversión hacía los hermanos Kennedy. En una ocasión dijo: ‘si a un perro le cortas la cola su cabeza te atacará, pero si le cortas la cabeza deja de causarte problemas’.
Aunque la comisión Warren concluyó en su informe que el único responsable del magnicidio había sido Lee Harvey Oswald y que este había actuado en solitario, son muchas las pruebas que muestran las conexiones de Oswald con el crimen organizado y el régimen cubano. Su tío fue corredor de apuestas de Marcello en Dallas y en una imagen tomada unos años antes del asesinato del presidente podemos verlo en compañía de David Ferrie. Marcello también se refirió a él en unas declaraciones después del asesinato del presidente; al parecer, Oswald había permanecido unos días en la casa de Marcello. Oswald debía de tener el don de la ubicuidad, porque según otras fuentes, este había sido visto en la embajada de Cuba en Ciudad de México. Oswald nunca ocultó su simpatía hacía los regímenes comunistas; conoció a su mujer en la Unión Soviética e incluso pidió asilo político allí, aunque le fue denegado. De nuevo en Estados Unidos, reafirmo su compromiso con el régimen cubano. Dicen que allá por 1959 tuvo contacto con diplomáticos cubanos en Los Ángeles y en agosto del 63 fue visto repartiendo panfletos del grupo castrista Fair Play for Cuba. Vamos, que sobran los motivos que pudieron mover a Oswald a asesinar a Kennedy o a simplemente actuar como un chivo expiatorio, ya fuera para la Mafia o para Castro.

3. La (mala) puntería de Oswald

oswaldLee Harvey Oswald no era un gran tirador. Esta es la conclusión que la Comisión Warren publicó en su informe de 1964. Las calificaciones obtenidas por Oswald durante su pertenencia al cuerpo de Marines estaban en el límite de la mediocridad. El tiro desde el depósito de libros de Dallas, donde Oswald había conseguido trabajo días antes del desfile presidencial, no era fácil, pero aún así, dos de los tres disparos que Lee asestó dieron en el blanco. Unos meses antes, el General Edwin Walker fue víctima de un intento de asesinato. Mientras estaba en su despacho, una bala atravesó la ventana y pasó rozando su cabeza. La policía fue incapaz de identificar al tirador, pero el informe de la Comisión Warren determinó que el responsable de este atentado fue Oswald, motivado por sus irrefrenables impulsos asesinos. En esa ocasión Oswald erró un tiro presumiblemente fácil. Quizá su ‘buena puntería’ el día 22 de noviembre de 1963 fue fruto de la casualidad. O quizá no fue él quien acertó en la diana.

4. El traje rosa

chanel_suit_jackie_kennedySegún testigos presenciales del asesinato de JFK, tras los disparos la primera dama gritó ‘¡han asesinado a mi marido, tengo su cerebro en mis manos!’. En las imágenes grabadas durante el desfile por Abraham Zapruder, y que no fueron emitidas hasta 1975 por la ABC, vemos a Jackie saltar hacia el maletero del coche en el que viajaban. Según su declaración intentaba recoger un resto del cráneo de John. Una vez en el hospital, Jackie insistió en permanecer junto a su marido y se negó a tomar tranquilizantes porque deseaba estar junto a él cuando muriera. Se negó a quitarse el traje rosa de estilo Chanel manchado de sangre, uno de los favoritos de John, y con él viajo en el Air Force One junto a Lyndon B. Johnson. Según sus propias palabras con ese gesto quería ‘mostrar a la nación lo que habían hecho a Jack’. El traje permanece en atmosfera protegida en los Archivos de la Nación en Maryland. No será expuesto hasta, previsiblemente, este año 2103.

 

5. Dallas, tercera parada

Presumiblemente el asesinato del presidente estuvo precedido por otros dos intentos fallidos. El primero en Chicago, donde estaba previsto que JFK hiciera aparición en el Soldier Field Stadium el 2 de noviembre de 1963.

