La mera idea de un gobierno cerrado y sin actividad puede ser inconcebible en Europa. Si bien en algunos países la maquinaria burocrática parezca funcionar a pedales, resulta del todo increíble que se paralice por completo todo un país. Y menos aún que sean los funcionarios de a pie los que consigan vacaciones forzosas pero que los políticos sigan hablando y hablando (que es su trabajo, ¿no?).

Pero lo cierto es que en Estados Unidos no es tan extraño. La última vez que pasó fue en 1995, con Bill Clinton. Y entre otras cosas, produjo las condiciones propicias para el escándalo de Monica Lewinsky. Con la mayoría de empleados de la Casa Blanca ausentes, los becarios tuvieron que asumir más responsabilidades y acercarse más al Presidente. Y el resto es historia.

Nadie sabe qué consecuencias históricas puede traer esta vez el paro de la maquinaria gubernamental americana. Pero lo que sus ciudadanos (y el resto del mundo) ya están experimentando son las consecuencias directas de éste. Algunas cómicas, otras muy serias, otras simplemente tristes y algunas estúpidas. Aquí os mostramos unas pocas.

1. Espías, sí. Derechos humanos, no

Durante el tiempo por el que dure el parón del gobierno, el departamento de Homeland Security hecho famoso por la serie homónima seguirá funcionando pero a medio gas. Los analistas, espías y demás gente que velan por la seguridad nacional seguirán al pie del cañón. Ahora bien, los empleados en puestos de poca relevancia, tendrán que irse a casa temporalmente.
Entre éstos se encuentran todos los encargados de atender la línea telefónica que sirve para atender, denunciar e investigar abusos contra los derechos humanos. Las prioridades mandan aquí.

2. La máquina de guerra no se detiene

Estados Unidos tiene un gobierno federal relativamente pequeño, comparado con los gobiernos europeos. Una de sus principales es la defensa. No es de extrañar por tanto que la mitad de los funcionarios que dejarán de recibir paga sean dependientes del ejército: 400.000 del total de 800.000 empleados públicos afectados.

Eso sí, las prioridades americanas están claras. Durante el parón, los reclutadores del ejército no van a dejar de intentar captar nuevos soldados. Con mucha gente (no sólo en el gobierno) perdiendo temporalmente su trabajo, no pueden dejar escapar la oportunidad de atraer a gente con necesidad de trabajo y dinero rápido. Porque aun hay muchas guerras que librar.

3. Pero la diplomacia sí se detiene

La guerra sigue pero la diplomacia se paraliza. El trabajo de los embajadores y cónsules americanos se verá seriamente afectado cuando gran parte del personal no imprescindible sea mandado a casa.

Claro que no todo va a ser malas noticias para todos. El hecho de que no haya gente trabajando en el Departamento de Estado significa que países como Irán o Cuba, que sufren embargos por parte de Estados Unidos, podrán beneficiarse de un respiro comercial. Durante el tiempo que dure el parón no habrá nadie vigilando que las sanciones impuestas se lleven a cabo.

Ahora bien, aunque algunos gobiernos extranjeros se permitan un respiro, todo ciudadano extranjero que quiera viajar a Estados Unidos en los próximos días lo tendrá un poco más difícil: si necesitas hacerte un visado en persona (por razones de trabajo o estudio, por ejemplo), mejor que te armes de paciencia, pues no se concederán o se hará a cuentagotas.

4. El turismo, herido gravemente

Aunque el tema de visados va a afectar sobre todo a trabajadores, estudiantes y refugiados, lo cierto es que también habrá muchos turistas que lo tengan más difícil para entrar al país. Y si lo consiguen, no se van a acabar ahí los problemas.

La totalidad de parques naturales y muchas atracciones turísticas dependientes del Estado cerrarán y no será posible visitarlas. Algunas de ellas conseguirán abrir gracias a iniciativas privadas o locales, donde ayuntamientos o vecinos, con dinero de su bolsillo, sufragarán los costes de mantener abiertas las atracciones.

