Ojo, que yo estoy en ello. Estoy, como quien dice en rodaje todavía. No soy experta madrastra y todas estas reflexiones que escribo no son más que una especie de nota recordatorio para mí misma. Una chuleta para releer cuando la bruja que llevo dentro intente abrirse camino hacia mi boca y hacerse con el poder de mis gestos.

Por supuesto, todo esto no es fruto de ninguna investigación seria. Ha sido una elucubración de lunes por la mañana, fruto de la necesidad de huir de otros menesteres mucho menos atractivos, que reflexionar sobre el hecho de ser madrastra. Ahí van:

1. Observa las cualidades de tu hijastra y ensálzalas

Búscalas, que las tiene. ¿No decías que eras una persona creativa? Demuéstralo. Es un ejercicio fantástico de Do It Yourself , porque nadie más que tú puede hacerlo. Y una vez las encuentres (verás que son más de las que creías) ensálzalas no solo en tu cabeza, sino también frente a ella.

2. Si tienes otros hijos propios, jamás los compares

De hecho, jamás compares a tus hijos propios tampoco. Igual que no comparas a tus novios o a tus maridos… Ya sabes que son todos diferentes, cada uno maravilloso a su manera. Ejem.

3. No le digas cosas como…

“¿En tu casa tampoco recogías tu habitación, ni ponías la mesa?” o “oye, ¿tu madre no te ha dicho nunca que blablabla?” Aunque te mueras de ganas, no digas esas cosas. Fíjate que viendo estas frases por escrito es muy fácil percibir lo odiosas que suenan. Ahora ella está en tu casa, te da igual lo que hiciera en la suya. Le será más fácil entender que aquí hay reglas diferentes, sino arremetes contra su madre que (no olvides que es lo que más quiere en el mundo mundial. Más que a ti. Asúmelo. Acéptalo. Deal with it). Con el tiempo tal vez aprenda a quererte de otra manera. (El punto 2, también podría aplicarse a madres y madrastras)

4. Mírala con ternura, es una niña

Tú lo fuiste también y diste por saco, y la cagaste y heriste a quien te quería y fuiste desagradecida… ¿No es de justicia permitírselo a ella también?

5. Ríñela, si crees que debes hacerlo

Llámale la atención como lo harías con tu hija. Con firmeza (que no a gritos). Debe entender que no estás dispuesta a que te tome por el pito del sereno y, a la vez, con ternura. Achúchala luego para que le quede claro que eso no estropea vuestra relación. Creo que con el achuchón también le quedará claro que no va a ser la última regañina.

6. Dale el beneficio de la duda

No te tomes a la tremenda lo que a ti pueda parecerte un desplante. Sus comentarios no siempre son envenenados, ni encierran mala intención. De hecho, es probable que no contengan ningún tipo de mala idea. Si ella tiene 12 años y tú 42, dime tú quien ha tenido más tiempo para pervertir su percepción del mundo o para hacer lecturas retorcidas. Si hay varias opciones de mensaje subliminal, elige siempre la más sencilla, la menos dañina. Probablemente, será la más próxima a su intención real.

7. Quiérela todo lo que seas capaz de querer

Claro, eso es relativo. Cada uno quiere a su manera o como puede… el caso es quererla a tope, sea cual sea tu tope. Ella lo percibirá a través de los hechos. Digo yo.

8. Habla mucho con ella

Pero mucho, mucho, mucho. De tus intenciones, de tus proyectos o, incluso, de tus temores. No tengas miedo a exponerte. Eso no te hace vulnerable frente ella (o quizas sí) pero también te hace persona a sus ojos. Le permite comprender tus puntos de vista y, para bien o para mal, llegar a conocerte mejor.

9. Permítele odiarte (un ratito)

Tu tambien fuiste niña y odiaste en un momento dado a tu propia madre o padre. No lo niegues. Permíteselo a ella también. Permítele que un día te mire con cara de querer estrangularte. No es el fin del mundo. Se le pasará. Y no te cortes, aunque creas que va a empeorar las cosas (que probablemente lo hará), no pierdas la ocasión de recordarle que tiene que hacerse la cama antes que irse (leñe, que no es más que estirar el edredón).

10. No te compares con ella

Esta la podríamos calificar como una versión enfermiza del punto 2. No te compares con ella. En muchos aspectos va a ganarte por goleada, lo siento. Además, no es justo para ninguna de las dos. Y aquí una versión más sofisticada: Evita también comparar a la niña que fuiste con la niña que es ella. Va a ser un fracaso absoluto. Porque si a ti te reventaba escuchar “pues tu tía y tu madre no se peleaban nunca” (confirmado luego por ellas que la percepción de tu abuela estaba un tanto distorsionada). Lo mismo. La niña que tú fuiste ya no le importa a nadie, y menos a tu hijastra. Concéntrate en lo que te toca ser ahora y no me seas anacrónica. Si tienes un blog, puedes permitirte un post del tipo “La niña que fui” al que todas las madrastras acudiremos gustosas a comentar, jejejee. Pero nada más.

11. Dile lo orgullosa que estás de esto y de lo otro

Te aseguro que aunque ponga los ojitos en blanco, le encantará oírlo. Le gustará tanto o más que a ti tus “likes” en Facebook. Admítelo, te mola que te den “likes”. No pasa nada, no eres la única. Estás entre amigos.

12. No te olvides del resto

Inmersa como estás en tu misión de establecer una buena relación con tu hijastra. No te olvides de los peques: los otros, los tuyos. Tu hija, la que fue durante seis años y medio primogénita, benjamina y única hija, ha pasado a ser, en menos de 2 años, la hija mediana. No la olvides. Aunque esté más rebelde que nunca. Compréndela, quiérela y vuelve a aplicar con ella los puntos del 1. al 11. ¿El pequeño? Ese crece como una margarita y alucina con los follones que tienes en casa. Creo que él, con la cantidad ingente de besos que recibe, está bien.



Este es mi listado de emergencia, al que recurriré en momentos de apnea maternal. Lo que de verdad, de verdad, me encantaría es que me ayudaras a completarlo con tus pensamientos o discrepancias. Quién sabe, en momentos de necesidad, ¡puede que doce consejos no basten!

Aconséjame tú a mí, tanto si estás en mi misma situación como si no. Al fin y al cabo, todas somos madrastras en potencia. 😉

Foto destacada cedida por Marta Colomer.



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Nuria Puig

Sobre Nuria Puig


No soy psicóloga, ni experta en relaciones. Tampoco soy Community Manager, ni coach, ni ingeniera informática, ni storyteller… un desastre vamos. Soy madre y madrastra. Paciente hasta que me harto. Hago lo que puedo por intentar superarme cada día un pelín.