Hola amigos de lo inquietante. ¿Quién no ha salido por ahí un día cualquiera, habitualmente un día de fiesta o en vacaciones, a tomar un algo o dos algos antes de comer? El popular chateo (también conocido como ir a picar algo, pintxo pote o similares) nos deja una serie de clásicos que veremos en esos bares que normalmente no son los más in de nuestros lugares de residencia, en los que no veremos muchos hipsters y, seguramente, nunca encontraremos gracias a las guías de viaje. Y justamente de esos clásicos hemos venido a hablar aquí. Clásicos entre los que ya no están los vasos llenos de palillos por higiene, eliminando así uno de los mayores placeres del mundo que es lamer un trozo de madera que nos llevamos a la boca y que a saber quién ha manoseado.

Así que vamos a ver los clásicos que hoy día siguen en pie y que, a buen seguro, harán que salgáis corriendo al bar de debajo de vuestras casas a tomar un cacharro.

1. El chato de clarete

El origen de todo. Atrás quedaron los tiempos en los que el clarete (vino rosado de procedencia ligeramente dudosa) tenía el mismo sabor que el veneno para las ratas. Las bodegas que hacen este vino a granel han ido evolucionando y ahora nos ofrecen caldos de un sabor entre ácido y amargo sin apenas impurezas y que puede beberse sin gaseosa. Sí, amigos de lo inquietante, el clarete hoy día ha adquirido un bouquet que ya lo podrían tener algunos de los vinos picados por los que pagamos 15€ por botella costando 1€ la botella. E incluso hacen etiquetados sugerentes. Y, por supuesto, hay que tomarlo en el clásico vaso de chato, también conocido como vaso de zurito. Las copas son de nenas. De hecho, por eso se va de chateo y no de copas.

2. El vermú

El domingo es día de descanso y de fiesta, así que nada mejor que tomarse un vermú (vermouth en su etiqueta). Ya sea el clásico Martini o alguno de los artesanos que haya por ahí (sustituido por el más barato del supermercado en casa), el vermú marca la diferencia entre un día de fiesta y otro de diario. Solo o con gas, acompañado de aceitunas o no, con una rodajita de limón o de naranja, siempre será apetecible y apetitoso, aportándonos suficiente azúcar para desarrollar algún tipo de enfermedad de la sangre. ¿Y lo rico que está?

3. El tinto con gas

Si bien el clarete ha ido adquiriendo ciertas mejoras en la calidad, ese proceso no ha llegado a los tintos de batalla, peleones o, directamente, engrudos con cierta graduación alcohólica. Lo peor para unas papilas gustativas no es quemarse la lengua con un café con leche templada o con esa chucharada de sopa de cocido que tiene una película de aceite a la misma temperatura de fusión del tungsteno. No, lo peor es tomarse un tinto de éstos. Pero si eres de los del tinto masticable, la idea de rebajarlo con gaseosa adquiere un sentido diferente. Añades el sabor dulce de la gaseosa, haces que el engrudo sea más líquido y hasta sabe rico, imitando el sabor de un tinto de verano.

4. La raja de chorizo desangelada

Si algo sirve para reconocer un sitio de chateos, son sus pinchos. No vas a encontrar reducciones de vinagre de Módena o Pedro Ximénez, los ingredientes frescos habitualmente brillarán por su ausencia y verás grasa por mil sitios. Pero si algo puedes encontrar muy habitualmente en estos sitios de chateo será el embutido. En sus diferentes fórmulas, incluyendo jamones con mayor concentración de sal que el Mar Muerto, pero siendo el chorizo la estrella. Chorizo que se presenta de una manera tan sumamente minimalista que seguramente en El Bulli o El Ciller de Can Roca se hayan inspirado en ello para algunos de sus platos: encima de una loncha de pan seco y rezumando aceitillo rico. Igual lleva tres días cortado encima del mismo pan, pero te sabe a gloria y sirve para crear una película protectora de las papilas gustativas si te atreves a tomar el tinto engrudo solo.

5. El cuadradito de tortilla

En los bares de mayor categoría puedes encontrar junto al chorizo (imprescindible) otro clásico de la cocina española: la tortilla de patata. Cortada en cuadraditos desiguales, tiene sólo dos estados: mierda pinchada en un palo o tortilla gloriosa. La segunda no requiere de mayor explicación, pero la primera sí. Esta mierda pinchada en un palo renombrada como tortilla puede incluir alguna o todas las siguientes características:

    • Masa informe congelada
    • Altura de suela de zapatilla
    • Sin cebolla
    • Tortilla cocida
    • Aceite suficiente para engrasar el motor de un F1 durante varios Grandes Premios
    • ¿Huevo?

