Cuanto más avanza la ciencia, más se complica eso de poner límites a la normalidad en el aprendizaje. Hace unos 10 años, el término neurodiversidad llegó para revolucionar la concepción tradicional del patrón neurofuncional y para ampliar su espectro.
 
Uno de estos científicos es Thomas Amstrong. Autor de libros como El poder de la Neurodiversidad, Amstrong es uno de los defensores de las capacidades especiales que tienen determinados individuos con trastornos de aprendizaje, entre ellos los TDAH. Defiende que los patrones de pensamiento diferentes que tienen estas personas son imprescindibles para construir una sociedad más rica y plural
 

Aceptar esta realidad es un hecho vital para nuestra supervivencia como especie, tanto como la biodiversidad que cuidamos en la naturaleza.

El llamado Trastorno de Déficit de Atención (con o sin Hiperactividad) se fundamenta en una serie de diferencias biológicas que afectan a un par de neurotransmisores y a la conexión entre lóbulos prefrontales y neocórtex. 
 
No voy a hablar de las dificultades que origina a quienes la padecen, ni de las etiquetas, ni de los  límites que se les imponen, porque sobre eso encontrarás multitud de bibliografía. Demasiada, contradictoria en algunos casos y de un determinismo abrumador.
 

¿Te has planteado alguna vez cómo se siente un niño al que se etiqueta con un trastorno cargado de limitaciones desde su más tierna infancia?

Yo lo se muy bien. Por eso escribo este post. Aunque me he documentado durante años, no pretendo escribir un artículo científico, sino un texto escrito desde el corazón de una madre y persona con TDAH.
 
En realidad tener TDAH es como llevar gafas. ¿Una discapacidad o una circunstancia? No es algo que determine el éxito o el fracaso. Ni algo que te haga malo o bueno. Lo que sí es determinante es el enfoque desde el que lo abordas, cómo utilizas tus capacidades, que son muchas y como lidias con las etiquetas que traten de limitar tu desarrollo.
 

1. Superación



Dicen que estos niños tienen menos tolerancia a la frustración, pero por eso llegarán a tener más ocasiones para aprender estrategias con las que gestionarla e ir superando las situaciones difíciles que la vida les pondrá por delante. Hay que confiar en ellos y proporcionar oportunidades para que aprendan lo valiosos que son.

Todo niño necesita aprender a conocerse, a sacar partido de sus capacidades y a buscar estrategias para compensar sus puntos débiles.

2. Espontaneidad



Dicen que son impulsivos, pero en realidad son espontáneos. Es importante cuidar el modo es que usamos las palabras, sobre todo cuando nos dirigimos a los niños, porque la forma en la que los catalogamos influye en su auto-concepto. Ahí es, precisamente, donde el entorno, sin querer, puede dañarlos y frenar su potencial.



La espontaneidad es una cualidad positiva propia de mentes creativas, abiertas y aniñadas.

3. Concentración incidental




¿Qué os parece si os digo que son muy buenos prestando atención? No me lo estoy inventando, no: la biología les ha dotado de un cerebro especialmente bueno para un estilo de concentración diferente del que se entrena en las escuelas. Se llama atención errática y es una especie de “atención cazadora” que les capacita para percibir muchas cosas en un corto espacio de tiempo; y es que estos maravillosos niños se fijan en detalles que otros ni vemos. 
 

Mientras los “buenos estudiantes” aprenden los detalles de la fotosíntesis, los chicos con TDAH miran por la ventana preguntándose si funcionará en un día nublado” – Lara Hons-Webb “The Gift of ADHD”. 



Como tienen más interés por el conjunto que por las partes, la atención centrada en la tarea -es decir, la sostenida en acontecimientos repetitivos- les resulta más complicada. Esta es la clase de atención que se valora en las aulas.





4. Hiperconcentración




Tienen una asombrosa capacidad para concentrarse en situaciones de alto estímulo y son capaces de lograr un rendimiento extraordinario. El hiperfoco siempre se ha considerado un rasgo propio de mentes excepcionales. 

Para que se produzca la hiperconcentración deben darse dos condiciones: que la tarea guste y que esté estructurada, es decir, que tenga determinadas normas o implique la obtención de una recompensa. Así pueden fluir durante horas, concentrados sin esfuerzo en su “gran tarea”.

¿Sabías que muchas personas que han destacado en deportes, artes y ciencias tenían un cerebro TDAH? ¡Es que tenéis un don maravilloso!

5. Capacidad de adaptación



La planificación y la organización es todo un reto para ellos. Ahí os doy la razón. En cualquier caso, nada que no pueda resolver una agenda y un aprendizaje de estrategias; pero incluso esto tiene un lado positivo.

Como están tan acostumbrados a adaptarse al desorden son estupendos para afrontar cambios bruscos en su entorno (de trabajo, residencia, viajes o crisis).



Así, como adultos, van a destacar por su capacidad para reconstruir su equilibrio y crear nuevos entornos favorables.



Biológicamente, esa capacidad se basa en la rapidez con la que establecen nuevas conexiones neuronales, algo que tienen muy entrenado gracias a la atención incidental, y que les hace desarrollar una excelente percepción y una capacidad innata para encontrar soluciones innovadoras en cualquier escenario. 