El 31 de octubre el FBI recibió una llamada en la que una mujer alertaba de que cuatro hombres a los que había alquilado una habitación poseían cuatro rifles. La policía detuvo a dos de los cuatro hombres, pero no se encontraron las armas. Los dos hombres arrestados se negaron a declarar y fueron puestos en libertad sin cargos. Su identidad nunca fue revelada.

dallas5Esta no fue la única llamada que recibió el FBI sobre un posible atentado contra el presidente en Chicago. Un ciudadano anónimo alertó sobre un individuo llamado Thomas Arthur Vallee, un militante de extrema izquierda. Dos horas antes de que el presidente aterrizara en Chicago, la policía dio el alto al coche de Vallee por haber cometido una infracción de tráfico. Encontraron un rifle y una gran cantidad de munición, pero no pudieron relacionarlo con los otros dos hombres detenidos.

El viaje de Kennedy fue cancelado en el último momento poniendo como excusa el golpe de estado que había tenido lugar en Vietnam el día anterior.
El segundo intento tuvo lugar en Tampa, Florida. En esta ocasión el presidente no canceló su viaje y cumplió la agenda programada para el día 18 de noviembre de 1963. Pero la tensión flotaba en el ambiente. Hombres armados hasta las cejas escoltaban la comitiva presidencial. JFK fue informado de que su vida corría peligro; el FBI sospechaba que un francotirador podía intentar disparar al presidente durante el recorrido por la ciudad. Las autoridades mantuvieron en secreto esta situación. No se han encontrado documentos y la única prueba escrita apareció un par de días después del asesinato en Dallas en una breve reseña en un diario. La información que se tiene hoy sobre el intento de Tampa proviene del jefe de policía de Tampa en aquella época, J. P. Mullins.

 

6. Confesión

charles_harrelson_oldMuchos han sido los que a lo largo de estos 50 años han confesado estar detrás del asesinato de Kennedy. Otros tantos los que han revelado que si no detrás de la idea del magnicidio, si lo estuvieron detrás del rifle que repartió trocitos de seso de Kennedy por encima de los acompañantes que con el iban aquel 23 de noviembre. Los tenemos de todas nacionalidades, ideologías y precios y por tener tenemos hasta al padre de un famoso en el ajo como es Charles Harrelson, padre de Woody Harrelson que se confesó el asesino del Presidente cuando le detuvieron en 1979 por el asesinato de un juez del distrito de los EEUU. Según los expertos que creyeron en su confesión, olvidando el detallito que Charles estaba hasta las patas de farlopa el día que le arrestaron, el padre de Woody Harrelson sería uno de los tres misteriosos vagabundos que fueron detenidos en las inmediaciones de la Plaza Dealy. Sabiéndose centro de atención el bueno de Charles concedió una entrevista a una revista en la que reiteraba su participación en el asesinato dejándose lo mejor para cuando saliera de la cárcel. Así mismo y entre intento de fuga e intento de fuga, el supuesto magnicida dedico un tiempo a escribir un testamento donde daba luz a los acontecimientos de aquel 23 de noviembre. Finalmente en 2007 Charles Harrelson moriría en prisión, de su testamento nunca más se supo y encima van y dicen que el vagabundo no era el sino que era Howard Hunt.

 