La alternativa era desoladora. Bodas canceladas por celebrarse en parque naturales, gente atrapada dentro de éstos o incluso pueblos enteros convertidos en pueblos fantasma y otros con los servicios básicos como el agua o la electricidad cortados.

5. Los cumpleaños más tristes de la historia

Hablando de parques naturales, el de Yosemite, uno de los más visitados del país, cumplió 123 años abierto durante la semana pasada. Sin embargo fue el cumpleaños más amargo de su historia al no haber nadie allí para celebrarlo.

Algo parecido le ha ocurrido a otra institución legendaria: NASA cumplía 55 años con los pasillos vacíos. Por una vez había más transmisiones de la NASA llegando a la Tierra que saliendo de ella.

6. El mazazo a la exploración espacial

EL mundo de la ciencia en general está de luto. En el anterior paro del gobierno, los académicos tardaron más de un año en recuperarse. Pero el mazazo a la exploración espacial es inmenso.

Y es que se dice pronto: un 97% del personal de la NASA ha sido enviado a casa. Entre los pocos que siguen trabajando está el personal de la Estación Espacial Internacional (ISS); suponemos que porque no era viable traerlos de vuelta. Otros han conseguido in extremis que les dejen trabajar.

Entre ellos están los ingenieros de la misión MAVEN a Marte. Tras presionar al gobierno consiguieron un indulto para poder volver al trabajo. De no haberlo hecho habrían perdido una ventana de lanzamiento para el proyecto y las condiciones para la siguiente no se darían hasta dentro de dos años. Eso parece haber convencido al gobierno para darles un respiro.

Otros muchos programas no han corrido la misma suerte. El espacio es ahora un lugar mucho más frío y solitario sin los tweets del robot Curiosity desde Marte –aunque le haya salido un gemelo malvado. Y esperemos que ningún asteroide amenace la Tierra en un tiempo porque el Asteroid Watch Program que se encarga de vigilar de cerca a las rocas que pudieran colisionar con nuestro planeta ha sido considerado como no imprescindible.

@marscuriosity

7. Internet herido de muerte

Si lo del robot Curiosity incendió a Internet, lo que pasó con la Panda Cam del zoo de Washington no se queda atrás. En agosto la osa panda del zoo de la capital dio a luz a un bebé que desde entonces ha hecho las delicias de visitantes tanto en el zoo como en el resto del mundo. Porque los trabajadores del zoo tuvieron la gran idea de ponerle una cámara web 24 horas al día para observar al pequeño panda como si de Gran Hermano se tratara.

Todo eso se ha acabado con el cierre del gobierno. El zoo argumenta que mantener la cámara exige mantener a personal atendiendo el feed de video y las redes sociales. Y obviamente, también ha sido considerado como no imprescindible.

8. Los límites de lo imprescindible

Es comprensible que algunas cosas cierren. Aunque sean adorables, no son imprescindibles. Pero al menos mantienen lo importante. ¿O no?

Entre las agencias que han echado la persiana se encuentran el CDC (Centro de Control de Enfermedades por sus siglas en inglés) y la agencia encargada de vigilar la seguridad de los alimentos, envasado y empaquetado de la comida y otras cosas por el estilo. Ambas, no esenciales. Ambas tienen a la mayoría de sus trabajadores de vacaciones.

Algo que en condiciones normales no debería importar, salvo por un pequeño detalle: Estados Unidos se enfrenta a un brote bastante fuerte de salmonella Heidelberg. Sólo por cómo suena, mezclando la salmonella de la que tanto nos advierten en los anuncios de lavavajillas, con algo que suena como Heisenberg de Breaking Bad, no puede ser bueno.

¿Siguen siendo no esenciales esos trabajadores?

9. Con la salud… se juega

Los riesgos sanitarios del parón del gobierno en Estados Unidos no se limitan a la comida. Los supervivientes de la salmonela Heidelberg se enfrentarán después a una de esas viejas conocidas que cada año nos visitan: la gripe.

