Roberto Fernández de Pinedo fue el pediatra de nuestras niñas mayores hace más de diez años. Después de que dejara el ambulatorio y ya no le tuviéramos tan cerca, escribió un libro, “El arte de ser padres sensatos en la enfermedad”, que merece mucho la pena. También sé que ha dado conferencias y cursos en diferentes lugares, aunque por circunstancias nunca hemos podido ir a ninguna.

Pero Roberto nos ha enseñado mucho en su consulta, mucho de pediatría y sobre todo mucho de sentido común y naturalidad en la gran aventura que es ayudar a crecer a nuestros hijos sanos y felices. Muchas de las palabras que nos dijo cuando íbamos a su consulta las he tenido y las tendré siempre presentes.

1. Lactancia materna sí, pero…

Roberto es muy pro-lactancia materna, pero también tiene claro que “es mucho mejor dar un biberón con amor que el pecho con angustia”. Con los tres mayores, después de estar llevándolos a pesar cada dos por tres las primeras semanas de vida, me animó a empezar con los biberones y me decía con cariño: “Si no se puede, no se puede. Pero no por ello vas a dejar de ser la mejor madre del mundo”.
Y cuando, inexpertos, le preguntamos por las leches de fórmula nos dijo tajante: “Todas son iguales, no hay más que mirar la composición y no hay ninguna mejor que las demás. Yo iría al supermercado y compraría la que más rabia os dé”. Sé que hay pediatras que recomiendan ciertas marcas, pero él nos aseguró que era más por intereses económicos que nutricionales.

2. Pescado congelado y yogur natural

Al empezar con el pescado nos decía siempre que congelado, por favor, que no había que castigar a la economía familiar, que un pescado congelado era igual de bueno que la merluza más fresca del mercado y que no había por qué hacer sibaritas a los niños desde la cuna.
Al año nos dijo también que empezáramos a darles leche entera de la normal, que ni con suplementos, ni vitaminadas, ni nada. La leche entera de la marca que tomáramos nosotros. Y que los yogures mejores eran los naturales sin azúcar, desde el principio, que los primeros danones, los petisuises y otros postres lácteos eran mucho más grasos y dulces. Hoy es el día en que el yogur natural es el postre favorito de nuestros niños. Ni natillas, ni sabores, ni flanes, ni helados…: yogur natural sin azúcar. Así que en casa hoy no los compramos al por mayor, pero casi.

3. Mariconadas las justas

Recuerdo que cuando la mayor tenía cuatro meses y había que darle las frutas le pregunté a ver qué tipo de cuchara teníamos que comprar. Me contestó que ninguna, que una de las de postre de casa era perfecta, que en torno a los niños hay muchas mariconadas que no hacen ninguna falta. No le volví a preguntar por más tonterías de esas que nos hacen creer que nuestros niños necesitan. Y eso fue hace ya mucho tiempo. Cuando he ido más recientemente a comprar regalos para el niño de alguna amiga, compruebo que en los últimos años las chorradas y accesorios en torno a los niños pequeños se han multiplicado exponencialmente

4. Purés y comidas caseras lo mejor, pero los potitos también

También nos decía que los purés y las comidas caseras en general eran lo mejor, pero que los potitos también eran estupendos y que no dejáramos por eso de hacer excursiones o irnos de vacaciones. Defendía que lo más importante era vivirlo todo con calma y sin obsesiones.

5. Las comidas, a lo sumo, de media hora

Con respecto a las comidas el consejo más importante que nos dio fue que no hay ningún niño en el primer mundo que esté desnutrido porque se niegue a comer. Que hay veces que hay que engañarlos, incluso forzarlos un poco si tenemos ganas, pero que una comida nunca nunca tiene que durar más de media hora. Y que no se le debe dar nada entre horas, que eso que dicen las abuelas de “por lo menos que coma un yogur”, que no, que aprenda a esperar a la siguiente comida. Y que la comida no tiene que ser motivo de tensión, que los niños pasan rachas y que siempre comen lo que necesitan. En nuestra casa, a pesar de que hay mejores y peores comedores y también temporadas, hemos procurado siempre no ponernos con las comidas y convertirlas en un rato de reunión y encuentro de todos.

6. Cien besos mejor que diez

Nos decía siempre que nunca nos vamos a exceder en besos, achuches y caricias. Que cien besos es mejor que diez, y mil mejor que cien. Solía empezar la consulta preguntándonos a ver cuántos besos habíamos dado a nuestro bebé ese día. Y siempre repetía que a los niños pequeños no se les malcría por cogerles en brazos, al revés, que son los niños que no reciben el suficiente cariño y calor humano los que tienen problemas. Y también que los bebés lloran, algunos poco y otros más, pero que eso no les deja secuelas para el futuro, así que hay que estar tranquilos y tener mucha paciencia.

7. Las rabietas son normales

Al hablar de las rabietas defendía que son normales en los niños a partir de cierta edad y que lo que los padres tenemos que intentar hacer (que él entiende que a veces es difícil) es mantener la calma e ignorar al niño hasta que se tranquilice. Que da mejor resultado que reñirle, gritarle y perder los nervios. Y sí, aunque la teoría podemos tenerla clara, estoy de acuerdo con él en que a menudo resulta complicado gestionarlas bien.