6. Buscadores natos



Recientes estudios neurológicos hablan de que el cerebro TDAH puede ser incluso una ventaja evolutiva. Por lo visto, hay un gen hereditario que afecta a la regulación de la dopamina y que se debe a la mutación de un alelo de gen 7 (DRD4). Lo llaman el gen de la novedad, y dota a sus portadores de una capacidad innata para la innovación.


En su eterna búsqueda, parecen vivir con cierta dispersión e irregularidad, incluso pueden resultar caóticos a los ojos de personas no TDAH. Pero, como tantas veces, las apariencias engañan. 

A medida que se conocen a si mismos y aprenden a gestionar sus capacidades, van creando determinadas estructuras en su vida. Amstrong lo llama “nichos en los que disponer de un cierto orden para poder concentrarse y dedicarse a lo que les apasiona”. 
 
Que necesiten cierto orden no implica que les guste llevar una vida aburrida o monótona. Todo lo contrario, les gusta aprender, viajar, experimentar y buscarán entornos, personales y profesionales, donde desarrollar ese amor por lo nuevo, por el cambio y por los retos. Se me ocurren muchas profesiones para estos innovadores natos ¿y a ti?

7. Memoria visual




Tienen una especie de mapa dibujado en sus cabecitas de los lugares y las cosas que han visto y sorprenden con frecuencia recordando detalles y sitios inesperados. Su memoria visual, en general, supera a la auditiva; por eso, escribir les ayuda a recordar más que recibir instrucciones verbales.

8. Creativos natos

Todas las papeletas para destacar en profesiones creativas las llevan “de serie”: una mente integradora, rapidez de pensamiento, atención cazadora, el gen de la novedad… Por si esto fuera poco, resulta que con el tiempo sus cerebros desarrollan un número mayor de conexiones neuronales interhemisferiales, lo que configura su habilidad fisiológica natural para al pensamiento divergente.
 
Pero, aunque tengan aptitudes para la creación visual o científica, a lo largo de su formación académica van a encontrar un sistema poco orientado a potenciar sus habilidades.

 Por ejemplo, no son especialmente diestros con la motricidad fina y con frecuencia no se les estimula a dibujar, aunque tengan una gran imaginación visual y una gran habilidad para conceptualizar. En ciencias les cuesta un poco más el cálculo, pero en un entorno de aprendizaje divertido, podrían aplicar su extraordinaria capacidad asociativa a la investigación. 
 

Estimulando adecuadamente a los TDAH, la sociedad disfrutaría de más científicos capaces de grandes logros.

9. Niños eternos




La neotenia es la capacidad de mantenerse joven. La biología del desarrollo destaca como cualidad la pervivencia del niño que llevamos dentro y  antropólogos tan prestigiosos como Ashley Montagu sugieren que es un indicio de un cerebro evolucionado.

 La neotenia se manifiesta tanto en el plano físico como en el mental. Por eso son ingeniosos, divertidos, juguetones y tienen un extraordinario sentido del humor, incluso de adultos.
 

Cuanto más evolucionada es una especie, más probable es que haya elementos infantiles en la edad adulta – Ashley Montagu.

10. Estabilidad mental




Como se adaptan de forma natural al entorno aprenden a modularse y hacerse emocionalmente resistentes. Su flexibilidad mental ejerce una influencia positiva que les predispone a ser adultos emocionalmente equilibrados.


Además, cuentan con algo más para superar los vaivenes de la vida: un sentido del humor capaz de convertir en divertida anécdota cualquier cosa que les suceda por mala que sea. Esto no significa que, ante una situación difícil eludan el proceso de duelo, en absoluto, pero sí les hace más resistentes y hábiles para lograr la recuperación.
 

11. Vitalidad y energía



Estas personas llenas de energía y ganas de aprender necesitan una vida con estímulos físicos e intelectuales. Si se les proporciona movimiento, contacto con la naturaleza y una forma de aprendizaje más interactiva y divertida sus resultados académicos pueden ser tan brillantes como los de cualquiera. 
 

12. Empatía

 Se llama empatía “al sentimiento de participación afectiva de una persona en la realidad de otra”. Esta capacidad cognitiva es un factor de cohesión social vital para la supervivencia de nuestra especie. La empatía se estimula cuando los niños crecen en un ambiente de comprensión y afecto, y los TDAH tienen predisposición natural para la empatía. Su naturaleza es ser bondadosos, justos y solidarios en entornos colaborativos.
 
Creo que la empatía es una de las capacidades menos valoradas de nuestro modelo social, y su ausencia ha contribuido a corromperlo y provocar la crisis de la civilización que actualmente vivimos. 



Para cerrar este post, os dejamos con una lista de genios con TDAH, porque todos necesitamos modelos positivos que nos inspiren y estos niños no van a ser menos.




Dedico este post a mi hijo y a todos los niños con TDAH. 
 
Nota de la autora: Algunos de los rasgos que describo no son compartidos por todos los niños pero sí por la mayoría. Este artículo está escrito con todo el respeto a los profesionales y basado en mi experiencia personal, la documentación que he ido consultando a lo largo de estos años y las aportaciones que han realizado expertos y personas con TDAH con las que he consultado.



Imagen cedida por la autora para ilustrar este artículo. 


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Sobre Nuria Carbó


Comunicadora de profesión desde hace más de una década. Freelancer, por vocación. Licenciada en Publicidad - Relaciones Públicas y Bióloga. Aprendiz vocacional y curiosa, muy curiosa.