7. Y más confesiones

28vinci.190Si bien es cierto que Charles Harrelson era un tipo bastante poco conocido hasta que su hijo comenzó a interpretar a Woody Boyd en Cheers, no deja de serlo que Howard Hunt, otro de los que confesaron haber participado en el asesinato de Kennedy, era bastante popular para los medios en EEUU. No en vano en 1972 fue condenado por su participación en el caso del Watergate, condena que sirvió para levantar la tapa de un cubo de mierda. De Hunt el Presidente Nixon llegaría a decir que sabía demasiado y probablemente fuese uno de los pocos hombres que daban miedo a un tipo como Dick El Tramposo. Como miembro de la CIA Hunt fue el encargado de entrar en la consulta del psiquiatra de Daniel Ellsberg, famoso por filtrar los Papeles del Pentágono muchos años antes de que existiera Wikileaks, para incluir entre los archivos datos que restasen credibilidad a la filtración y la cordura de Ellsberg. En relación directa con Kennedy, Howard Hunt estaría involucrado en Bahía de Cochinos y en 1971 confeccionaría y filtraría una serie de cables por los que se presentaba a JFK como el instigador del asesinato de Ngo Dình Diem, Presidente de la República de Vietnam en 1963. Cuando Ted Kennedy sufrió el accidente de coche que se llevaría a su amante, Hunt estuvo husmeando por la zona a fin de que salieran a la luz las aventuras extramatrimoniales que tenía el pequeño de los Kennedy y que a la postre le terminaron costando su carrera presidencial. Con este currículo no es de extrañar que Hunt fuese llamado a testificar sobre el asesinato de Kennedy por el Comité Selecto de la Camara para los Asesinatos, aunque allí hizo gala de oficio de espía y no dijo está boca es mía. Tal vez el motivo para su silencio no fuese otro que el mosqueo que le produjo que en el año 1972 su primera esposa Dorothy muriese en un extraño accidente de aviación. Sea como fuere y cuando Hunt estaba en la recta final de su turbulenta existencia, legó a su hijo una serie de escritos y grabaciones en audio en las que si bién no se confesaba autor del atentado a pesar de que muchos quisieron verle en algunas de las instantáneas tomadas aquel día, si que implicaba de forma directa a otros miembros de la CIA como Frank Sturgis, David Philips, David Morales, Cord Meyer y “Wild Bill” Harvey y además de señalar a Lyndon B. Johnson como el autor intelectual de la muerte de JFK acusaba a un francés de disparar el tiro fatal. Este francés sin nombre en el testamento de Hunt, sería Lucien Sarti, el mismo gabacho al que también se acusaba en el documental Los hombres que mataron a Kennedy. Dada esta y otras muchas coincidencias entre la confesión de Hunt y el resultado de investigaciones indeopendientes (lease “independientes” léase “no sé que hacer con mi vida e investigó el asesinato de Kennedy”) muchos han querido ver en estos documentos la solución al enigma del asesinato de Kennedy, mientras que otros, bastante más pragmáticos, lo que han visto ha sido el intento por parte del hijo de Hunt, Saint John, de intentar embolsarse unos dolores a través de la venta del DVD y el libro con las confesiones de su viejo (aquí mismo por un módico precio) para pagarse su adicción al jaco.

 

8. Seguridad

No solo el coche iba demasiado despacio sino que además llevaba la capota levantada en una zona declaradamente hostil al Presidente como Dallas en la que, para mas INRI, se ejerció poco o ningún control sobre todas las ventanas abiertas que había a lo largo de la . Por si eso no fuera suficiente, el trayecto de la comitiva se varió la noche anterior a la llegada de Kennedy a Dallas para que pasase frente a un montículo de hierba que hacía del Presidente un blanco perfecto y al lado del Almacén de Libros Escolares donde, casualidades del destino, trabajaba un tipo que había desertado a la URSS y se declaraba abiertamente comunista. Quien no quiera ver la mano oculta de un gobierno en la sombra es que no quiere ver. El pequeño problemilla de este asunto es que la seguridad del presidente de los EEUU nunca fue muy efectiva que digamos. Tanto es así que antes de Kennedy fueron 6 los Presidentes del país que con mayor o menor éxito sufrieron un atentado. El trayecto jamás fue variado de lo que estaba previsto a pesar de lo que diga Oliver Stone que dada la cantidad de rumores basados en teorías peregrinas que sembró a través de su película, da la sensación de que lo que quiere es que jamás se aclaré el magnicidio. El coche iba lento porque así lo quería Kennedy que a lo que fue a Dallas fue a ganar votos y no a hacer un tour rápido por el centro de la ciudad. La capota iba levantada por que hacía calor. 100shot4Hay investigadores que dicen que el calor fue provocado para que el coche fuese descubierto y asi el tiro fuese más fácil, pero hasta que Oliver Stone no dirija una secuela de JFK esta teoría no será muy popular. El Presidente francés Charles De Gaulle que en esto de atentados sabía un rato pues estuvo en la mira de la OAS a lo largo de gran parte de su presidencia, se sorprendió cuando conoció un poco a fondo la seguridad que giraba en torno a un tipo de la importancia del Presidente de los EEUU. Y cuando digo “se sorprendió” no me refiero a la sorpresa en plan “vaya medios que se gastan estos yankees” si no a todo lo contrario. De hecho hasta 1.965 no se declaró delito federal el atentar contra la vida del mandamás de los EEUU, “¿quien iba a querer matar al Presidente?” se debían preguntar a pesar de los antecedentes.