No obstante, dado el nivel tan sumamente elevado de aceite de motor con el que está hecha, eso generada en todo nuestro aparato digestivo una película protectora que hará que podamos comer perfectamente unos callos, un par de chuletones, cinco guindillas y mahonesa con tropezones de ensaladilla rusa, que lo único que notaremos será un ligero cosquilleo a la hora de evacuar. Los TEDAX deberían echar un vistazo a eso para desactivar explosivos.

6. Las servilletas impermeables

¿Quién no ha ido alguna vez a limpiarse el morro con una servilleta en uno de estos bares y se ha pringado más? Ojo, estas servilletas no es que sean impermeables a cualquier líquido, sino que son biodegradables al contacto con el aceite de motor que impregna el ambiente, convirtiéndose en transparentes y perdiendo cualquier tipo de funcionalidad.

7. El borrachillo

Cualquier bar debería tener este personaje. Un personaje entrañable que suele estar pegado a la barra del bar, chato va, chato viene, que es inofensivo y no molesta, salvo que hagas contacto visual. Es muy similar a los merodeadores rebañacubatas que encuentras en cualquier zona de copas pero con mucha mayor dignidad y que no suele ser molestia. Además paga por adelantado las primeras rondas, con lo que es un buen cliente y cumplidor.

8. El snob

Si el anterior es el ying, éste es el yang. La antítesis del anterior. El karma. En todos los sitios de chateo en el que todo el mundo está con su clarete o su cerveza hay alguien que pide siempre lo mejor. Suele ser cliente habitual y ya se sabe lo que va a tomar. El mejor Ribera. Una cerveza especial. Además suele pedir cosas de picar que paga en lugar de nutrirse como los demás de los elementos grasientos que suelen estar por la barra, obligando a trabajar en cocina cosas que el mejor paladar nunca degustará. Torreznos, claro.

9. Los congelados

Ningún bar de chateo sin sus croquetas, gambas gabardina, empanadillas o sepia rebozada congeladas. Aparte de significar que hoy se ha hecho algo para picar en la barra, también implica tomar litros de aceite para vosotros de dudosa procedencia pero que suele ser aceite de girasol del bueno, aunque el congelado lo chupe como si no hubiera un mañana. Mis preferidas son las bolas de masa de rebozado. Colesterol inyectado directamente en nuestras venas y que es un complemento perfecto para la película en nuestro tracto digestivo creada por la tortilla.

10. La oreja

Rebozada o a la plancha, suele ser una verdadera maravilla. Lo más casero que encontrarás en estos sitios junto a los callos (que cada vez más son de lata) y que es un auténtico manjar. Si no has probado la oreja o si no te gusta, que sepas que has herido mis sentimientos. Ah, por supuesto, si está rebozada llevará mucho aceite, aunque aquí no hará efecto protector sino que se convertirá en una bomba que puede que nos reviente el estómago. Tened cuidado.

11. Los calamares

Aunque podrían haber estado en el punto 9, he preferido dar un hueco especial a los calamares. Los congelados no les hacen justicia (y eso que están bien ricos con sus litros absorbidos de aceite), y por eso en algunos sitios hacen rabas enharinadas que están de lujo o de muerte lenta y agónica (mejores aún, por si no se entiende) o el clásico rebozado que nos encontramos por esta zona que es similar al de los congelados, pero casero de verdad. Casero, casero, que diría cualquier madre haciendo especial hincapié en dicha condición. De hecho estará hecho, si detectáis este rebozado casero y hay gambas gabardina, no dudéis en pedirlas. Pocos manjares hay tan espectaculares como este maridaje de productos del mar.

12. El botellín

El clásico entre los clásicos. Dado que hay gente rara que no gusta del vino, siempre cabe la posibilidad de tomar una cerveza. Y aquí sí es verdad que los españoles ganamos al resto de Europa, dado que la cerveza llena mucho y sus gases pueden producir una reacción adversa, el quinto o, en su defecto, el corto conforman una serie de tamaños perfectos para beber algo que acompañe a nuestra labor de picar puesto que podemos beberlos de uno o dos tragos y nos abrirán el apetito.

Hasta aquí este repaso en el que faltan diferentes productos por el nivel de adulteración que han ido sufriendo en el tiempo, especialmente las croquetas, tan maravillosas antaño y hoy tan sumamente congeladas, o elementos decorativos de barra, como los boquerones, las banderillas o el lomo en aceite.

Imagen destacada de Daniel Lobo con licencia Creative Commons.


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J. Esteban Mucientes

Sobre J. Esteban Mucientes


Conocido como @mediotic, es consultor freelance, enfocándose en los medios sociales, especialmente mostrar a través de la formación la utilidad de las redes sociales para cualquier tipo de negocio o colectivo colaborando de manera estable con Vital Innova. Escribe en su blog mediotic.info, en el que da salida a temas relacionados con el Social Media y temas de primera ayuda para gestionar redes sociales (aparte de denunciar el humo). Según parece, pertenece a la Junta Directiva de AERCO-PSM. Vamos, que lo mismo te descose un roto que te rompe algo ya cosido. O algo así