El problema es que normalmente la campaña de vacunación empieza por estas fechas y se prolonga hasta que todo niño, anciano o persona en grupo de riesgo ha sido inmunizada. No este año. Si el motivo de cerrar el gobierno era paralizar el programa de salud Obamacare, la gripe puede que lo haga más necesario que nunca.

10. Con drogas y a lo loco

Pero pongamos que un americano medio sobrevive a quedarse encerrado en un parque nacional sin agua ni electricidad, a la soledad de no tener al robot Curiosity ni a la PandaCam, a la salmonela y a la gripe… ¿Estaría ya a salvo?

Sí, siempre y cuando evite el transporte público. El Departamento de Transportes no hará durante el cierre de gobierno ningún control antidroga a los empleados del transporte público. Eso quiere decir que un conductor de autobús, tren o metro podría ponerse hasta arriba y aun así estar capacitado para conducir según su Departamento.

Ah, por si no suena suficientemente peligroso, esto también afecta a los controladores de tráfico aéreo.

11. Una persona para mantener 8.000 obeliscos

El otro lado del parón gubernamental es el de los que sí se quedan trabajando. Por el mismo salario, van a tener que hacer el trabajo de los que se quedan en casa. Y aquí se lleva la palma el pobre Kyle Hipsley.

Kyle forma parte normalmente de un grupo de ocho oficiales que se encargan de mantener una red de 8.000 obeliscos situados a lo largo de los 8.891 km de frontera entre Canadá y Estados Unidos. Los obeliscos miden más de dos metros de altura y están realizados en piedra y metal. Sin embargo, la bajada de persiana del gobierno federal ha mandado a casa a los siete compañeros de Kyle. Pese a todo, Kyle dice que la situación está bajo control.

Un poco mejor está el tema de los árboles plantados en esa misma frontera americano-canadiense. De podarlos y arreglarlos se encargan dos equipos de contratistas de cinco personas cada uno que van a seguir trabajando. Al menos mientras aguanten los fondos de reserva.

12. Lo imprescindible

Si sorprende lo que echa el cierre, también hay algunas agencias que sorprenden por quedarse abiertas. Entre los cientos de sitios que van a permanecer abiertos durante el parón gubernamental está por ejemplo uno muy particular: : el gimnasio del Congreso. Es considerado como esencial y por lo tanto seguirá funcionando. Cabe destacar que se trata de un gimnasio privado, para uso exclusivo de los políticos estadounidenses.

Otra de las agencias que van a continuar trabajando es la Internal Revenue Service (INS), que es el equivalente a Hacienda. Sus empleados seguirán recogiendo impuestos para un gobierno que no va a ofrecer servicios a sus ciudadanos y que virtualmente no existe. La paradoja riza el rizo aun más porque si hay problemas a la hora de pagar los impuestos y necesitas a alguien que te ayude a hacerlo, no va a haber nadie para ayudarte. Todas las líneas de atención han sido suspendidas.



Éstos son sólo algunos de los ejemplos del parón del gobierno en Estados Unidos. Hay algunos otros que son igualmente importantes o trágicos. Niños de zonas deprimidas no podrán acudir a clase, los veteranos del ejército dejarán de recibir sus pensiones (incluso las derivadas de ayudas por heridas de guerra) y se detienen los escáneres para detectar cáncer y tratamientos de la enfermedad a niños. Por el bien de todos, esperemos que esto pase pronto.

Foto destacada cortesía de Shutterstock.


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Sobre Javier García Marcos


Javier es un periodista freelance que escribe sobre política. Ha vivido en Irlanda, Reino Unido, Nueva Zelanda, Palestina y Estados Unidos y viajado a más de 40 países. Geek de todo, desde ciencia a historia, cuando no está con la mochila a cuestas o haciendo fotos por ahí, es que está en el bar preparando la próxima aventura.