 

9. Disparos

Que si uno, dos, tres, cuatro y hasta nueve disparos cuentan los testigos que se escucharon aquel día en la Dealey Plaza. Que si salían del Deposito de Libros Escolares, que si desde el montículo de hierba donde ya no crece la hierba porque a todos los turistas les da por andar por allí. Que si el tirador fue Umbrella Man utilizando un dispositivo propio del Inspector Gadget, que si fue el conductor a propio intento o demostrando una torpeza sin predecentes cuando ante el primer disparo y al desenfundar su arma reglamentaria para proteger al Presidente, esta se le engancho y convirtió los sesos de Kennedy en un motivo floral en el vestido rosa de Jackie. Cuando son tantas las teorías y tan dispares los testimonios, no queda otra más que fiarse de las evidencias… o quizá no tanto. Intentando defender a capa y espada que solo había actuado un tirador y que este solo había efectuado tres disparos de los cuales uno fue fallido y el otro le reventó la cabeza al bueno de John, la Comisión Warren se encontró con un buen marrón al tener que justificar que la bala restante produjese un total de 4 heridas. La solución la vino a dar un tal Arlen Specter que, sumando un poco de física de Instituto, un poco de trigonometría y grandes dosis de imaginación, se saco de la manga cual Tamariz que la bala que atravesó el cuello del Presidente, pasó luego por el pecho de Connally en dirección a la muñeca donde entró saliendo con la trayectoria cambiada para terminar alojándose en la pantorrilla del Gobernador. Todo esto con una parada en el aire y atravesando 14 capas de ropa, 16 pulgadas de tejido, un nudo de corbata, una muñeca y unas costillas, tras lo cual apareció en una camilla casi intacta. Al público en general le puede parecer una teoría un poco pillada por los pelos pero no fue así para el Comité Selecto de la Camara Sobre Asesinatos que en el año 1978 se mostró de acuerdo con ella al igual que se mostró de acuerdo con que el tiro mortal lo disparó Oswald desde su posición detrás de la caravana presidencial… Pizarra-con-fórmulas-matemáticas-Clay-ShonkwilerSí, la grabación Zapruder muestra como la cabeza del Presidente se ve impulsada atrás y a la izquierda pero dudar de la procedencia del disparo es no tener ni puta idea de los conceptos momento angular, momento lineal y péndulo balístico conceptos que no me atrevo a explicar pero que se pueden resumir en: estos no son los androides que buscas. Tranquilos, ya podéis guardar los libros de física. La última de las pocas evidencias del asesinato del Presidente Kennedy es la grabación Dictabel que como ya sabrán los fanses de los magnicidios, fue la grabación que realizó la radio que llevaba uno de los motoristas de la comitiva presidencial. En dicha grabación se puede escuchar de forma nítida cuatro disparos, lo que tras un “oh cielos, la Comisión Warren se equivocaba” y unas cuantas discusiones sobre si se trataba de interferencias o no hizo que el Comité Selecto de la Camara Sobre Asesinatos decidiese anunciar que, efectivamente aquel día había dos tiradores en la Plaza Dealey, algo que contradecía a la Comisión Warren por lo que podía hacer suponer que Oswald no había efectuado el disparo fatal, pero que el Comité explicó de forma muy elegante afirmando que si, que fueron cuatro los disparos pero que el otro tirador del que nada se sabe falló el tercer disparo que se escucha y Oswald acertó con el que sería el cuarto tiro.

¡¡¡Tachaaaaaaaaaaaaan!!!