8. La fiebre no debe ser motivo de alarma

En las primeras revisiones, adelantándose a lo inevitable, nos avisaba de que la fiebre no debe preocupar si baja con los antitérmicos o si el estado del niño es bueno. Que la fiebre en sí misma no tiene por qué ser motivo de alarma. Nosotros con la mayor íbamos adonde él a la primera al principio, con los demás cada vez menos y la pequeña sólo ha ido al pediatra para las revisiones y vacunas, muchas veces incluso tarde.

9. La gran mayoría de los bichos son buenos y se van solos

A los virus los llamaba bichos y nos aseguraba que la única manera de que se fueran era esperando. Y que no se debían a que no le hubiéramos tapado bien al niño o a que hubiera corrientes de aire, porque los virus se transmiten por contacto o por el aire de humano a humano, que no hay otra forma. Los jarabes para la tos, para los mocos, supositorios y el resto de las medicinas para suavizar los efectos no le gustaba recetarlos y nosotros nunca hemos usado ninguno. Nos hablaba de baños de vapor y cebolla en la habitación por la noche cuando estaban muy congestionados. Lo único que sí nos aconsejaba eran antitérmicos cuando la fiebre era muy alta. Y si el bicho resultaba ser una bacteria, cosa que siempre comprobaba antes, entonces, también antibiótico.

10. Mientras los niños estén cómodos, cualquier postura es buena

Cuando le preguntamos por el maxicosi, que entonces era nuevo y había gente que nos decía que en él no podía estar el bebé más de dos o tres horas, él nos contestó que los niños son de goma y que mientras estén cómodos no se les va a causar ningún problema ni en la espalda ni en ningún sitio. Nos hablaba de los niños de África que pasan horas despatarrados en las espaldas de sus madres y que no les pasa nada.

11. Hay que relativizar las cosas que objetivamente se sabe que tienen buen final

Siempre les ha mirado, auscultado y explorado con paciencia y durante mucho tiempo. Nunca se le ha escapado nada: detectó la neumonía de la segunda cuando era muy pequeña y nos mandó con urgencia al hospital, un soplo funcional en el corazón del tercero y la alergia que tuvo a las proteínas de la leche. Nos tranquilizaba y nos decía con pena que desgraciadamente todavía hay muchas familias y probablemente también muchos médicos que se manejan en la crianza de los hijos con criterios de agobio y angustia ante cosas no importantes, que objetivamente se sabe que tienen buen final y que no dejan “marca”. Y sin embargo se pasa muy “de puntillas” ante otros problemas, que son los del alma, que sí pueden dejarla.

12. Pocas chuches, poca tele, vainas y deporte

Cuando ya son más mayores les pide al entrar “besos mariposa” o “que choquen los cinco”. Después hace en silencio su papel médico con ellos, nos habla y escucha a los padres y por último se dirige exclusivamente a ellos, de una forma que a los padres no nos da opción a intervenir. Impone, porque es muy alto, delgado, con unos intensos ojos azules, mucho pelo y una barba muy poblada antes rubia y ahora canosa. Pero Roberto baja a su altura y les pregunta a ver si se lavan los dientes. Y si les gustan las verduras y que, aunque sean sólo dos vainas, merece la pena probarlas porque son muy sanas. Y también si comen pocas “chuches” y sólo los días rojos marcados en el calendario. Y a ver si recogen sus cosas y si obedecen a la segunda, porque él entiende que obedecer a la primera siempre es muy difícil, pero que a la segunda hay que hacerlo sin falta. Y que no hay que ver mucha televisión porque pone cara de “pánfilo” a los niños. Y les pregunta con verdadero interés a ver si hacen deporte y cuál les gusta, porque “qué fuertes y guapos son los niños que hacen deporte”.



Me imagino que me dejaré muchas cosas importantes por el camino, pero todo lo que he escrito y mucho más nos lo contaba Roberto en las consultas del ambulatorio. Consultas que hacía sin reloj, sin prisas, poniendo todo el cariño en cada niño y en sus padres, explicando las cosas con sencillez, con humildad, con dulzura y con mucha gracia. Está claro que Roberto es excepcional. Sin duda, los primeros años en la educación de nuestros hijos han estado mucho más influenciados por él que por todos los libros juntos sobre infancia que haya podido leer, que cuando era madre reciente fueron unos cuantos.

Ahora tenemos pendiente una nueva visita porque las mayores han entrado de cabeza en una nueva etapa y no nos vendría nada mal por lo menos otra docena de consejos. Y es que, ¡qué sencillo nos resulta ahora todo lo relacionado con los niños pequeños a los padres de adolescentes!

Foto destacada cedida por el Dr. Fernández de Pinedo .


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Sobre Naia Pereda


Doctora en Ciencias Físicas por la UPV/EHU. Físico médico en el hospital de Basurto de Bilbao. Le gusta estar con sus cuatro niños, correr, nadar, escribir y muchas otras cosas.