10. El cerebro de Kennedy

¿Donde está el Arca de la Alianza? ¿Donde el alma? ¿Donde está Wally? Son preguntas que palidecen ante uno de los mayores misterios que prevalecen sobre la muerte de John Fitzgerald Kennedy: ¿Donde está su cerebro? Es evidente que la primera respuesta que se le viene a uno a la cabeza es señalar el vestido de Jackie Kennedy, donde los sesos de su marido hicieron no ya un bonito si no un vistoso estampado. Pero esa no es la respuesta que desde el año 1963 se hacen investigadores a lo largo y ancho del mundo. Y es que tras la autopsia que sufrió el cadáver del Presidente en el Hospital Naval de Bethesda, el cerebro de Kennedy fue extraído (joder que asco) desapareciendo como si nunca hubiese existido (no, no es un juego de palabras sobre el cerebro de los políticos). Sobre aquella autopsia se ha hablado mucho en estos 50 años y a menos que el asesinato de otro presidente (dios no lo quiera) lo remedie, se seguirá hablando durante los siguientes 50. En primer lugar la autopsia de Bethesda difería considerablemente de la que horas atrás se había practicado al cadáver de Kennedy en el Hospital Parkland de Dallas. Donde en Parkland decían que había una herida en la garganta de entrada, en Bethesda decían que el orificio era de salida confirmando que los tiros habían salido del Depósito de Libros Escolares. Asimismo que de la autopsia largasen al médico de la familia Kennedy para que la realizasen tres médicos sin la más absoluta experiencia en el asunto de hurgar en muertos, médicos a los que supervisasen militares con más estrellas que el firmamento hicieron que los investigadores tomasen con cierto recelo los resultados de la disección. Pero no fueron aquellos sombríos militares quienes harían desaparecer el cerebro de Kennedy, el autor de los hechos fue ni más ni menos que (insértese aquí un redoble de tambor) su propio hermano Robert Kennedy.
Asesinato_de_Kennedy_14 15Como todo lo relacionado con el magnicidio, nunca han quedado claros los motivos de Bobby para adueñarse del cerebro de su hermano. Los unos dicen que la muerte de John le dejó tocado de la cabeza que se dedico a robar cosas suyas y a vestirse con su ropa durante meses. Los otros que el motivo no era otro si no la sospecha que tuvo desde el principio de que algo olía a podrido en Dallas la cual le llevo a recabar las pruebas que determinasen quienes estaban detrás del crimen convirtiéndole en el primer teórico de la conspiración sobre el asesinato de Dallas. Entre estas pruebas se contaba también la limusina donde falleció su hermano, pero cuando desistió cuando, intentando hacerse con ella se enteró de que el que el hombre que sucediera a Kennedy en el cargo, Lyndon B. Johnson, la había hecho limpiar y restaurar a las pocas horas del atentado. Una última razón, quizá cierta, quizá destinada a desmitificar a la figura del Presidente muerto, fue la que situaba a Bobby Kennedy como defensor de su hermano hasta después de muerto y que robó su cerebro para ocultar la enfermedad de Addison que sufría así como una serie de enfermedades venéreas contraídas en uno de sus muchos escarceos amorosos.

11. Muertos justo a tiempo

Robert Kennedy quedó abatido tras la muerte de su hermano. Su apoyo, personal y profesional, había desaparecido, y ahora su futuro al frente de la Fiscalía General del Estado quedaba colgando de un hilo. Pero esto no impidió a Bobby iniciar una investigación personal en la que los principales sospechosos eran la CIA, la Mafia y Cuba. Desde el primer momento, Robert estaba seguro de que la muerte de su hermano era el resultado de una conspiración, de ahí que en las horas posteriores al atentado se refiriera a los responsables como ‘ellos’, cuando en los medios se hablada de un solo tirador. Bobby sabía que él y su hermano estaban en el punto de mira de muchos y de hecho en una conversación comentó a su compañero y amigo Edwin Guthman lo siguiente: “Creí que irían por mí, y no a por el presidente”.
Durante la tarde del 22 de noviembre de 1963 conversó con el presidente de la CIA de aquel momento, John McCone, a quien hizo una pregunta muy directa: “¿Ha tenido vuestro tinglado algo que ver con este horror?”. También pidió a uno de sus hombres, Julius Draznin, experto en corrupción sindical, que investigara si el crimen organizado estaba detrás del asesinato del presidente.
No sabemos lo que averiguó, ya que se lo llevó a la tumba el día 5 de junio de 1968 tras ser tiroteado en el Hotel Ambassador de Los Ángeles durante una comparecencia ante sus seguidores tras ganar las primarias del Partido Demócrata. Lo que sí sabemos es que Robert tenía información suficiente y muy delicada que podía hacer temblar los cimientos del país más rico del mundo.
Muchas teorías demuestran que su asesinato fue fruto de otro complot, ya que RFK seguía la estela de su hermano en cuanto a temas de política exterior y crimen organizado. Aunque para las autoridades el único responsable fue un inmigrante palestino, Sirhan Sirhan, muy enfadado con las buenas relaciones que Robert intentaba instaurar entre EE UU e Israel.
Otros dos asesinatos, misteriosos y polémicos, relacionados con la muerte de JFK fueron los de Johnny Roselli, hombre de Santo Trafficante en Hollywood y Las Vegas, y Sam Giancana, capo de Chicago. Giancana se había convertido en un grano en el culo para el resto de capos, debido a su vida poco discreta y a su negativa a pagar por los beneficios que obtenía en sus casinos fuera de Estados Unidos. Además, tras su deportación desde México a Chicago, comenzó a colaborar con el FBI en la persecución del crimen organizado. Puede que Giancana supiera demasiado y por eso fue asesinado de varios disparos en su casa mientras cocinaba, poco antes de que se convocara el Comité Selecto para la investigación de las muertes de JFK y Martin Luther King en 1976 en el que debía declarar. Similar fue el asesinato de Johnny Roselli; también llamado a declarar ante el Comité Selecto, desapareció días antes de la convocatoria, el 28 de julio de 1976. El senador Howard Baker ordenó una investigación para averiguar el paradero de Roselli. Días más tarde el cadáver de este fue encontrado en un contenedor que flotaba en la bahía de Miami. Había sido estrangulado, tiroteado, y sus piernas estaban cortadas. Quizá los capos llevaron a la práctica la máxima de Marcello: tres guardan un secreto si dos están muertos.

12. Y después…

Lee Harvey Oswald escapó por la escalera trasera y fue visto en distintos puntos del Depósito de Libros de Texas aparentemente tranquilo y tomando una Coca Cola tras los disparos. Minutos más tarde cogió un autobús hasta su casa, entró precipitadamente en su habitación, se cambio de ropa y volvió a salir. Su casera lo vio a través de una ventana esperando el autobús. J. D. Tippit patrullaba la ciudad de Dallas en aquel momento. Cuando vio a Oswald esperando el autobús se paró ante él, alertado por el parecido físico que este tenia con la descripción que las autoridades habían hecho del asesino del presidente. Después de unos minutos de conversación, Lee Harvey Oswald asestó cuatro disparos a Tippit y salió huyendo. Se ocultó en un cine próximo, donde la policía lo detuvo apenas hora y media después de lo ocurrido en la plaza Dealy. Todo bastante normal, pero si ahondamos en esta descripción de los hechos ciertas dudas nos asaltan: ¿cómo es posible que Tippit reconociera a Oswald gracias a la vaga descripción que había lanzado la policía y, más aún, después de que este último se cambiara de ropa? ¿Por qué patrullaba Tippit solo en ese momento? ¿Por qué no estaba en la zona que se le había asignado el día anterior? ¿Por qué no informó por radio de que se acercaba hacia un sospechoso? Muchas teorías apuntan a que Tippit formaba parte de la conspiración y que había sido contratado para ayudar a escapar a Oswald tras el asesinato. De hecho, Tippit era conocido por ostentar una moralidad más que cuestionable y era muy amigo de Jack Ruby, otro protagonista durante las horas posteriores. Ruby regentaba un negocio de strip-tease en Dallas, y era la cabeza de Marcello en esta ciudad. Era bastante conocido entre la policía. Según algunas fuentes, la noche anterior a que Lee Harvey Oswald fuera asesinado en la comisaria de Dallas, Ruby recibió una llamada que le cambió la vida. ‘O te cargas a Oswald o vamos a por ti’; algo así debió de escuchar a través del auricular. Lo cierto es la deuda de Ruby con los capos del crimen organizado era lo bastante grande como para pasar por el aro. Por supuesto, nada de esto figura en el informe de la Comisión Warren, cuya conclusión es que Oswald era un ser violento obsesionado con asesinar al presidente y Ruby un norteamericano dolido y sediento de venganza tras lo que le había pasado al presidente más popular y querido de Estados Unidos.



Y ahora es tu turno joven investigador de magnicidios para que con tu aportación nos ayudes a desvelar este misterio que cumple hoy 50 años y que previsiblemente cumplirá 50 más sin ser resuelto.

Foto destacada vía 360b / Shutterstock.com.


Unadocenade también está en Google Currents. Suscríbete.
Los post de Unadocenade se pueden republicar siempre que respetes nuestras condiciones de republicación.

Hazle Wood

Sobre Hazle Wood


Investigadora de fenomenos para-anormales en general y de magnicidios en particular. Bien vestida a tiempo completo. En busca del tiempo perdido y más allá.